Kardia se dirigió hacía su yate de lujo, junto con sus compañeros de trabajo Albafica y Manigoldo, navegaron hasta cierto punto en el mar profundo. Era un día espléndido, excelente para bucear y descubrir nuevas criaturas, y, si tenía suerte, ver una vez más a la hermosa criatura del día anterior.

Sí, porque Kardia no había podido sacar de su mente a ese extraño espécimen; sus amigos no habían dejado de burlarse de él cuando se los contó, le tacharon de loco y lo ignoraron mientras intentaba explicar que no lo había soñado, que si lo había visto, así, celestial e increíble. . . fantástico.

Una vez listo con su traje de buceo, se lanzó de lleno al agua.

Albafica lo siguió, lanzándose también al mar; Manigoldo prefirió esperar.

Observaba el fondo marino con emoción, con fascinación, era hermoso y celestial, los miles de diferentes especies de peces, los majestuosos reyes del mar, los tiburones, los colores, todo era simplemente perfecto.

Kardia se había separado de Albafica, yendo más profundo, alejándose del barco, para poder explorar más.

Un tiburón blanco pasó por su lado, ignorandolo, pero dejando al rubio deslumbrado totalmente, observó a una enorme raya posando en la arena, corales y estrellas de mar dándole más color al mar, volviendo todo más hermoso y misterioso.

"Espero que esto nunca se destruya..."

Pensó. Se molestó un poco al pensar que la mano humana podría llegar a destrozar tan hermosa creación, a la vez que le entristeció, sabiendo que los humanos eran capaces de destruir y/o extinguir a alguna especie marina.

Distraído como estaba observando el bosque, no se dio cuenta de que otro tiburón blanco se dirigía a toda velocidad hacía él, al captarlo con sus sensores como un posible alimento, dispuesto a devorarle y calmar su apetito. Kardia, presintiendo el peligro, se volteó solo para ver muchos y enormes dientes a punto de hacerlo bocadillo, se congeló, esperando el dolor que vendría a continuación.

Cerró sus ojos.

Despertó de su trance al sentir algo empujandolo y un alarido atravesar dolorosamente sus oídos y destrozar sus tímpanos.

Abrió rápidamente sus ojos, sólo viendo ondear una manta rubí y una larga cola de pez de color azul zafiro, el tiburón se había marchado al escuchar el alarido, descubrió segundos después. La criatura que lo había salvado volteó, dejándolo mas sorprendido aún.

¡Él! ¡La criatura celestial que vió en la playa!

El tritón lo tomó del brazo, nadando velozmente lo llevó a la superficie, a unos metros del bote.

Kardia se quitó el aparato que tenía en la boca que le permitía el oxígeno dentro del agua, para intentar decir algo, pero nuevamente ese fantástico ser, volvía a desaparecer, dejandole con una avalancha de sentimientos dentro suyo.

- ¡Kardia! - Manigoldo se acercó con el yate a él y lo ayudó a subir. Albafica ya estaba junto al canceriano.

- Tenemos que irnos, ya está oscureciendo.- observó Manigoldo.

-Si. Vamos- Albafica le dio la razón, despojandose del equipo de buceo.

Kardia simplemente asintió, incapaz de decir algo, aún abrumado por el ente marino, que no dejaba sus pensamientos.

{}