Capítulo 2. Sucesos en Grimmauld Place.

- ¿De verdad qué no os importa que nos vayamos con el profesor Dumbledore al cuartel de la Orden? -preguntó David por enésima vez a sus padres.

- De verdad que no. -respondió Tamara, también por enésima vez.

- Es que apenas nos vemos durante todo el año y no quiero que penséis que no quiero estar con vosotros. Aún puedo enviarle una carta a Dumbledore para cambiar la fecha. -sollozó David.

- No llores, mi cielo. -dijo abrazándole.- No pasa nada. Puedes irte. Además, no vais a estar allí todo el verano. Según el profesor Dumbledore, volveréis aquí a principios de agosto. Así que, sólo estaremos separados veinte días. Además, en agosto, nos dan las vacaciones a tu padre y a mi, así que podremos disfrutarlas todos juntos.

- De acuerdo. -dijo David, secándose las lágrimas con la manga de la camiseta de dos colores que Jessica le regalo hace tres años.

- Por cierto, esa camiseta te empieza a quedar pequeña. Así que, a la vuelta, toca de ir de compras. -un pequeño resoplido surgió de los labios del metamorfomago.- Y no quiero quejas. -dijo sonriendo ante el gesto de su hijo.

- De acuerdo. -cedió David sin ganas.


- ¡Hola Tonks! -gritó David al ver acercarse a la metamorfomaga.

- ¿Cómo estás, enano? -preguntó la chica sonriendo ampliamente.

- ¿Cómo que enano? -replicó David, haciéndose el ofendido.- Ya soy casi tan alto como tú.

- Ten cuidado, Nymphadora. Dentro de poco, va a poder darte capones con la barbilla. -dijo una voz serena. Los tres se dieron la vuelta y vieron la larga y brillante barba plateada del profesor Dumbledore.

- ¿De dónde ha salido? -preguntó Jess.

- ¿Aparición, Hermione? -preguntó David a la presencia en su mente.

- Si. -respondió la mujer.

- Buenas tardes, David, Jessica, ¿estáis preparados? -preguntó amablemente el profesor Dumbledore.

- Creo que sí. -respondió David, señalando la maleta que llevaba cada uno.

- Estupendo, entonces. -dijo Dumbledore acercándose a Jessica.- Yo me llevo a Jessica y tu te vas con Nymphadora.- los adultos ofrecieron sus manos a los dos adolescentes que, tras mirarse entre sí, las cogieron sin que ninguno de ellos estuviera preparado para lo que iba a ocurrir a continuación.

David, aún sabiendo que iba a formar parte de una Aparición Conjunta, no disfrutó para nada de la experiencia. La sensación de sobrepresión, de notar que cada molécula de su cuerpo cruzaba un tubo demasiado pequeño, no era agradable.

- ¿Cómo podéis aguantarlo? -preguntó David, frotándose los ojos y respirando profundamente.

- Te terminas acostumbrando. -admitió Tonks despreocupadamente.

- Tengo la boca como si hubiera comido un trozo de plástico. -se escuchó decir a Jess, unos metros más allá.- Si esto es aparecerse, creo que no va a ser mi medio de transporte mágico favorito.

- Por aquí dicen que terminas acostumbrándote. -replicó David, señalando con el dedo pulgar a Tonks, que miraba hacia el bloque de edificios situado enfrente suya.

David se giró en la misma dirección y tuvo que hacer un esfuerzo sobrehumano para que no se le notara que veía perfectamente la fachada sucia y destartalada del número 12 de Grimmauld Place.


- ¿Qué pasa aquí, Hermione? -preguntó David.

- No estoy segura del todo… pero como conoces la ubicación real, presentada a través de los libros por el propio Dumbledore, parece ser que el Fidelio no te afecta.

- Entonces... ¿también funcionaria para los otros Fidelios de los libros?

- Si mi teoría es correcta... también podrás ver tanto la casa de los Weasley como El Refugio.

- ¿De qué hablas, Hermione?

- El séptimo libro, David.

- ¡Es verdad!


- ¡Qué curioso! -exclamó Jess al comprobar que la numeración de las vivencias saltaba del número once al trece.

- A lo mejor, el que numeró esta calle no le gustaba el número doce. -sugirió David, haciendo como que estaba tan interesado como ella por la ausencia de ese número en concreto.

- Por favor, acercaos a mí. -les pidió Dumbledore, mientras rebuscaba algo entre los pliegues de su túnica azul marino.- Aquí está. -dijo sacando un pequeño pedazo de pergamino.- Leed esto y memorizarlo rápidamente.

Jess cogió el pergamino de la mano derecha del director de Hogwarts, lo miró durante unos segundos y se lo pasó rápidamente a David. Este lo leyó para seguir con la actuación, levantó la vista y abrió la boca para mostrar su supuesto asombro ante la aparición del número doce de Grimmauld Place.

- Seguidme. -dijo Tonks, guiñándoles un ojo. Un mínimo estallido indicó que Dumbledore se había vuelto a desaparecer.

Los dos adolescentes siguieron a la metamorfomaga que cruzó la calle en dirección al edificio recién surgido. A David no le paso desapercibido que la auror iba con el cuerpo en tensión, preparada para reaccionar ante la presencia del más mínimo peligro. Sacando su varita, golpeó a la descolorida puerta negra que se abrió con un ligero chirrido.

- Pasad rápidamente. -susurró Tonks, vigilando la calle con ojos atentos.- No toquéis nada y hablad en voz baja. -les avisó en cuanto cerró la puerta.

La metamorfomaga se adelantó a ellos y avanzó, varita en ristre, por el pasillo en dirección a la puerta que se alzaba al fondo del mismo. La abrió con cuidado y entró primero a un gran salón con una larga mesa del mismo color que la puerta, sólo que mejor conservada. Una rugiente chimenea de estilo antiguo se alzaba al fondo de la habitación, bañándola con luz y calor. Varios sillones tapizados se situaban, a intervalos irregulares, a lo largo del salón. Tonks giró su varita y tres de ellos salieron disparados en dirección a la chimenea; uno de los cuales, antes de detenerse, golpeó ligeramente otro de los sillones que ya estaban colocados frente a ella.

De repente, una cara somnolienta apareció tras el sillón recién golpeado. El rostro desconcertado de Sirius Black se mostró ante los seis pares de ojos que allí se encontraban. Sirius se frotó los ojos y, al posar su vista en Tonks, se le iluminó la mirada y se levantó como un resorte.

- ¡Prima! -exclamó alegremente mientras se acercaba y la abrazaba efusivamente.- ¿Cómo estás? ¿Qué haces por aquí?

- Hola Sirius. Vengo a traerte compañía. -respondió Tonks.

- ¿Ya vienen los Weasley? -preguntó Sirius, mirando por encima de la cabeza de su prima. Al ver a David y Jess, que se habían quedado unos pasos por detrás de Tonks, su rostro se tornó en un gesto de interrogación.- Esos no son los Weasley.

- Veo que tu capacidad de observación sigue intacta. -dijo Tonks burlándose de él.- Sirius, te presento a la señorita Jessica Quake y al señor David Manning.

- ¡Oye Tonks! ¡Qué el señor me hace viejo! -Sirius no pudo evitar sonreír al escuchar la queja de David a la presentación de Tonks.

- Encantado señor Black. -respondió Jess, educadamente.

- Llamadme Sirius. -dijo el mago, acercándose a ellos y ofreciéndole su mano. Aprovechando el saludo, Sirius quiso comprobar por si mismo lo que le había contado Albus sobre las defensas mentales del chico.

David, notando el ataque mental del padrino de Harry, le sonrió y dejó que Sirius vislumbrara al menos su paisaje mental. El animago se sorprendió al verse frente a una impenetrable muralla.

- Luego hablamos. -dijo una voz que surgía de todas las partes de la mente del chico. Sirius, algo desconcertado, se retiró de la mente del metamorfomago y afirmó con la cabeza.

- Bueno prima, ¿qué es lo que te cuentas? -preguntó Sirius sentándose de nuevo en el sillón que había estado ocupando antes de la llegada de los nuevos inquilinos de la casa.


Aquella misma tarde, llego la familia Weasley a instalarse en el doce de Grimmauld Place y, con ellos, Molly Weasley y sus "tenéis que comer más" y el descubrimiento de una, hasta entonces, desconocida habitante de la casa.

Los gemelos estaban mostrando a David y a Jess lo bien que se aparecían, cuando, en una de las apariciones, golpearon un paragüero que había en el vestíbulo, derribándolo. De repente, un espantoso y ensordecedor alarido surgió unos metros más allá.

- ¡Cerdos! ¡Canallas! ¡Subproductos de la inmundicia y de la cochambre! ¡Mestizos, mutantes, monstruos, fuera de esta casa! ¿Cómo os atrevéis a contaminar la casa de mis padres? -unas cortinas apolilladas se habían recogido sobre si mismas, dejando a la vista la fuente de tamaños gritos y maldiciones.

Era un retrato a tamaño natural de una anciana que echaba espuma por la boca. Sus ojos giraban descontrolados y tenía la amarillenta piel de la cara tensa y tirante. El volumen de sus amenazas iba aumentado y provocó que todos los presentes en el vestíbulo, tuvieran que taparse los oídos.

De repente, Sirius bajó por las escaleras y haciendo un esfuerzo enorme cerró las cortinas, mascullando maldiciones aún más graves que las del propio cuadro.

- Presentaciones. -dijo Sirius, amargamente.- Chicos, esta es mi anciana y querida madre.

- ¿Madre? -preguntó Jess mirando las cortinas que cubrían el cuadro.- Entonces... ¿esta es tu casa?

- Bienvenidos al hogar de "La noble y ancestral Casa de los Black". -respondió sin ganas.- Y ahora, volved al salón y no hagáis ruido de nuevo. -los cuatro adolescentes obedecieron instantáneamente; no querían perder sus apreciados tímpanos.


- Sirius, ¿quieres hablar? -preguntó David, aprovechando que habían sido los primeros en acabar de cenar y estaban solos en el salón, frente a la chimenea. El animago afirmó con la cabeza y se levantó haciéndole una seña al metamorfomago para que le siguiera. Sirius guió a David a una habitación, la cual presidia un enorme tapiz que parecía tener más años que el Sol. Un ligero brillo dorado en forma de líneas se extendía como una tela de araña a lo largo del mismo. David se acercó a una de ella y la tocó, notando una rugosidad distinta a la del resto del tapiz.

- Hilo de oro. -dijo Sirius mientras miraba con asco el tapiz. David se dio la vuelta y comprobó que el animago tenía los ojos fijados en una quemadura.- Ahí debería estar yo. -le indicó a David.

- ¿Y por qué no estás?

- No cumplí las expectativas de mis padres. -se limitó a responder. David, conociendo toda la historia, no insistió.

- Me imagino que Dumbledore y tu os habéis intercambiado toda la información que ambos tenéis sobre mí. -dijo el metamorfomago, yendo directamente al grano.

- ¿Cómo lo has sabido? -preguntó Sirius.

- Oh, es fácil. -respondió David sonriendo mientras recorría con la vista el tapiz.- Dumbledore quiere tener la máxima información sobre todo lo que el considera que puede ayudar a derrotar a Voldemort o sobre cualquier cosa que se salga de la normalidad en su colegio. -dijo girándose. El animago alzó una ceja al escucharle decir el nombre del mago tenebroso sin ningún tipo de temor.- Si te estás preguntando porque no tengo miedo a decir su nombre, sólo puedo decirte que es absurdo tener miedo a eso. Esta actitud sólo le da más poder a Voldy.

- ¿Voldy? -preguntó Sirius.

- A ti te llaman Canuto u Hocicos, a Jessica la llamo Jess, ¿por qué Voldemort no puede tener un mote?

- ¿Y que mote tienes tú? -preguntó Sirius con cierta sorna.

- Los gemelos me llaman pequeño cambiante pero, dejando ese a un lado, no tengo ninguno.

Mientras David continuaba examinando el extenso tapiz, Sirius le analizó. Si Albus no le hubiera informado de las habilidades y particularidades del chico que ahora estaba en esta habitación, le habría sido imposible afirmar que no era diferente a cualquier otro adolescente que el haya visto antes.

- ¡Oh! ¡Qué familia más entrañable tienes! -exclamó David irónicamente. Sirius levanto la vista y vio que el metamorfomago estaba señalando la imagen de Bellatrix Lestrange en el tapiz.

- Ah... ya... es mi prima Bellatrix. Ella, Narcissa Malfoy y la madre de Tonks, Andrómeda, son hermanas. Como ves, -dijo Sirius acercándose al tapiz.- Narcissa y Bellatrix siguen en el tapiz; sin embargo, Dora está borrada por casarse con un muggle.

- Entiendo. -dijo David mientras continuaba mirando con un palpable odio a la imagen de Bellatrix.

- ¿Qué sabes tú de Bellatrix? -preguntó el animago al ver el gesto del chico.

- Que debe morir. -respondió David con una voz fría como el hielo. Sirius sintió un escalofrio al escucharle.- Lo que le hizo a los padres de Neville es imperdonable. Merece sufrir, gritar de dolor, retorcerse en el suelo y suplicar que alguien le conceda la muerte.

- ¿Cómo sabes lo que les ocurrió a los Longbottom?

- Canuto... hay una cosa que se llama leer, deberías de probarlo. -Sirius no pudo evitar echarse a reír. Ese mismo consejo, con las mismas palabras, se lo había dado muchas veces Remus, durante sus años escolares. David levantó la vista al escuchar reír al animago.

- ¿Algún buen recuerdo? -preguntó.

- No es nada. Sólo que... ese consejo me lo dio un amigo muchas veces durante mis años en Hogwarts. -respondió Sirius, sonriente.

- Remus, ¿no? -sugirió David con bastante seguridad.- Siempre imaginé que era el cerebro de vuestras bromas.

- Si. -admitió Sirius, sorprendido.

¿Cuánto sabía este chico de ellos? ¿Cuánto había podido suponer con su extraordinaria inteligencia? ¿Quién es la fuente de esa información? ¿Hasta dónde llegaba esa información?

- Oye, David. ¿De dónde...

- Sirius, -dijo interrumpiéndole.- si no quieres escuchar mentiras, no hagas preguntas.- el chico pasó por delante de el, mirando hacia la escalera que conectaba cada planta de la casa.- Hay veces que la ignorancia es una bendición. -añadió antes de subir las escaleras y desaparecer de la vista del animago.


La limpieza de la casa se había convertido en un asunto de interés mundial para la señora Weasley; lo cual, implicaba que todo el mundo debía de aplicarse como si le fuera la vida en ello. En un principio, David y Jess se sentían bastante confiados; lo que ellos no sabían es que limpiar una casa mágica con métodos muggles, era significativamente más duro y abrumadoramente más aburrido que el tipo de limpieza al que ellos estaban acostumbrados.

Era como si la magia de la casa luchara contra los ingentes esfuerzos de todos por adecentarla. Aparte, Kreacher siempre aparecía como una sombra, molestando a todos con sus quejas y haciendo todo lo que estaba en su mano para trasladar la suciedad de una habitación a otra.

David ya había tenido más de un roce con el desagradable elfo doméstico. Cada vez que el elfo se cruzaba con alguno de ellos, no dejaba de obsequiarles con toda clase de apelativos nada agradables debido a su condición de hijos de muggles. El metamorfomago consiguió ignorarle con bastante eficacia, hasta que un día, tras escuchar una serie de insultos bastante fuertes dirigidos a Jessica, estalló.

- ¡Escúchame, pequeño saco de mierda! -exclamó David cogiendo a Kreacher del cuello y estampándole contra la pared. El elfo, como ocurría en otras tantas ocasiones, se limitaba a sonreír sabiendo que, en algún momento, otro de los habitantes de la casa llegaría para salvarle.

Sin embargo, cuando levantó la cabeza y miró a los ojos al metamorfomago, su gesto de confianza cambio totalmente. Esos ojos enteramente negros con la pupila roja y el aura de oscuro poder que emitía el mago que le tenía cogido, le estaba haciendo sentir un miedo inenarrable. La oscuridad que emanaba de allí era un monstruo que amenazaba con devorar todo lo que se pusiera a su alcance, si tuviera la oportunidad.

- ¡Escúchame claramente, miserable elfo! -continuó David con esa voz fría que indicaba que le había dejado tomar partido a Érebo.- No se te ocurra volver a insultar a Jessica; aléjate de ella; no oses siquiera que tu camino se cruce con el suyo. Si vuelves a insultarla, te hare sufrir lo indecible.

- El joven mago sangre sucia no sabe lo que es el sufrimiento. -dijo Kreacher desafiante.

- En eso te equivocas, Kreacher. Sé perfectamente que es lo que te haría sufrir. Si incumples alguna de las normas que te he dicho, borraré el cuadro de Walburga Black del vestíbulo, destruiré el tapiz de la familia Black e iré a donde vives para quitarte todos aquellos recuerdos de tus antiguos amos y destruirlos. Te arrebataré todo aquello que aprecias. -sentenció el metamorfomago, dejándole caer al suelo y dándole una patada.- Ya lo sabes, Kreacher.

El elfo intentó mantener la mirada con el metamorfomago pero no pudo enfrentarse a lo que allí veía. Caminando todo lo deprisa que podía, desapareció de la vista del mago; dándose cuenta que, por primera vez, iba a tener que hacer caso a un mago que no consideraba digno.


- Chicos, el profesor Dumbledore quiere hablar con vosotros en la habitación del tapiz. -dijo Remus a los cuatro adolescentes que estaban sentados en el salón, tras otro largo día de limpieza.

Preguntándose entre ellos que querría decirles Dumbledore, abandonaron el salón, cruzaron el vestíbulo con la máxima precaución posible para no despertar al cuadro de la señora Black y se dirigieron hacia donde estaba el anciano mago.

- Hola a todos. -les saludó Dumbledore.

- Buenas noches, profesor. -respondió Hermione.- ¿Sobre qué quería hablar?

- Como ya habréis escuchado, tenemos intención de traer a Harry a esta casa en los próximos días. -todos afirmaron con la cabeza.- Sé que no estaréis de acuerdo, pero tenéis que prometerme que no informareis a Harry de nada de lo que ha sucedido en esta casa. Nada, absolutamente nada. -insistió Dumbledore, mirándoles fijamente a cada uno.

- Pero profesor... somos sus amigos... ¡no podemos hacerle eso a Harry! -se quejó Ron, amargamente.

- Es verdad. -añadió Jess, indignada.- Además, Harry no se merece que le ocultemos cosas. Después de todo lo que ha pasado, no seria justo para él.

- Entiendo vuestras objeciones, pero si os pido esto es para asegurar la seguridad de Harry. -reveló Dumbledore con gesto preocupado.- ¿Tengo vuestra promesa?

- Sí. -dijo Hermione.

- De acuerdo. -accedió Ron con cierta reticencia.

- Vale. -respondió Jess.

- ¿David? -preguntó Dumbledore, enteramente consciente de que el metamorfomago era el menos inclinado a obedecer sus órdenes.

- Prometó no enviar ninguna carta. -respondió para alivio del director de Hogwarts.

- Os lo agradezco sinceramente a todos. -dijo Dumbledore, sonriéndolos ampliamente.

Los cuatro adolescentes regresaron al salón, discutiendo entre ellos sobre cuales podían ser los peligros de enviar una carta a Harry.

- La verdad es que lo único que se me ocurre es que puedan interceptar la lechuza. -apuntó Hermione.

- Me sigue pareciendo un sinsentido. Si escribes bien la carta, aún siendo interceptada, no tiene porque aportar ningún tipo de información a Voldemort. -intervino David.- Además, actualmente, Voldemort no tiene poder suficiente como para poder interceptar lechuzas que no sabe de donde vienen.

- ¿Cómo que no sabe? -preguntó Ron.

- ¡Ya entiendo! -exclamó Jess.- Esta casa esta protegida por un Fidelio, así que no es posible que una persona pueda entrar, si el Guardián de los Secretos no le ha revelado su localización.

- Exacto. -afirmó David, besando a su novia.

- De todas formas, -dijo Ron, apartando la vista de David y Jess.- le hemos prometido a Dumbledore que no le escribiríamos. Así que...

- Tu lo has dicho, Ron. -pensó David.- Se lo hemos prometido. Sólo que yo, cuando digo algo que tengo intención de cumplir, no prometo, juro.


Comentarios.

Hola a todos. Este capitulo tiene algunos puntos que muestran como es David. Su protección hacia Jess, su independencia frente a Dumbledore y un cierto toque vacilón, aprovechando sus conocimientos. Vamos con los que creo que van a ser la tanda de agradecimientos mas larga en los cuatro años y medio de fic que llevo escrito.

- A Lily Masen por seguir y por poner en favoritos tanto a mi como cada año de la historia.

- A frikific por poner en favoritos este quinto año.

- A .niebla por poner en favoritos "Un gran poder conlleva una gran responsabilidad".

- A Auror DragonSlayer por seguir este quinto año.

- A Mrs. Gonzalez por seguir este quinto año.

- A Fechu Callejera por poner en favoritos los años cuatro y cinco y también a mi.

- A .Potter por poner en favoritos este quinto año.

- A kari-saku por poner en favoritos los cinco años y a mi, por seguir este quinto año y por su review-resumen del cuarto año.

- A jonathanpi por seguirme.

- A Miss Lefroy por poner en favoritos y por su review en "Cama arriba, cama abajo".

- A Kristy SR por sus reviews del capitulo 15 del cuarto año y en "Cama arriba, cama abajo".

- A Crislu por su review en "Cama arriba, cama abajo".

- A Fiera Fierce por su review en "Cama arriba, cama abajo".

- A Aerith Sakura por su review en "Cama arriba, cama abajo".

Puff... cuanto agradecimiento junto... que cansancio... JAJAJAJAJAJAJA. Bueno, espero que os guste el capitulo. Un bratzo, xotug.