Three days inside a RAINBOW
Lore-chan
CHAPTER TWO: SECOND DAY, SATURDAY
Hayashi abrió el refrigerador buscando el trozo de pastel que había dejado el día de ayer, escondido en el fondo de la segunda bandeja. No lo encontró. Torció la boca hacia la izquierda, quizás lo había dejado en la primera. Tampoco lo encontró.
El trigueño en verdad no quería empezar discutiendo ese día sábado con su hermano, pero Hideki se lo había buscado. No tenía que pensarlo por segunda vez. Sabía que él fue.
Salió de la cocina directo al jardín donde estaba el rubio.
Hideki estaba de espalda al sol, con un traje de baño color verde limón cerca de la piscina con los brazos detrás de la cabeza, con lentes oscuros y cantando una de las tantas canciones de su padre.
Se detuvo a su costado, tapándole los rayos del sol.
-Quítate Hayashi – le dijo su hermano molesto.
-Te comiste mi trozo de pastel.
Hideki sonrió rascándose su nariz.
-No, no lo hice.
-Eres el único en toda la casa que se come lo que no es suyo. Los gemelos habrían preguntado y las mellizas están a dieta por quinta vez en lo que va del año. Eres el único que queda en la lista.
-¿Sabes que tenemos otra hermana, cierto?
-A Himeko no le gustan los dulces.
-Quizás fue Hachi – dijo en tono burlón.
-El perro no entra en la casa, idiota – Hayashi estaba perdiendo la paciencia.
-No seas llorón, dile a mamá que te prepare otro cuando vuelva.
-Hideki no se trata si mamá puede hacerme otro o no. Es el hecho de que siempre, siempre te comes mi comida. Te comes mis palos de ajo, te comiste mis macarrones, lo que trajeron los bisabuelos, ¡Te quieres hasta devorar la chica que me gusta!
-Corrección hermanito: ya me devoré a la chica que te gusta. De hecho, yo la vi primero y en ese caso fuiste tú quien se devoró algo mío. Estamos a mano.
-Te voy a golpear hasta que me canse, ¡Imbécil! – gritó el trigueño fuera de sus casillas.
Hideki se levantó sonriendo y se colocó en posición para recibir a su hermano. Se levantó sus lentes de sol mostrando sus profundos ojos azules – herencia francesa por parte de su abuela Natsuko Takaishi – e instó con la mano a Hayashi para que comenzara.
-¡Hey! – Haru les llamó la atención desde el enorme ventanal que separaba el salón del jardín de la casa – no peleen, tenemos visitas – caminó donde estaban sus dos hermano y se colocó entre ambos separándolos – Llegó Umi junto con Asuka y Hiroki.
Hideki paró de golpe. El sólo hecho de escuchar que Umi Takaishi estaba en la casa hizo que las ganas de seguir discutiendo con su hermano se esfumaran.
-Compórtense por una maldita vez – dijo la melliza antes de volver a entrar en la casa.
-Oh, hermanito. Te voy a golpear donde más te duela – sonrió Hayashi y el rubio supo de inmediato que éste se refería a Umi. Dudó. Su hermano no sería capaz de ponerle un dedo encima a su prima, él mismo le había dicho que la chica le producía rechazo, que era como una hermana más.
-Hayashi, te juro que si le haces algo… no voy a responder.
-¿Quién? ¿Yo?... ¡Qué va, Hideki! – y siguió a Harumi dejando al rubio de ojos azules en el jardín.
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Los gemelos saludaron a su prima y a Hiroki inclinando su cabeza educadamente, éstos entraban en la casa con varias bolsas en sus manos.
-¿Y Asuka? – preguntaron los gemelos al mismo tiempo.
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Durante la mañana y después que todos hubieron despertado de la borrachera del día anterior, decidieron que hacer una barbecue en el quincho era una excelente idea. Hace tiempo que no se juntaban todos y no pasó mucho tiempo hasta que la corta lista de invitados confirmó su asistencia. Era obvio que los hijos de Jou y Sora Kido iban a ir, eran íntimos amigos de la familia. Umi Takaishi, era otra obviedad, la rubia y angelical hija de Takeru y Hikari fue la primera que nombraron las mellizas, adoraban a su prima. El último en la lista fue Taiki Koyama, un moreno de ojos chocolate, compañero de universidad de los gemelos.
El chico era baterista, violinista y además tocaba el piano con una habilidad y facilidad que impresionó a Hiroyuki y Hirohito cuando lo oyeron por primera vez. Lo instaron a formar una banda de música y en cuanto el moreno supo que ellos eran hijos del famoso compositor, y anteriormente cantante, Yamato Ishida, no dudó ni un segundo en decir que sí.
La primera vez que puso un pie en casa de los Ishida, Mimi pegó un grito botando un par de copas y su marido, por más que trató, no logró cerrar su boca durante varios minutos. El parecido con Taichi Yagami era tal que asustó al matrimonio.
-Este idiota vino a penar – le susurró Yamato a Mimi cuando los gemelos fueron a encerrarse al dormitorio con el que era su mejor amigo.
Mimi rió.
Hubo otra persona que quedó sorprendida en cuanto lo vio. Y esa fue Harumi Ishida. Vio a Taiki subiendo las escaleras y olvidó hasta cómo respirar. Estaba segura que había visto a ese moreno en alguna otra parte pero no podía recordarlo. Y cuando él le habló, sus piernas tiritaron y no supo responderle.
-¿Qué les pasó a sus padres? – Preguntó el chico una vez que estaba en el amplio dormitorio de los gemelos – Es como si hubieran visto un fantasma cuando los saludé.
Hiroyuki y Hirohito se encogieron de hombros al mismo tiempo. No tenían la menor idea de porqué sus padres habían reaccionado así.
-Su hermana igual… ¿Tengo algo en la cara?
-No, no tienes nada – contestó Hirohito desenfundando su bajo - ¿Comenzamos?
Su otro gemelo enchufó la guitarra eléctrica al amplificador, Taiki se acomodó el violín bajo la barbilla, pero antes de comenzar Hiroyuki le habló a su amigo en tono de advertencia.
-Taiki, con mis hermanas no. Con ninguna de ellas.
Ojalá el moreno hubiera podido hacerles caso, porque de todas las siguientes veces que fue, las miradas entre él y Harumi eran evidentes. Había algo en los ojos de esa trigueña que lo volvieron loco desde el segundo mismo en que la vio. Pero él apreciaba mucho su vida, al igual que Hiroki Kido con quien también entabló una amistad. De tantas veces que coincidieron en aquella casa, terminó siendo inevitable.
-Salgo con Hatsumi hace un tiempo, nadie lo sabe. Bueno ahora lo sabes tu – reconoció el chico de cabellos azules una tarde – tengo una excelente relación con los gemelos, con Hideki y con Hayashi, pero créeme que me han advertido tantas veces que no mire a ninguna de las chicas de otra forma que me aterra que se enteren. Me van a matar y lo harán literalmente. Los he visto en acción. Una vez descubrieron a un chico de la secundaria besando a Haru. Lo esperaron a la salida de clases. El tipo terminó con dos costillas rotas.
Y aun con todas las advertencias, con todo lo que escuchó, se enamoró de la chica. Se besaron una vez, cuando era pasada medianoche y se la encontró en el pasillo. Ella iba a la cocina por un vaso de agua, él iba al baño. Cada vez que él se quedaba en casa de los Ishida el oscuro pasillo era testigo de apasionados besos.
Pero el miedo que le infundo Hiroki, sumado a las amenazas de los huracanes cuando lo descubrían mirando más de la cuenta a la melliza terminaron por hacerlo retroceder.
-Me gustan tus dientes… - le comentó Hideki una vez al moreno. Éste no notó que se quedó absortó mirando a la castaña de ojos miel por demasiado tiempo – Y me caes bien Taiki… así que hagamos un trato. Tus lindos dientes por no acercarte a mi hermana.
Koyama tragó con dificultad. Las amenazas eran ciertas, entendía en miedo del Kido.
Por ellos mismo, hacía meses que no iba a esa casa, quería evitar a Haru, pero al leer la invitación y recordar que extrañaba ver sus ojitos miel quebraron su fuerza de voluntad y aceptó.
Taiki se bajó de su auto y se encontró a medio camino con Asuka Kido que peleaba con la puerta trasera de su maletera que no quería cerrar.
-¿Te ayudo?
-Hola Tai – saludó la peliazul con una sonrisa. El moreno se acercó a revisar la puerta y notó que había una pequeña pelota interviniendo el cierre – ¡muchas gracias! Te juro que no la había visto.
Taiki notó una vez más porqué los gemelos estaban prendados de esa chica, era realmente muy bonita.
-¿Todo bien?
-Hirohito – nombró Asuka, sin dudar un segundo, al gemelo que se acercaba a ella. Atrás venia el otro – ¡Hola Hiroyuki! – y sacudió su mano elegantemente con alegría.
-¡Hola!– saludaron los dos al mismo tiempo con una sonrisa tonta en la cara. Taiki rio por dentro. Eran tan obvios.
-Tai, me ayudaba con la puerta de la camioneta – les contó mientras se colgaba del brazo de cada uno para ingresar a la casa. Ella era muy despistada, herencia Kido en su totalidad, y no notó que aquel gesto provocó que las mejillas de ambos rubios idénticos ardieran.
El moreno los miró alejarse con una sonrisa, sujetó con fuerza la bolsa que sostenía y alzó la vista a la ventana del segundo piso para toparse con unos ojos azules que lo miraban con diversión.
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-¡Haru!
Hatsumi corrió hasta el dormitorio de su hermana que en esos momentos se encrespaba las pestañas. Se había colocado un vestido primaveral de flores anaranjadas que contrastaban con su blanca piel, llevaba el cabello suelto y al parecer había repasado sus rizos con esmero pues las puntas se enroscaban como nunca.
-Llegó…
-Lo sé, lo sé – respondió Haru nerviosa – el sonido del motor de su auto es inconfundible.
El oído de la melliza no había sufrido modificaciones con el tiempo. Seguía funcionando como cuando tenía cuatro años y afinaba la guitarra de su padre. De hecho, los gemelos le pedían que afinara sus instrumentos y la hacían partícipe de sus ensayos para que ella, con su privilegiada audición, les dijese si algo se oía mal.
Ella trataba de no distraerse cuando en esos ensayos Taiki estaba a escasos metros. Se comían con las miradas a cada instante que los gemelos estaban concentrados en su bajo y en su guitarra respectivamente.
-¿Cómo me veo? – preguntó la de ojos caramelo a su hermana.
-Bellísima, Tai se va a morir cuando te vea.
Harumi miró a su melliza con seriedad.
-Hatsu… esto es "Operación MHC" Yo te cubro con Hiroki, tú me cubres con Taiki.
-Siempre – le dijo con decisión y unieron sus meñiques – "operación malditos hermanos celosos" entra de acción.
Se sonrieron la una a la otra.
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-Has crecido mucho.
Umi se acercó a Himeko hablándole con esa voz dulce que heredó de su madre. La menor de los Ishida estaba sentada en la terraza, escribiendo en su laptop color rosa, a sus pies Hachi lanzó un bostezo para luego seguir durmiendo.
-Hola Umi – Himeko hablaba despacio y lento, en suspiros. Expelía ternura por sus poros. Era totalmente distinta a todos sus hermanos en todos los aspectos habidos y por haber.
Era difícil saber de quien había heredado todo aquello. Mimi a su edad era caprichosa, habladora, hiperquinética y a veces hasta insolente. Yamato a los 13 años, era callado, muy reservado y sobreprotector para con su hermano Takeru y explosivo si lo sacaban de quicio.
Himeko Ishida era dulzura al 100%, su risa era música, se movía con gracia. Hablaba lo justo y necesario y cuando lo hacia todos callaban porque lo que tenía que decir siempre era importante.
No supo cómo pero las mellizas le pedían consejos, los gemelos le preguntaban qué hacer en ciertas ocasiones y las ovejas negras le rogaban por atención. No parecía tener 13 años, era demasiado madura para su edad.
Y por ello se llevaba tan bien con Umi, porque ambas se parecían en ese aspecto.
-¿Qué escribes?
-Cosas… - respondió en voz baja sonrojándose – de las que soy testigo. Me gusta llevar un registro escrito de lo que sucede a mi alrededor.
-¿Es muy impertinente de mi parte si te pido leerlo? Papá me deja leer los capítulos de sus novelas para darle mi opinión.
-¿Prometes no decirle a nadie?
-Promesa de prima – dijo levantando su mano derecha con solemnidad.
-Está bien – sonrió la pelinegra y se levantó de su silla - ¿iré por algo de beber? ¿Quieres algo?
-Té helado de limón estaría perfecto.
Himeko le entregó un guiño y entró a la casa.
Umi se acomodó en el asiento anteriormente usado por la Ishida e intrigada se sumergió en la lectura.
"Hiroyuki ya lo decidió, lo oí hablando consigo mismo durante la noche. Va a ceder, dará un paso al lado y le entregará su lugar a Hirohito. Hiro' no lo dice, es un acuerdo silencioso consigo mismo, pero quiere ver a mi hermano feliz con ella. Yo creo que es el hombre más valiente del mundo, no cualquier persona se queda estoico viendo como su propia felicidad se la entrega a otra persona. Papá una vez habló de algo parecido en su juventud, y sé que se refería a mamá"
La rubia retrocedió un par de páginas.
"Mamá pegó un grito que me asustó, en realidad todos nos asustamos, pero yo estaba en la cocina con ella y con papá cuando todo sucedió. Taiki, amigo de mis hermanos, entró a saludar. Era primera vez que venía a la casa. En cuanto apareció, mamá dejó caer al piso las dos copas que sostenía y se llevó las manos a la boca. Papá formaba una perfecta O con su boca. Al parecer Taiki se parecía mucho a un amigo de mis padres que falleció años atrás y lo comprobé cuando encontré una fotografía entre recuerdos de juventud que mama y papá guardan en el ático. Era un copia de Taiki y abrazaba a mamá son cariño."
"Hatsu no lo dice, bueno se lo dice solo a Haru, pero hoy cumplió seis meses saliendo con Hiroki. Llegó tarde, eran ya las tres de la mañana y yo estaba escribiendo. Me gusta pensar que soy como los búhos y que estoy más cómoda en las noches. Entró a la casa y la alarma no sonó porque Haru la dejó desconectada. Pasó por afuera de mi habitación y no fue a la suya, sino que fue donde Haru. Las oí susurrar y después de unos minutos una de mis hermanas chilló de alegría. A veces siento envidia, me hubiera gustado tener a alguien, así como Hiroyuki tiene a Hirohito, como Hideki tiene a Hayashi, como Hatsumi tiene a Harumi. Me siento sola la mayoría de las veces aun teniendo a todos mis hermanos cerca".
"Papá castigó a Hideki y a Hayashi porque comenzaron a pelear a golpes por una chica, no sé cuál de todas es en esta ocasión. Tienen una competencia extraña con el sexo opuesto. Sé que Hideki lo hace solo para molestar a Hayashi y siempre le resulta. En el fondo, mi hermano solo tiene ojos para Umi, he visto como se la queda observando cada vez que viene. Debe ser extraño sentirse atraído por alguien de la familia, debe creer que no es correcto, más si es tan cercano…"
-¿Qué haces?
Umi dio un brinco exclamando asustada. Cerró la tapa de la rosada laptop y miró a Hideki que sostenía un vaso en cada mano. Éste le sonreía y sus ojos brillaban alegres. A la rubia Takaishi el corazón le saltó un latido. Ella también creía que no era correcto sentir lo que sentía por alguien tan cercano, por alguien que era su primo.
-Hime me dijo que el té helado de limón era para ti – le señaló mientras se sentaba a su lado. Dejó el vaso cerca de su mano y la rozó en una caricia que hizo suspirar a la chica.
-Gracias Hideki.
-¿Te quedarás hoy? – preguntó el rubio esperanzado – los demás dijeron que lo harán – guardó silencio para luego mirarla con intensidad – Umi, por favor quédate.
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Hatsu arrastró hasta su habitación a Hiroki y con cuidado cerró la puerta tras ellos, con seguro, para no llamar la atención.
El Kido miró a todos lados, nervioso mientras su novia lo besaba en el cuello y desabotonaba su camisa morada. No estaba cómodo, para nada. ¿Quién lo estaría si cuatro hermanos celosos y peligrosos estaban en el primer piso y en cualquier momento se podrían dar cuenta que ni él ni la melliza estaban entre ellos?.
-Hatsu… - trató de hablar el peliazul sintiendo como las manos de la trigueña comenzaban a desabrochar el cinturón de su pantalón.
-Haru nos va a cubrir, tenemos unos 15 minutos… - sonrió ella con picardía – Dime Hiro, ¿Qué puedes hacerme en 15 minutos?
Y sus voz fue su perdición. Okei tenía quince minutos y ya se cumplía una semana sin acostarse con su novia.
-Mucho… - le respondió y con una facilidad increíble la tomó en brazos para luego tumbarla en la cama.
La adrenalina de estar teniendo relaciones con la melliza a sabiendas de que si alguno de los Ishida se enteraba hizo que todo fuese peligrosamente entretenido. No pudieron hacer sonidos, así que Hiroki tuvo que enconder su cabeza en el cuello de la chica y ella se mordía el labio tratando de no soltar ningún gemido que la delatara.
Fueron los quince minutos más excitantes en lo que iba del día para Hatsumi Ishida.
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-Deberíamos haber invitado a Mara – comentó Asuka mientras observaba a los gemelos hacerse cargo de la barbecue.
Ambos la miraron curiosos. Creían haber oído ese nombre antes, pero no sabían de donde.
-¿Mara Izumi? ¿La hija de tio Koushirou? – les recordó la peliazul mirándolos divertida.
-¿Cómo? ¿Tío Koushirou volvió a Japón? – preguntó Hirohito.
Koushirou Izumi, otro de los mejores amigos de los padres de los chicos, vivía hace años en Estados Unidos. Habia formado una empresa con un norteamericano que daba soporte directo a Apple. Eran bastante conocidos en tierras americanas.
El pelirrojo tenía dos hijos Mara de 16 y Zach 14, ambos producto de un matrimonio con la hermana de su socio, una mujer extremadamente rubia, pero los genes Izumi se impusieron con rebeldia y ambos chicos eran tan pelirrojos y ojos negros como su padre.
La ultima vez que los gemelos los vieron, eran unos niños de apena años. Habían ido a Odaiba por vacaciones y a visitar a sus respectivos abuelos paternos.
-No es mala idea llamarlos – comentó Hiroyuki revisando la carne que acababa de colocar sobre las brasas - quizás en cuantos años más nos volvamos a ver.
-¿Quién más viene?
Hayashi llegó al lado de sus hermanos y Asuka con una cerveza en la mano.
-Mara y Zach… los hijos de Tio Koushirou – explicó la Kido una vez más.
-Wow… no estaría mal. He visto a Mara por facebook y dejenme decirles que está MUY bonita.
Los gemelos rieron negando con la cabeza. Su hermano no iba a cambiar nunca,
-¡Son unos machistas! – rió Asuka – Estoy segura que si ese comentario lo hubiese hecho Taiki o mi hermano con respecto a las mellizas no se estarían riendo.
Y acto seguido la sonrisa en el rostro de los tres Ishida's desapareció.
-Es distinto. Son nuestras hermanas… nadie les va a poner un dedo encima – sentenció Hayashi y bebió de su cerveza.
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Taiki miraba a Harumi desde el umbral de la puerta de la cocina. No se atrevía a entrar, mucho menos a acercarse más, la distancia a la que estaban era prudente a los ojos del moreno. De vez en cuando sentía la mirada acusadora de Hideki que estaba en el salón conversando con Umi Takaishi.
¡Demonios! Si esa era la cara que le ponían los hermanos, no quería ni imaginar la cara del padre de Harumi si lo pillaba observando a la melliza con ojos libidinosos.
Ya haberla besado era motivo para recibir un par de golpes por parte de los gemelos, pero si él llegaba a hacer lo que quería hacer con Harumi… era hombre muerto. Literalmente.
¡Pero era inevitable!, la castaña llevaba un vestido que dejaba ver sus piernas que incitaban acariciarlas desde la pantorrila hasta más arriba de los muslos. ¡Por kamisama! Cuantas noches en el pasillo no se tocaron como locos, las ganas de llevarla a su dormitorio y hacerla suya fue interrumpida dos veces por la madre de la chica que se levantó para ir al baño y ellos tuvieron que separarse e irse, ella a su cuarto y Taiki al de los gemelos.
-Mi hermana no muerde – dijo Hatsu pasando por su lado. Se había hecho una coleta rápida y parecía haber salido de una pequeña maratón.
Taiki miró de reojo a sus espaldas y vio a Hiroki Kido unirse a la conversación de Hideki y Umi. El muchacho se pasó la mano por el cabello varias veces como si se lo estuviera peinando nervioso. Sus ojos volvieron a la melliza de ojos azules y sonrió.
Ellos si que eran unos completos kamikaze, pensó.
-Falta aderezo – se quejó Hatsu – Taiki ¿Puedes acompañar a Harumi al supermercado a comprar?
-¿Cómo?... ¿Yo? – ahora era él quien se colocaba nervioso.
-Eres el único Taiki en toda la casa – rió – Por favor, quiero hacer una salsa especial que me enseñó mamá y no puedo sin el aderezo correcto.
La chica de ojos azules volteó a su hermana y le guiñó uno de sus ojos.
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-No fue muy educado dejar solo a Hiroki, Hide… - El rubio calló a Umi con un beso, desde que la había visto que se estaba aguantando la ganas de besarla – Hideki, no… - dijo entre besos, pero al Ishida no le importó. La apoyó contra la puerta de su habitación pegándose a ella
"En el fondo, mi hermano solo tiene ojos para Umi, he visto como se la queda observando cada vez que viene. Debe ser extraño sentirse atraído por alguien de la familia, debe creer que no es correcto, más si es tan cercano…"
La Takaishi se separó de él, tenía las mejillas sonrojadas y respiraba más rápido de lo normal.
-¿Qué pasa?
-No está bien Hideki, eso pasa… esto no está bien.
-¿Por qué?
-Y ¿Preguntas porqué? ¡Somos primos hermanos!
-y ¿Qué?
La rubia de ojos chocolate comenzaba a perder la paciencia.
-¡Es casi incesto!
-Casi… tu lo has dicho – él estaba molesto - ¿Cuántos primos no están juntos?
-Yo no conozco a ninguno.
-Pero…
-Hideki – interrumpió Umi – no me voy a quedar, me voy a ir a casa. Pediré un taxi o llamaré a papá para que me venga a buscar. Pero no me quedaré. Dejemos esto hasta aquí.
Ella lo rodeo y salió del dormitorio dejando al Ishida con millones de pensamientos cruzando su mente. Sus ojos se aguaron… podía meterse con todas las chicas de la universidad para molestar a su hermano, pero él solo quería a una y esa única chica le acababa de pedir que la dejara tranquila. Que todo se había acabado.
La puerta se volvió a abrir y Hideki esperanzado de que fuese Umi volteó en seguida, solo para toparse con su hermano.
-¿Estás llorando? – preguntó en tono de burla.
-Sal de aquí, Hayashi – dijo entre dientes. No estaba de ánimos para el trigueño.
-Espera, espera… ¿En verdad estás llorando? – hizo caso omiso a su hermano.
-¡Sal de aquí, idiota! – gritó y tras hacerlo cayó sentado al suelo cubriéndose el rostro.
La sonrisa burlona desapareció del rostro del trigueño. Nunca, jamás en su vida (excepto cuando su madre volvió del hospital) había visto llorar a su hermano de esa forma.
Se arrodilló a su lado y con sumo cuidado le acarició la espalda consolándolo.
-¿Es por Umi, cierto? – se atrevió a preguntar en voz baja – La vi bajando las escaleras y… la noté triste.
-Ya cállate, 'Yashi – pidió el rubio entre sollozos.
-Eso va a ser un poco complicado, heredamos el hablar y hablar sin parar de mamá – miró a su hermano de reojo y lo vio negar con un movimiento de cabeza – Hideki… en verdad creo que deberías olvidarte de Umi y estoy siendo sincero contigo. No te lo digo enojado, ni en broma, ni de ninguna otra forma estúpida. Te lo digo porque eres mi hermano y porque… - tomó aire y se complicó más de la cuenta para decir algo tan simple - … y porque te quiero. Sí, te quiero aunque peleeamos el 90% del día y te hayas comido mi pastel y… hayas besado a la chica de la universidad que me gustaba. Te quiero hermano y por eso, yo creo, que aunque te guste Umi… es una relación prohibida y lo sabes.
-'Yashi, a mi Umi no me gusta… yo me enamoré de ella.
-Oh mierda… entonces estás jodido, hermano. Muy jodido.
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La noche pilló a Harumi y a Taiki de vuelta de hacer las compras que Hatsumi les encargó.
No habían hablado mucho en el camino hacia el supermercado, en el supermercado mismo y de vuelta a la casa de los Ishida y eso tenía a la chica de ojos miel incómoda. No entendía cómo el moreno no le decía nada, cómo no le había pedido disculpas por desaparecer de un momento a otro, dejar de escribirle, de llamarla… y lo peor ¡Cómo no le decía lo bien que se veía con ese vestido!.
Enojada y sin pedir permiso prendió el estereo y bufó al escuchar en la voz de una famosa cantante japonesa una composición de su propio padre. Ella misma le habia ayudado años atrás con los acordes y los tempos.
-Oye, esa es una excelente canción de tu padre – sonrió Taiki sin apartar la vista del camino.
Harumi no dijo nada, simplemente se cruzó de brazos y se perdió en el oscuro camino que le regalaba la ventana del copiloto.
Él la miró de reojo, la conocía, sabía que estaba enojada – si es que no furiosa – pero lo que sea que tuvieron era mejor dejarlo atrás.
Pero ella pareció leer su mente, porque de un momento a otro le dijo:
-Cobarde.
-¿Me llamaste cobarde?
-Sí, eso hice – arrugó el ceño y apretó más los brazos contra su pecho – Eres igual a Hiroki, ustedes dos son unos cobardes. Hiroki anda a escondidas con Hatsu y tú te alejas por miedo a mis hermanos. Cobarde – repitió.
-Pues disculpa que quiera tener todos mis dientes en la boca y mis costillas intactas…
-Sigues siendo un cobarde, Taiki. ¿Tanto miedo dan mis tontos hermanos para que no seas capaz de decirles lo que sientes por mi?
-¡Le rompieron dos costillas a un chico que te besó! – exclamó el moreno afirmando el volante - ¡¿Qué demonios me espera a mí?!
-Para el auto.
-¿Qué?
-¡Que pares el puto auto! – gritó la melliza.
-Estamos en medio de la nada, Haru. No seas malcriada.
Pero Taiki tuvo que detener la camioneta en cuanto notó que la trigueña abrió la puerta de la misma. Una vez que estacionó el auto a un costado del camino, él también se bajó siguiéndola.
-¿Es en serio? – le preguntó enojado a su espalda - ¿Piensas irte caminando a tu casa?
Ella se detuvo y volteó a verlo.
-¿Por qué viniste hoy?
-Por que los gemelos me invitaron… son mis mejores amigos.
-Dime la verdad, Tai. ¿Por qué viniste?
El moreno torció la boca a medida que se rascaba la cabeza. Era inevitable decirle la verdad a Harumi, ella sabía que él había ido para poder verla, porque la extrañaba… Hiroyuki y Hirohito eran una excusa.
-Por ti – susurró – Vine por ti.
-¿Por qué dejaste de escribirme? ¿De llamarme?
-Porque soy un cobarde, ¿No acabas de decir que lo soy?
-En verdad voy a terminar sola, llena de gatos – dijo alzando los brazos al cielo estrellado.
Taiki rió, pero en cuanto vio la cara que le puso la melliza, se arrepintió al segundo.
-Llévame a casa y olvidemos cualquier cosa que haya pasado entre los dos – pidió Haru – Así no tienes que preocuparte por tu dentadura ni tus costillas ni nada que mis hermanos puedan romperte.
Ella suspiró con tristeza, el moreno también lo hizo. Koyama iba a dar la vuelta a la camioneta para subirse a ella, pero sus manos fueron más rápidas que sus pensamientos y de un momento a otro entrelló el menudo cuerpo de Harumi contra la puerta del copiloto y la besó.
Entre mas la besaba, más recordaba lo mucho que la extrañaba. Ella le correspondió de inmediato, se colgó de su cuello y abrió su boca para darle paso a la curiosa lengua de Taiki. Pasaban los minutos y los besos fueron más apasionados, provocando que la temperatura subiera y subiera. Las manos del moreno se metieron, finalmente, bajo la falda de flores anaranjadas tal como lo había deseado hacer en la cocina de su casa.
No supieron cuando ni cómo pero cayeron acostados en la parte trasera de la camioneta. El vestido le llegaba al ombligo y Taiki se había encargado de dejar sus pechos al aire luego de bajar la parte superior de la ropa de la chica. Harumi no demoró en sacarle su camiseta.
Ambos soltaron un gemido cuando sus sexos chocaron, la Ishida comenzó a respirar entrecortadamente, nunca la había hecho y la voz de su madre rogandole que se cuidara la asediaba en cada caricia ardiente que el muchacho sobre ella le entregaba.
-Tai… - habló ella y él se detuvo de inmediato.
-Lo lamento, debí preguntar primero si tu…
-Sí, yo quiero – interrumpió acariciando su rostro – pero, yo nunca…
-Haru, yo tampoco… - los nervios le jugaron en contra y le costó seguir - … yo… jamás, con nadie. Pero si no estás preparada, ni ciento por ciento segura. Podemos parar de inmediato.
La trigueña recorrió todo su rostro, él estaba tanto o más ansioso que ella. Sus pechos subían y bajaban violentamente. Y fue entonces, cuando él le sonrió que Haru ya no dudó más.
-Sí, quiero. Quiero que seas el primero.
-Hay un solo problema, Haru – Taiki juntó las cejas incómodo – Esto no lo tenia planeado, para nada – suspiró complicado - …No tengo preservativos.
-¿Qué tan mala suerte podemos tener, no?
Taiki rio entendiendo a qué se refería.
-No podemos tener tanta mala suerte.
Y si ellos hubieran sabido que algo muy parecido dijeron los padres de Harumi muchos años atrás, quizás lo habrían pensado más de una vez.
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Mimi estaba nerviosa, no estaba disfrutando su cena y Yamato lo notó.
No tuvo que preguntar qué era lo que la tenía tan preocupada, la conocía tan bien que en silencio le pasó su propio celular.
-Llama a casa – dijo sonriendo – sino lo haces no estarás tranquila durante toda la velada y no es la idea.
-Gracias – Mimi recibió el teléfono y marcó de inmediato el número de su casa. Hace horas que tenía el pecho apretado.
-¿Mamá? – Himeko había contestado y su voz sonaba asustada. A lo lejos se oían gritos.
-Hime… ¿Qué son esos ruidos?
-Es que… - la niña dudaba si responder o no – nada…
"¡Es mi hermana!... ¡te dije que no miraras a ninguna de mis hermanas! Y ahora me entero ¡¿que te acuestas con mi hermana?!"
-¿Himeko es ese Hideki? – Yamato alzó una de sus cejas al ver que Mimi se levantaba de la mesa.
-No… eh… ¡Numero equivocado!
Mimi abrió la boca sin poder creer que su hija menor le hubiese cortado el teléfono.
-Yamato – dijo mirándolo con seriedad – Hay que volver a casa, ahora.
-¡¿Qué?!
Y así se iba el día sabado…
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Lamento el retraso de este y de todos mis longfics.
Resumen de mi vida este ultimo mes: Me ascendieron en el trabajo, estoy llena de reuniones, proyectos y mierdas entretenidas que me alejan de otras entretenciones. Entre ellas escribir.
Demoraré más de lo que tenía planeado, mil disculpas a todos los lectores, porque yo tb lo soy y sé que es molesto esperar por una actualización.
Ahora al fic.
Queda un solo dia, por tanto, un solo capitulo.
¿A quien le estaba reclamando Hideki?
Hideki y Umi felices o no?
Mimi se irá a casa o Yamato la convercerá de que se quede?
Haru al fin perdió su virginidad y no se cuidó xD les suena parecido al inicio de otra historia? Jajajajaj
