Notas de autor: ¡Hola! Traigo mi pingüinezco-trasero aquí, en una segunda parte. Antes debo aclarar que será longfic y que meteré taiora y quizás takari, para alargar los capítulos. Nah, hay mucho hielo que derretir, pero sí habrá taiora. XD
Digimon no me pertenece.


Derritiendo pingüinos
Capítulo ll: La condena de un abrazo


Taichi golpeaba con impaciencia el suelo; movía su pie de arriba hacia abajo. Lo suyo no era esperar, lo desquiciaba. Él era un ser impaciente y que nunca estaba quieto, nunca esperaba por nadie, al contrario: esperaban por él pero como necesitaba de esa persona se tenía que aguantar. Y fin de la historia e inicio de su sufrimiento.

Él era el que necesitaba, no el necesitado que se podía hacer del rogar. Además, cierta parte de su impaciencia se debía a la traición de Yamato. ¡El muy maricón lo había dejado abajo! Toda la semana le ayudó con los regalos de su amigo secreto y al final, lo había botado. Seguro se trataba de una venganza por dudar a la hora de pelear; conocía a su amigo y sabía que podía aparentar estar bien, pero obvio planeaba asesinarlo mientras dormía.

Oh. Claro que lo conocía. ¡Así se las gastaba! Podía aparentar estar bien, pero Yamato Ishida planeaba su asesinato mientras le ayudaba a comprar regalos para su amigo secreto.

Y bueno, aparte del rubio, solo podía confiar en una sola persona… Sora. ¡Ella tenía buen juicio!

—Taichi —la voz de la pelirroja resonó.

Su práctica de tenis había culminado, ya eran más de las tres de la tarde y se sorprendió ver al moreno con uniforme —eso le decía que no se había ido a su casa—. Lo primero que Sora sintió fue miedo.

—¿Pasó algo?

El moreno suspiró y negó. Luego pasó su mano por su cabello. —Este... Sora —le daba pena y empezó a tartamudear.

Achicó los ojos. —No me digas que quieres que te pase de nuevo las prácticas de biología, ¡Taichi! —regañó —ya te dije que debías ser más atento, que estamos por salir de la preparatoria y ya debes agarrar talento, hacerte responsable y decidir tu futuro. ¡No siempre vamos a ser unos niños!

Sí, ese era un problema, la infancia y la adolescencia se estaba terminando y ya las cosas ya no eran tan sencillas, ya pesaban, ya había cargos de conciencia. Y miedo por tomar malas decisiones. ¡Eso era madurar! ¡Taichi el maduro!

—Sora, aunque no lo creas tengo todas las prácticas en la bitácora.

La pelirroja abrió la boca para seguir regañando pero de inmediato enmudeció y un ligero rubor apareció en sus mejillas.

—Pareces mi mamá —confesó sonriendo un poco. Él siempre iba a estar agradecido por tenerla como amiga; siempre estaba ahí y siempre se daba el tiempo para darle su jalón de orejas.

Sí él crecía, era por ella en cierta parte.

—¿Entonces?

Clavó su vista en él. Taichi era más alto y por más que pasara el tiempo, para ella, él siempre iba a ser el impulsivo niño. Claro, algo tonto. Eso siempre, pero estaba dispuesta a acompañarlo siempre y hacerlo ver la verdad.

—Es sobre el amigo secreto —rodó los ojos —necesito ayuda.

Frunció el entrecejo. ¿Por qué todos le pedían ayuda? ¡Si ella tenía un amigo tan mísero que no le mandaba nada! Ni una notita escrita en papel.

Ya le amargaba el hecho de ver a todos esforzándose, de ella esforzándose por su amigo secreto, ya que no tenía la culpa del incumplimiento de los otros.

—¿Quién te tocó? —como siempre, estaba dispuesta a ayudarle...

—Mimi —confesó —Yamato me había estado ayudando, pero luego se enojó.

Sora no pudo evitar reírse.

—¿Tú también Sora? —sonó decepcionado; otra más que se burlaba del pobre e infeliz Taichi, al parecer Dios le mandaba castigo por no saber qué hacer por su vida.

Iba a irse de ahí, pero ella lo detuvo al agarrarle el brazo.

—¡No te enojes!

Frunció el entrecejo con desconfianza.

—Es que, has crecido Taichi. En otras ocasiones te importaría poco qué regalar, comprarías lo primero que se te ponga enfrente y ahora, no sé… pides ayuda para quedar bien.

Y por alguna extraña razón se sintió bien. Hasta pudo inflar su pecho con orgullo al oír esas palabras de ella, es que Sora siempre fue madura y que le dijera eso, era como ser halagado… justo en un momento de su vida en que parecía no ser entendido por nadie, ni por él mismo.

—Supongo que sí —rió nervioso.

—Y me río porque se me hace gracioso lo de Mimi y Yamato —confesó.

Arqueó una ceja. —¿Verdad que el muy indignado amigo secreto de Yamato es Mimi?

Sora vaciló un poco, se lo había dicho con tanta seguridad. ¿Tanto había madurado que esos detalles no pasaban desapercibidos por él? Luego se dio cuenta que era ridículo lo que estaba pensando, ¡Mimi era tan obvia!

—No te lo puedo decir —Sora jugueteó con él y pasó por su lado —y si quieres que te ayude, no me preguntes sobre eso.

—¡Tramposa!


Mimi recortó una hoja de su cuaderno y empezó a escribir en ella, el nombre de todos sus amigos. Faltaba un día para culminar la actividad del amigo secreto y ella, tenía mucha información por hilar. Entre ese material, estaba adivinar quién era el amigo de cada quién.

Con impaciencia golpeteó con su lápiz la mesa, al ritmo en que apoyaba su mejilla en la palma de su mano: su amigo secreto era Yamato, Sora tenía un amigo muy desconsiderado y ese para ella, tenía que ser Taichi. En esos momentos, ni siquiera sabía dónde tenía la cabeza. Adoraba a su amigo, pero no creía capaz de esa infamia a ninguna de las chicas, ni a Takeru, menos Kou y ¡mucho menos el superior! Que si bien, le iba mal en la vida estudiantil, jamás haría eso. ¡Era tan íntegro!

Joe solo sacaba malas notas, pero jamás dejaría a un amigo desamparado… Ah, pero gomamon era su amigo y lo tenía abandonado… Oh, vaya que era candidato. Pero no, él solo era dedicado con sus estudios, se esforzaba tanto pero tenía mala suerte. ¡No podía ser él!

Era maduro y se esforzaba porque sabía bien lo que quería en la vida, pero de eso a quedar mal con ella… ¡jamás! El principal, seguía siendo Taichi. Aunque tenía una gran competencia ¡El pingüino más malvado de la historia! ¡La mutación entre un gremlin y un pingüino! ¡Yamato! Él era tan malo, que sin duda podía hacerlo.

Por otra parte, sabía que Takeru le regalaba a Koushiro y él era el principal candidato de ser su amigo secreto. ¿Quién más? ¡Él siempre tan atento! Y más cuando se trataba de ella, obvio era Kou.

El amigo secreto de Sora era Meiko y el de Meiko. Oh, tenía que ser Hikari, o Takeru… o Taichi... o el superior. Considerando su timidez y como era la nueva del grupo, los esfuerzos que había visto que hacía por cumplir y ganarse a todos… ¡Era Jou!

—¿Qué haces?

Su corazón dio un vuelco. Un grito de sorpresa se escapó de sus labios.

—¡Me asustaste, tonta!

Hikari se sentó a su lado y esbozó una sonrisa.

—Trato de adivinar quién es el amigo secreto de cada uno.

—A ver…

Pasó su hoja por la mesa, Hikari fijó la vista en ella:

Mimi – Yamato

Taichi/Yamato– Sora

Sora – Meiko

Takeru- Koushiro

Koushiro – Mimi

—¿En qué te basas para esto? —preguntó divertida.

—El mío, obvio lo sé. Sora y Takeru me han pedido dar sus regalos… —explicó.

—¿Por qué Sora tiene dos candidatos? ¡No le han dado nada! —a eso no le encontraba lógica porque no había regalo que la llevara a pensar en eso —¿En qué te basas que tu amigo secreto es Koushiro?

Mimi la vio con indignación. —Por los grandes detalles que han tenido conmigo —confesó. Para ella, Kou era como una laptop sin contraseña… era tan fácil de descifrar, si con solo verla se sonrojaba.

—No creo que sea tan obvio, él es muy listo.

Una vena saltó en su frente. No iba a discutir con ella sobre eso. —Y lo de Sora —cambió de tema —es porque estos dos son los más ingratos; Taichi no sabe nada y Yamato es un pingüi-lin.

—¿Un qué?

Rodó los ojos con fastidio. —Un muto. Una mutación biológica entre un pingüino y un gremlin.

Hikari soltó una carcajada y Mimi prefirió sacarle información, aprovechando su momento de simpatía. —¿Quién es tu amigo secreto?

Los ojos chocolate de la digielegida de la luz se posaron en ella. —Tu lista está mal.

—¿Por qué? —la castaña asustada repasó los nombres. ¡No había forma!, al menos que ella sea la amiga secreta de Hikari. Abrió los ojos e intercambió su mirada de la lista a ella —Hikari, ¿yo soy tu amiga secreta?

—No te lo puedo decir —sonrió con dulzura y se levantó —¡Tengo clase!

Y la menor de los Yagami se retiró, despidiéndose de su amiga con un movimiento de su mano derecha.


En cuanto visualizó a su hermano sonrió tan burlonamente. Takeru no temió en mostrar todos sus dientes. Yamato, en cambio, lo vio con molestia y pasó de largo, no estaba para bromas.

—Se supone que la actividad es para promover la amistad, no para destruirla —comentó el menor, su hermano caminaba por enfrente de él y no dudó en seguirlo —ni parece que es tu emblema. ¿Lo entiendes?

No es que le doliera mucho el tacaño regaño de su hermano menor. ¡Ahora venía ÉL, el menor, a llamarle la atención al MAYOR! Necesitaba una canción sobre eso. Y volviendo a la realidad, lo que le dolía, era la razón. ¿Indignado por qué? Él no había hecho nada para afectar a sus amigos y pese a los conflictos que había tenido con Taichi —y que siguía teniendo—, no le gustaría generar más peleas o discusiones con los demás, él sabía que era el momento de estar unidos por las próximas batallas, que estaba seguro volverían más temprano que tarde.

Era incómodo estar tratando de salvar al mundo, teniendo conflictos con sus amigos o compañeros.

—¿Sabes algo de eso? —preguntó con cansancio.

Takeru negó. —Pero tengo mis apuestas.

Arqueó una ceja. —¿Mimi?

—¿Quién más?

Ningún otro era capaz. Quizás Taichi, pero él le hubiera dado un puñetazo en vez de una pastilla de miel.

Suspiró cansinamente. Al parecer, Mimi Tachikawa no había cambiado. Seguía siendo la misma niña remilgada, quien llegaba un lugar y rápidamente se convertía en el centro de atención de todo. Era la misma persona que no temía en decir lo que pensaba o en mostrar sus sentimientos; fueran cuales fueran. Ella no se hacía chiquita para demostrar su indignación y menos se quedaba callada ante una ofensa contra su persona y por alguna extraña razón, eso no le disgustaba.

Él no era una persona buena con las palabras. Él era brusco y no se tocaba el corazón, porque no lo tenía —al parecer, decía. Se rumoraba. Mimi lo divulgaba—. Y en algún momento se sintió agradecido con ella, de que lo entendiera y expresara la idea que cruzaba por su mente, al sentir ese desespero por los titubeos de Taichi. Mimi había ganado fuerza con el pase de los años, incluso valor. Ya no era llorona y no temblaba en la batalla, no dudaba en proteger a los que quería. Era de su equipo.

Pero ahora, la fierecilla estaba indignada con él. Quizás hasta le decía a Palmon que lo lastimara.

—¿Qué le hiciste?

—¡Nada!

Lo vio con desconfianza. —Te conozco hermano y estos días, has estado más irascible de lo normal.

Maldijo. —Eso es otra cosa —fue incapaz de negar eso, Takeru no tenía un pelo de tonto. Pero sin duda, no hablaría ni con él y con nadie lo que sentía. Estaba enojado, sí. Pero eso era con Taichi, no con Mimi, su muy indignada, y nada secreta, amiga.

Se resignó, esa conversación no llevaría a nada. —En dado caso, necesitas dos regalos.

—¿Por qué?

—Para tu amigo secreto y para Mimi.

Y en ese momento cayó en cuenta que era irónico: su amigo secreto era Taichi, con quien había tenido roces y sin embargo, a momentos parecía que las cosas seguían como si nada entre ellos —claro, un poco distanciados y a eso le sumaba otro factor: los temores del moreno por cierta pelirroja.

Pero ni al caso. Él no pensaba en eso.

—Podría ser… —confesó, porque para que a Mimi se le bajara el coraje iba a estar difícil y él, la prefería de amiga que de enemiga. A momento sentía que se entendían y eso era precisamente lo que le daba miedo.


—¡Ya no quiero saber nada de amigos secretos!

—El tuyo es anónimo, pero el mío es una pingüi-basura —se quejó Mimi. Por un momento fantaseó que el ejército de soldaditos de juguete de Toy Story lo atacaban: ¿Dónde estaba el honor de esa basura? ¡Era una completa vergüenza! ¡No se merecía el respeto de nadie!

—No seas tan dura con Yamato —Sora entendía los dos lados del argumento y sabía que el rubio no era ni tan bueno y ni tan malo.

Refunfuñó. —¿Te gusta verdad? —cuestionó con picardía.

Sora palideció unos segundos y después se puso roja. —¡NO! Solo es mi amigo.

Sonrió triunfal. —¿Entonces te gusta Taichi? ¡Suertuda! ¡Los dos son guapos! Pero no tengo a cual irle en estos momentos… —puso una mano sobre su barbilla, en una pose pensativa, tal y como el icono de whatsapp.

—Eres una pingüina pensativa —Sora bromeó para evadir esa realidad. A veces se sentía atrapada entre los dos, pero su balanza pesaba más de oro lado… —¿Qué hay de Koushiro? Siempre se sonroja cuando te ve.

—Es lindo, pero… no —exclamó sin ningún decoro, le divertía pero él solo era su amigo. No podía ser más —hablando de pingüinos y traiciones —comentó viendo a Hikari y a Meiko.

La castaña sonrió con dulzura. —Mimi, solo falta un día. Mantén el factor sorpresa.

—¿Pasó algo? —cuestionó con duda la pelirroja.

—Hikari no me quiere confirmar que soy su amiga secreta —infló sus mejillas de manera infantil.

Esbozó una sonrisa. —No puedo hacer eso.

—¡Creí que tu amigo secreto era Koushiro, Mimi! —Sora pareció confundida.

—Y yo creí que era Joe —Meiko se unió a la conversación.

Mimi hizo un pequeño mohín y después se cruzó de brazos. —El caso es que mi amigo secreto es el peor. Yo me estaba esforzando por él y miren con lo que me sale: ¡Qué lo estoy empalagando!

—¿Quién es tu amigo secreto?

—Me dan ganas de decirles para que le reclamen —vio a sus amigas —es el pingüino más malvado del mundo, el más frío, el pingüino que nació en el inframundo ¡Yamato!


Yamato rascaba su nuca con cierta incomodidad. Sabía que Mimi estaba molesta con él, por una razón que estaba fuera de su alcance. A veces las mujeres pedían tanto de los hombres, cuando claramente se habían quedado atrás en la escala de la evolución.

—¿Te matan los remordimientos? —Takeru y sus bromas.

El Ishida puso los ojos en blanco. Su hermano rió y alzó los hombros.

—Prepárate que un ejército femenino quiere tu cabeza en un asta.

¿Pero qué demonios?

—Se atrapan más moscas con miel, que con vinagre. ¿No? —ahora Koushiro se sumaba a los dos hermanos.

—¿¡Tú también!? —sentía que le llovía sobre mojado. Todos y cada uno de sus amigos le señalaban.

—Bueno, tu muy indignado amigo secreto, es expresivo.

Los tres asintieron derrotados.

—¡Pobre Mimi!

¿Pobre ella? ¡Pobre Yamato! ¡Él era el que estaba sufriendo!

—Falta un día —quiso apoyar Izumi un rato después.

Claro, pero era el día decisivo y quién sabía qué diablos había cruzado por la cabeza de la castaña. Yamato no era una persona de frivolidades, hasta malo era para recibir obsequios. No sabía recibirlos, pero había aceptado esta actividad por amistad. Iba a ser una lucha interna entre él y sus demonios. Pero ahora, uno se había vestido de rosa y atentaba contra su persona.

Ahora, menos que nunca le iban a gustar esas festividades. ¡JÁ!

Le estaba quitando lo bueno a todo. Al parecer, ella tenía el mismo poder que él: pudrir todo.


—¿No va a venir Joe? —la castaña exclamó furiosa.

¡No podía ser! ¡Simple y sencillamente no podía ser! ¿Por qué lo hacía tan complicado? ¡Ella no entendía! Había tiempo para todo. Pero el superior, seguía empeñado en alejarse de ellos.

—Déjalo, tiene cosas qué hacer.

Yamato le mandó una mirada de enojo al moreno. Por un momento hubo un silencio incómodo, que amenazaba por arruinar la reunión de todos.

—¿Empezamos con el intercambio? —Takeru interrumpió antes de que la magia se arruinara —bueno, el regalo de Joe va a faltar. Estoy seguro que luego lo repondrá.

Ah, claro. El muy malvado ni respondía y ni mandaba nada.

Mimi mordía su labio inferior. No había visto a Yamato hasta ese día y por alguna razón, comenzó a sentirse nerviosa y con vergüenza de sus acciones. Luego, sacudió la cabeza. ¡Claro que no! ¡No tenía por qué arrepentirse! Él era un pingüino malvado que destruía iglús e ilusiones pingüinezcas.

—¿Quién empieza?

—¡La organizadora! —todos voltearon a verla.

Parpadeó confundida. ¡No estaba preparada! ¡En absoluto! Había comprado un buen regalo, tampoco era tan ingrata, pero empezar y cargar con la tensión de todo lo que había pasado; su pastilla de miel, sus quejas… Hombre, ya todos sabían que ella era la amiga indignada. ¡Estúpida!

—Por alfabeto —soltó rápidamente y luego se regañó. ¡NO! Si Kou era su amigo secreto, ella sería de las primeras.

—Parece justo.

El pelirrojo se paró en medio del círculo que habían formado. Un ligero rubor cubrió sus mejillas y Mimi sintió que efectivamente, sus sospechas eran ciertas. ¡Solo ella lo ponía así! ¡Quería esconder su cara en la nieve! Oh, no. ¡En la tierra! ¡Como los avestruces! ¡Ella no era un pingüino! ¡Ese era el efecto Yamato! ¡Le estaba afectando! Estaba a nada de rodar como dinosaurio por todo el suelo. Si se podía, haría berrinche power.

—Con discurso para que sea más divertido.

Ese era Takeru, quien obvio se aprovechaba de la timidez de Kou. Y eso la perjudicaba más: ¿Qué iba a decir ella después? "Este regalo es para un pingüino al cual quería derretir, pero luego quise empalagar". ¡Sonaba patético"

—Bien… —ahora tenía que improvisar. ¡Qué genial! Mimi sintió que el mundo dejaba de girar, no escuchaba las palabras del pelirrojo, si no… se dedicaba a mirar a su amigo secreto…

Todo ocurrió tan pausadamente, vio que recibió una llamada y se alejó de todos.

Se iba. Eso era genial. Más que eso… Si se retiraba por otro compromiso, no rechistaría… Era la gloria. ¡No le daría la cara! Confiada enderezó su postura y arregló su vestido, para pasar al frente.

—¡Meiko!

¿Qué? ¡Eso no podía ser cierto!

Un fallo de cálculos, solamente. La chica pasó al centro, totalmente roja, y recibió el presente de Koushiro.

Mimi suspiró. Bien, Yamato no volvía y eso era ganancia.

—Ahora, te toca Meiko.

Aclaró su garganta y con la mirada baja comenzó a hablar. —No tengo mucho en este círculo de amigos, pero estoy agradecida porque me hayan aceptado... —su voz era cada vez más baja —este regalo es para alguien que ha sido muy amable conmigo… Takeru.

Feliz de la vida, el rubio pasó al frente y abrazó a la chica sin ningún deparo. Meiko se sonrojó más.

Mimi achicó los ojos. ¡Eso no tenía chiste! ¡Takeru le regalaba a Kou y así se cerraba un círculo! De nuevo estaba siendo castigada por los dioses por su conducta, todo apuntaba a que tenía que enfrentar al rubio Ishida rápido... ¡Mierda! ¿Dónde escondía el pico de pingüino? ¡oh, no! ¡La cara!, luego respiró hondo y se dio cuenta que todo era simulacro: Yamato no volvía aún.

—Bueno. Mi regalo… la persona no está aquí. ¡Paso!

Otro error de fallos…

—Se suponía que tú le regalabas a Kou —susurró.

—Ah, eso… era un regalo que su amigo secreto me pidió que le mandara —¡Qué buena estrategia! ¡Dos guías!

Y por alguna razón, mandó una mirada recriminatoria a Kari, quien le sonrió con dulzura. ¡Tenía que ser obra de esos dos cómplices!

—¿Quién diablos sigue? —cuestionó un impaciente Taichi. Él ya quería dar su regalo y ver la cara de sorpresa de la castaña... —Takeru le regala a Joe, él no está y no sabemos quién le tocó.

—Dalo tú —ordenó Mimi.

Una sonrisa malvada se dibujó en su rostro y pasó hacia enfrente.

—Este regalo —comentó una vez en medio. Para Mimi era mucho blablablá —es para una persona especial, en todos los sentidos. No le gusta cualquier cosa y he tenido ayuda para sus regalos…

Empezó a hacer cálculos de quiénes faltaban…

—¡Es Mimi!

¿Qué? ¿Cómo? ¿Cuándo? ¿Por dónde? ¡Era mentira! ¡Absolutamente falso! ¡Cómo iba a ser él su amigo secreto si sus regalos habían sido divinos! ¡Taichi era retrógrada! ¡No tenía buenos gustos! ¡No podía ser!

Mimi lo vio desconcertada y Taichi se burló. ¡Era la reacción que esperaba! Nada como callar a las personas cuando no se esperan nada de ti, fue una bofetada con guante blanco.

¡En tu cara princesa!

Con ayuda y toda la cosa. Taichi había ganado.

—¿Quién te ayudó? —sonó a reclamo.

—Al principio Yamato…

El rostro de Mimi se puso furiosamente rojo. ¡Ella diciendo que era un pingüino malvado! ¡Le estaban viendo la cara! ¿Cómo esos dos iban a saber qué darle? Yamato era un desalmado y Taichi un bruto salvaje. ¡De ninguna forma! No podía salir algo tan bueno de dos personas tan malvadas...

Pero… si era verdad, se iba a sentir mal.

"Que a miel no te empalague…" Pero que tampoco ¡Lo envenene!

—Pues… mi amigo —"no está" iba a decir, pero Yamato había regresado al ruedo…. ¡Mierda!

—¡Yamato! —gritaron todos. Hasta lo empujaron para colocarlo a un lado de la castaña —¡Abrazo, abrazo!

Presionaron tanto. Mimi estaba roja, llena de vergüenza y no se atrevía a moverse. Sus brazos sostenían el regalo que le había dado Taichi. Yamato estaba frente a ella, lucía mejor… la castaña se preguntó si los pingüinos no se sonrojaban. Lo vio a los ojos y él le sonrió de medio lado… tradujo son sonrisa como "sin rencores" y de pronto, el rubio había alzado sus brazos y la había rodeado…

Esa fue la condena de un abrazo; ella muerta de vergüenza y él como si nada. ¡Tan fresco!

Sin duda, eran los primeros copos que se derretían. Que ella derretía.


Fin.

Estoy pensando en ligar esta historia con los sucesos del TRI, sin digimons porque me volveré loca D: No obstante, me parece divertido mostrar la parte literaria, más los cambios para tener dosis de OTP.

Estuvo horrible y siento que perdí mi toque cómico T_T ¡Maduré como Taichi!

Gracias por leer, comentar y favear *corazones para todos.

Ahora: A la dueña de esta pingüina... Isachan. Te awo. Somos Rowisa xDD me esforcé para que quedara largo, espero que tu rr empiece de otra forma xDDD y que te hayas reído alguito. La nieve comienza a derretirse 7u7, Guest, ¡Gracias! Espero haberte divertido ahora también, mimato bombon, Taichi siempre lo arruina todo, yo no tengo problemas si es PRO-mimato, tengoku, aquí la conti :D ¡Espero que te guste!, Sangatsu, aquí el conti XD khe?! habrá más obvis... LadyMimato, Mimi se tragó su venganza. ¡Terminó envenenada con su propia miel!, monoazul, ¡Qué no se acabe el té!

¡Gracias por sus reviews!

Alimentan las ambiciones de este pingüino.

¡Nos leemos!