Una navidad para recordar.

Capítulo 2.

Cuando el joven licántropo pudo abrir los ojos por completo se abotonó correctamente el pijama y, al enfocar a su amigo, se dio cuenta de que éste lo miraba con una expresión inescrutable. Remus le sonrió, pero el animago no le devolvió la sonrisa. Simplemente seguía con su vista clavada en él.

- Sirius, ¿te encuentras bien? -preguntó el castaño moviendo una de sus manos frente al rostro de Sirius.

- Eh…, sí -murmuró Sirius, resolviéndose a ignorar por completo aquella voz que en su mente seguía burlándose de él.

Apartando por fin su mirada de Remus, y dirigiéndola hacia el pie de la cama, Sirius volvió a hablar. Esta vez con una voz mucho más grave y más segura.

- Sí, Moony, estoy bien. Yo solo intentaba despertarte para que abramos…

- ¡Los regalos! -exclamó alegre Remus, quitándole las palabras de la boca, cuando miró en la misma dirección que su amigo.

Levantándose de un salto, Remus jaló a Sirius hacia el montón de obsequios. Sin esperar más ambos chicos se acomodaron sobre la alfombra y comenzaron a desenvolver uno a uno los paquetes. Por parte de James, Sirius recibió un estuche muy bien equipado para el mantenimiento de su escoba voladora junto con una considerable porción de tarta de calabaza preparada por la señora Potter, y una pequeña nota que decía:

Mi madre me ha echado una buena bronca por haberlos dejado en el colegio, Padfoot. Pero dice que ya tendrá tiempo para mimarte un poco ahora que vengas a vivir con nosotros. Saludos a Moony, y espero que pasen felices fiestas.

- ¡Está deliciosa! -exclamó Remus al probar un trozo de tarta mientras examinaba la contraportada de uno de los discos de vinilo incluidos en la colección que James le envió como regalo- Y estos discos son geniales. Si tan solo tuviera un gramófono para poder reproducirlos…

- Bueno, ¿por qué no abres mi regalo, Moony? -propuso Sirius con una sonrisa.

- Sirius… ¡esto es fantástico! –dijo el chico con la alegría impresa en la voz al ver el pequeño aparato fonográfico portátil.

- Deberías abrir la otra caja, Rem.

- Pero, Sirius, con el gramófono era más que suficiente -dijo el castaño al mirar el elegante surtido de plumas de águila real acompañadas de su correspondiente repuesto de tinta negra, de colores e invisible y una gran caja de chocolotes rellenos de licor- No tenías porqué gastar tanto dinero por mí…

Sirius sencillamente sonrió y se encogió de hombros, contento de ver ese brillo de felicidad en esos bellos ojos de miel que le robaban el sueño.

- … eres un gran amigo, Sirius -siguió diciendo Remus- No debiste molestarte tanto y…, bueno, yo solo espero que te guste lo que he conseguido para ti.

- Si lo has escogido tú, es un hecho que me gustará -aseguró Sirius procurando rozar suavemente las manos de su amigo al tomar la caja forrada de un brillante papel dorado que Remus le ofrecía.

Al abrirla lo primero que vio fue un pequeño empaque transparente que contenía una botellita de cristal y, en cuanto Sirius la sacó de su estuche, pudo percibir una exquisita fragancia.

- ¡Huele delicioso, Rem!

- Me alegra que te guste…, pero aun falta algo más -dijo el chico instándolo a buscar en el fondo de la caja.

Sirius miró y al vaciarla pudo ver un largo abrigo de un negro aterciopelado junto con una hermosa bufanda de lana matizada de bellas tonalidades azules y unos guantes de igual tono que el abrigo. Todas las prendas estaban impregnadas por el delicioso aroma de la loción.

- ¡Es un regalo perfecto, Moony! -exclamó Sirius poniéndose en pie para colocarse el abrigo y la bufanda.

- Sí… perfecto -repitió Remus en voz baja mirando a su amigo de pies a cabeza mientras éste modelaba un poco ante él.

- ¿Qué te parece?, ¿te gusta cómo luzco, Rem? -preguntó Sirius apartándose el cabello del rostro usando un ademán elegante.

- Por supuesto -respondió Remus con mucho énfasis mientras seguía repasándolo con la mirada. Pero al segundo siguiente se arrepintió de haber dado esa respuesta, pues, al escucharlo, Sirius le dirigió una mirada inquisitiva- Ehh… lo que quise decir es que, bueno, el color azul combina perfecto con tus ojos y… -si sigo tartamudeando así va a darse cuenta de que… ¡por todos los cielos!, ¿por qué no pensé antes de hablar? se dijo Remus mientras trataba de explicarse- El caso es que tú…, tú… siempre luces bien.

Sirius seguía mirándolo y Remus le sostenía la mirada pero, de pronto, sintió como si esa mirada gris tratara de leer sus pensamientos. Incapaz de mantenerla por más tiempo, Remus rompió el contacto visual posando sus ojos sobre otro de los paquetes.

- Mira, Peter me ha mandado la edición especial del libro Defensa contra… las Artes Oscuras para Expertos y… un paquete de golosinas de HoneyDukes -dijo Remus intentando ocultar el temblor de su voz provocado por los nervios que lo apresaban al sentir la intensa mirada de Sirius sobre él- ¿Qué… te ha enviado a ti?

Sirius apartó al fin sus ojos grises de Remus, y con una gran sonrisa en los labios alcanzó la caja enviada por Peter para extraer el contenido. Se trataba de un par de botas antinieve y una caja llena de diversos artículos de broma.

- Creo que aún te queda un paquete pendiente -dijo Remus un poco más tranquilo tratando de llamar la atención de Sirius hacia un envoltorio algo burdo amarrado con tiras.

- A ti también te resta uno -observó Sirius sin hacer el intento de abrir su último regalo, pues se había fijado en la bonita caja adornada con un gran moño blanco que quedaba solitaria entre los trozos de papel regados por el suelo- ¿Por qué no lo abres y nos enteramos de quién viene? –agregó Sirius sintiendo una punzada de celos.

El chico de cabellos castaños tomó la caja y retiró el moño blanco con cuidado. Sirius lo vio extraer la pequeña nota que acompañaba el regalo y apretó los puños con furia al ver la bella sonrisa que se dibujó en el rostro de Remus al extender el trozo de papel con manos temblorosas. Mientras el joven licántropo leía la nota en silencio, Sirius, completamente dominado por los celos, jaló la caja para averiguar qué era aquella cosa que lo había puesto tan feliz.

- ¿Quién lo envia? -preguntó sin poder evitar un tono duro mientras metía la mano en la caja para sacar el contenido- Y ¿qué es esto?

- Es de mi madre -declaró Remus doblando cuidadosamente la nota y guardándosela en el bolsillo- Y esto son unos patines.

- ¿Patines? -preguntó Sirius extrañado mientras examinaba los bonitos botines rojos.

- Así es. Los muggles los usan para patinar sobre hielo -explicó el chico de cabellos castaños tomando uno de los botines y deslizando cuidadosamente uno de sus dedos sobre la filosa cuchilla.

Remus los examinaba en silencio y, de pronto, su mirada se ensombreció por un segundo.

- Después de que el lobo… después de lo que pasó aquella noche mi padre se apartó de mi lado. Creo que lo hizo porque se sentía culpable por lo que paso y no sabía como enfrentarlo… pero entonces mi madre fue quien se mantuvo muy cerca de mí. Ella alimentó mi gusto por la lectura, me enseñó a tocar el piano, y también me ayudó a aprender a patinar. Decía que eran pasatiempos divertidos que me ayudarían a conseguir equilibrio. Y era verdad. Cuando me sentía aturdido solo tenía que sentarme al piano y tocar alguna melodía o tomar mis patines e ir a la pista que estaba cerca de casa para aliviar la tensión…

El joven animago lo escuchaba atentamente. Nunca pensó que ese chico que lo traía loco supiera tocar el piano, y tampoco imaginó que le gustara deslizarse sobre el hielo con aquellos extraños botines.

Cuando Remus lo miró, Sirius le sonrió y dijo:

- Parece difícil mantener el equilibrio con eso puesto…

- Al principio sí, pero cuando logras dominarlo se vuelve bastante sencillo y agradable… Yo podría enseñarte si tú quieres -propuso Remus con algo de timidez al ver que Sirius miraba con curiosidad la cuchilla de uno de los patines.

- ¡Me encantaría! -exclamó inmediatamente Sirius- En cuanto bajemos enviaré una lechuza a Londres, y con algo de suerte tendré mis propios patines antes de la comida.

- Muy bien -dijo Remus complacido- Ahora, ¿por qué no abres tu último regalo?

Sirius miró el burdo envoltorio que Remus le señalaba. Lo había dejado completamente de lado al querer saber quién era la persona que enviaba regalos a su Moony. Pero ahora, olvidados los celos, soltaba con curiosidad las tiras de piel de dragón que sujetaban el papel de embalar.

- ¿Crees que pueda ser de alguna admiradora tuya? -preguntó Remus con un tono que quiso ser despreocupado.

¿Está celoso? se preguntó Sirius sintiendo un vuelco en el estómago mientras sacaba la nota que venía dentro del envoltorio.

"Ya lo creo que sí" afirmó esa vocecilla que Sirius había optado por ignorar porque no dejaba de recriminarle que no fuera lo suficientemente valiente como para plantarle un beso a Remus. Esa voz que lo había estado molestando desde que despertó era la que ahora sacaba conclusiones apresuradas y gritaba de felicidad dentro de su cabeza "¡Moony está celoso, Moony está celoso!... El tono de su voz lo delata. Yo creo que le gustas…"

¡¿Qué dices?! preguntó Sirius estupefacto.

"Sabes que es verdad. Recuerda como se sonrojó cuando te luciste ante él con ese abrigo encima y lo nervioso que se puso después de eso… Si lo piensas bien descubrirás que tú le gustas. Basta con que hagas memoria. Por ejemplo, recuerda aquella vez en la que él…"

- ¿Sirius?...

Al escuchar su nombre, el chico de ojos grises se olvidó de su monologo mental y miró a Remus, quien sostenía entre sus manos una pequeña vasija de piedra.

- Hum, no… no creo que una chica te haya enviado esto -dijo Remus examinando el extraño objeto con una sonrisa en los labios- Me pregunto quién te enviaría algo así… Deberías leer la nota para salir de dudas, ¿no crees? –añadió el chico al ver que Sirius se había quedado mirándolo sin preocuparse siquiera por enterarse de quién le enviaba un regalo de navidad tan extraño.

- Eh… sí, claro.

Sin más, Sirius se concentró en leerla. Al instante exclamó:

- ¡Pero si es del tío Alphard!

- Ah, vaya, tu tío -musitó Remus aliviado mientras deslizaba sus dedos sobre los complicados símbolos que adornaban el borde de la vasija- Esto perecen ser símbolos antiguos -añadió- Tal vez se trate de runas… ¿qué será?

- Según la nota se trata de un pensadero. El tío Alphard dice que lo consiguió en uno de sus viajes. Dice que sirve para aligerar la mente cuando la tienes llena de ideas. Creo que al usarlo podre visualizar y examinar mis recuerdos con más calma.

- ¿En serio? -preguntó Remus asombrado.

Sirius asintió mirando la caja de metal labrado que acompañaba a la misteriosa vasija pensando en que el pensadero era justo el regalo que necesitaba.

Al fin podré librarme de esa insistente voz que no me deja tranquilo.

La caja contenía al menos una cincuentena de frascos de cristal cortado sellados. Sirius tomó uno, miró a Remus, y dijo:

- Parece que estos pequeños frascos sirven para almacenar recuerdos especialmente importantes…

Remus colocó la vasija sobre la alfombra y observó con gesto concentrado el frasco que Sirius tenía en la mano. Al tomarlo para examinarlo con cuidado, Remus rozó sutilmente los dedos de su amigo, y en ese momento Sirius supo cuál era el primer recuerdo con el que deseaba estrenar tan peculiar regalo. Quería que ese recuerdo fuera su primer beso con Remus.

"¡¿El primer beso?!" musitó sorprendida aquella vocecilla "Vaya, veo que te has vuelto ambicioso"

Así es confirmó Sirius.

Había llegado a la conclusión de que ya era hora de dejarse de niñerías. En cuanto bajaran a desayunar enviaría una lechuza para conseguirse esos patines y pasaría el día entero junto a Remus porque estaba decidido a que esa navidad fuera inolvidable para ambos.

Continuará…

Nota de la Autora: Hola a todos. Antes que nada muchas, muchas gracias por sus reviews. De verdad que me da un gusto enorme recibirlos. Ahora, siendo franca, este capitulo me costó algo de trabajo…, no sé por qué, pero así fue. Me gustaría saber qué les ha parecido. Si les ha gustado, o no. Déjenmelo saber con un review, ¿quieren? Como sea, también acepto cocolazos y críticas (constructivas desde luego).