Soy una persona… ¡No! Soy un ente al cual se le arrebataron las razones para existir.
Dos putas letras marcaron mi caída a la locura –debería agradecerles –, una por cobarde y la otra por arrogante. Y las odie, y las sigo odiando…
El odio por A comenzó desde que vi su maníaca obsesión por la limpieza y luego se volvió peor cuando conoció a L –al parecer –copio todas sus manías, desde el ingerir odiosas cantidades de cosas dulces –prefiriendo la mermelada –hasta la puta forma de sentarse; era estúpido ver como se consumía ese pendejo. Después llegue a odiarlo aún más cuando el maldito cobarde se suicidó ¡Puto egoísta! Así marco mi destino, un destino que repudie desde el principio.
Entonces decidí desquitarme de las estupideces de A en su Dios, L… me volví una sátira de ellos; le di tantas pistas (¡Los Angeles, idiota! ¡Era obvio!) Y entonces con mi última advertencia –el crucigrama –empezó el juego. Me cacé a mí mismo para ver si ese imbécil podría detenerme.
Para colmo no me detuvo L, el muy maldito utilizo una marioneta. Jugó sucio, ella no era parte del juego. No le di importancia, era insignificante, debí haberla quitado del camino.
Me di cuenta después de que L sabía que era yo –incuestionable –pero eso no significaría su victoria, yo quería darle una lección: no es suficiente saber.
Habría ganado, habría conseguido burlarme de L y de A, hacer burla de lo que era para ellos, ahora eso ya no importa; mañana estaré muerto igual que A.
L está jugando con kira ahora, pero ese individuo tiene al shinigami de su lado y por la infantil actitud de L seguro que saldrá de su madriguera, entonces…
Entonces L morirá a manos del shinigami.
De eso, no hay duda.
