¡Buenas tardes!

Gracias a Zarket, Druida, damcastillo, peperina y por los reviews de la anterior actualización.

Por cierto, cuando yo pongo algo en Follow y Favorites, es porque me ha gustado bastante. Personalmente considero que no cuesta mucho dejar constancia de ello. Llamadme rara.


El entretenimiento de los sangre limpia

o—o

Andrómeda frunce el ceño cuando escucha el ya conocido alboroto en el andén nueve y tres cuartos. Ignora el incesante parloteo de Narcisa, que pese a ser la segunda vez que subirá al tren está tan emocionada como la primera. Bellatrix, para quien la escena se repite por sexta vez, sacude la cabeza al ver tanta excitación por empezar a estudiar y se acerca a los Lestrange, que acaban de aparecer entre el humo de la locomotora.

Incómoda, Andrómeda se excusa y va a dar un paseo sola. Desde lo que ocurrió en la fiesta en que se anunció el compromiso de su hermana con Rodolphus, hace ya un año y medio, ha tenido mucho cuidado de no acercarse a Rabastan. Pese a que el joven le mandó un ramo de rosas dos días después de su pequeño incidente para disculparse, ella no está segura de querer aceptar sus disculpas. Se emborrachó e intentó besarla por la fuerza. Y podría haberle arruinado la velada a su hermana si Rodolphus no llega a aparecer.

Lo que parece una llama naranja se abalanza sobre ella en ese momento. Andrómeda se alarma al principio, pero no tarda en reconocer a Selena, a la que le falta muy poco para engancharse a su amiga como un mono.

—Hola, Sel—la saluda, sonriendo.

Selena Selwyn le devuelve una sonrisa radiante. Acto seguido empieza a contarle todo lo que le ha pasado durante el verano, quizá sin recordar que Andrómeda tiene un buen montón de cartas suyas diciéndole lo anterior. Sel es de ese tipo de personas que son alérgicas al silencio. Lo que generalmente se conoce como una cotorra, vamos.

Con su cabello color zanahoria –pese a que ella lo niega, Andrómeda está convencida de que tiene algún parentesco con los Weasley– y sus brillantes ojos a medio camino entre el castaño y el verde, Selena es un torbellino de energía. Desde que la conoció hace hoy dos años, unos minutos después de ser seleccionada en Slytherin, Andrómeda nunca la ha visto quieta. De hecho, Sel tiene el don de sacar de quicio incluso al siempre paciente profesor Slughorn.

—Por cierto, Emer y Ludo ya están en el tren—le comenta su amiga, después de hablarle de las maravillas de Noruega. Andrómeda la envidia un poco; sus padres son poco dados a viajar, y mucho menos a llevar a sus hijas con ellos.

Las dos amigas suben a un vagón, y Selena guía a Andrómeda, siempre hablando, hasta llegar a un compartimento del que salen voces enfadadas.

—¿Ya han empezado?—inquiere Andrómeda. Su amiga asiente con fingida pesadumbre—. Merlín, el día que no se peleen haré una fiesta.

Cuando se deciden a entrar, las dos muchachas encuentran a Emer Fawley y Ludo Bagman gritándose de todo. Por lo que Andrómeda atina a entender, esta vez es porque Ludo ha pisado al gato de la muchacha. No obstante, tienen la decencia de callarse cuando descubren a sus amigas.

—Hola, Meda, hola, Sel—las saluda Emer.

—Hola, chicas—Ludo las mira sólo un instante; luego vuelve a clavar los ojos en Emer.

Sin duda, estos dos son como el agua y el aceite. Andrómeda los conoció a ambos en su primer día de clase, a Ludo en la sala común y a Emer en Herbología con los Ravenclaws; y desde que se vieron por primera vez no han dejado de pelearse, aunque en el fondo no pueden vivir el uno sin el otro –lo cual ha provocado más de un comentario indiscreto entre sus compañeros.

Mientras que Ludo tiene una cara de niño pequeño, con su pelo rubio y sus enormes ojos azules, Emer aparenta más edad de los trece años que tiene. Tiene el cabello muy oscuro, casi negro, siempre recogido en una trenza, y unos felinos ojos de un intenso gris. Una vez les contó que su madre mantuvo una corta e intensa relación con un Black repudiado que cuando la dejó embarazada no quiso hacerse cargo del bebé. De ser eso así, Andrómeda ha de admitir que Emer ha heredado el porte aristocrático que es característico de su familia, así como la autoridad que destila y que parece ser el motivo de tanta rencilla con Ludo. Incluso sus ojos se parecen a los de sus primos.

Selena mira su reloj cuando Emer y Ludo vuelven a su disputa.

—Faltan cinco minutos para que salga—comenta. Sólo la escucha Andrómeda, y la joven se encoge de hombros—. En fin, ya escribirán a sus padres—agrega, señalando a sus amigos con la cabeza. Las dos salen del compartimento y se separan para acercarse a sus respectivas familias.

No ve a sus hermanas cerca de sus padres, pero no le sorprende. Sabe que Bellatrix tiene muchos asuntos que tratar y Narcisa debe de estar buscando como loca a sus amigas. De modo que se despide de Cygnus y Druella y les asegura que cuidará de su hermana pequeña. De Bellatrix no hace falta decir nada: ella sola se basta y se sobra.

—No te mezcles con quienes no te convienen—le aconseja su padre. Andrómeda asiente, recordando cómo el año pasado y el anterior recibió exactamente la misma recomendación.

—Ten cuidado—agrega Druella.

Andrómeda vuelve a asentir, abraza a sus padres y sube al tren.

Echa a andar hacia su compartimento. No corre riesgo de perderse; pese a que no recuerda con exactitud dónde estaban Emer y Ludo, sólo tiene que guiarse por sus gritos. Efectivamente, cuando abre la puerta los encuentra a ambos insultándose.

—Haced el favor de cerrar la boca—exclama Selena cuando se harta. Ambos la miran—. Quiero tener el viaje en paz, y como vuelva a oír una voz más alta que otra os tiraré a ambos a la vía—amenaza.

Es extraño que Selena se ponga tan seria, y Andrómeda no es la única que se queda boquiabierta ante el cambio de actitud de su siempre parlanchina amiga.

—Vale, vale, no nos comas—murmura Ludo, dejándose caer para mirar por la ventana, algo resentido por la bronca de la muchacha.

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Nadie presta atención al discurso de Dumbledore. Al menos, ninguna de las personas que rodean a Andrómeda. Lucius Malfoy habla con Ludo sobre las posibilidades que tiene Slytherin este año de ganar la Copa de Quidditch, y el amigo de Andrómeda intenta convencer al rubio de que se apueste algo con él. Ella sacude la cabeza, divertida. Está al corriente de que Ludo está entusiasmado con el asunto porque va a hacer las pruebas para golpeador en cuanto se entere de cuándo son.

La muchacha sabe que Ludo sólo tendría que preguntarle a Rabastan, que este año es capitán del equipo. El joven está a unos metros de Andrómeda, charlando con Bella animadamente. Nathaniel Gibbon los escucha y, según le parece, intenta atraer la atención de la chica. Andrómeda contiene la risa, sabiendo lo inútil que son sus esfuerzos. Bellatrix está encantada por su futuro matrimonio con Rodolphus y es obvio que no tiene el menor interés en otro… o al menos eso cree la muchacha hasta que ve a su hermana responder a los coqueteos de su compañero.

Que haga lo que quiera, piensa. Rodolphus salió de Hogwarts hace tres años y Rabastan no parece muy preocupado por el comportamiento de su futura cuñada. Además, Bella sabe cuidarse.

No muy lejos de su hermana mayor, Narcisa no puede dejar de parlotear con sus amigas sobre todo lo que se le ocurre. En la mesa de Ravenclaw, Emer come con alegría y de vez en cuando lanza miradas encandiladas al rubio dos años mayor que ella, el que la trae de cabeza desde mediados del año pasado y –palabras textuales– algún día se casará con ella.

Andrómeda mira su plato y decide comer algo aunque sea para no irse a la cama con el estómago vacío, pero entonces se fija en su amiga pelirroja. Lo cierto es que ya está convencida de que a Selena le ocurre algo grave, porque su amiga ni siquiera se ha molestado en fingir que tiene hambre. Tiene los brazos cruzados sobre el pecho y mira sin ver el mousse de limón.

—¿Vas a comer?—le pregunta con cautela.

Selena da un respingo al oírla y la mira largamente.

—¿Para qué?—murmura, bajando la vista de nuevo.

—¿Qué tal te ha ido este verano?

—Bien, ya te lo he dicho.

Andrómeda no la cree. Ni por asomo.

Justo entonces, los postres desaparecen y Dumbledore se levanta para dar el discurso largo. Andrómeda casi agradece que las palabras del director mantengan su mente ocupada.

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Rabastan mira con ceño a los que se han presentado a las pruebas este año. Está convencido de que los otros años, cuando él no era capitán, eran menos inútiles. Y menos pequeños. Son un montón de críos. Salvo quizá Nathaniel, pero no sabe si cogerlo o no como cazador; por muy amigo suyo que sea, ha de admitir que nunca se ha fijado en cómo vuela. Y tiene claro que el equipo va antes que lo que vaya a pensar Nathaniel.

—Bien—dice cuando los aspirantes se han apaciguado un poco. Sus ojos van a parar a los jugadores del curso pasado que quedan en Hogwarts y se dice que, si los demás lo hacen muy mal, siempre puede contar con ellos—. Primero haré una prueba sencilla: haced grupos de cinco, subid arriba y pasaos la quaffle. A ver qué tal se os da.

Se les da bastante mal, si alguien le pregunta a Rabastan. El joven sólo necesita ver durante tres segundos a las primeras tres tandas de aspirantes para descartarlos. Sin molestarse en ser educado, los echa del campo inmediatamente.

Aunque Nathan pasa la primera ronda, por fortuna. Rabastan ha de admitir que está gratamente sorprendido por las aptitudes de su amigo sobre la escoba, y trata de mantenerse impasible cuando nombra a los que han pasado la criba, aunque no puede evitar sonreír.

Tiene nueve hipotéticos cazadores, cinco golpeadores y dos buscadores. Él es el guardián, obviamente. Le resulta sencillo elegir a los cazadores cuando intentan meter la pelota en los aros que él defiende, y sonríe de lado cuando ve a un crío de trece años que aspira a convertirse en golpeador.

—Ludo Bagman—se presenta el niño. Rabastan lo mira de arriba abajo y saca su varita por si las bludgers lo tiran de la escoba. Pero él parece seguro de lo que hace y, efectivamente, demuestra ser el mejor golpeador de todos los que se ha presentado. Tiene mucha más fuerza de la que cabría esperar en alguien de su complexión.

Ya tengo un golpeador, se sorprende pensando.

El otro golpeador definitivo es mejor que los tres restantes, pero Ludo es con diferencia mucho más ducho que él. En cuanto al buscador, se gana el puesto una muchacha un año menor que Rabastan que siempre tiene los ojos entrecerrados, como si se pasara el día buscando snitches.

Ludo Bagman parece tener muelles en los pies cuando Rabastan le comunica que ha sido elegido. Da tales saltos que el joven teme por un momento que vaya a escapar de la influencia de la gravedad terrestre y despegar al espacio.

Rabastan sale con Nathaniel unos metros por detrás del nuevo golpeador.

—No creías que fuera bueno, ¿eh?—lo pica su amigo, sin duda bromeando. Rab prefiere mentir para no herirlo. A su modo, claro:

—Me ha dado miedo que fueses a caerte de la escoba cuando estabas a medio metro del suelo.

Entonces algo llama su atención. Tres personas bajan de las gradas corriendo y se acercan a Ludo sonriendo de oreja a oreja.

A Rabastan no le hace falta pensar mucho para reconocer a una de ellas como Andrómeda Black.

El joven todavía recuerda lo que ocurrió en la fiesta de compromiso de su hermano. No se avergüenza de haber estado a punto de besarla, pero sí es cierto que la muchacha lo evita desde entonces, sentándose en el otro extremo de la sala común y hablando con algún amigo cuando él se acerca. Al joven le parece que es una estupidez que se muestre tímida con él. Dentro de unos años estarán casados, lo más lógico sería ir conociéndose poco a poco.

Mira su pelo castaño, sus ojos color miel, brillantes al felicitar a Ludo, preocupados cuando los fija en Selena, la pelirroja que la acompaña. Es muy guapa. Desde luego, sus padres tienen buen gusto.

Andrómeda parece notar el escrutinio, porque aparta los ojos de sus amigos para mirarlo. Cuando siente la mirada de la joven clavada en sus ojos azules, Rabastan no puede sino apartar la vista. Andrómeda tiene fuego en el mirar.

—Rab, ¡Rab! Te estoy hablando… ¡Conejo!

El ridículo mote que Nathaniel le puso cuando se conocieron en primero hace que el joven se olvide de Andrómeda Black por el momento. Rabastan se pasea la lengua por los incisivos superiores, se gira hacia su amigo y le sopla una colleja.

o—o

Lo que sea que le pase a Selena no mejora en los días siguientes. Andrómeda ha intentado hablar con ella, pero su amiga no suelta prenda. La muchacha ha confiado sus temores a Emer y Ludo, que por una vez han dejado de lado sus diferencias y han puesto de su parte para tratar de animar a Sel. Inútilmente, cabría añadir. Es como si la joven estuviese en otro mundo.

—Tengo muchas cosas en la cabeza—es lo que responde cada vez que alguien se reocupa por ella. Y si recibe una sola pregunta más, abandona lo que esté haciendo y sale de la habitación.

—A lo mejor le gusta alguien—especula Ludo una tarde en la biblioteca. Selena se ha ido cuando han intentado averiguar de nuevo qué le ocurre.

Emer lo mira con las cejas alzadas.

—¿Eso es lo único que se te ocurre?—bufa—. Si fuera eso, nos lo habría dicho. Tiene que ser algo más serio.

—A lo mejor también alberga la esperanza de que Lockhart le pida en matrimonio—se burla Ludo.

—¡Serás…!—es obvio que el rubio ha metido el dedo bien en la llaga, porque Emer le pega con el libro más pesado que hay en la mesa. Andrómeda sonríe al verlos pelearse. Al menos, ellos siguen igual que siempre.

Medita qué puede ser lo que le ocurra a Selena. Quizá algún problema en casa, piensa. Puede que sus padres…

—Chicos—empieza Andrómeda, dándose cuenta de algo—: ¿Alguna vez Sel os ha hablado de su familia?

Emer y Ludo se miran.

—No—responden al unísono.

—Y es raro—agrega la muchacha—. Porque no se calla ni debajo de agua… Nunca me había dado cuenta, pero ahora que lo dices, es verdad.

—Puede que no se lleve bien con ellos—comenta Ludo.

—Si tenemos algo de lo que tirar, conseguiremos sonsacárselo—dice Emer, y sonríe—. Sólo habrá que persuadirla un poco.

Andrómeda asiente, convencida. Únicamente necesitarán darle un pequeño empujoncito a Selena para que hable; su incapacidad para estar callada hará el resto.

—Por cierto, ¿qué vas a hacer por tu cumpleaños?—inquiere Ludo.

Andrómeda se encoge de hombros. Lo cierto es que, pese a que le faltan dos días para cumplir trece años, no ha pensado en cómo va a celebrarlo. La vuelta a clase y la preocupación por Selena la han hecho olvidarlo. Pero ahora que lo piensa… ¿cómo le gustaría a ella celebrar que cumple nada más y nada menos que catorce años?

—No los sé, supongo que compraré chucherías o algo así—responde—. Ese día no hay ninguna excursión a Hogsmeade, así que tampoco tenemos muchas opciones.

—Podemos hacer un picnic en el lago—sugiere Emer—. A lo mejor anima a Sel.

El hecho de que Ludo se muestre de acuerdo es lo que convence a Andrómeda de que es una buena idea.

o—o

Andrómeda se levanta tarde el día que comienza el otoño.

También se levanta mal. Ha dormido muy poco y está de mal humor por ello. Se tapa el rostro con los brazos para evitar que el sol le picotee los párpados y abre la boca exageradamente para bostezar.

Sólo una mano sacudiéndole el brazo hace que se obligue a espabilarse. Andrómeda aparta el brazo y enfoca a Selena Selwyn sentada en el borde de la cama. Su amiga sonríe, aunque bastante poco; es obvio que lo que quiera que le preocupe no se ha solucionado.

—Felicidades—comenta. Andrómeda se fija en que sólo quedan ellas en la habitación—. Emer está esperándonos en el vestíbulo y he mandado a Ludo a decirle que todavía estás dormida. Si no nos damos prisa, se matarán.

Andrómeda la mira con detenimiento. Suspira.

—Sel, dinos qué te pasa—le pide—. Estamos preocupados.

—No me pasa nada—responde ella, tan automáticamente que la mentira resulta aún más obvia—. Simplemente tengo muchas cosas en las que pensar.

—¿Como cuáles?

En lugar de responder, Selena pone un paquete rectangular en las manos de Andrómeda.

—Felicidades—repite, con cierta brusquedad—. Mira a ver si te gusta.

Andrómeda decide rendirse, al menos de momento. Con cuidado, abre el paquete, y cuando aparta el papel descubre una caja de música. La muchacha la abre y deja que las notas inunden la habitación mientras una bailarina se mueve al ritmo de la música en el interior.

—Oh, gracias, Sel—Andrómeda abraza a su amiga y ella se queda más tiempo del necesario manteniendo el abrazo.

—¿Vas a bajar?—pregunta.

Andrómeda asiente.

—En cuanto me duche y me vista.

—Bien. Yo iré a encargarme de que Emer y Ludo no griten demasiado—replica Selena.

Andrómeda la ve salir del dormitorio y suspira con tristeza. No es justo que su amiga esté así, y tampoco lo es que Sel no quiera decir qué le ocurre.

Sacude la cabeza, diciéndose que hoy debe estar contenta –es su cumpleaños– y se encamina hacia la ducha.

o—o

—Sigo sin entender por qué nos haces esperar aquí—rezonga Rabastan.

Bella lo fulmina con la mirada.

—Porque tenemos que darle el regalo a mi hermana, montón de idiotas.

—Con un poco de suerte, si no le hablas se callará rápido—le susurra Phil a Rabastan en voz baja.

—Cierra el pico tú, Nott—ladra ella. Nathaniel, sentado en el sofá junto a sus compañeros, ríe.

—Podemos dárselo en otro momento—sugiere Narcisa, que también está aburrida, jugando con su varita—. Quiero aprovechar que es sábado para salir a que me dé el sol.

Bella no responde.

Tras lo que a los tres jóvenes les parecen unas cuantas eternidades, Andrómeda Black baja las escaleras de su habitación, con el pelo mojado y la cara de sueño oscurecida por alguna preocupación. Arquea las cejas al ver a sus hermanas y a los amigos de la mayor esperándola, pero se acerca cuando Narcisa bota como si la hubiesen electrocutado y le hace gestos con la mano.

—Buenos días—saluda—. ¿Qué hacéis aquí?

Bella le pone un paquete pequeño e irregular en las manos.

—Felicidades.

—¡Ábrelo!—la insta Narcisa.

Andrómeda sonríe mientras descubre su regalo.

Son unos pendientes largos, plateados, con pequeñas piedras verdes adornándolo. La muchacha se queda boquiabierta.

—Ahí va—comenta, impresionada—. Son preciosos. Muchas gracias.

Rabastan contempla su sonrisa sincera, los ojos que brillan como no lo hacen los de su hermana mayor cuando está alegre. Ella lo mira un momento y el joven se obliga a apartar la vista de nuevo. Maldita sea. Le quema la mirada de Andrómeda Black.

o—o

Cuando Andrómeda llega al vestíbulo, donde según Selena la esperan sus amigos, descubre una escena curiosa.

Sí, hay dos personas discutiendo. Pero no son Emer y Ludo, sino Emer y Sel. El rubio observa la pelea de sus amigas, boquiabierto.

—…si eres incapaz de decírnoslo al menos podrías dejar de amargarte cuando estemos cerca—espeta la Ravenclaw.

—Si no me queréis cerca sólo tenéis que decírmelo—replica Selena, con los ojos brillantes por las lágrimas que pugnan por salir.

—¿Qué pasa?—pregunta Andrómeda cuando se acerca.

Ninguna de las dos le hace caso.

—Emer se ha enfadado con Sel porque está deprimida—le explica Ludo—. ¿Qué te apuestas a que llegan a las manos?

Andrómeda fulmina a su amigo con la mirada. Luego vuelve a concentrarse en las chicas.

—¡Callaos!—exclama. No suele alzar la voz, de modo que sus amigas la miran sorprendidas—. Dejad de pelearos.

—¿Para que siga yendo como un alma en pena?—replica Emer, mirando enfadada a Selena.

—¡Genial! ¡Si tanto os molesta, ahí os quedáis!—exclama la pelirroja, girando sobre sus talones y alejándose de ellos, sin duda rumbo a la sala común de Slytherin.

Andrómeda se muerde el labio.

—Vaya—comenta Ludo, tan sorprendido como Emer, que no atina a decir palabra—. ¿Vamos al lago?

Se encoge cuando Andrómeda se vuelve hacia él. Lo que menos le apetece después de lo que acaba de pasar es celebrar su cumpleaños.

—¡Id vosotros!—exclama, enfadada, antes de echar a andar tras Selena.

Ignora las llamadas de Emer y Ludo. No se para a intentar ver su punto de vista, porque está enfadada con la chica. No ha debido decirle eso a Sel. Aunque su amiga tampoco está poniendo mucho de su parte últimamente.

Tiene la mente fija en encontrar a Selena y obligarla a confesar lo que quiera que le pase, pero escucha una risa que le pone los pelos de punta. Y no sabe si la asusta más eso o el hecho de que la haya reconocido como perteneciente a su hermana mayor.

Andrómeda desvía su rumbo siguiendo el sonido. Unos pasillos más allá descubre a Bellatrix, Rabastan, Philip Nott y Nathaniel Gibbon rodeando a un muchacho que reconoce como un Hufflepuff de su curso, que comparte varias clases con los Slytherin

—¿Qué hacéis?—inquiere. El chico, que parece estar asustado, clava sus ojos claros en ella a través del flequillo rubio.

—Entretenernos—responde Bella como quien no quiere la cosa.

—¿Metiéndoos con él?

—Es un sangre sucia—se excusa Rabastan.

Andrómeda lo fulmina con la mirada y, para su sorpresa, el joven baja los ojos azules tras unos segundos.

—No os ha hecho nada.

—Es un sangre sucia—repite Rabastan, mirándola de nuevo. Y esta vez no aparta la vista; ninguno de los dos lo hace. Casi se pueden ver las chispas que saltan—. ¿Qué más motivos necesitas? ¿O vas a empezar a defenderlos?

Andrómeda aprieta los puños.

—No estoy defendiendo a nadie—asegura—. Pero no es necesario…

—Ven, cielo—Bellatrix se acerca a Andrómeda y tira de ella hasta llevarla a otro pasillo, donde nadie pueda oírlas. Luego su expresión se vuelve temible—: Me da exactamente igual lo que pienses o dejes de pensar: deja de meterte donde no te llaman y no me avergüences delante de mis amigos.

—Si crees que voy a…

—Sí creo que vas a estarte quietecita de una vez—la interrumpe su hermana—. Empiezas diciendo que no es necesario y dentro de poco serás una asquerosa traidora a la sangre. Y no permitiré que nadie de esa calaña sea mi hermana.

Dicho esto, Bellatrix se da la vuelta y echa a andar hacia sus amigos. Andrómeda aprieta las mandíbulas con rabia y sacude la cabeza, deseando que su cumpleaños se pase rápido.


Notas de la autora: La idea era hablar de todos los años de Andrómeda en Hogwarts, pero como antes de esto no ocurre nada interesante entre Meda y Rab, me lo salto para no dormir al personal. Por cierto, Bellatrix cabreada debe de dar un miedo...

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