.ϛηϛηϛηϛηϛηϛηϛη.
.ϛηϛηϛηϛηϛηϛηϛη.
.
Capítulo II
.
.ϛηϛηϛηϛηϛηϛηϛη.
.ϛηϛηϛηϛηϛηϛηϛη.
.
.
.
El terrible episodio cambió la vida de todos.
Luego de regresar a Japón, Fausto y Eliza decidieron retirarse al campo, allí Fausto tenía planeado desempeñarse como médico, deseando lograr calmar en algo las heridas que la guerra había dejado en su alma y que ni siquiera su fortaleza de médico había podido resistir. Así pues, junto a su adorada Eliza, lejos de todo el horror que les había tocado vivir, apostaron el todo por el todo y trataron de construir una nueva vida desde los escombros, una vez más... hombro con hombro.
Horo-Horo regresó con su hermana un tiempo, perdiendo contacto con Yoh y los demás luego de casi un año; de Ren Tao tampoco se había vuelto a saber gran cosa; mientras que Ryu y Liserg volvieron también a sus actividades anteriores; es decir, Ryu a proteger a sus antiguos camaradas y estar atento de la pensión Asakura, y Liserg a seguir su entrenamiento como detective en Londres.
Pero definitivamente, el más grande cambio se dio al poco tiempo que los Asakura regresaran a la pensión. Golva había indicado que aún el entrenamiento de Yoh no estaba completo y que debía permanecer en la aldea apache por cierta cantidad de años. Al saberse la noticia el Rey Shaman intentó por todos los medios retrasar su partida, reacio a abandonar a su familia.
Pasó así cerca de año y medio, hasta que el viaje ya no pudo posponerse más.
Un día, el último que Yoh pasaría en Japón, éste sorprendió a su esposa acomodando un par de alforjas. Habían tenido una discusión en la mañana cuando ella anunció que le acompañaría a América de nuevo, misma discusión que había terminado con un portazo y el llanto inminente de Hana tras el griterío.
No habían vuelto a verse desde entonces. Aunque era de adivinarse que Anna estaba dispuesta a cumplir con su anuncio. A él solo le restaba tratar de convencerla; por lo que cerró la puerta tras sí, y luego de respirar hondo, habló lo más calmadamente que pudo.
. — No es necesario que vayas conmigo, Anna—. Notó como ella dejaba su quehacer sólo unos segundos; para luego cerrar la primera alforja—. No quiero discutir contigo; pero necesito que entiendas…
Y claro que no quería discutir ¡Le había llevado cerca de 3 horas lograr que Hana se durmiera sin la intervención de su enfadada madre!, no le convenía discutir, llenar la casa de gritos y provocar nuevamente el llanto de su hijo.
. — Hana y Tamao te necesitan aquí—. Agregó con cierta parsimonia.
Ella terminó de hacer espacio en la segunda alforja.
. — No estás completamente adiestrado en lo que a rituales se refiere; aprender a realizarlos podría hacerte demorar más, Yoh—. Dijo ella mientras pasaba por su lado rumbo a un pequeño neceser. Lo quisiera admitir o no, ella tampoco quería discutir.
. — Me esforzaré el doble entonces. Anna tienes que quedarte aquí, no podemos llevar a Hana con nosotros a América—. Argumentó Yoh.
Ella giró un poco.
. — ¿Esa es tu preocupación?
. — No te entiendo, estamos hablando de nuestro hijo ¡Por supuesto que me preocupa!
En situaciones así, Yoh era incapaz de contenerse. Hasta ese momento, toda su vida había asegurado que Anna tenía una forma peculiar de ser; jactándose de ser el único con el que ella se había mostrado fuera de su careta dura y fría, creyó que también Hana había despertado mayor sensibilidad en ella; pero cuando su mujer hacía esos comentarios, cual si estuvieran hablando de una cosa o un objeto; simplemente perdía la paciencia.
. — Tampoco deseo hacerlo—. Respondió ella sin elevar la voz, más bien en un tono neutro, que no dejaba a relucir mayor emoción; pero tampoco la ausencia de ellos. Anna suspiró levemente—. Pero ya hemos arriesgado demasiado por la paz de este mundo, no se pueden dejar ciertas cosas al azar y…
Hizo una pausa, en verdad se sentía culpable de anteponer al mundo a su hijo, pero así había sido criada y aunque Yoh ni nadie se diera cuenta, ella estaba pasándola mal.
. — También es por la propia seguridad de Hana. Debemos hacer un último esfuerzo—. Finalizó ella tratando de no titubear.
. — Hana es muy pequeño, Anna. Te necesita—. Rebatió Yoh.
. — Ya ha superado su etapa de lactancia—. Respondió ella. Casi pudo leer cierta decepción en la mirada de Yoh, lo que logró que perdiera un poco el autocontrol—. ¿Qué?... ¡No vamos a irnos toda la vida, Yoh! ¡¿O es eso?!
Pequeñas, casi imperceptibles lágrimas se agolparon en la mirad obscura de Anna. Yoh bajó la guardia instantáneamente, "Allí estás" pensó casi con alivio
. — Aún así...—. Insistió Yoh—. No quiero... estaría más tranquilo si sé que estás aquí con él.
Deseó haber meditado mejor sus palabras antes de decirlas.
. — ¿Y tú crees que yo sí quiero?—. Rebatió Anna dejando a flote su sensibilidad; aunque bien camuflada tras una máscara de fastidio—. ¿Qué? ¿Crees que me muero de ganas por desaparecer de la vida de mi hijo?
. — Anna...—. Murmuró Yoh tratando de acercarse, pero ella retrocedió como un animalillo amenazado.
. — ¡Te faltan muchos años de entrenamiento para ser un gran sabio señor "Rey shaman"!—. Le reclamó levantando el dedo índice en alto, para luego fulminarle con la mirada, girar sobre sus talones y desde esa pose evasiva, añadir a voz en cuello—. Y si para eso requieres años, ¡Para atreverte a juzgarme requieres siglos luz!
El ceño fruncido de Yoh fue el gesto antesala de un abrazo forzado. Él la atrapó entre sus brazos mientras Anna ponía toda la resistencia posible en separarlo.
. — Lo siento...—. Susurró Yoh sujetando su cabeza contra su pecho con mediana fuerza, no obstante, el cuerpo de Anna no perdió tensión, ni ella dejó de empujarlo—. ¡Anna, por favor entiende!...
Apretó más su abrazo, la sintió respingar de pronto y casi de súbito, ella se quedó muy quieta.
. — Es difícil para mí también, Anna—. Dijo él a media voz mientras apoyaba la mejilla contra la cabeza de ella—. Me hace feliz que desees acompañarme; pero no puedo sentir felicidad completa si sé que Hana no va a tenerte con él. Perdóname por gritar, no quise ser duro contigo.
Si bien Anna había dejado de empujarle; no cesó la ofuscación en su respiración, Yoh podía sentirlo en su pecho y en el aún tenso cuerpo de la sacerdotisa.
. — Somos muy jóvenes...—. Agregó Yoh—. Tenía 15 y tú apenas 14 años cuando supimos que Hana venía en camino. Solo éramos adolescentes, Anna… todavía lo somos.
. — La edad no cuenta cuando tenemos deberes que cumplir, Yoh, siempre lo supiste—. Respondió Anna, en tono serio y cauto; dado que Yoh no solía ser tan reflexivo por lo general.
. — Sí...—. Respondió él separándola un poco dado que no lo empujaba—. Y lo acepté... aunque no era correcto.
. — ¿Qué?
Él sonrió quedamente y arriesgándose un poco, acarició el rostro de su ahora esposa.
. — Has vivido tu vida en base a un deber—. Dijo Yoh—. Igual que yo y ese deber nos tiene ahora juntos y responsables por un bebé. No tenía que ser así; pero... la guerra adelantó todo, y actuamos más por necesidad, por sentirnos devastados a veces…
. — ¿Estás diciendo que tú...?—. Trató de preguntar Anna, con un nudo en el corazón.
. — Estoy diciendo...—. Interrumpió Yoh—. ... que me siento apenado contigo.
Los ojos se Anna temblaron sin comprender exactamente lo que estaba diciéndole Yoh.
. — Seguramente habríamos vencido a los apaches tarde o temprano—. Dijo Yoh—. Pero éramos solo niños enfrentando la muerte, asumiendo un deber de protección para con todo el mundo, tratando de cumplir nuestro deber con todos, excepto con nosotros mismos. Yo... yo no fui fuerte por ti, Anna.
. —"Yoh..."
. — Aun cuando pudimos simplemente decir que no éramos los únicos con capacidad de solucionar la guerra, no lo hicimos. Nuestro deber era colocar el bienestar del mundo por encima de todo—. Dijo Yoh y descendió la mirada—. Yo deseé la paz por encima de ti... y te hice daño.
. — Fue mi decisión—. Replicó Anna—. MÍA...
. — Tenías menos de 14 años, Anna, no importa cuán madura seas...—. Refutó Yoh y entonces la observó profundamente—. No me arrepiento de haberte amado, que te quede claro.
Anna automáticamente perdió tensión.
. — Pero mi amor debió protegerte en ese momento y negarme al deber por una vez en mi vida—.Dijo Yoh bajando un poco la mirada—. Casi moriste, no fue solo la energía de Hana lo que te debilitó; sino tu propio cuerpo aún inexperto... una y otra vez te expuse al peligro por cumplir con el deber de un título que nunca pedí; y no solo te expuse al peligro a ti; sino también a Tamao... y ahora quieres dejar a un bebé por seguir cumpliendo un deber... Lo siento, no voy a dejarte, no esta vez.
Anna meditó unos segundos, ordenando sus emociones, sus pensamientos y su razón; solo entonces levantó el rostro hacia Yoh, todavía se hallaba entre sus brazos.
. — Creo que no acabas de entender...—. Comenzó Anna—. De qué estoy hecha... Yoh.
Y dicho eso empujó suavemente contra su pecho, hasta lograr liberarse y alejarse un poco de él.
. — Este es nuestro último paso.
. — Sabes que nunca es el último, jamás va a serlo, después seguirá otro, y luego otro—. Respondió él—. Olvídalo Anna. No estoy discutiéndolo, esta vez no puedo dejar que hagas lo que te plazca.
. — No te estoy tratando de convencer de algo que ya he decidido—. Replicó ella.
. — Hana no va a quedarse solo—. Rebatió Yoh—. ¡Es un niño y nosotros somos otros niños tratando de jugar a los papás!... ¿Cuál es tu idea al acompañarme?, ¿Supervisar mis entrenamientos como siempre?... ¿Y qué hay de Hana?, ¿Crees que va a criarse solo?
. — Él va a quedarse justamente aquí, en nuestra casa—. Dijo Anna.
. — Y SOLO—. Agregó Yoh—. Ni hablar... dije que no, Anna. ¿Por qué no puedes comprender que…?
. — No dije que se quedaría solo—. Le interrumpió ella.
Aunque Yoh siguiera con sus argumentos arrebatadoramente perfectos en su contra. Ella no iba a dar el brazo a torcer. Yoh creyó saber por dónde iba la defensa de su esposa.
. — Tampoco crecerá con mis abuelos—. Declaró—. Si iniciamos algo Anna debemos afrontarlo... el deber de entrenar es mío, no tuyo... el tuyo es quedarte aquí con Hana.
. — Se quedará con Tamao—. Sentenció Anna.
Un breve lapso de silencio e Yoh procesó la información. "¡Absurdo!" concluyó poco después
. — ¿Con Tamao? Anna... ¡Eso es…!
. — ¿Qué?... ella ya se encuentra mejor, ha pasado más de un año—. Dijo Anna—. Lo he hablado con ella y...
. — ¿Lo has hablado?—. Oficialmente Yoh estaba molesto—. ¡¿Tenías pensado decírmelo siquiera?!
. — Lo ESTOY haciendo—. Respondió ella—. Ella...
. — Ella está apenas superando lo que le sucedió—. Interrumpió Yoh—. ¡Sabes lo difícil que es para Tamao el siquiera conversar con nosotros!
. — ¿No recuerdas cómo llegó?
Yoh desvió la mirada. Sí, la situación de Tamao había mejorado un poco desde que habían regresado.
Los primeros días, la propia Anna se repartía entre Hana y Tamao por las noches; principalmente por las noches; con Hana porque era un bebé y despertaba a veces hambriento; y con Tamao porque por aquellos días no dormía seguido y si lo hacía, siempre terminaba teniendo pesadillas.
La solución a ello se dio cuando Anna usó sus poderes para bloquear el subconsciente de Tamao antes de dormir.
Con el paso de las semanas, Tamao no dio muestras de mejorías, con frecuencia se recluía en su habitación y no emitía sonido alguno. Aquello aumentó las labores de Yoh en la pensión, puesto que Tamao tenía pánico de siquiera atreverse a salir de casa. No obstante, su conducta fue mejorando conforme la vida transcurría, aunque algo le decía a Yoh que nada sería igual para la joven pelirosa.
La timidez la había llevado a un límite tal que rayaba con la desconfianza, incluso con ellos.
. — Lo recuerdo—. Corroboró—. Pero eso no significa que pueda hacerse cargo de Hana por 7 años.
. — No hay mejor alternativa que ella—. Contestó Anna—. Estoy segura que…
. — Solo se quedó con él por una emergencia—. Le recordó Yoh—. No es lo mismo.
Anna hizo un mohín de descontento. Sabía que Yoh no perdía razón. Recordaba el día de la "emergencia". Ella e Yoh quedaron atrapados en el metro por una falla eléctrica. A medida que las horas pasaban; la preocupación por su hijo acrecentó, Anna estaba más enfadada que nunca, pensando que hallaría a su hijo no solamente hambriento, sino además sudoroso y mojado; puesto que dudaba mucho que Tamao hubiera salido por mucho que Hana llorara; dado que cuando el pequeño lo hacía, Tamao optaba por salir de la habitación y desaparecer hasta que el llanto cesaba.
Grande fue su sorpresa cuando no encontraron a Hana en su cuna, y más grande fue cuando lo hallaron profundamente dormido, cambiado y cual angelito junto a Tamao en su futón. Aquél definitivamente había sido el primer contacto humano que la joven pelirosa había tenido desde la guerra.
Desde entonces la jovencita se encargó de cuidar al bebé, de vez en cuando la pillaban jugueteando con él, dejando que la tocara y de vez en cuando, tomándolo en brazos. Podían decir que Tamao hasta sonreía a veces, solo cuando se trataba de Hana.
. — Lo recuerdo—. Dijo a regañadientes.
. — Bien, entonces no puedes decir que estoy equivocado—. Es muy diferente dejar a Hana con Tamao por unas horas, a dejarlo por "unos años". Por eso pienso que debes quedarte, quizá no solo por Hana; sino por Tamao... ella...
En eso, la puerta corrediza del comedor se abrió, dando paso a la aludida joven.
Desde que había regresado de América, Tamao lucía siempre un aspecto lánguido, cansado, como de quien pasa las noches en vela. La pareja Asakura se mostró sorprendida por la intromisión; puesto que no solo había aparecido Tamao, sino que llevaba en brazos a Hana, quien, ajeno a la situación, dormía tranquilamente.
Tamao por su parte no mostró su antiguo carácter apenado; sino uno decisivo, decisivo aún a través de su ahora melancólica mirada, expresión que solo desaparecía a ratos, cuando charlaba con Anna, o cuando se ocupaba del bebé.
. — Yo puedo quedarme—. Dijo Tamao mirando a ambos—. Puedo quedarme en la pensión... y... puedo hacerme cargo de Hana.
. — Tamao... ¿Estabas...?—. Titubeó Yoh.
. — No podía dormir—. Se justificó la joven "De hecho, casi nunca puedo dormir" agregó en su mente; pero no descendió la mirada.
. — Tamao...
. — Anna tiene razón, Yoh—. Interrumpió Tamao-. ... se ha arriesgado demasiado por lograr la paz.
. — Por favor, tú también no—. Pidió Yoh comenzando a frotarse la frente—. Eso ya lo sé, Tamao, lo sé… pero Hana es un bebé y tú...
. — No se trata de nosotros, mucho menos de mí—. Rebatió Tamao—. Todos perdimos algo por la guerra, y si tú titubeas ahora que estás tan cerca ¿Quién va a protegernos si surge otra amenaza?... ¿Lo has pensado?, si por un error algo malo sucede en el futuro, entonces cada pérdida, cada amigo que hoy no está con nosotros, ¡Todo habrá sido en vano! ¿No puedes entenderlo?
Anna guardó reverencial silencio. Concordaba con cada palabra que Tamao había pronunciado, aunque esa clase de argumentos no iban con la que solía ser Tamao, iban más con... ¡Con ella! Culpó a la energía de Tamao mezclada con la suya. En todo ese tiempo, Tamao se había vuelto un poco más dura cada vez y ella un poco más sensible.
Por otro lado Yoh lució completamente desarmado. No hacía mucho, Tamao había comenzado a tutearlos a ambos. Anna e Yoh se sintieron como dos pequeños a los que su madre les estaba enseñando una lección, Anna particularmente no dejaba de mostrarse asombrada ante la determinación que Tamao en ese momento, ya que fuera del primer año en el que casi no habló más de lo necesario; simulando ser una, especie de fantasma deambulando por la casa, ahora frente a ella reconocía a la joven que le había salvado la vida a ella y a su hijo en territorio sagrado.
. — Pero Tamao...
. — Ustedes tienen una misión que cumplir—. Continuó Tamao entrando un poco más en la estancia, con cuidado de no despertar al bebé—. Tu regreso puede no tomar demasiado tiempo si Anna te acompaña, Yoh, lo sabes.
. — Son casi 7 años—. Respondió Yoh—. Hana no puede estar sin su madre por tanto tiempo.
. — Hana ya ha sobrepasado la etapa de lactancia—. Afirmó Tamao recordando lo que Anna dijo en un inicio—. Si Anna va contigo puede ser una ventaja, vale más intentar que pensar después si hubiera sido necesario y recriminarnos por no hacerlo. Ninguno de los dos debe preocuparse por Hana... yo me haré cargo de él.
. — Tamao, no estás en condición de...—. Intentó decir Yoh.
. — Tuve tareas peores y sigo aquí—. Le interrumpió Tamao y tras un breve gesto de dolor, su expresión se volvió penetrantemente como antaño, dulce y solícita—. ¿No confías en mí?
. — No es eso... —. Dijo Yoh rápidamente, "Vaya que si había una persona en la que confiaría mi vida, es en Tamao" se dijo; pero no podía sentirse completamente seguro. Ella se mostraba tan voluble algunas veces, que no podía evitar dudar.
. — Aprendí a ser fuerte... y si tengo que serlo al doble por este niño, lo haré—. Dijo Tamao y entonces se acercó a Anna. La mirada de la sacerdotisa descansó brevemente en la carita de su hijo, para luego mirar a Tamao—. A Hana no le faltará disciplina ni entrenamiento, como si fueras tú misma quien se encargara de él...
Luego miró a Yoh.
. — Y tampoco amor... —. Completó Tamao—. Lo que me queda, voy a dárselo... yo... yo solo supliré lo que ustedes podrán darle cuando hayan regresado definitivamente.
. — Yo...—. Musitó Anna luego de una breve pausa entre los tres, entonces la sacerdotiza miró al bebé entre los brazos de Tamao, y aunque en el fondo, le doliera en el alma tener que separarse de su hijo, siendo éste tan pequeño, reafirmó su decisión—. Confío en ti Tamao.
. — Anna—. Le llamó Yoh, pero su esposa le miró severa, quizá expresando con sus ojos que la decisión tomada le costaba mucho más de lo que podía decir con palabras.
. — Hana estará bien—. Dijo Anna—. No podría estar mejor que con Tamao.
La aludida sonrió y entonces junto a la sacerdotiza observaron al rey, en espera de la confirmación. Yoh dubitó un poco; pero estaba vencido, había dicho todo lo humanamente posible para convencer a Anna, y ella no había cedido. De otro lado, Tamao pedía un voto de confianza y no tenía modo de negárselo. No a ella.
. — Haré mi mejor esfuerzo para que el tiempo disminuya—. Dijo Yoh y cogió de los hombros tanto a Anna como a Tamao, sintiendo como ésta última pegaba un leve respingo al tocarla; pero luego de que ella se diera cuenta que la mirada de Yoh iba directamente sobre el bebé, se relajó un poco.
. — A través de mí, Hana va a conocerlos a ambos... —. Prometió Tamao—. Les prometo que cuando regresen él sabrá reconocerlos, como si jamás se hubieran marchado.
. — Manta ayudará con la pensión—. Dijo Anna—. Estarán bien... no tienes que temer Tamao, nunca más.
Tamao valoró lo dicho por la gran sacerdotiza y en respuesta solo asintió.
. — A nuestra vuelta...—. Comenzó Yoh y esta vez miró a Tamao—. Voy a hacer hasta lo imposible por compensar todo lo que has hecho por nosotros, te lo juro.
Tamao nuevamente no dijo nada, le mantuvo la mirada a Yoh solo un poco antes de volver su atención al bebé, el pequeño Hana era testigo de muchas promesas; promesas que a Tamao no le importaba mucho que algún día llegaran a cumplirse. Yoh y Anna por su parte tenían en claro que por mucho que pudieran hacer por la joven pelirosa, quizá nunca llegarían a curar por completo su lastimada alma, pero lo intentarían... como fuera.
La madrugada de aquél día fue el inicio de una nueva etapa para la vida de los cuatro.
En cuestión de horas, el rey y su sacerdotisa emprendieron un largo viaje, dejando en Japón parte de sus corazones en su hijo y… en cuestión de horas, una mujer destruida se convirtió en madre a plazo determinado.
. — Hana... nos espera una corta vida en común—. Le susurró Tamao al bebé cuando Yoh y Anna se perdieron a lo lejos.
Hana abrió los ojos perezosamente solo segundos antes de volverse a dormir; Tamao era capaz de sentir la tibieza de su pequeño cuerpo aún a través de la manta que lo cubría, luego, elevó la mirada al cielo que apenas comenzaba a clarear y ahogó un suspiro al enfocar de nuevo la puerta de la pensión.
¿Cuánto tiempo pasaría desde ese día para que Yoh y Anna cruzaran aquellos portones de nuevo?
"Bien... el tiempo que tenga que pasar..." dijo en su mente mientras sostenía el pequeño cuerpecito contra su pecho, cerrando los ojos al impregnarse de su tibieza.
"… yo me haré cargo de ti... Hana".
.ϛηϛηϛηϛηϛηϛηϛη.
.ϛηϛηϛηϛηϛηϛηϛη.
FIN DEL CAPÍTULO SEGUNDO
.ϛηϛηϛηϛηϛηϛηϛη.
.ϛηϛηϛηϛηϛηϛηϛη.
¡Hola!... creo que la segunda entrega no demora tanto como lo anunciado Aunque es cortito, espero les haya gustado, ¡Gracias por leer! =D ¡Hasta la próxima =D!
Cariños
Paola Alarsil.
.ϛηϛηϛηϛηϛηϛηϛη.
.ϛηϛηϛηϛηϛηϛηϛη.
Liz Asakura—. ¡Hola Liz!, gracias por tu review, muchas gracias por leer, me alegra que te haya entretenido la primera parte, sí… lo sé, el capi es triste XD, por eso les advertí que será una temática dura. Je… dicho y hecho, XD, no te preocupes que no mataré a Tamao XD, de ser posible ya no habrán más muertes (a menos que se la merezcan XD). Esta segunda entrega no es tan extensa, por eso la subo pronto . Oh sí, los mangas T.T, pero debo dejarlos un tiempo, me han alejado de escribir XD, son adictivos. El que me recomiendas lo pondré en lista =3. Bueno Liz, espero te haya gustado este capi cortito =P, ¡Un beso!, ¡Hasta la siguiente actualización! :D
.ϛηϛηϛηϛηϛηϛηϛη.
.ϛηϛηϛηϛηϛηϛηϛη.
