Disclaimer: Todo el universo de Harry Potter pertenece a J. K. Rowling

Pareja: Sirius Black & James Potter

Beta: Kristy SR


Este fic participa en el reto anual "Long Story 4.0" del foro La Noble y Ancestral Casa de los Black


Capítulo I

Camino a la ruina

—¡Eh, Canuto! ¡Suéltame, tengo calor! —exclamó James, mientras intentaba apartar a Sirius de sí.

El aludido sólo apretó más el agarre a la cintura de James y recargó su cabeza en el hueco entre el cuello y el hombro de su amigo.

—No. Estás cómodo.

—¡Pero me estoy sofocando!

Sirius estaba pensando en ignorarlo y volver a dormir, sin embargo, unos ligeros golpes a la puerta hicieron que abriera los ojos.

—¿Muchachos? ¿Están despiertos? —preguntó la voz de Charlus desde el otro lado de la puerta.

—Sí, papá —contestó James.

—¡Muy bien! ¡Levántense y pónganse presentables! ¡Iremos al callejón Diagon a hacer las compras!

Ambos muchachos bufaron en respuesta y Sirius dejó escapar a James para poder incorporarse en la cama.

—Eres una almohada muy cómoda, Cornamenta —se mofó.

—No sé cuál es tu afán de abrazarme, no soy un maldito oso de peluche —dijo con voz quejumbrosa—. Uno pensaría que después de meses compartiendo cama ya te habrías cansado de tenerme pegado a ti todas las noches…

—Siempre te quedas dormido antes de que pueda empezar, ¿cómo quieres que me harte de ti si me dejas con las ganas? —Sonrió divertido ante el sonrojo que provocaron sus palabras—. Además, deberías sentirte honrado, muy pocos han tenido el honor de ser abrazados por mí toda la noche.

—Pocos, claro. Y Lily me ha besado, ¿no? —soltó con sarcasmo.

—¿Qué pasó con el chico que se tiraría al lago ante tal comentario? —Sirius lo observó levantando una ceja, generalmente su amigo nunca se tomaba tan a la ligera ese tipo de comentarios y mucho menos los hacía él mismo.

—Se ha tirado al lago, supongo.

Le miró durante un par de segundos, sorprendido. ¿Acababa de oír a James Potter declarar que su "enamoramiento" con Lily había pasado?

—¡Al fin! —exclamó levantando los brazos en señal de victoria, cuando se le pasó la sorpresa—. El idiota de Colagusano se morirá cuando se entere. ¡Merlín, me has hecho ganar una buena cantidad de galeones!

—Me habría extrañado que no hubieran apostado sobre eso —dijo James fingiendo estar indignado.

—Alégrate por saber que aposté de qué ese encaprichamiento tuyo se pasaría.


Sirius sonrió a la muchacha que se lo comía con la mirada y golpeó disimuladamente el hombro de su amigo.

—Te apuesto diez galeones a que puedo conseguir más que un beso en menos de quince minutos —le susurró, apartando apenas la mirada de la chica.

—¿Qué clase de apuesta es esa? Mejor pídeme los diez galeones… —contestó, observando también a la joven—. Es demasiado fácil, prácticamente se le está cayendo la baba de sólo verte… Piensa en un verdadero reto, Canuto.

—Bien.

Black frunció ligeramente el entrecejo y continuó caminando enfrente de los escaparates sin reparar en nadie.

—¿Qué tal veinte galeones a qué puedo besarte? —sugirió en tono de broma—. Incluso estaría dispuesto a algo más si te gusta, aunque tendrías que darme más de veinte galeones, por supuesto.

—Eres tú el que tendría que pagar —gruñó James.

—Ni hablar, tú pagas.

Siguieron discutiendo por un rato, por la simple diversión de hacerlo, pues por supuesto que ninguno se imaginaba realmente besando o toqueteando el cuerpo del contrario.

Sirius se detuvo frente a uno de los escaparates, fijándose con detenimiento en los frascos llenos de extrañas sustancias. James se colocó junto a él, pero no le interesaba ni un poco los contenidos de los recipientes o qué quería su amigo de ahí.

Después de un par de minutos, Sirius decidió que no había nada interesante y comenzó a caminar.

—¿Quieres un helado, Canuto? —preguntó James, fijando su mirada en un hombre que pasaba con uno—. Yo los compro —ofreció, y volteó al lugar donde se suponía que estaría Sirius, sin embargo, no lo encontró.

Miró a todos lados desconcertado y reconoció la mata de cabellos azabaches ligeramente ondulados a un par de metros. frunció el entrecejo mientras se acercaba, preguntándose qué lo había llevado a detenerse. Cuando estuvo cerca notó la extraña mueca en la cara de su amigo y sus ojos mirando un punto lejano detrás de él, haciendo que se girara en redondo.

—¿Qué pasa, Canuto? ¿A quién… —La pregunta murió en sus labios. Ya sabía lo que veía su amigo: su familia.

Walburga, Orion y Regulus estaban caminando en su dirección, y parecía que no habían reparado en ellos. Todos se veían casi alegres. Sin detenerse a pensarlo, cogió a su amigo del brazo y lo arrastró calle abajo hasta un pequeño callejón que se formaba en la separación de dos tiendas.

Sirius bajó el rostro y se quedó estático en el lugar. Fue en aquel momento en que James volvió a notar la melancolía que desprendía Sirius; su máscara se había caído. El indefenso y triste muchacho que había llegado hacía meses a su casa estaba ahí… Y no lo tuvo que pensar. Sólo lo aferró entre sus brazos con afecto.

—Está bien, Sirius —susurró con suavidad—. Todo está bien.

—¿Cómo lo sabes? —farfulló de manera ahogada.

—Sólo confía en mí.

Aquella frase le provocó un sentimiento extraño en el pecho y, sin saber bien por qué, se relajó en los brazos de su amigo y le rodeo la cintura con los suyos.

Sirius no sabía cómo sentirse con respecto a la situación. Definitivamente algo se había oprimido con fuerza en su pecho al ver a su familia caminando por ahí como si nada; una cosa era burlarse de la situación y andar echando carcajadas con James por todas partes… y otra era la realidad. Otra era el hecho asfixiante de que sus padres se hubieran cansado de él y le hubiesen dado la espalda —aunque sabía que se lo merecía de cierta forma—, estando ahora completamente solo en el mundo, desamparado… Bueno, no solo, tenía a los Potter y a su tío Alphard, después de todo… De todas formas no era lo mismo.

Se dejó reconfortar por los brazos de James unos minutos más y luego se apartó, pero, antes de poder lograrlo por completo, sus miradas chocaron y el aliento se le escapó.

Había algo tan curioso e intenso en la forma en que le miraban aquellos ojos chocolate detrás de las gafas que hizo que su corazón se acelerará y las mejillas se sintieran calientes.

—Vamos por ese helado rápido —dijo de manera apresurada, intentado ocultar su sonrojo volteándose—. Tus padres han de estar esperándonos todavía en Flourish y Blotts...

James sonrió y lo siguió, sin percatarse de nada. Ni siquiera el mismo Sirius, que lentamente se iba deslizando a su ruina, pudo notar en ése momento lo que significaba todo. Al parecer nadie le había dicho que a veces cuando dos miradas se encuentran puede suceder algo inesperado...