Believe
Ella estaba ahí mismo.
Con un abrigo negro que debía valer una fortuna, y su cabello impecablemente peinado.
Mucha más bella de cerca, sin duda.
No sé cuánto tiempo me quedé "babeando", pero fue lo suficiente para ver cómo su rostro ponía expresión de preocupación.
—¿Le duele algo? ¿Quiere que llame a un médico?
Moví la cabeza negativamente.
—Estoy bien, Srta. Mills, solo un poco confusa.
Suspiró aliviada, y dejó aparecer en su rostro una sonrisa simpática.
—Su amiga me ayudó a traerla al hospital más cercano. El doctor ha dicho que el golpe en la cabeza fue lo que más le preocupaba, pero ya ha realizado los exámenes y no hay nada grave—explicó —Y mañana le darán el alta. Pero, yo quería agradecerle su heroico acto. Muchas gracias por haber salvado a mi hijo, Emma.
Wow.
Mi nombre sonaba tan lindo viniendo de ella.
Aquella voz ronca y sin alteración.
—No es necesario que me lo agradezca.
La puerta se abrió abruptamente llamando nuestra atención, pude ver a Mary Margaret completamente nerviosa con Ruby a su lado intentando inultamente calmarla.
—¡Pues claro que esta mujer tiene que darte las gracias, Emma! ¡Habrase visto! ¡Dejar que un niño salga corriendo hacia la carretera llena de coches! ¡Srta. Mills, debe prestarle más atención a su hijo, mi hija puede que la próxima vez no esté cerca!
—¡Mamá!- dije furiosa
Mi rostro me estaba ardiendo, probablemente estaría más roja que un tomate.
—Ella tiene razón, Emma— dijo Regina
Percibí el cambio en su tono de voz.
Estaba enfadada, y ¿con vergüenza?
—He hablado con Gold— continuó Regina —Le pedí que dejara libre a la Srta. Woolf unos días, claro, si ella quiere —se giró hacia mi madre —Si necesita cualquier cosa, no dude en llamarme, Sra. Nolan. Me tengo que ir, ciao Emma
Genial, si tenía alguna posibilidad de poder, al menos, ser amiga de Regina Mills, mi madre la acababa de tirar por el desagüe.
Ella ni siquiera me miró al salir.
Tres días habían pasado, y ya no aguantaba quedarme en casa.
Me gustaba mi trabajo, pero, lo que de verdad me gustaba era poder verla.
Después de tener finalmente el apoyo de David para poder salir a dar un paseo, sí, me hicieron volver a su casa para cuidarme "mejor", fui al parque, me quedé observando a las familias jugando con sus hijos, ahogando completamente el sonido del tráfico que pasaba cerca de allí.
Cerré los ojos y eché la cabeza hacia atrás, apoyándola en el banco, e intenté relajarme.
Sentí algo golpeando mi pierna.
Era una pelota.
Fruncí el ceño.
—¡Mira mamá! ¡Es Emma!— la voz del muchacho captó mi atención.
—Srta. Swan, discúlpeme por lo de Henry— su voz era increíble —No vamos a molestar
Sonreír al mirar al chico que miraba a su madre enfurruñado.
—No molestan. Siéntese, Sra. Mills, mientras Henry juega con su pelota, ¿no, Henry?
Él concordó con la cabeza, y se fue saltando con un muchachito que estaba cerca.
Regina rió de las maneras de su hijo y dio su brazo a torcer sentándose a mi lado.
—¿Cómo está, Srta. Swan?— preguntó sin apartar los ojos de su hijo.
—Bien. Y puede llamarme Emma, sin formalidades
Capté su mirada algunos instantes, pero enseguida la puso de nuevo en su hijo.
—Me puedes llamar Regina
Se hizo el silencio mientras observábamos a Henry jugando.
Aquello era tan bueno.
Tan simple y tan bueno.
—Tuve que tirarle de la oreja a tu amiga y a mi hermana— comenzó a hablar —Estaban haciendo cosas inapropiadas en una sala de estar y corrían el riesgo de que un niño de ocho años viera aquello.
La miré con el ceño fruncido.
La acompañé en la risa.
—Ruby pierde la perspectiva cuando se trata de ese tema—dije y tuve su atención —Compartimos piso y bueno, hubo un día en que ella y una chica comenzaron a aullar, ¿te lo crees?
—¡No!—dijo Regina carcajeándose.
—Te lo juro. El apellido de Ruby es Wolf, así que, las dos estaban tan borrachas que la muchacha repetía "Hazme aullar" centenares de veces, es uno de los motivos por los que le puse a Ruby el mote de Loba.
Dejó escapar una lágrima de la risa que le provocó la anécdota de Ruby.
—¡Qué bueno es reír!— dijo intentando recuperar el aliento
—Creo que nunca te he visto tan sonriente— dejé escapar mis malditos pensamientos
Regina me miró con expresión confusa.
—Tu despacho está prácticamente frente al mío, solo que al otro lado de la calle. Es casi imposible no veros mientras trabajáis
¿Os? De verdad, Emma…
—Me fijaré la próxima vez, Swan, creo que tengo tantas cosas de las que ocuparme allí dentro que no me doy cuenta de esos detalles— comprobó algo en el móvil —Bueno, tengo que irme. Ha sido un placer verte, Emma. ¡Henry! Ven a despedirte de Emma.
El muchachito vino corriendo con una gran sonrisa en su rostro.
Y me dio un apretado abrazo.
—Me caes bien, Emma. Ciao— me dio un lento beso en el rostro y deshizo el abrazo —¡Vamos, mamá!
Regina y yo sonreímos ante el comportamiento del muchacho.
Ella se puso en pie y se despidió con un movimiento de cabeza.
Los días de baja acabaron, y pude volver al trabajo.
Mis compañeros me recibieron como una familia, menos Gold, que exigió mi artículo incluso sin importarle el motivo del atraso en la entrega.
Me dejé caer en la silla, que rodó hasta su sitió.
Saqué mi móvil y lo dejé en la mesa mientras el ordenador se encendía.
La vibración indicó la llegada de un mensaje.
«Ahora también te veo. Estoy feliz de verte bien y de vuelta en el trabajo. Guarda mi número.
Regina Mills»
En cuanto acabé de leer el mensaje, mi mirada automáticamente la buscó a ella. Y allí estaba, mirando en mi dirección, y sonriendo. ¡Cuánto más bella era sonriendo!
Hizo un asentimiento con la cabeza, y yo, hipnotizada, la imité.
Algo llamó su atención en su despacho y regresó a su mesa, yo decidí hacer lo mismo, o Gold no me lo iba a perdonar.
