Sasuko y Hinata
–Diálogo– Conversaciones.
–Diálogo– Recuerdos.
Capítulo II.- Separadas.
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Después de aquel episodio en el cumpleaños número seis de Hinata, la familia Uchiha comenzó a notar que Sasuko parecía más alegre que… jamás en la vida. Por supuesto, Itachi fue el primero en sospechar cual era la razón, pero se guardó cualquier comentario al respecto y es que no estaba seguro de cómo abordar un tema como ese. Además, su hermana aún era una niña, no había razón para indagar más en el tema… aún.
Sasuko por otro lado estaba en el paraíso. Aún no sabía qué era lo que le pasaba con Hinata, pero sentía que cada día que pasaba con ella era como un sueño. Cualquier gesto, cualquier mirada, cualquier sonrisa que Hinata tuviera para con ella era lo mejor del mundo.
Incluso Naruko la molestaba diciéndole que algún día llegaría algún chico para llevarse a Hinata lejos. Ante el comentario, Sasuko le lanzó la más mortal de las miradas a la rubia y aunque esta última se asustó en principio no dejó que esto la amedrentara y siguió junto a ellas tan campante como siempre.
Para Hinata la situación era similar. Su amiga, casi su hermana se la pasaba pegada a ella, aguantando su falta de personalidad, torpezas e incluso sus tartamudeos que más de algún compañero molestaba, y aunque a veces se preguntaba si en algún momento la pelinegra se aburriría de ella, se reprochaba y se obligaba a pensar que en el fondo de su corazón atesoraría cada uno de los momentos vividos juntas. Pues para ella, era obvio que en algún punto eso ocurriría.
Los años transcurrieron con calma para Hinata y con rapidez para Sasuko que a la edad de once años comprendió que lo que sentía por su amiga era más de lo que hubiera llegado a imaginar.
Le gustaba. Así de simple y complicado a la vez. No entendía cómo no lo había notado, pero es que siempre se veía envuelta en las sensaciones de amistad y hermandad que Hinata le profesaba. Y ahí estaba su más grande problema. Estaba segura que su adorada hermana no sentía lo mismo.
Al hacer tal descubrimiento, Sasuko supo que estaba en problemas. Jamás le había mentido a Hinata y ahora que había descubierto lo que sucedía con ella iba a ser difícil mirarla a los ojos y pretender que nada pasaba. Porque sí, Sasuko guardaría silencio con el fin de proteger aquella relación que tanta felicidad le había traído. Quizás así algún día este sentimiento desaparecería.
Aquel día, ese mismo día que Sasuko descubrió lo que sentía, Hinata fue a pasar la noche a su casa. Sus padres y los de Hinata asistirían a una conferencia fuera de la ciudad y llevarían a la hermana pequeña de la peliíndigo, Hanabi, con ellos ya que al ser tan pequeña (tenía apenas cinco años), los Hyuga sentían sería una carga para Itachi, Sasuko y Hinata que tenían que atender a clases al otro día.
Esa noche cada una se fue a la cama con pensamientos diferentes, una mentalizándose en cómo actuar a partir de ese momento y la otra deseando que la lluvia pronto acabara. Afuera llovia de forma casi torrencial y Hinata sintió un escalofrío recorrerle la espalda. Los truenos y relámpagos jamás le gustaron.
De pronto algo tocó su brazo. Asustada cerró los ojos con fuerza y temió lo peor.
–Hinata, hazte a un lado.
Como resorte se sentó en la cama y vio levemente asustada a Sasuko.
–¡Sa-sasuko!
La nombrada le sonrío como solo con ella lo hacía– hazte para un lado. Aún le tienes miedo a estas cosas, ¿verdad? –Señaló en dirección a la ventana refiriéndose a los truenos y relámpagos.
Hinata bajó la vista a sus piernas y susurró– lo siento…
–Baka, no es ninguna molestia. Ahora muévete que me está dando frío.
–¡Hai!
Sasuko se acercó a Hinata pero rápidamente le dio la espalda. De por si estar ahí y en esa forma a sabiendas de sus sentimientos la perturbaban demasiado, pero lo que le aseguró que esa noche no podría dormir tranquila fue el sentir a Hinata pegarse a su espalda. No es como si la Hyuga se hubiese pegado a ella cual garrapata. Estaba segura había al menos unos cinco centímetros de distancia entre ellas, pero el calor que la ojiblanca emitía lograba llegar a sus espalda. Y eso solo lograba ponerla intranquila.
–Buenas noches, Sasuko.
–Buenas noches, Hinata.
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Dos horas más tarde Sasuko se despertaría ante la insistente llamada del teléfono. Era recién media noche y el clima no daba tregua afuera. Estaba levantándose cuando sintió que su hermano ya estaba en el pasillo prendiendo una luz.
–¿Diga? –Su voz sonaba somnolienta–. ¡¿Qué?!
La voz alterada de su hermano la descolocó. Procedió a levantarse y a salir de su habitación.
–Itachi, ¿Qué es lo que…?
Su hermano la miró con una expresión que no pudo interpretar pero que supo de inmediato no auguraba nada bueno.
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Los funerales de la familia Uchiha y Hyuga se realizaron dos días después. Uno junto a otro, Fugaku, Mikoto, la pequeña Hanabi, Hikari y Hiashi fueron depositados bajo tierra para descansar eternamente tras haber sufrido un grave accidente cuando el auto en el que viajaban se vio embestido por un camión de carga. El auto quedó destrozado y no hubo ningún sobreviviente.
Hinata lloraba desconsolada en brazos de su primo mayor Neji, que desde Londres viajó junto a su padre, hermano de Hiashi.
Sasuko no lloraba solo permanecía en sepulcral silencio casi escondida detrás de su hermano que tampoco lloraba. Sin embargo, el par de ojos negros con evidente marca de irritación delataba que se permitieron sentir el dolor de la perdida en algún momento.
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Después de eso, todo cambió. Sasuko se rehusaba a salir de su habitación y cuando Hinata intentó hablar con ella, la echó. Sí, su dolor era tan grande que ni siquiera con ella quería hablar en esos momentos. Su madre, que le había entregado todo el amor del mundo, siempre tan dulce y cálida; y su padre, que aunque pocas veces demostró el mismo afecto que su madre, era su meta, su foco a seguir… ambos habían muerto.
La Hyuga la entendía, ella estaba viviendo en carne propia el mismo dolor. Por eso cuando la pelinegra la echó sin reparo de su habitación, entendió que era lo mejor. Así todo sería más fácil. Bajó las escaleras y haciendo acopio de toda su fuerza de voluntad, escribió en una hoja arrancada de la croquera en la cual dibujaba.
Se la entregó a Itachi-nissan y le solicitó que por favor se la entregara a Sasuko. Por toda respuesta, Itachi la envolvió en un tierno abrazo. Había aprendido a querer a Hinata como si de una hermana menor se tratase. Luego, ambos se despidieron dejando a la peliíndigo un amargo sabor en la boca.
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Había pasado un mes dese el accidente y dos semanas desde que Hinata había intentado hablar con ella. Se había encerrado en ella misma a tal punto que ni a su hermano había dejado entrar. La última semana él se la pasaba hablándole desde afuera por largo rato intentando en vano hacerla hablar a ella también.
Un miércoles por la mañana, cuando sintió que Itachi luego de hablarle a la puerta (como decía él refiriéndose a ella) se había ido, decidió levantarse e ir a clases. Seguro Hinata debía estar de vuelta en clases y con una pena enorme de saberla aún decaída. Recordó vagamente que ha había echado de su habitación hacia poco más de dos semanas. Se sentía mal por eso, seguro la había hecho sentir fatal, pero estaba segura que Hinata con lo comprensiva que era, la entendería.
Sin más preámbulos, se alistó y salió directo a clases.
Al llegar, lo primero que recibió fue un efusivo y dramático abrazo por parte de Naruko que le reclamaba el no responderle correros, llamadas y mensajes que le había mandado.
Pasando de largo de la rubia se dirigió al que debía ser su puesto, pero este estaba ocupado por alguien más. Naruko le explicó que tres semanas atrás había llegado la inspectora diciendo que de tres cursos iban a hacer solo dos, por lo que su salón iba a tener más estudiantes.
Sin darle más vueltas al asunto, Naruko comenzó a presentarle a sus nuevos compañeros siendo la primera Sakura Haruno. Una chica de extravagante cabello color rosa y hermosos ojos verdes, o al menos así fue como la describió Naruko. Al mismo tiempo conoció a Ino, Shikamaru, Sai, Shino, Kiba, Chouji, entre otros.
Sasuko nada más bufó.
–Solo espero que llegue Hinata.
La rubia volteó a mirarla con una ceja alzada– ¿de qué demonios estás hablando? ¿Hinata-chan ya volvió?
La pelinegra la miró con el ceño muy fruncido sin comprender– ¿de qué se supone que estás hablando tú?
Naruko no supo porque, pero sintió que debía cerrar la boca. Sin embargo…– Se supone que hace dos semanas Hinata-chan se fue a vivir a Londres con su tío, ¿no?
En ese momento la expresión de genuina sorpresa de Sasuko le dejó en claro a Naruko que debió dejar la boca cerrada.
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Continuará.
Cuatro, serán cuatro partes (creo). Este capítulo incluyó más de lo que pensé. Ya estoy trabajando en el tercero así que pronto estará publicado.
¡Muchas gracias por pasarse a leer!
