Disclaimer: Los personajes de Haikyuu! son de Haruichi Furudate, yo sólo los utilizo para satisfacer mi imaginación.

Advertencia: Yaoi (chicoxchico)

N/A: Esta historia trata principalmente sobre Kageyama y Hinata, pero seguramente habrá indicios de otras tantas parejas (lean entre líneas). Desde ya disculpas por cualquier falta ortográfica y lo Ooc que puedan quedar los personajes. De spoilers prácticamente nada, no he leído el manga más allá del final de la última temporada del anime.

Sin más que decir, disfruten!

La curiosidad mató al cuervo

Capítulo 2

Si había que encontrar un culpable, ese era Tanaka Ryunosuke.

El equipo de vóley de Karasuno había tenido una práctica muy tranquila aquel viernes, nada fuera de lo común. Hacía solo un par de semanas que habían vencido al Shiratorizawa y su rendimiento seguía en lo más alto, para orgullo del entrenador Ukai.

Después de ducharse, todos se habían encontrado en el vestuario, preparándose para volver a casa. Algunos apenas terminaban de vestirse y otros, como Yamaguchi, hacían tiempo esperando a los demás para pasar a beber algo fresco antes de volver a casa.

Hinata se colocaba su camiseta mientras le prestaba atención a Sugawara y al capitán, pues estaban hablando sobre alguna nueva estrategia que querían probar la próxima semana. En ello estaba, cuando un ruido de metal llamó la atención de todos.

— ¿Hiciste qué?

Se sorprendió al ver a Kageyama siendo acorralado por un Tanaka muy molesto, su voz era de un tono que mostraba molestia absoluta. Nishinoya estaba a su lado, si bien no tan alterado miraba a Kageyama con interrogación.

— Oi ¿Qué sucede?— Intervino Daichi, pues aquello parecía una pelea, era por demás extraño.

—Kageyama tiene mucho qué explicar— Fue todo lo que dijo Tanaka, sin quitarle la mirada de encima al armador, quien no se amedrentó por su mirada, al contrario, lo miraba hastiado como si toda esa situación fuese completamente absurda. Y por cierto, lo era.

— ¡No puedes simplemente haberla rechazado!— Dijo Nishinoya con cara de no creérselo.

— Pues sí, lo hice.

Tanaka se alejó de su kohai con cara de descolocado. Pronto su expresión se transformó a una de puro teatro, de esas que hacía cuando Kiyoko le hablaba o sonreía a algún otro chico que no fuera él.

— ¡Estás loco! ¡Loco de remate!

— ¡Tanaka basta! Deja de hacer tanto escándalo y explica que está sucediendo— Daichi lo miró con una de esas miradas. Hinata juraba haber visto una sonrisita en el rostro de Suga. Sólo a él le hacían gracia esas expresiones de su capitán.

— Pues resulta que este desagradecido de la vida— Señaló a Kageyama con un dedo— Rechazó a la chica más bonita de todo segundo año que se le confesó hoy ¡No tiene derecho a seguir viviendo!

Hinata sintió cómo el ambiente se relajaba de pronto. Así que sólo era otra de las estupideces de su sempai, nada por qué alarmarse. Claro que lo que acababa de decir lo sorprendía, pero sentía que no era algo de lo que debía preocuparse. De hecho, no le agradaba escuchar eso, y lo atribuyó a que era molesto que Kageyama recibiera mínimo una confesión por semana ¿Qué rayos le veían las chicas a ese rey engreído?

—Creo, Tanaka, que Kageyama tiene derecho de rechazar o aceptar la confesión de a quién mejor le parezca. Es su vida. No entiendo por qué tanto escándalo— Dijo Sugawara, aunque divertido por la situación. Asahi asintió a lo dicho por su amigo.

—No lo entienden, si Koyoko-san es nuestra diosa— Dijo Nishinoya— Esta chica en cuestión es una semi-diosa. No puedo creer que la hayas rechazado ¡Kageyama idiota!

Tobio Kageyama empezaba a sentirse abrumado por la atención que estaba recibiendo, y peor era saber que se debía a algo tan estúpido. La chica se le había confesado en el receso ¿y qué? Él ni siquiera la conocía, no iba a aceptar salir con ella porque sí. Simplemente no le interesaba.

—Ya, ya. Ese es un tema de Kageyama, déjenlo en paz.

Daichi dio el tema por terminado mientras rodaba los ojos. Agarró sus cosas y se dirigió a la puerta seguido por Suga. Era mejor salir de ahí y terminar el teatro de Tanaka por lo sano. Asahi les siguió y Nishinoya sólo lo miró como si fuera el mayor idiota sobre la tierra antes de seguir a su sempai.

—Que lo deje en paz… ¡Este chico no sabe nada de la vida!— Refunfuñó Tanaka mientras agarraba su mochila para irse. Cuando llegó a la puerta, se volteó a mirarlo con un aura de lo más siniestra— De esta forma, morirás virgen Kageyama.

Cuando salió, las risas de Tsukishima y Yamaguchi no se hicieron esperar. Kageyama los fulminó con la mirada, con deseos de asesinar a alguien.

—Ellos no entienden que el rey ya tiene a su reina, no tiene tiempo de andar con plebeyos.

La risita de Yamaguchi sólo crispó aún más sus nervios. Había empezado a caerle bien el pecoso, pero ahora sólo quería borrar su sonrisa con un golpe.

— ¡Tsukishima bastardo!— Vociferó, pero el otro par de primero ya habían dejado el lugar. Muy valientes, se dijo.

Suspiró con pesadez. Debió suponer que el rumor sobre lo que había ocurrido ese día iba a llegar hasta sus sempais, pues eran del mismo año que aquella chica al fin y al cabo. Terminó de guardar sus cosas en su bolso y miró a su lado. Acababa de notar que Hinata se había quedado extrañamente callado.

—Oi. ¿Qué ocurre?

Hinata lo miró como si recién se percatara de que se habían quedado solos. Negó con la cabeza antes de mostrarle una sonrisa burlona.

—Así que te das el lujo de rechazar a una sempai, eh. No hay duda de que tu espíritu de rey no ha desaparecido del todo.

— ¡Cállate, idiota!

Hinata rió, y él sintió su cara caliente. De todos los que habían hecho un comentario sobre el tema, sólo Hinata lo había hecho sentirse avergonzado. Odiaba a ese enano.

— Ya, ya, cálmate— Dijo con aparente tranquilidad, pero se había alejado varios pasos del amador. No fuese a ser que se le daba por golpearlo— Vámonos. Aún tenemos que comprar suministros para hoy.

Con suministros, Hinata se refería a comprar un montón de golosinas y comida chatarra. Él y Kageyama pasarían la noche jugando videojuegos en casa del segundo. Esas reuniones se estaban haciendo una costumbre de casi todos los viernes, y Kageyama era el único que tenía una televisión en su habitación. Hinata amaba a su hermanita, pero Natsu no los dejaría en paz si se ponían a jugar en medio de la sala.

Después de tomar algo con sus compañeros de equipo en el lugar de siempre, y de soportar más comentarios de Tanaka y Nishinoya lamentándose por el poco sentido común del armador de primer año (Hinata estaba seguro de que la lata en la mano de Kageyama iba a explotar de un momento a otro por la presión ejercida sobre ella), se despidieron de ellos y fueron a la tienda de conveniencia más cercana a la casa de Kageyama.

Hinata ni siquiera preguntó cuando tomó las barras de chocolate con menta del escaparate. Eran las favoritas de Kageyama. Ni siquiera recordaba desde cuándo sabía un detalle como ese. Si Kageyama tenía algún comentario al respecto, se lo guardó.

Por cosas de la vida, esa noche los padres que Kageyama no estaban en casa, pues habían viajado para ver a la abuela de este. Y si bien pudieron quedarse en la sala, donde la televisión era más grande y había más espacio, fue un acuerdo tácito jugar en la habitación, como siempre.

La razón, jamás admitida por alguno de ellos ni en diez años, era muy simple. De esa forma se veían obligados a sentarse uno al lado del otro, con el mínimo espacio entre ellos.

¿Y qué tenía eso de bueno?

No lo sabían. Ni siquiera sabían que el otro pensara lo mismo. Kageyama sólo sabía que no le molestaba estar así de cerca del pelirrojo, era cómodo. Hinata sólo sabía que le gustaba esa cálida sensación que desprendía el cuerpo de su amigo, y lo atribuía a eso, a que eran buenos amigos.

El ser humano inconscientemente busca aquello con lo que mejor se siente. Y este era exactamente el caso.

Después de cambiarse de ropa y cenar alguna de las cosas que habían comprado, Kageyama conectó su consola.

— La otra noche quise jugar en casa un poco, pero la verdad es que no pude ni siquiera llegar hasta el nivel en el que vamos ahora. ¡La gente que hizo este juego está loca!

Kageyama sonrió con diversión por el comentario de Hinata, era cómo si dijera que sin él no había forma de ganar el juego.

— Eso es porque eres idiota. Yo lo jugué antes y llegué casi hasta este nivel— Hinata entrecerró los ojos mientras lo veía acomodarse a su lado.

Casi, bakageyama— Susurró con molestia.

Ambos estaban con la espalda apoyada en un lateral de la cama de Kageyama. Unas latas de refresco y una bolsa de frituras frente a ellos, sobre la mesita. Estaban sentados desprolijamente, así que la rodilla de Hinata rozaba la de Kageyama cada tanto, dejando una cálida sensación.

Los comentarios pronto se convirtieron en gritos divertidos, pues estaban en una misión muy difícil. Más de una vez fueron asesinados en el juego por unos seres que definitivamente no parecían humanos. Kageyama le gritaba idiota a Hinata porque no le hacía caso, y Hinata refunfuñaba que no era su culpa, él era malo dando órdenes.

Cuando al fin lograron pasar esa parte, no se esperaban para nada que los siguientes niveles fueran aún más difíciles, así que sus mentes estuvieron llenas de estrategias, insultos y posibles formas de acabar con esos monstruos, por las siguientes cuatro horas. Para entonces, Hinata estaba tan metido en el juego que se había apoyado sobre la mesita, con todo su costado pegado a una pierna de Kageyama quien estaba sentado cruzando sus pies.

— ¡Hinata idiota, te digo que vayas a la derecha y uses el arco para darle por atrás!

— ¡Atacar por atrás es deshonesto hasta para un videojuego!

—De qué rayos ha…— Las palabras de Kageyama murieron en su boca, así como sus personajes murieron de una forma bastante sangrienta en la pantalla. Se quedaron en silencio con la música nefasta de fondo.

— ¡Es tu culpa!— Un almohadón fue a parar a la nuca de Hinata. Este largó un quejido, a pesar de que eso no había dolido para nada.

— ¡Cállate! No es mi culpa que no tengas principios— Dijo, agitando la mano en un puño. Kageyama lo miró sin poder creérselo.

—Eres algo increíble— Dijo con resignación. Hinata frunció el ceño, pues eso no sonaba para nada como un cumplido. Iba a refutarle, pero un gran bostezo ocupó antes su boca. Ante eso, Kageyama miró su reloj; eran casi las cuatro de la mañana, habían estado jugando mucho tiempo. De hecho, ya sentía sus ojos pesados.

—Oye, idiota, creo que es mejor ir a dormir por ahora.

Hinata reconoció que aquello era verdad, había sido día de escuela y estaban despiertos desde muy temprano. De hecho ese era un nuevo récord para él sobre aguantar despierto. Suspiró y se tiró hacia atrás, apoyándose en la cama. Tenía sueño, sí, pero realmente no quería dormir.

Kageyama notó como el pelirrojo guardaba silencio de repente. Incrédulo de que se hubiese dormido de repente, se giró hacia él. Hinata tenía la mirada sobre la pantalla, pero estaba seguro de que no era que estuviese mirándola. Su rostro le decía que estaba pensando algo complicado, y no entendía qué podía estar pensando a esa hora que fuese tan importante.

— Kageyama.

— ¿Qué?

— ¿Por qué la rechazaste?

Frunció el ceño pensando que Hinata iba a comenzar a molestarlo sobre aquel asunto, como todo el mundo había hecho ese día. Pero algo en su expresión le dijo que no preguntaba en broma. Él realmente estaba interesado en ello. Se sintió incómodo de repente y bajó la vista al control de la consola que tenía en su mano.

— Ya lo dije antes ¿no?— Llevó una mano a su nuca y tocó sus cortos cabellos— Ella no me interesa.

—Hm— Dios, este extraño Hinata lo estaba poniendo nervioso— Tanaka-san dijo que morirías virgen por eso.

— ¡Eso es estúpido!— Gritó, con la cara roja. No esperaba que sacara ese tema— Tanaka-san sólo dijo eso por celos. Estoy seguro de que él ni siquiera ha dado su primer beso, y se da el lujo de molestarme a mí…— Terminó refunfuñando. Hinata se volteó a mirarlo, sus grandes ojos fijos en él.

— ¿Y tú lo has hecho?

— ¿Qué…?— Balbuceó y levantó la vista. Hinata lo miraba, pero desvió la vista con rapidez. ¿Eso era un sonrojo o…?

—Ya sabes. Besar— Se encogió de hombros para restarle importancia, pero era más que obvio que estaba nervioso y no podía dejar sus ojos quietos.

— ¿Qué ocurre contigo? Deja de hablar estupideces y mejor vamos a dormir…— Kageyama quiso levantarse de su lugar con rapidez, pero Hinata fue más rápido y lo sujeto del brazo.

¡Que alguien le dijera que ocurría de repente con ese chico! Se sentía tan nervioso que apenas podía mantener su semblante molesto.

— Yo no lo he hecho… Y todo lo que dijo hoy Tanaka-san me hizo preguntarme…— Kageyama tuvo que acercarse, pues apenas podía escuchar la voz del pelirrojo—… qué se sentirá besar a alguien. Tal vez tú sabes…

Oh, Hinata. Estaba a punto de causarle un colapso mental. Ese chico no tenía ningún problema en decir lo que pensara, a pesar de que evidentemente estaba nervioso y necesitaba mucha determinación para terminar sus palabras. Tal vez eso mismo fue lo que le hizo suspirar a Kageyama y decidirse a hablar con sinceridad.

— Yo tampoco lo he hecho— Respondió, con la mirada en cualquier cosa menos el rostro del pelirrojo.

—Oh— Fue todo lo que el otro dijo.

Kageyama estaba con un brazo sobre la cama y el otro aún era tomado de la muñeca por Hinata, quien estaba ahora de rodillas y toda su atención puesta en él. Estaban tan cerca que era una violación al concepto de espacio personal.

Estuvieron así varios minutos, en silencio, y sin mirarse.

— ¿Quieres… intentarlo?

Tobio enrojeció de pronto y lo miró con la boca abierta. ¿Acababa de proponerle lo que él creía?

— ¿Qué…?— Preguntó casi sin aire. Notó que, por lo menos, Hinata estaba tan rojo como él mientras asentía con la cabeza.

—Somos dos chicos pero… no debe ser tan diferente ¿no?

—Estás loco.

Eso estaba mal, mal, mal. El problema no era que ellos fuesen hombres. Bueno, no todo el problema. Ellos eran compañeros, amigos, y los amigos no andaban besándose sólo porque sí. Hinata definitivamente estaba afectado por el sueño.

Kageyama estaba dispuesto a mandarlo de una patada al otro lado de la habitación y a gritarle alguna cosa sobre el decoro… pero la imagen de Hinata frente a él lo desestabilizó. Lo miraba con ansias, casi anhelo. Sus mejillas rojas hacían juego con su cabello, y el agarre de su muñeca no se aflojó en ningún momento. Tenía esa mirada. La que decía que estaba decidido a lograr algo, y nada, ni nadie, lo haría cambiar de opinión. Odiaba tanto ese lado suyo en ese momento.

Tobio suspiró, odiándose a sí mismo por no ser capaz de negarle algo a ese idiota.

—Sólo una vez, y no volveremos a hablar del tema. Jamás ¿Entiendes?

Una sonrisa apareció en el rostro de Hinata, quien asintió, de acuerdo con sus palabras. Kageyama se convenció que sólo sería un beso, algo muy simple, sin mayor trascendencia. Sería su primer beso, pero tampoco era una niña para ponerse sentimental sobre ello. Ignoraba aquello que muy, muy en el fondo, saltaba con expectación dentro de él.

Kageyama se acomodó otra vez en el suelo, frente a frente con Hinata, intentando parecer relajado, aunque no lo estuviese para nada.

—Oye…—Susurró Hinata, a un palmo de su cara— Cierra los ojos, bakageyama.

Y lo hizo.

Sintió una suave presión sobre sus labios, se sentía cálido y extraño. Increíble. Hinata Shouyo, un amigo, un compañero, otro chico, lo estaba besando. Y él no estaba alejándolo.

De hecho, Kageyama estiró una mano hacia la nuca contraria y ejerció fuerza, para juntar sus labios lo máximo posible. Un calorcito lo recorrió desde su boca hasta la boca del estómago. Podía sentir sus latidos en sus oídos.

Pronto, dejándose guiar por su instinto, tomó control de la situación. Movió su boca sobre la contraria, acariciando los labios ajenos. Su otra mano fue hasta la mejilla caliente de Hinata, quien se aferró a la camiseta de Kageyama con una mano y la otra la apoyó en su brazo. Ante eso, mordió ligeramente su labio inferior y sintió como Hinata apretaba más fuerte su agarre.

Podía causar diferentes reacciones sobre el chico. Eso era interesante.

Kageyama acarició su mejilla y giró su cara un poco. Se aferraban el uno al otro, pero no hacían mayor movimiento. Hinata sintió como Tobio presionaba con fuerza su boca sobre la de él, haciendo un poco más húmedo el beso, y luego el chico se alejó.

Hinata no lo soltó, y él tampoco.

—Abre la boca…— No podía creer que ese susurro tan ronco saliera de su boca.

Shouyo sintió estremecerse cuando la lengua de Kageyama tocó la suya. Oh. Esto se sentía totalmente diferente a lo de recién. Las lenguas eran calientes al tacto, y se encontraban casi con timidez y extrema torpeza, pero se sentía genial. Sus bocas encajaban, ahora sí, a la perfección.

Se podía decir que para ellos alrededor todo desapareció. La pantalla con el game over en rojo desapareció de sus mentes. Kageyama tomó de la cintura a Hinata, y éste quedó casi sentado sobre él, con ambas piernas pasando por sus costados, sobre las suyas. Shouyo se permitió pasar las manos por detrás del cuello de su amigo, y le acarició el cabello.

La intensidad subió de un momento a otro. Sus lenguas se encontraban y danzaban ahora con más confianza, dejándose llevar por eso que se sentía tan bien. Podían sentir la respiración agitada del otro. Kageyama volvió a sujetarlo de las mejillas y se adentró en él tanto como pudo.

Rayos, era una sensación tan extraña y genial a la vez. Como un PWAAH gigante de parte de Hinata. Su boca era ultrajada y él lo estaba disfrutando, y sabía que Kageyama también, pues no dejaba de aferrarlo contra él, como si el contacto no fuese suficiente.

Sí, definitivamente no iba a arrepentirse de haberse animado a pedírselo.

Después de estar así, tantos minutos, realmente necesitaban respirar con normalidad, así que separarse fue inevitable. Lo único que se escuchaba eran sus respiraciones agitadas.

Kageyama y Hinata se miraron a los ojos. Aun seguían en la misma posición. Se sentía tan bien, que los asustó. Hinata de repente se puso más rojo, de ser posible, y Kageyama sintió como un poco de raciocinio volvía a él junto con el oxígeno. Se sentía tan acalorado.

Se separaron de forma pausada, sin mirarse a los ojos, nada seguros sobre qué decir a continuación. ¿Debían dar su opinión, o simplemente dejarlo ahí, como si sus reacciones fuesen suficiente evidencia de lo bien que aquello se había sentido?

—Am, yo…— Hinata miró hacia la puerta, sonrojado— Necesito ir al baño.

Eso era todo lo que Kageyama necesitaba. No hablarían del tema. Asintió a Hinata, como si le estuviese dando permiso de salir.

Hinata prácticamente corrió hasta el baño. Se sentía muy extraño. Reconoció, con temor, que ese simple beso lo había excitado. Un poco. Aún podía sentir las grandes manos de Kageyama sobre su rostro y sobre su cintura. Dios, habían estado en una posición tan indecorosa.

Se cubrió el rostro con las manos mojadas con agua fría, intentando que su temperatura bajara. Él lo había pedido, y lo había tenido. Era un beso, el asunto acabó.

Entonces no entendía por qué se sentía tan inquieto. La mirada de Kageyama antes de separarse había sido tan intensa, tan profunda que el azul de sus ojos lo abrumó. Se miró los labios rojos, levemente hinchados, pues habían estado inmersos en ese beso más tiempo del que pensó. Se quedó en el baño el tiempo suficiente para tranquilizarse.

Se pateó mentalmente cuando ya no pudo callar ese sentimiento que tenía desde que habían separados sus bocas. Quería repetirlo. Con Kageyama.

Quería ser besado por él una vez más.

Cuando volvió al cuarto, Kageyama había desconectado la consola y había tendido un futón junto a su cama, obviamente para él. Hasta se había puesto su pijama. O él había tardado demasiado en el baño, o Kageyama se movía realmente rápido.

El aludido estaba sobre su cama, con su teléfono en mano. Hinata entró casi tímidamente a la habitación. Maldición, el ambiente era muy tenso. Él no quería eso.

—Suga-san acaba de mandar una foto de Tanaka-san babeando su mesa. Dice que la use de venganza por lo de hoy— Le tendió el aparato a Hinata, quien se asustó imperceptiblemente cuando Kageyama le habló.

Se acercó para tomar el teléfono y la risa fue inaguantable cuando vio la dichosa foto. Tanaka estaba dormido sobre la mesa de la habitación de Suga con una bolsa de frituras abrazada a un lado. Atrás salía Noya haciendo muecas y en primer plano su peliplatino sempai.

— Es divertido que Suga-san busque venganza por ti— Señaló— No sabía que los sempais se juntarían a jugar también.

No entendió la mirada que Kageyama le dirigió.

—Lo dijeron cuando estábamos en la tienda de Ukai-sensei. Preguntaron si queríamos unirnos, pero como tú no les hiciste caso, yo dije que no, que seguro terminábamos durmiendo temprano.

—Oh. ¿Eso pasó?— Se rió nerviosamente— Creo que andaba en una nube hoy.

—Sí, pensando en si besarme o no.

Hinata se quedó de piedra, pero la sonrisita que Kageyama le mostró pronto le hizo reaccionar.

— ¡Cállate, bakageyama! ¡No te pongas todo engreído!

—Sí, sí, lo que digas. Apaga la luz y vamos a dormir ya, enano.

— ¡A quién le dices enano! ¡Bastardo!— Lo insultó, pero le hizo caso y apagó la luz. Mientras se acercaba al futón, suspiró con alivio. No parecía que su relación con Kageyama fuese a verse afectada por lo ocurrido.

Le parecía genial. Sólo debía dejar de pensar en eso de repetirlo, y todo volvería a la normalidad. Se metió en el futón pero no se tapó, estaba haciendo calor.

—Hinata— El susurro lo asustó por un momento, aunque era más que obvio que era Kageyama quien lo llamaba. Se sentó y se acercó a la cama, aunque no podía ver porque sus ojos no se acostumbraban a la oscuridad aún.

— ¿Qué?—Respondió también en un susurro, sin saber porqué.

Se quedó mudo.

Kageyama también se había girado hacia él, y en la oscuridad, lo había tomado de la nuca para depositar un nuevo beso sobre su boca. Hinata reaccionó apenas a tiempo para corresponderle, pero tan de inesperado que comenzó, terminó. Kageyama lo besó con una extraña calma y suavidad antes de separarse de él y darle la espalda.

—Descansa.

¡¿Qué rayos?!

—Ah. Tú también— Respondió monocorde, pues no salía de su estupefacción.

¡¿Qué demonios había sido eso?! ¡¿No había dicho él mismo que sólo sería un beso?! ¡Maldito bakageyama, lo había tomado con la guardia baja!

Pensó que no podría dormir en toda la noche, pero la verdad, estaba tan cansado que se durmió apenas logró que su corazón se tranquilizara.

No sabía que esa noche era sólo el comienzo.