La cabaña se encuentra en penumbra, bañada únicamente por el resplandor de las estrellas. El canto de un grillo interrumpe, aquel silencioso paraje. Ambos se miran avergonzados y ansiosos, algo ha cambiado entre ellos. Y el rito que empezaran hace algún tiempo continua, esta vez lo único que cambia es el escenario.
Los besos continúan, las manos tientan un poco más a la suerte conociendo rincones nuevos, perdiéndose en la sedosa piel femenina. Ella lo deja, sabe que él lo necesita.
Los cabellos, que antes denotaban sus colores contrastantes ahora se mezclan en una sola ola negra como la noche, los suspiros se tornan más fuertes a medida que la pasión aumenta y las manos de ella se pierden debajo de aquel traje del color de la sangre.
Es la calidez y la seguridad del cuerpo masculino lo que la impulsa a ofrecer la suave curva de su cuello, es la sencillez y la ternura con la que él recibe aquel regalo, lo que la impulsa a aferrarse un poco más fuerte en torno a él. Sabe que con Inu Yasha siempre estará segura.
Los dedos se mezclan y se pierden en una antigua lucha, no importa quién gane esta vez. Las prendas van siendo dejadas de lado, ora con premura…ora con lentitud. Es una extraña y dulce danza que ambos parecen haber aprendido a la perfección.
Más de una vez él ha vislumbrado trozos de la desnudes de Kagome, sin embargo hay algo mágico y distinto en este nuevo encuentro. El la observa en silencio, embelesado con cada centímetro de piel expuesta, la mira complacido cuando ella se sonroja y el mismo no puede evitar ruborizarse.
Ella tirita y él se acerca para cubrirla y protegerla con su propio cuerpo, el también tiembla pero no es a causa del frio de la noche.
La besa de nuevo y un calor agradable nace en ellos, las caricias continúan y los besos se tornan más demandantes e imperiosos, los cuerpos se entre mezclan y las caricias demandan respuestas. Ambos se necesitan, ya no hay vuelta atrás.
Cuando la mañana llega. No hay reproches, ni confusión.
Los cabellos dejan de ser una ola negra como la noche y las manos fuertes y suaves que antes acariciaban el cuerpo femenino, ahora se preparan para blandir la espada. La tranquilidad ha quedado de lado, cuando ella se prepara para tomar su arco y el carcaj de flechas, la lucha por la perla de Shikon vuelve a empezar.
Pero cuando se miran a los ojos una promesa renace entre ellos. Con la próxima luna nueva ellos volverán a renacer.
