Capítulo 1

La temporada comienza

Capítulo BETEADO por María (FFR)

Disclaimer: Los personajes pertenecen a la gran S. Meyer, la historia es una idea de mi cabecita que he decidido compartir con ustedes. ¡Dí no al plagio!


Capítulo 1. La temporada comienza

―Lo siento madre, te pido perdón.

―Isabella, podrías dejar de soñar despierta y poner atención. La modista ha venido para finalizar tú vestido.

―Sí madre ―sin ganas, lady Isabella se levantó de su lugar. Había estado soñando con vivir en un castillo, estar casada con un atractivo conde o tal vez con un duque y tener cientos de sirvientes. Imaginó que cada día de la semana estrenaba nuevos y exclusivos vestidos para los bailes que añoraba dar en su castillo.

―Lady Isabella, he traído el más exquisito marfil árabe y seguro va a amar la seda color verde limón, que vine a mostrarle ―murmuró la modista cuando estuvieron a solas.

―Pensé que habías venido sólo a hacerme la prueba de mi nuevo vestido, Jane ―sonrió Bella.

―Mi lady, cuando este material llegó a la boutique, supe que iba a lucir muy bien en usted, por eso lo escondí de las demás ―habló.

―Oh eres maravillosa, Jane ―rió Bella ―Hazme el más glamoroso vestido con este material
―la palma de su mano acaricio, por encima de su vestido, la suave seda.

―Voy a diseñar algo para resaltar su delgado torso, y ya sé como favorecer su figura. Será como una segunda piel.

―Nos han invitado a una fiesta de té, la siguiente semana, ¿Crees que esté listo para entonces?

―Puede contar con ello, mi lady.

―Oh gracias Jane― Bella abrazó a la menuda modista ―Eres encantadora.

―La he vestido a usted y a lady Alice desde que terminé mi carrera en diseño y confección ―sonrió ―Ustedes son mi mejores clientas. Lady Alice es un ángel, pero debe saber que usted es mi favorita. Tiene el cuerpo perfecto ― Jane formó con sus manos, en el aire, un reloj de arena ― Es un arte confeccionar un vestido perfecto para usted ―sonrió teatralmente.

―Has levantado mi espíritu está mañana ― suspiró Bella.

―Ruego que me cuente, ¿Por qué está tan desilusionada?

―Nadie me ha hecho una propuesta ―Bella economizó la realidad.

―Usted y lady Alice fueron presentadas ante la sociedad, el año pasado, ¿Está diciendo que nadie le ha propuesto matrimonio?

Bella había obtenido media docena de propuestas y las declinó todas. Los caballeros no eran atractivos y de su gusto, además sus títulos no la impresionaron lo suficiente, tenía altos estándares. Sabía que ella era lo suficientemente hermosa como para atraer vizcondes, condes y hasta un duque. Ella provenía de una de las mejores familias de toda Inglaterra. La fortuna de los Swan era tan grande que ni en cien años, las generaciones futuras, podrían gastarla. Tenían una casa de campo en Cricklewoods. Isabella amaba su casa en el campo, el aire fresco y donde todos se conocían. La comunidad era tranquila y apacible. Era muy diferente en Londres. Los padres de Bella, el barón Charlie Swan y la baronesa René Swan, habían rentado una cómoda casa en Berkeley Square por dos semanas; para la segunda temporada de su hija. Se esperaba que ella aceptará alguna de las ofertas para ésa temporada. A Bella le desagradaba Londres, la gente era demasiado conservadora y pomposa. No eran amigables como en Cricklewoods, además siempre era ruidosa y ocupada. Cuando ella se casara, esperaba que a su futuro esposo no le agradara la idea a vivir en la ciudad. Detestaba Londres.

―Estoy encantada de que lady Alice también haya venido a Londres. Una de nuestras benefactoras nos ha invitado, mañana, a una fiesta de té. Ella está segura de presentarnos a algunos buenos prospectos. Está temporada, espero, recibir muchas propuestas interesantes ―sonrió Isabella.

―Estoy segura de que así será mi lady ―Jane sonrió de acuerdo.

Isabella apreciaba que su prima, lady Alice, y sus padres, Lord Brandon y lady Brandon, rentaran una casa en Londres. Al menos, ella, tendría buena compañía. Su madre y lady Brandon eran hermanas. Ella amaba a su prima, ambas eran famosas por su cercanía. Alice era hermosa, su piel de porcelana, cabello negro y pestañas largas que protegían sus indescifrables ojos risueños. Isabella, en cambio era castaña, piel demasiado pálida, según ella, cabello ondulado y ojos marrones, expresivos e inteligentes.

Bella tomó un sorbo de su taza de té, mientras esperaba pacientemente la llegada de su prima Alice y lady Brandon. Ella y su madre estaban sentadas en uno de los sofás de su benefactora, lady Ángela Weber. La estancia en la que se encontraban era hermosa pero no en comparación con la casa entera. Los pisos de mármol tenían pequeñas tiras de oro, los sofás eran negros; lo que le daba un estilo clásico. Los barandales de la escalera, eran color plata; llevaban a las habitaciones que contaban con grandes ventanas que permitían una buena iluminación solar.

Reneé Swan había aceptado la invitación con la esperanza de que lady Ángela consiguiera que Isabella y Alice fueran aceptadas en la Corte de Almack en King Street, donde las jovencitas, en edad de contraer matrimonio, iban en busca de marido.

―¿Cuántos años tienen las jovencitas? ―preguntó lady Ángela, sus ojos críticos analizaron a Bella; era la perfecta esposa para un vizconde o un conde.

―Ambas tienen veinte años ―respondió, con una sonrisa cortés, la baronesa Swan. Y antes de que la benefactora pudiera hacer más preguntas, Alice y su madre habían sido anunciadas. Intercambiaron saludos con lady Ángela, ambas chicas se abrazaron, dejando a las mayores sumergirse en su propia conversación.

―¡Alice! ― Isabella abrazó a su prima ―Oh luces radiante.

―¡Bella! Qué bueno es volverte a ver ―sonrió felizmente Alice ―Me atrevo a decir que tú vas a recibir primero una oferta que yo. Siempre eres capaz de atraer el interés de los caballeros ―puntualizó Alice.

―De ninguna manera, sabes que tú eres la más hermosa de nosotras prima ―contradijo Bella.

―No recibí ninguna propuesta ésta temporada ―suspiró Alice.

―Yo tampoco ―respondió Bella ―Pero mi madre me ha contado que varios caballeros están en la ciudad para la temporada.

―Bueno jovencitas ―exclamó la benefactora ―No veo porqué no darles los pases. Ambas son presentables y jóvenes, además de que cuentan con buena dote. Creo que van a tener éxito está temporada― comentó.

―Gracias Lady Ángela ―respondieron simultáneamente, Bella y Alice.

―Habrá una soirée este sábado en la noche, en la casa del Duque Aro Vulturi. Él me pidió que invitara a varias señoritas. Sí no tienen compromisos, tal vez estén interesadas en asistir ―ofreció la benefactora, a sabiendas de que las jóvenes no iban a decir que no.

Isabella y Alice se miraron excitadas antes de aceptar la invitación felizmente.

―No puedo esperar ―le susurró Alice a Bella.

―Me pregunto, quién irá ―murmuró Bella.

―Estoy segura de que vamos a pasarla bien. La Duquesa Sulpicia es un amor ―sonrió Alice.

―¿Deberíamos viajar en un sólo carruaje? ―le preguntó lady Brandon a Reneé.

―Será lo mejor ―sonrió Reneé ―Las niñas tienen hermosos vestidos para la noche.

La casa de los Vulturi era una hermosa construcción hecha de pura piedra. El césped verde y varios árboles con enredaderas, enmarcaban la gran casa. Un río de agua cristalina cruzaba la propiedad del ducado. Un camino de árboles guiaba hacia la entrada principal.
Isabella fue acompañada por sus padres, el Barón Charlie Swan y la Baronesa Reneé Swan. De igual forma, Alice fue acompañada por sus padres, Lord Brandon y Lady Brandon.

―Buenas noches ―los padres de Isabella saludaron al Duque y a la Duquesa Vulturi.

―Barón Swan, es un placer tenerlos a usted y a su familia aquí ―saludó el Duque, cálidamente.

―Bienvenidos ―la Duquesa Sulpicia sonrió hacia sus invitados.

Antes de que las muchachas se fueran por su camino, les mostraron, a ellas y a sus padres, sus aposentos.

―Isabella ―susurró Alice ― ¿No es el Vizconde Jasper Whitlock el que nos observa?

Isabella y Alice aceptaron una copa de champagne, caminaron hacia la esquina del gran salón de baile para platicar con los nobles de su misma edad mientras sus padres estaban inmersos en sus propias conversaciones.

―Sí, y creo que el apuesto joven a su lado es Sir Mike Newton ―los ojos marrones se mezclaron con los ojos negros de su prima.

―Oh mira, Sir Mike Newton está sonrojado ―Alice musitó cerca de su copa con champagne. Ambos caballeros intercambiaron unas cuantas palabras, antes, de acercarse a ellas.

―Señoritas, buenas noches ―saludó el Vizconde Jasper, ambas le regresaron el saludo.

―Buenas noches Sir Mike ―saludó Isabella al tímido caballero.

―Señoritas ―murmuró con suave voz.

―Sí sus cartas de baile aún no están llenas, nos gustaría bailar con ambas ―sugirió el vizconde Jasper.

―Sí mi lord ―aceptó Bella.

―Guardaremos un baile para ustedes ―agregó Alice.

―Aún es cálido afuera ―remarcó el Vizconde Jasper ―Sí su chaperona está presente, tal vez podamos dar un paseo por los jardines del duque ―antes de que ambas pudieran responder, fueron interrumpidas por las fuertes carcajadas de algunos invitados que acababan de llegar.

Isabella dirigió su mirada a la entrada, sus ojos se posaron en el caballero alto de ojos verdes y cabello cobrizo. Su rostro parecía haber sido esculpido por los mismísimos ángeles del cielo. Permaneció parado en su lugar, devolviéndole arrogantemente, la mirada a Isabella. Edward Cullen Masen. La vista de Bella se nubló al haber reconocido al recién llegado. Él estaba con otros caballeros y tres señoritas muy coquetas, una de ellas estaba enganchada al brazo de Edward; como sí su vida dependiera de esa conexión. Bella apartó sus ojos de él, esperando reflejar su indiferencia.

―No necesitamos chaperona ―le sonrió Isabella al Vizconde Jasper, colocando su brazo sobre el de él. ―Alice y yo somos la chaperona de la otra, ¿Nos vamos? ―Bella volvió a sonreírle a Jasper, pero antes de salir al jardín, volteó hacia donde estaba Edward Cullen, que aún tenía su mirada puesta en ella. Regalándole otra mirada glacial, siguió a Alice y al Vizconde Jasper. Ella no sabía porque detestaba a Edward, apenas se habían conocido en otra fiesta de gala. Siempre llegaba acompañado de otros caballeros y hermosas mujeres. Él no estaba de mal ver, simplemente no estaba interesada en él y más por el hecho de que carecía de un título de nobleza. Lo que la irritaba, era la forma arrogante en que él la observaba, como sí se estuviera burlando de ella.

El año pasado, en una fiesta, tuvo el infortunio de bailar con él. Para suerte suya, le había tocado bailar country, por lo que tenían que cambiar de pareja. Recordaba que había sido diferente al bailar con ella. Edward tenía una fuerte presencia y mientras bailaba con él, descubrió que le era difícil apartar sus ojos de aquel arrogante. Afortunadamente desde entonces, ella no ha bailado con él; a pesar de que en otras dos ocasiones habían coincidido. Isabella lo saludó cortésmente, y mantuvo su distancia de él.

― ¿Es su primera temporada? ―preguntó Sir Mike, nerviosamente.

―La segunda ―sonrió ―¿Cuántos años tiene, sí me es posible saber?

―Veintitrés ―sonrió al verla para después desviar su mirada.

―Yo tengo veintiuno, por sí le interesa saber ―murmuró. Ella observó a Alice y Jasper que compartían felizmente cosas entre ellos.

― ¿Usted vive en Londres, mi lord? ―preguntó Bella.

―Gracias ―él asintió ―Sí, vivo en Berkshire ―asintió de nuevo.

―Mi padre, el Barón Charlie Swan, ha rentado una casa en Londres por dos semanas, pero nuestra casa está en Cricklewoods ―sonrió Isabella.

La suave música de piano proveniente del salón de baile llegó hasta los jardines. Varias doncellas caminaban por todo el salón con charolas con champagne. Sir Mike tomo dos copas, una para él y la otra para Isabella. El aroma de cordero asado, jamón y vegetales tentaron el olfato de Bella.

― ¿Tomamos asiento? ―sugirió Mike, apuntando hacia una de las bancas cerca de la fuente.

―Sería encantador, gracias ―sonrió. Observó que Alice y Jasper ya se habían sentado en una banca que compartían con una pareja joven y su chaperona.

―Ha tenido la oportunidad de ir a ver la nueva obra de teatro― inquirió Sir Mike, tratando de crear una conversación entre ellos.

―Sí ―Isabella se distrajo al ver que Edward Cullen salía, aún con la mujer en sus brazos y un caballero tras la pareja. Parecía que se dirigían a los jardines, por lo que tendrían que pasar a su lado.

―Buenas noches ―sonrió Edward, inclinando su sombrero al pasar a su lado. Mike se levantó, rápidamente, para contestar el saludo, mientras Bella permanecía quieta en su lugar. Quién quiera que fuera la mujer, seguía pegada al brazo de Edward.
Con un ojo sobre Edward y su acompañante, pretendió responderle a Mike. ¿Por qué la intimidaba ese caballero? Él significaba nada para ella.

―Sí, mis padres, Alice, sus padres y yo fuimos el pasado sábado ―sonrió ―Vimos una obra muy interesante ―ella esperaba sonar más entusiasmada de lo que estaba. Los jardines eran hermosos, cálidos y bien iluminados. Aún así, quería regresar adentro. ― ¿Creé usted que podamos regresar para tomar algunos refrigerios? ― Bella se levantó e hizo una señal a Alice para indicarle que iban a regresar.

―Claro. Lady Isabella, le gustaría acompañarme a una fiesta de té el jueves en la noche ―invitó Sir Mike. Isabella no quería aceptar, pero al menos, podría conocer a alguien interesante en la fiesta.

―Me encantaría, mi lord ―asintió. Estaban camino a la mesa con bebidas cuando un caballero interceptó a Mike. Isabella siguió su camino para servirse un poco de champagne.

―Permítame ―una voz aterciopelada ofreció. Bella movió con rapidez sorprendente su cabeza. Como era posible que él estuviera aquí, cuando él se había marchado con sus acompañantes a los jardines. Observó, en silencio, como el caballero le servía un poco de champagne.

―Gracias ―murmuró Bella educadamente.

― ¿Aún tiene espacio en su carta de baile para que me regale un espacio, lady Isabella?

―Lo siento señor Cullen, pero mi carta está llena ―mintió.

―¿De verdad? ―sus ojos esmeraldas se posaron en ella, antes de que apartara su mirada. Parecían no tener prisa, Edward bebió el champagne y volvió a llenar su copa.

Él carecía de un título noble pero era el hombre mejor vestido de toda la soirée. Sus pantalones eran de la tela más cara, su corbata tenía el más perfecto nudo, como sí hubiera pasado varias horas tratando de lograrlo y sus zapatos estaban inmaculados. Edward era definitivamente un caballero que sabía apreciar las finas cosas de la vida.

Los caballeros de la nobleza, del mismo estatus que su padre, no trabajaban. A los nobles les preocupaban hacer un buen matrimonio y sus caballeros eran los que hacían el trabajo por ellos. A diferencia de esos hombres, Edward tenía las manos más cuidadas que había visto alguna vez, sus dedos largos de pianista. Lo sabía porque una vez se dio cuenta, en una ocasión, cuando le tomó su mano y la besó. La mayoría de los nobles se la pasaban viajando, revisando sus propiedades y yendo al Parlamento. Éste espécimen, era único, era el rey de la arrogancia, le importaba un rábano lo que decían o pensaban de él y tenía que confesar, Bella, que era diabólicamente atractivo.

―Nuestros anfitriones han tirado la casa por la ventana con esta fiesta, ¿Verdad? ―continuó él, tratando de tener una conversación.

―Sí, lo han hecho ―respondió Bella cortante ―Sí me disculpa, me gustaría regresar al lado de mi prima Alice.

―¿Con quién hablabas? ―preguntó Alice. No pudo ver al caballero pues estaba a espaldas de Isabella.

―Oh ya olvide su nombre. Ambos estábamos sedientos y nos enganchamos en una conversación acerca de qué bonita soirée organizaron los duques, antes de regresar a tú lado.

―Me es familiar ―persistió Alice.

―No creo haberlo visto antes.

―Oh bien. El Vizconde Jasper me ha invitado a un baile está semana ―sonrió Alice.

―Y a mí me han invitado a una fiesta de té ―agregó Bella decepcionada.

―Le he pedido al Vizconde que te invitará también ―continuó sonriente ―Y él dijo que no había problema. Nos va a enviar un carruaje para las dos, sí lo deseábamos.

―Oh un baile, eso sí es excitante ―exclamó Bella. Se preguntaba sí Edward iba a estar ahí

―¿Qué te vas a poner? ―cambio de tema, apartando el pensamiento anterior.

―Aún no he estrenado el vestido de seda naranja que me confeccionó Jane ―respondió.

―Y yo tengo el vestido azul cielo que aún no estreno.

―Mañana podemos caminar por Hyde Park y almorzar en la ciudad ―planeó Alice.

―Puede que dos caballeros nos rapten y nos lleven en sus carruajes hasta su castillo ―susurró Bella.

―Oh prima, a veces, pienso que tienes seis años ―Alice tomó el brazo de su prima y ambas se rieron inocentemente.


[…]

(*) Soirée ― Baile de noche.

[…]
***

Chicas les dejo el primer capítulo de esta historia de época. Es la primera que escribo [de este tipo] así que decidí pedir ayuda y tengo a María [mi BETA] y a Andrea [diseñadora de la portada]. Todo lo hice para mejorar la forma en que escribo.

Espero que les agrade esta historia y llegue a ser una de sus favoritas.

P.S. Recuerden regalarme un rewiew.