EL INICIO DE TODO – CÓMO CONOCÍ A OCTAVIA BLAKE
Día 307 desde que todo se fue a la mierda completamente. No he tenido contacto humano, tampoco lo quiero, así es más seguro.
Sigo refugiada en esta biblioteca, mis víveres se agotan y no estoy segura de si debería salir. Tengo miedo a morir si lo hago. A veces me pregunto el por qué no ha caído una bomba sobre este lugar que segara mi vida de una forma rápida y contundente, sería más fácil.
No entiendo el motivo de que yo siga viva, cada nuevo día es una condena. Me daría igual morir ahora mismo, pero contradictoriamente intento sobrevivir.
Siento que me estoy volviendo loca, no soporto convivir conmigo misma. Soy tan cobarde e inútil que me odio.
-Decía: Ven. Miré y vi un caballo…-Arranqué aquella hoja del libro del Apocalipsis y tras hacerla una bola la eche al fuego.
Todo estaba en penumbra, la pequeña hoguera que tenía en una papelera metálica apenas alumbraba unos pocos metros. Lo suficiente para que me estudiara aquel mapa y se calentara mi cena. A unas calles había una armería, seguramente saqueada ya en su totalidad, al igual que el supermercado. Tenía que intentarlo de todas formas, el plan b era caminar hacia las afueras tienda por tienda y gasolinera por gasolinera hasta hallar algo.
Por la mañana la decisión me pareció sencilla, tenía pensado volver así que la mochila vacía con una pequeña botella de agua y un cuchillo de cocina escondido en una de mis botas de montaña me pareció suficiente.
Salí completamente asustada, tanto que deseaba salir corriendo sin rumbo predeterminado. Observaba mi alrededor con cautela cada pocos segundos, la armería debía estar a unos pocos minutos, quizás con un arma de fuego todo se vería diferente. Y encontré la armería, con la puerta reventada.
Entré con precaución e intentando no hacer ruido, sorteando los obstáculos del suelo. El estado de la puerta disuadiría a cualquiera de entrar, un grito silencioso que decía "Aquí no hay nada, lárgate". Disuadiría a cualquiera excepto a mí. Estaba desesperada por encontrar un arma que no fuese ridícula, el tamaño y la potencia sí importaba.
Tan solo encontré balas que se le habrían caído a alguien con las prisas. Las recogí todas, nunca se sabe cuando las podría necesitar para lo que fuese, todo puede llegar a ser de utilidad. En el primer supermercado la decepción fue aún peor, como esperaba, así que continué.
Fue todo un esfuerzo controlar el pánico que me causaba caminar por las calles desérticas, en las cuales pude ver cadáveres tirados, como si nunca le hubiesen importado a nadie.
Un "Tú, chica" que no supe de donde procedía me hizo salir corriendo, alejándome de la ciudad. Corrí hasta más no poder por aquellas dos palabras que no podía asegurara haber escuchado en realidad.
Caminé en paralelo a la carretera y para mi sorpresa, cuando estaba a punto de darme por vencida y volverme, en la tienda de un área de servicio encontré alguna que otra lata, algunas caducadas pero era un detalle sin importancia. Así que fui rellenando mi mochila con desesperación. No se me había ido el miedo, y solo deseaba volver a mi segura biblioteca antes de que se pusiera el sol completamente.
Detuve cualquier movimiento cuando escuche el motor de un coche y corrí a esconderme tras el mostrador. Me acuclille y saque el cuchillo, rezando para que no me descubrieran cuando ni siquiera era creyente. Escuché hasta tres voces masculinas y un murmullo de mujer.
-Vigila por si se acerca alguien.
Cerré los ojos con fuerza. Al abrirlos me fije en uno de esos espejos de seguridad, en una esquina de la tienda dejándome ver toda la escena. Tuve que volver a cerrar los ojos y obligarme a no escuchar, aunque era imposible. Uno de ellos estaba violando a una chica morena.
Quise hacer algo, lo juro. Me sentía asqueada conmigo misma por permitir aquello pero el miedo me dominó. Mi mente busco excusas para justificar mi comportamiento y hacerme sentir menos culpable. Eran dos hombres dentro de la tienda y otro fuera en la puerta, armados, y yo solo tenía un cuchillo.
Aguante todo lo que pude las ganas de llorar mientras el llanto de la chica me torturaba de una forma tan intensa que podía sentir su agonía.
-Voy fuera a echarme el cigarrillo de después.-Rió uno de ellos.
-Mi turno, muñeca.
Una última ojeada al espejo, aquel hombre dejaba un machete sobre el mostrador y empezaba a bajarse los pantalones. En el momento en el cual se arrodillo frente a ella dispuesto a violarla también, me levanté decidida asomándome sobre el mostrador y clavando mi pequeño cuchillo en aquel miserable, justo atravesando su oído. Sorprendiéndome de la fuerza y la rabia de mi propio acto. Cayó desplomado al instante.
No pensé con claridad el siguiente paso, al igual que en el primero solo quería saldar el daño causado. Algo imposible, llegaba tarde.
Cogí el machete decidida y me aproxime a la puerta acercándome al hombre que tenía más cerca y lanzándole un golpe con el arma. Le rebané el puto brazo a la altura del codo. Lo siguiente fue un gritó de dolor, un disparo y algo golpeando mi cabeza.
Me desperté algo aturdida en el interior de la tienda.
-La zorra se esta despertando.
-Voy hacer que desees morir…-Continuó hablando mientras su compañero le vendaba el muñón.
Olía mal, a un extraño y repulsivo hedor a quemado. Jamás olvidaría aquel olor, fue la primera vez que lo olí pero no sería la última.
Giré mi cabeza en busca de la chica morena, la cual presionaba un trozo de tela empapado de sangre sobre mi hombro. Me murmuro un gracias y cerré los ojos, me dolía demasiado la cabeza y me ardía el hombro.
-Voy a disfrutar de la rubita ya que a esta no la habéis tocado. Luego puedes hacerle lo que quieras.-Traté de resistirme cuando se acercó a mí, ganándome un puñetazo en la cara que me dejó aun más aturdida. Podía escuchar las risas del hombre al que había atacado mientras el otro me bajaba los pantalones y las bragas.-¡Joder que estrecha!-Gemí de dolor cuando me penetró, cerré los ojos derramando algunas lágrimas.
Traté de resistirme, lo que mis fuerzas me permitieron hasta que una de sus enormes manos rodeo mi cuello con fuerza, impidiéndome respirar y con la otra manoseaba mis pechos.
Un par de disparos causaron que volviera abrir los ojos y la vi, como un ángel de la muerte. Ella sola se había cargado a esos miserables, sus ojos verdes me enfocaron mientras un chico alto entraba arrodillándose ante la chica morena.
-¿Costia? Mírame. ¿Estas bien?-Preguntó el joven preocupado, el llanto fue la única respuesta que tuvo, después se aferró a sus brazos.
La chica de ojos verdes no me quitaba la vista de encima.
-¿Qué hay de ti, rubia?-Me quitó al muerto de encima y me cubrí rápidamente avergonzada.
-O, debemos volver.
-Lincoln…-Rogó volviendo el rostro hacia mí, llevando en la misma dirección los ojos del chico.
-Me ha ayudado.-Murmuró Costia.
-Decidido.-Concluyo la de ojos verdes y tiró de mí.-Me llamo Octavia Blake.-Asentí.
-Clarke, Clarke Griffin.
No sé como llegué a aquel lugar, no recuerdo bien el trayecto. Mis ojos no se apartaban de Costia, la veía a través del retrovisor, echa un ovillo en el asiento trasero junto a Lincoln. Miré a Octavia Blake, le debía mi vida y jamás lo olvidaría.
No era consciente de nada, ni de mí misma. Las imágenes pasaban desapercibidas ante mis ojos, oía pero no escuchaba nada hasta que una voz llamÓ mi atención. Me giré en su búsqueda y vi a una joven chica castaña abriéndose paso hasta la camilla donde estaba la joven morena.
Empecé a comprender que estaba en una sala médica y Octavia me sonreía tristemente mientras curaba mi rostro con delicadeza. Miré mi hombro ya vendado y apreté los labios agradecida.
-Lexa, Costia esta bien pero…-Un enorme hombre con una espesa barba y los brazos llenos de tatuajes hablaba impidiéndole el paso. Intimidaba bastante.
-Me he vuelto loca buscándote, mi amor.-Logró esquivar al hombre e intentó besar a la chica, pero Costia giró la cara hacia otro lado.-Hey.-La reclamó con un tono dulce y cariñoso.-Estoy aquí.
-Vamos, Lexa, ambas tienen que descansar y tú también.
-Nyko…-Alzó la vista enfocándome durante unos largos segundos y asintió antes de salir algo frustrada y acompañada por aquel hombre.
-Es Lexa.-Me susurró Octavia asegurándose de que Costia no la escuchaba.-Es su novia, estaba muy preocupada. Nos movilizó a todos para salir a buscarla de inmediato cuando vio que caía la noche y no volvía. Llevamos un día entero buscándola.
-Lo siento.-Murmuré afligida.
-Yo siento no haber llegado antes, Clarke.-Suspiró pesadamente antes de cambiar de tema.-¿Quieres que te enseñe esto?-Me encogí de hombros ante su propuesta, cosa que tomó como un sí. Así que la seguí al exterior. Una enorme explanada se abría ante mí, llena de casas de madera, camiones y contenedores.-Woods Construction.-Señalo hacia arriba y pude leer esas mismas palabras en un gran cartel.-Era la empresa del padre de Lexa.-Asentí ante la información.-La mayoría de los que viven aquí son trabajadores y sus familias. Vinieron aquí buscando refugio lejos de las ciudades.-Dada la poca participación por mi parte, Octavia siguió hablándome.-Yo vivo en esa cabina de camión con Lincoln. Él era camionero, transportaba las casas de madera que construían. Todas estas que ves repartidas formaban parte del expositor.
-¿Vives en la cabina de un camión?
-Ven te lo enseño, es ese de ahí delante.
Alcé la vista ante aquella cabina de… ¿3? ¿4? metros. Subimos por los peldaños hasta el interior y aluciné al comprobar que cabíamos de pie.
-Tiene cama.-Mi comentario hizo sonreír a la castaña.
-Y algunos camiones tienen litera, pero Linc es demasiado alto para las literas. No necesitamos más, un techo seguro bajo el que dormir y un colchón.
-¿Lincoln y tú…?
-Es mi chico. Me encontró vagando sola por el bosque y me trajo aquí. Es la única familia que me queda. Vamos, voy a buscarte un lugar acogedor en el que dormir. ¿O prefieres quedarte en la enfermería?-Negué.-Espérame un momento. ¿Estarás bien?-Asentí.
Me senté en la puerta para contemplar la tranquilidad de aquel lugar y respirar el aire puro que me ofrecía aquel bosque extenso.
Seguramente la confianza que sentía hacia Octavia era debida a que me hubiese salvado. Me había salvado, y ese fue el momento en el que me di cuenta de lo que había pasado, y dolía, por dentro y por fuera. La realidad me golpeó con fuerza en la cara y le sostuve el golpe.
