Hooola Nakamas! En el primer capítulo se me olvido escribir (cualquier cosa) en esta parte jeje Pero aquí les traigo un nuevo fic LuNa! Espero lo disfruten :3

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Luffy, el chico de la selva

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– Muchacho, vas a tener que bajarte del auto en este mismo instante si no quieres que te arreste – Le decía un policía sosteniendo entre sus manos una pequeña agenda y un lápiz, pero el moreno simplemente se quedó mirándolo como si no entendiera de lo que le hablaban.

– Chico ¿No me oíste? Baja del coche en este mismo instante o tendré que tomar medidas drásticas y no quieres saber cuáles son… Ahora, si sabes lo que te conviene será mejor que te bajes – Proseguía el oficial, pero Luffy no le obedecía en absoluto y simplemente lo miraba sin expresión alguna.

– Bien, tú lo pediste – Y sin más el sujeto abrió la puerta del Porsche e intentó bajarlo a la fuerza, pero él se resistía y se afirmaba como podía del asiento para que no lo sacaran de allí.

– ¡Suéltame tipo cara de perro! – Le gritaba pateándolo. Realmente estaba armando un espectáculo.

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Nami, la que no se había percatado de lo que ocurría afuera, estaba terminando de guardar unas cuantas prendas de ropa para el chico, pero cuando iba saliendo tranquilamente de la tiendita vio cómo un oficial de policía forcejeaba con Luffy, y cómo las personas comenzaban a observar el espectáculo, horrorizados.

– Maldición…– Dijo entre dientes corriendo como pudo hacia el hombre que intentaba llevarse a su protegido.

– ¡Espere oficial! ¿¡Qué demonios cree que está haciendo!? – Le dijo Nami, tirando el montón de bolsas en su asiento y tomando al policía del hombro para que se volteara hacia ella.

– Lo siento señorita, pero este sujeto estaba intentando robar su carro, así que tendré que llevármelo de inmediato – Contestó el hombre mirando de manera fulminante al moreno.

– ¿¡Y a usted que le hizo creer que él quería robar mi auto!? ¿No se da cuenta de que no estaba haciendo absolutamente nada más que escuchar música? Además no sea ridículo, él es mi hermano, así que si sabe lo que le conviene lárguese de aquí ¡Y déjelo tranquilo! – Y diciendo esto empujó al policía lejos del auto, se subió en su asiento dejando las bolsas en los asientos traseros, encendió el motor y aceleró lo más que pudo para irse del lugar antes de que alguien la reconociera.

– Esta gente está cada vez más loca…– Susurró el oficial para sí mismo, arreglándose la gorra y el uniforme que habían quedado hecho girones.

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– Lo siento, yo no hacer nada, ese hombre acercarse y tratar de llevarme… ¿Es porque yo ser feo? …Y tú no ser mi hermana – Dijo de forma inocente Luffy volviendo a mirarse en el espejo retrovisor de forma rara, lo que extrañamente hizo que a Nami se le partiera el corazón.

– No, no es por eso… Es solo que estás un poco sucio y desaliñado. Y no eres mi hermano, le dije eso al oficial para que nos dejara tranquilo… Como sea, cambio de planes, iremos a casa, te bañarás, luego te curaré esas heridas y después iremos por el helado… Y tienes que explicarme cómo demonios aprendiste a hablar tan mal – Contestó Nami mirando de reojos al chico que aún se miraba de manera extraña en el espejo.

Al cabo de unos cuantos minutos ya habían llegado al enorme edificio en el que vivía la chica, estacionó el auto en el subterráneo y subieron hasta el último piso en donde tenía su enorme suite.

– Esta es mi humilde morada… ¡Espero te guste! Te mostraré dónde está el baño y las demás cosas que necesitas para que puedas asearte, ven – Y sin más lo guio por toda la enorme sala de estar hacia un pasillo que llevaba al baño.

Le mostró cómo dar el agua tibia, luego le indicó donde estaban las toallas para que se secara, le dijo qué debía usar en el pelo y qué en el cuerpo, le puso unas pocas prendas encima de un mueble para que se vistiera y finalmente lo dejó solo.

Lo cierto era que Luffy no entendía muy bien a lo que se referían las personas que lo rodeaban porque no comprendía algunos términos, no los había alcanzado a leer todos en el diccionario y tampoco podían estar dándose el tiempo de explicarle cada palabra, así que tendría que arreglárselas como pudiera, y haciendo exactamente lo que Nami le había dicho se quitó toda la ropa y entró en la ducha.

Dio el agua y se sobresaltó un poco al sentir que salía calentita, estaba acostumbrado a bañarse en lagos o ríos y el agua allí siempre era helada, pero esa sensación del agua tibia recorriéndole el cuerpo le agradó. Luego miró una pequeña barra cuadrada de color rosa que la chica le había dicho que usara, pero pensando que era un bocadillo para la hora del baño o algo por el estilo lo mastico, escupiéndolo al instante por su desagradable sabor. Fue entonces que se dio cuenta que alrededor de sus labios se habían hecho algunas burbujas y comenzó a pasarlo por todo su cuerpo viendo asombrado cómo éste limpiaba toda la suciedad.

Era la primera vez que se bañaba como una persona "normal" y aunque le costaba un poco saber para qué era cada cosa terminó por comprenderlo. Luego se secó como pudo y lavó sus dientes, o más bien se comió la pasta de dientes sintiendo cómo su boca se refrescaba y a la vez le dejaba una extraña sensación de picazón.

Pasaron unos cuantos minutos en los que Nami se quitó sus enormes tacones y cambió su vestido por algo más cómodo, preguntándose cómo era posible que hubiera personas que vivieran tan alejadas de todo el mundo a tal punto de no saber lo que era una ducha. Con un poco de duda por saber si Luffy había entendido como hacerlo decidió ir a escuchar al baño, pero al salir al pasillo se topó con el moreno de frente, el que se había amarrado la toalla como un pañal a la cintura, cosa que le causó mucha gracia, y sin poder aguantarse soltó una carcajada.

– ¿Qué pasar? ¿Yo puse mal esta cosa? – Preguntó Luffy acercándose más a la chica y apuntando la toalla.

– Si, así es pero no te preocupes, ya aprenderás a atarla alrededor de tu cintura sin que parezca un pañal – Respondió la pelinaranja aun con un poco de gracia en su tono de voz, pero pronto esa risa se desvaneció y fue cambiada por una expresión más seria.

Se quedó mirando detalladamente al muchacho que tenía frente a ella, dándose cuenta de que estaba totalmente errado cuando dijo que era feo, y ahora podía notarlo bien ya que con toda la suciedad que tenía encima no lo habría podido confirmar. Su cabello aun mojado por la ducha dejaba caer algunas gotas de agua que corrían por sus mejillas, recorriendo un atractivo y varonil rostro. Le llamó la atención la extraña cicatriz que tenía bajo uno de sus ojos pero le restó importancia, las pequeñas gotas siguieron su camino hasta sus firmes y bien definidos pectorales, en los que había una enorme cicatriz con forma de "X" que era la más notoria de todas las que traía encima, luego seguía su estómago que estaba más que tonificado por unos marcados abdominales y luego estaba…La toalla en forma de pañal.

– Entonces enseñarme cómo atar esta cosa – Dijo de pronto Luffy, quitándose de un tirón la toalla de la cintura y extendiéndosela a la chica, la que se quedó con ojos de plato mirando alternativamente la toalla y "esa" otra zona.

– N-No deberías llegar y desnudarte frente a una chica, idiota…– Exclamó Nami desviando la vista hacia el lado y tomando la toalla como pudo con una de sus manos – Es así como debes hacerlo – Y diciendo esto le mostró en su cintura como debía hacerlo, devolviéndole nuevamente la toalla para que se cubriera sus partes personales.

– ¡Listo! – Dijo segundos después el moreno, pero Nami no se atrevió a mirarlo de golpe con temor de volver a verlo sin nada encima, por lo que de a poco comenzó a dirigir su mirada hacia él y se sobresaltó un poco al ver que había aprendido de inmediato.

Lo sentó en un taburete y le pasó suavemente un pequeño algodón empapado en alcohol para que los rasguños que traía no se infectaran pensando que él se quejaría o algo por el estilo, pero se mantuvo todo el rato quieto como una estatua así que, para su alivio, rápidamente terminó de curarlo.

– ¡Perfecto! Ahora ve y ponte la ropa que te dejé en el baño… Eso que llevas puesto no puede llamarse prenda de vestir – Diciendo esto le señaló nuevamente el baño y cuando lo vio entrar pegó un largo suspiro aliviada por no tenerlo frente a ella.

Al haberlo mirado sin nada pudo notar que su cuerpo tenía más de una cicatriz fea, pero la peor de todas era la que llevaba en su pecho, lo que la hizo preguntarse si se la había hecho luchando con algún animal salvaje. Además de todos los pequeños rasguños que tenía repartidos por el rostro, los brazos y la espalda, y que ella acababa de "sanar", aunque lo cierto era que ya estaban casi curadas.

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Pasaban los minutos y el chico no salía del baño, pero la pelinaranja no se quería atrever a entrar y tampoco quería estar sobre el a cada minuto que se demorara en algo, después de todo era normal que a él le costara más de lo normal vestirse y esas cosas, así que se fue a la cocina para beberse un gran vaso de jugo de naranja. Mientras lo bebía sintió que la puerta del baño se abría y a los pocos segundos Luffy apareció en el salón con la ropa nueva.

Se veía realmente atractivo usado una polera blanca sin mangas con un pequeño estampado de la marca y unos pantalones holgados color negro, acompañados con unas converse del mismo color que el pantalón.

– "Debo decir que Kaya no se equivocó al escoger ese tipo de ropa…"– Pensó la pelinaranja viendo que él caminaba hacia ella.

– Esta ropa ser…rara… Pero gracias – Dijo Luffy con una media sonrisa que paralizó a la chica.

– No es nada, de seguro estabas acostumbrado a cosas más… Libres, pero esto es lo que se llama ropa casual – Le comentó ella mientras que terminaba de beberse su jugo.

– Entonces, que ser el "helado"…Yo saber que ser un estado del clima, pero no saber a qué referirte tú – Soltó de pronto el moreno, sentándose en la barra de la cocina americana.

– Al parecer no eres como pensé que serías… Sabes sobre mucho que creí era nuevo para ti e incluso conoces ese tipo de cosas… Pensé que serías algo así como un hombre salvaje e ignorante, sin ánimos de ofender… ¿Y me contarás como es que aprendiste a hablar? – Bufó la pelinaranja dejando el vaso en el lavaplatos y volteándose para mirarlo y ver si es que le había hecho gracia el comentario, pero se encontró con otro tipo de expresión.

– Yo y mi hermano estar en selva y Garp enseñar algo de clima para sobrevivir, así saber algo del tema, pero Ace ser el que más saber de las cosas, yo solo ser el idiota que seguir todo lo que él hacer – habló el moreno casi con nostalgia y con un semblante raro en la mirada – Y aprender a hablar gracias a un diccionario que Garp darnos, pero no ser muy específico, por eso hablar raro… Y si sueno agresivo ser culpa de los monos, ellos todo hacerlo con ruidos de garganta, lo siento – Se disculpó algo apenado.

– Comprendo… yo – Había empezado a decir la joven mientras se acercaba a Luffy, pero el repentino sonido de su móvil la hizo detenerse al instante para chequear de que se trataba, recordando que era la alarma que había puesto el día anterior.

– Luffy, nuevamente creo que habrá un pequeño cambio de planes… Había olvidado por completo que hoy pasaría por el departamento de mi novio para recoger unas cosas que se me quedaron la otra vez…y para saber cómo está, no lo veo hace algunos días… ¿Te molesta si pasamos allí primero y luego vamos por la comida? – Preguntó la pelinaranja esperando expectante la respuesta del chico, pero él solo asintió y se limitó a seguirla, así ella también le explicaría la situación de su acogido a su pareja y no se prestaría para malos entendidos.

No hablaron absolutamente nada ni del ascensor al auto, pero en el viaje hacia la casa del novio de Nami, ella trató de enseñarle algunos conectores y expresiones para que no sonara tan cavernícola a la hora de hablar, aunque resultaba algo difícil teniéndolo deslumbrado con cada edificio o cosa que le llamaba la atención. Cuando por fin llegaron, la pelinaranja caminó hasta la puerta de su chico, dándose cuenta que estaba semi abierta, algo totalmente extraño en él que por lo general se aseguraba de cerrar muy bien antes de entrar, y creyendo que algo malo le había pasado le habló al moreno.

– Luffy, no es por asustarte pero creo que algo malo podría haberle pasado a Sanji… La puerta está semi abierta y el no suele dejarla así… ¿Y si tal vez lo asaltaron o hay ladrones dentro? – Le decía con una expresión muy seria y con cierto temor.

– Bien, yo entro primero, creo que ser más fuerte que tú ¿Pero cuál es tu hombre? No querer golpearlo a él – Preguntó el moreno apoyando la mano levemente en la puerta.

– Es rubio, tiene un poco de barba y sus cejas están rizadas…– Contestó ella, a lo que el chico solo asintió seriamente haciéndose una imagen mental de la persona que acababan de describirle, aunque más que parecer humano parecía un mono con peluca.

– Yo entro despacio y ver si hay algo malo… tú detrás de mí – Le indicó el chico, abriendo lentamente la puerta y mirando hacia ambos lados para verificar que no había nadie y efectivamente así era. En el amplio living todo estaba impecablemente ordenado, junto a este estaba la cocina americana en el mismo estado y luego venía un amplio pasillo con unas cuantas puertas.

– Que extraño… – Le susurró Nami cerca del oído, lo que hizo que todo el cuerpo de Luffy se tensara y su piel se pusiera de gallina, algo que no comprendió para nada ya que nunca antes había sentido algo así por ninguna persona, solo se sentía de esa forma cuando le tocaba salir a cazar la cena.

De pronto el agudo oído de Luffy sintió unos extraños ruidos que venían desde la puerta que había al final del pasillo, distrayéndolo de la sensación de recién, y sin siquiera pensarlo caminó rápidamente hacia la puerta abriéndola despacio, al parecer era el cuarto del tipo que Nami le había descrito, pero pronto su vista se fijó en la cama, en la que algo se movía de forma extraña bajo el cubre y de donde salían extraños sonidos que hicieron que el moreno recordara como cuando un animal está sufriendo, así que sin pensárselo dos veces corrió hacia el lecho y tiró lejos el cubrecama, dejando expuestos a dos personas que estaban completamente desnudos y algo mucho más que pegados.

– Pero que demo- Dijo el rubio tratando de taparse a él y a la mujer con la que estaba.

– Sanji…– Susurró de forma casi inaudible la pelinaranja retrocediendo casi por instinto y sin saber si golpear con todas sus fuerzas al gamberro de su novio, quemarle todo el lugar o si largarse del lugar para encerrarse en su cuarto y romper a llorar.

– ¿Cariño, quién es ella? – Preguntó con tono meloso la bella mujer de largo cabello oscuro y ondulado, y fuertes ojos cafés.

– ¿¡N-Nami!? Qué haces… Quiero decir, cómo…– Fue lo único que pudo modular Sanji poniéndose totalmente pálido y separándose lentamente de la mujer que tenía entre sus brazos.

– ¿Tú eres el hombre de Nami pero aparearte con otra mujer que no es ella? Eso no es de machos, a no ser que tú ser león, y estas lejos de serlo – Le dijo Luffy poniéndose frente a Nami para que ésta no siguiera viendo la horrorosa imagen que había frente a ella.

Luffy cuando la escuchó susurrar aquel nombre pudo sentir la decepción, la pena y el enfado cargados en esa pequeña palabra, pero cuando volteó a verla solo pudo ver una expresión sin identidad, y por un instante sintió que debía molerle la estúpida cara al tipo que los miraba como idiota.

– ¡No quiero volver a ver tu asquerosa cara en mi vida! ¡Ni se te ocurra llamarme siquiera porque ten por seguro que te cortaré las bolas que te hacen llamar hombre! – Le grito la pelinaranja, tomando el cenicero que había en un mueble cerca de ella y lanzándoselo con todas sus fuerzas, pero éste chocó un poco más arriba de la cabeza del rubio.

Luffy, sin saber muy bien que hacer en ese tipo de situaciones tomó a Nami por los brazos, la levantó levemente del suelo y la dejó fuera de la habitación, después rápidamente tomó el cobertor del suelo y cubrió a la bultosa mujer que estaba sentada mirando todo el espectáculo sin entender muy bien lo que ocurría para finalmente dirigirse a Sanji, con una expresión tan sombría que cuando la tipa se destapó el rostro para ver qué ocurría, prefirió volver a cubrírselo.

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Continuará…