Disclaimer: Naruto pertenece a Masashi Kishimoto.

Summary: La bestia la atrapó, la besó, y luego la liberó. Pero en el proceso, ambos quedaron marcados. /—Yo no miento –dijo la muchacha. —Lo sé, por eso nunca te dejaré ir. Porque tú eres mi única verdad. / KisaHina.

Notas: ¡Hola, KisaHina's! Aquí les dejo el segundo capítulo de esta historia. Espero que les guste :) Muchas gracias por su apoyo a éste fic, realmente no me esperaba tan buen recibimiento *les da una reverencia*

Gracias personas hermosas que me dejan review y que me animan a seguir escribiendo:

Zumekqi

Angela10

Mimi Tachikawa08

Diana Marcela-Akemi

fadebila

Byakugan Hime

RankaxAlto

wichipown

angel maría 15

Tobi Uchiha-chan

Verengena 20

Kandiliz25

Nanistis

MagicalImli

Alexa Acevedo

Blacklady Hyuuga

Jackie

Jackie98

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Un mundo sin mentiras

Capítulo 2: La bestia me besó


Imaginaba un bonito sueño, era bastante lindo, pero su conciencia se dio cuenta de que solo estaba dormida. Abrió los ojos de golpe y miró a todos lados, alarmada. Se encontró con un lugar que no era su casa. Por unos segundos se sintió desorientada, pero luego rememoró los últimos acontecimientos de su lucidez. La misión fallida. El monstruo azul masacrando a todos. La sangre.

Su corazón perdió un latido cuando buscó el peligro a su alrededor; a esa bestia de aspecto marino. Se levantó a la mitad preguntándose donde estaba su secuestrador, sin embargo, el Hoshigaki no estaba en la habitación. Lo único que apareció fue esa espada envuelta en vendas recargada contra la pared, pero estaba inerte y no parecía ser la bestia devoradora de chakra que ella vio. Se tranquilizó, llevándose una mano a su pecho para calmar su corazón. Observó que la puerta estaba cerrada. Abandonó la cama e intentó girar la perilla, ésta cedió en seguida y Hinata sintió que daba el primer paso para su huida. Su semblante se puso pálido cuando la puerta se abrió hacia adentro y tras ella apareció Kisame. Él también había empujado la puerta al mismo tiempo que ella.

—¿A dónde ibas, pequeño dulce? –le preguntó con una sonrisa amplia, mostrándole sus afilados dientes, burlándose de ella.

Hinata retrocedió todo lo que pudo y terminó tropezándose con algo tirado, cayendo de bruces frente a él. Siguió arrastrándose hacia atrás con sus codos, alejándose lo más posible del azulino. Aquella acción solo le provocó una risilla al hombre pez.

—¿Quieres darte un baño antes de irte? –le preguntó con sarcasmo –Yo te puedo ayudar a tallar tu espalda –le ofreció.

La muchacha enrojeció y se abrazó a sí misma. Sus ojos se volvieron vidriosos. Kisame dejó de sonreír.

—No tienes que tomártelo tan en serio –le informó de mal humor –Vamos a la cocina –indicó con la cabeza para que lo siguiera.

Hinata salió del cuarto sintiéndose un venadito frágil y asustado, observando aquel extraño recinto hecho de piedra con muebles algo desgastados. La kunoichi tuvo la idea de que probablemente aquello era una especie de cueva donde los Akatsuki residían.

Itachi no estaba, había salido solo y sin avisarle a nadie. Kisame estaba acostumbrado a esas salidas de su compañero. El hombre azul no podía sentirse más afortunado de tener toda la casa para él y su pequeña mascota.

Cuando el sol despuntó Kisame y Hinata estaban sentados en la mesa el uno frente al otro. Los dos tenían un cuenco de sopa de champiñones en frente que se limitaban a almorzar en silencio. La muchacha tenía una expresión entre cansina y abatida, tomando sorbos de sopa con la cucharita de madera y viendo el plato sin voltear a otra parte. Por otro lado, Kisame estaba observándola abstraído, dejando enfriar su alimento.

—Tienes cara de llamarte Hana –opinó él. Hinata ni siquiera volteó a verlo. Al parecer lo ignoraba, volcando su atención en la cucharita con la que jugueteaba en la insípida sopa. Kisame la notó –Cuando Konan viene trae buena comida –exclamó, sin saber a bien qué decir. Y era raro, porque ahora ella parecía aburrida y él estaba incómodo. Hinata tampoco volteó a verlo.

Kisame rechistó de mala gana. Niña tonta.

Hace días que estaba pronosticado que el dúo inmortal llegaría, no se sabía precisamente en qué día y a qué hora harían acto de presencia y eso solo lograba que Kisame se pusiera de mal talante. No tardaron mucho tiempo de todas formas.

La vida daba muchas vueltas y cuando más tranquilo se estaba, dejaba caer una tempestad.

De pronto Hidan aventó la puerta de entrada y soltó una fuerte risotada de loco. Kisame blasfemó a su llegada. Para colmo, la puerta estaba a pocos pasos del comedor, así que cualquier intento de esconder a la conejita habría sido inútil. Era mejor enfrentar al albino de una vez y que supiera que ella era suya. Kakuzu; el tipo racional, pasó de largo, pero Hidan se quedó embelesado viendo a la joven de ojos pálidos.

—¡Una mujer! ¡Kisame tiene una mujer! Anda, y yo que pensé que Itachi y tú hacían cositas cuando estaban solos. ¿Qué hacemos con ella? ¡¿Vamos a matarla?! –sonrió ampliamente, mirando a Hinata con los ojos abiertos a su máxima expresión, como un loco. Hinata se levantó de la silla y se alejó de él lo más que pudo. Los ojos purpuras de ese hombre parecían bocas voraces que iban a comérsela viva.

—No –gruñó Kisame, intentando seguir almorzando en paz. Aunque sabía que le iba a patear el trasero al zombie inmortal.

—¿Vamos a violarla? ¡En nombre de Jashin! –se adelantó hacia Hinata. La muchacha vio con aprehensión cómo Hidan se acercaba a ella, pero de pronto su imagen se vio interrumpida por la espalda de Kisame. El ex ninja de Kirigakure se había interpuesto entre el loco y la dama.

—¡No! –gritó Kisame, enojado, llegando con dos pasos hasta Hidan y lo tomó por el cuello con su enorme y fuerte mano, sujetándolo con violencia –Es mía, ¡mía!, y si te atreves a tocarla para tus estupideces voy a matarte.

—¡Yo soy inmortal, cabrón!

—¡Mi Samehada se terminará hasta la última gota de tu chakra, malparido insano! –le espetó de cerca y luego lo soltó, pero no dejó de verlo.

Hidan sonrió de medio lado y se sobó el cuello con una mano. Miró a Hinata y luego a Kisame. Después se fue hacia su cuarto. Esa sonrisa no prometía estarse quieto por mucho tiempo, y Kisame lo sabía.


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Estaba nerviosa.

Se sentía dentro de una jaula de la cual era imposible escapar. No solo tenía al hombre azulino detrás de ella, sino que también había llamado la atención del zombie Hidan. Dos hombres que circulaban en las páginas del libro Bingo. Vaya suerte la suya.

Hanabi siempre le dijo que era bella, pero nunca le creyó.

Hanabi.

Hinata se preguntó cómo estaría su hermana y su padre. ¿Estarían preocupados por ella? ¿Konoha estaría dándola por muerta? Al menos tenía el alivio de saber que en esa misión fallida no había ningún conocido suyo, sus compañeros habían sido ANBU's que no conocía, y algunos chuunin como ella, pero que tampoco le resultaban familiares. Al menos Kiba, Akamaru y Shino estaban a salvo. Qué suerte había sido que no tuvieran la misma misión que ella.

Kurenai.

Le preocupaba lo que debería estar sintiendo su casi madre ante su desaparición. En su estado de embarazo no era conveniente que pasara angustias. Esperaba que la Hokage le estuviera ocultando la situación de la misión, por el bien de Kurenai.

Suspiró con cansancio mientras veía la luna por la especie de ranura pequeña que servía como ventana para Hinata. Podía escuchar la respiración pausada del Hoshigaki a su lado, indicándole que dormía placenteramente. Sintió sueño y se recargó contra la cama cercana. Sus párpados de pronto se sentían demasiado pesados. Pestañeó lentamente una vez y alcanzó a ver la puerta de la habitación abriéndose, pero cerró los ojos. Sus orbes volvieron a abrirse a la mitad, y vio a un hombre albino asomarse con una amplia sonrisa. Cuando volvió a pestañear casi dormida, observó un par de ojos purpuras frente a su rostro.

Se despertó de golpe, pero ya era tarde.

Una mano grande le tapó la boca con fuerza hasta lastimarle los dientes.


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De un manotazo le desabrochó la chaqueta y se la arrancó de los brazos con violencia. Hinata lloró pero activó su línea sucesoria. Hidan se rió al verla y le dio un fuerte bofetón que le volteó la cara por completo, hasta hacerla caer sobre el piso. Cayó de lado. Hidan se abalanzó sobre ella y le jaló el brazo haciendo que se colocara boca abajo. Hinata intentó levantarse pero el hijo de Jashin le aplastó la cabeza contra el suelo con solo una mano.

—¡N-no! –gritó al sentir que se subía sobre sus piernas.

—¡Cállate! ¡Como despiertes a Kisame te mataré, maldita estúpida perra del infierno!

¿Cómo podía defenderse con su puño suave si estaba de frente contra el piso? ¿Cómo podía asestarle un golpe? Lo único que hacía era removerse como gusano, intentando inútilmente zafarse.

Sintió la mano de él entrar en su pantalón, apenas unos centímetros cuando de pronto alguien jaló a Hidan del cuello y lo estiró hacia atrás con una velocidad increíble y lo estrelló con gran facilidad contra la pared, como si fuera un juguete, quitándoselo de encima. Hinata observó a su salvador.

Era Kisame. El hombre alto e imponente la miró con el ceño fruncido y luego se volvió hacia Hidan.

—¡¿No te dije que no la tocaras, insecto putrefacto?! –Kisame pateó la cadera de Hidan tan fuerte que éste soltó un alarido de dolor. Hinata se llevó las manos hacia la boca, consternada – ¡Te dije que era mía! –le pateó la cara. Hidan quedó acostado en el suelo. El Hoshigaki avanzó hacia él y tomando impulso, le pisó el cráneo de manera ruidosa una y otra vez. Hidan ya ni siquiera intentaba defenderse, alrededor de su cabeza había un charco de sangre roja. Hinata, sin poder evitarlo, gritó aterrada. Kisame volteó hacia ella y la miró no muy amablemente –A mi cuarto –le ordenó, y Hinata no lo pensó ni dos veces, se echó a correr fuera de ahí. Estaba aterrada por el enfrentamiento que se pudiera suscitar entre esos dos hombres criminales de rango S.


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Kisame llegó al cuarto y cerró la puerta de golpe, casi sacándola de sus goznes. Hinata estaba asustada. El ninja se quitó la capa y luego la camisa, quedándose solo con los pantalones. Se acostó en la cama y dejó un espacio, Hinata dio un par de pasos hacia atrás. Al verla retroceder, Kisame frunció el ceño.

—Ven aquí –le ordenó, pero Hinata no cumplió con su orden. El Hoshigaki lanzó un gruñido de desesperación y se levantó violentamente. Hinata quiso correr, pero de un paso llegó hasta ella, le alcanzó un brazo, perfectamente podía rodearlo con su enorme mano. La arrastró con él a pesar de los gritos de Hinata. Se dejó caer en la cama y la estiró para que ella cayera con él. La joven se removió y siguió en su intento de escape, pero el hombre azulino y de músculos fuertes utilizó ambos brazos para retenerla en un abrazo posesivo.

—P-por favor… -suplicó Hinata.

—Cállate, ya estoy harto de oírte llorar. ¿Acaso te he hecho daño?

No, no le había hecho daño.

—Vas a dormirte conmigo y quiero que te quedes aquí –le ordenaba severamente, hablándole cerca de su oído, estrechando la espalda de ella contra su pecho.

—N-no quiero… —Hinata lloró.

—¡Si ese imbécil te encuentra y te lleva sin que me dé cuenta, te hará cosas impensables, te infligirá dolor hasta que supliques tu muerte! Lo ha hecho con otras mujeres. Quédate aquí –ya no era una orden, era una petición. Le estaba pidiendo que se quedara con él para protegerla –Quédate segura conmigo –musitó lo último con voz calmada y hasta un tanto suave. Hinata sintió el aliento cálido de él contra su oreja. Podía sentir también el calor que emanaba el pecho de él contra su espalda delgada. Se sonrojó súbitamente al ser consciente de esas sensaciones.

—K… kisame-san –era la primera vez que decía su nombre, y precisamente lo había hecho al borde de las lágrimas –p-por fa-favor… d-déjeme ir…

Por un momento, Hoshigaki pensó que ella diría otra cosa. Se halló desconcertado por el llanto de ella. ¿Acaso no le estaba demostrando que no quería hacerle daño? Él solo quería su compañía. Y ella solo lo miraba por fuera, no podía contemplarlo más allá de su piel azul, de sus dientes afilados, de sus ojos extraños, de su altura prominente, de sus músculos salvajes… de su presencia monstruosa.

Para ella y para todas las personas, él siempre iba a ser un asqueroso monstruo y eso nunca iba a cambiar.

Fue así desde que nació y moriría con ese estigma.

Kisame abrió sus brazos y la soltó. Hinata no demoró ni medio segundo en salir del abrazo opresor de él. Se bajó de la cama casi a trompicones y pegó su espalda en la puerta. Observó que el hombre azul se daba la vuelta en la cama, dándole la espalda. Con un súbito sonrojo Hinata contempló lo alto que él era, con sus ojos recorrió su espalda larga y ancha, de fuertes músculos.

Kisame no pretendía hacerle daño. Lo había descubierto muy tarde. Era verdad que no era la persona más amable o delicada del mundo, pero la había defendido de Hidan, incluso le había perdonado la vida ante Samehada.

Él solo quería protegerla del albino. Y ella gritó desaforada, rogándole que la soltara.

No tenía por qué, pero sintió un pinchazo en el corazón al verlo solo.

Con vergüenza dio unos pasos hacia adelante, hacia Kisame. Fue cuidadosa y se sentó en la orilla de la cama. El hombre azul sintió el peso de ella y se volteó al otro lado para ver qué pasaba. Hinata lo veía ahora. Le daba toda su atención con sus ojos blancos. Kisame elevó una ceja, confundido por las acciones de la joven. ¿Qué era lo que hacía? ¿Qué es lo que pretendía? La vio acostarse de lado, frente a él, dándole la cara. Sus mejillas estaban sonrojadas, pero no dejaba de verlo.

—K…kisame-san –pronunció con su voz tímida –Gracias… por s-salvarme –observó la piel azul de él, sus ojos pequeños, su rostro lleno de dudas sobre ella. Él olía a mar, a un día de sol en alguna playa. Incapaz de seguirlo viendo –por vergüenza- cerró los ojos y se dispuso a dormir. Estaba nerviosa. Hoshigaki Kisame estaba a pocos centímetros de ella y lo dejaría estar allí. Por raro que sonara, ya no le tenía tanto miedo como la primera vez que lo conoció. De pronto sintió un dedo rasposo contra su mejilla. Abrió los ojos. Kisame tenía un brazo extendido hacia ella, y con la yema de un dedo le rozaba la mejilla; contemplándola con lentitud.

—¿Entonces sí eres Hana? No me mientas.

—Y-yo no m-miento. S… soy Hinata.

—Hinata –probó su verdadero nombre entre sus labios, y le gustó –Pequeño dulce, voy a besarte, ¿está bien? –le susurró, como si le estuviera diciendo un secreto que no quería que nadie más escuchara. Hinata no dijo nada, solo vio que entre la oscuridad del recinto, Kisame se acercaba a ella, le tomaba el mentón y presionaba suavemente sus extraños labios sabor a sal contra los suyos.

Se sintió extraña. Nunca había sido besada antes. Y ahora un criminal de rango S reclamaba sus labios por primera vez.

Hinata cerró los ojos cuando lo sintió. No tardó mucho. No pasaron ni cinco segundos cuando él se alejó, y la observó detenidamente, como intentando averiguar el misterio que era ella. La vio con las mejillas arreboladas y los ojos nerviosos.

—Dime que no ha sido tu primer beso –se desconcertó él.

—S-sí… lo ha s-sido –confesó con vergüenza.

Kisame cerró los ojos con fuerza, como reprochándose su acción.

—¿Cuántos años tienes, dulce?

—D… dieciséis.

El ninja renegado chasqueó la lengua y se levantó de la cama en seguida, dejando a Hinata con preguntas y sin respuestas. Entre la penumbra, Kisame pareció notar la confusión de la señorita de los ojos blancos y le respondió mientras se acomodaba en el suelo, con la espalda recargada contra la pared.

—Una jovencita no debe dormir en la misma cama que un adulto. Y menos si es un criminal.

Flexionó una rodilla donde descansó su brazo. Luego cerró los ojos, preparándose para dormir.

Hinata lo observó hasta que se quedó profundamente dormido.

Ella ni siquiera pudo dormir esa noche, pensando en su primer beso. De repente la idea de escapar ya no importaba mucho, ya no era prioridad.


Si has llegado hasta aquí, gracias por leer c: Y si dejas un review, ya sabes que te amo.

Bien, sobre el capítulo, creo que este fic será agridulce… Hay algo de violencia, miedo pero también un intento de romance. Espero que haya podido ser de su agrado.


Nos leemos luego… si tú quieres.