Los personajes de Miraculous no son míos, pertenecen a Thomas Astruc, excepto personajes con nombre inventados pero inspirados en personas que realmente existieron en la nobleza de Francia, y los personajes que son completamente míos.
"Pensamientos"
"Recuerdos"
Se tocan temas sensibles que se irán desarrollando a lo largo de la trama, la idea es no revelarlos a la primera, de ahí el nombre "Secretos de Familia". Si eres muy sensible a ciertos temas tabúes para la sociedad, por favor detente y no sigas leyendo. Por otro lado, si decidiste seguir, te advierto que no todo es lo que parece.
Princss Mko: Muchas gracias por tu comentario, cuando lo leí quede bastante confundida. No sabía que "Juliette" era un OC de Sonrais (pido muchísimas muchísimas disculpas por su utilización sin permiso, es una escritora increíble y amo su trabajo), está tan maravillosamente construido que asumí que era un personaje de los Quantic Kids, por lo que me puse a investigar y me encontré con que el nombre del personaje que yo deseaba usar era Melodie. Razón por la que decidí subir el siguiente capítulo hoy a pesar de que pensaba esperar unos días más porque quería aclarar esto. No era mi intención caer en éste tipo de situación que debo aclarar, me resultó muy vergonzosa, fue mi culpa por no haber averiguado bien antes de publicarlo. A partir de este capítulo será Melodie. Por otro lado, pregunté también por Claude y confirmé lo que yo creía, él es un personaje del PV y sería Kid Mime, él es el Claude que aparece en ésta historia y también en mi otra historia Tierra de Amor y Venganza. Nuevamente agradezco que me hayas avisado.
Por favor: ¡LEER NOTA AL FINAL!. Ahora sí, los dejo con el capítulo.
Capítulo 1
Saint-Germain-en-Laye, Francia. 1820
Abbadie's mansion era una de las residencias más importante de Saint-Germain-en-Laye, construida en 1670 a pedido del primer duque, era el hogar principal de la familia de Abbadie. Una prestigiosa familia francesa que habían logrado ascender en la escala social, estando al servicio militar de la corona.
La gran edificación se alzaba en medio de un gran terreno, rodeada de enormes murallas y vegetación. Las paredes de granito y ventanas de mármol le daban un aura majestuosa pero sobria, las grandes rejas negras de la mansión se abrieron permitiendo que el carruaje entrara. Dentro, la comúnmente hermosa vegetación verde y de variadas flores coloridas, se veía opacada la frialdad del fin del otoño. En el centro frente a la gran casa, una fuente de estilo italiano daba la bienvenida a los invitados.
Había estado parada frente a la ventana desde bien temprano contemplando el amanecer, cuando lo vio acercándose. Observó desde su habitación el escudo de armas de la familia grabado en el costado del carruaje, antes de cerrar la cortina para que no la vieran. Sabía que Claude llegaría ese día pero no tenía fuerzas para recibir a nadie, pero seguramente no habría ninguna diferencia si no se presentaba o no. Desde hacía varios meses que solo se sentía segura en su habitación o en la casa del fondo, junto con su madre.
Un golpe en la puerta la sobresaltó como siempre ocurría cuando alguien llamaba a su habitación, tenía que superar su miedo sino quería problemas cuando él volviera a casa. No sería bueno para nadie si descubría que ella se sentía aterrorizada en su propia casa. Revisó su peinado antes de dar permiso a la persona que golpeaba.
- "¡Buenos días!" dijo una joven morena ingresando con una pila de mantas en una mano y una bandeja en la otra.
Llevaba un sencillo vestido naranja y el cabello castaño tomado en un moño. Dejó la bandeja en la mesa de la pequeña salita que había en la habitación, y luego se dirigió rápidamente al armario donde guardó las mantas.
-"Buenos días Alya" -respondió sentándose en frente a la bandeja, comenzando a comer. La otra joven se giró en dirección a la gran cama con dosel encontrándose con la cama hecha y resopló molesta antes de mirarla.
-"Todas las mañanas es lo mismo contigo, Marinette. Ya no sé cómo hacerte entender que debes dejarme hacer mi trabajo."
-"Solo es una cama Al, no voy a perder las manos solo por hacer mi propia cama."
-"No es solo tu cama, también te has vestido y peinado, has avivado el fuego de la chimenea y has acomodado tu escritorio" emitió señalando cada objeto y luego añadió-: "Mari, soy tu mejor amiga y agradezco que intentes hacer mi trabajo menos pesado, pero también soy tu dama de compañía. Si no me dejas hacer mi trabajo la señora Sancoeur va a echarme."
-"Lo sé, pero yo nunca te he visto como mi dama, siempre has sido mi única amiga."
-"Oh cariño" susurró con dolor al ver como la azabache se veía derrotada, parecía demasiado pequeña ante tanta exuberancia-. "Has tenido otra pesadilla ¿verdad?"
-"¿Qué me delató?"
-"Los manchas purpuras bajo tus ojos, Mari…tienes que decirle al duque, o al menos enviarle una carta a…"
-"¡No! ¡Ellos no pueden saber nada, lo prometiste!"
-"¡Lo prometí, pero no puedes pedirme que guarde silencio viendo como día a día te consumes frente a mis ojos!"
-"Estaré bien, solo tengo que soportar hasta que él regrese."
-"Ha pasado más de un año y no hay señales de que vaya a regresar, no puedes seguir con esto."
-"Pues tendré que hacerlo, además…" -dijo acercándose nuevamente a la ventana-. "Hablar no serviría de nada, ni Aurore ni la duquesa me creerían. Por favor Alya, eres la única que lo sabe, no puedes decírselo a nadie. Te lo pido como tu amiga, no me hagas ordenártelo como tu señora."
La morena contuvo las lágrimas, no soportaba verla así de destrozada. No soportaba ver el trato que su amiga, una persona tan dulce y maravillosa, recibía por algo en lo que ella no había tenido nada que ver. La rabia la consumía, sentía odio por esa horrible familia que la azabache había tenido la desgracia de tener.
-"Bien" -suspiró derrotada-. "Será mejor que te prepares, Claude acaba de llegar y viene acompañado."
-"Lo sé, los vi bajando del carruaje."
-"Será una cena pesada." comentó recibiendo un asentimiento por parte de la otra.
-"La duquesa no estaba nada contenta cuando leyó la carta hace tres días, le disgusta no poder controlar con quienes se casan sus hijos."
-"Con Madame Alard no tuvo opción."
-"Eso es porque Monsieur Alard no iba a permitir que ella controlara con quién se casaría. Los hijos del duque son bastante tercos y decididos con ese tema."
-"Si, bueno, yo creo que…"
-"Alya ya hemos hablado de eso, ya sabes lo que pienso."
-"Lo sé, lo siento."
-"Bien, ayúdame a prenderme el vestido."
-"Niña, niña" -negó con diversión al darse cuenta que el vestido rosa que su señora llevaba, estaba completamente abierto por la espalda, revelando el corset mal puesto por debajo del vestido.
-"Vamos, quiero ir a visitar a mamá."
Melodie aceptó la mano de su prometido antes de bajar del carruaje, el aire fresco que azotó su rostro le provocó un escalofrío, se acomodó mejor el chal antes de dirigir su vista al edificio frente a ella. La enorme mansión que había visto de lejos por la ventanilla, ahora le parecía aún más grande. El cochero estaba bajando los baúles cuando la gran puerta se abrió, dando paso a una mujer de mirada seria y estricta. Por su vestimenta, dedujo que debía ser alguien de la servidumbre.
-"Bienvenido joven Claude" -dijo inclinándose ante él.
-"Buenos días Nathalie, te presento a mi prometida, Melodie."
-"Bienvenida mademoiselle"-. La rubia se limitó a asentir con una sonrisa a la mujer.
-"¿Mis padres?"
-"El duque está reunido con el administrador, y la duquesa está ocupada con Mademoiselle Aurore" -respondió. Ante esa respuesta, el castaño frunció el ceño.
-"¿Y mis hermanos y cuñados?"
-"Monsieur Alard y el joven Vincent están durmiendo, Monsieur Talbot ha salido, Madame Alard y las gemelas están desayunando" -explicó. Su expresión cambió a una de timidez y añadió-: "Mademoiselle Marinette…."
-"Bien, entonces ninguno está disponible" -la interrumpió-. "Seguramente los veremos en la cena. Nathalie, que lleven el desayuno a la salita azul" -ordenó y luego se giró hacia su prometida-. "Y luego te llevaré a ver el invernadero."
-"Como desee señor."
-"Vamos" dijo tomándola de la mano y arrastrándola dentro de la mansión.
Mel contempló la casa por dentro, impresionada ante tanta majestuosidad. Había una enorme estancia llena de armaduras, una alfombra roja cubría el suelo de la entrada hasta una escalera; a los costados, varias puertas llevaban a diferentes salas. Una de ellas era un salón de visitas, las paredes pintadas en tonos oscuros y muebles de caoba contrastaban con los grandes ventanales que permitían el ingreso de mucha luz. Otra, era una especie de biblioteca, pudo ver un piano de cola negro en el centro de la estancia y tres paredes repletas de libros. Una enorme araña de cristales y oro colgaba desde el techo, la chimenea de mármol y los hermosos tapizados demostraban clase y elegancia. Pero…todo parecía tan frío y distante.
Su vista se dirigió a Claude y su corazón se encogió. Se sintió mal por él, había visto una sombra de desilusión pasar por sus ojos cuando ninguno de sus familiares salió a recibirlos. Estaba por preguntarle si estaba bien cuando unas voces cargadas de alegría resonaron en el pasillo.
-"¡Claude!"
-"¡Enanas!" -grito el castaño antes de ser tacleado por dos muchachas rubias.
-¡Te extraños mucho grand frère! (Hermano mayor)
La de ojos dorados se permitió observar a las dos señoritas que aún intentaban colgarse del cuello de su novio. Ambas eran rubias y de ojos celestes, de piel blancas como la porcelana y labios rosados como pétalos, dientes tan blancos como perlas. Ambas usaban vestidos similares en tonos pasteles, una de rosa y otra de verde.
Seguramente es para poder diferenciarlas, son exactamente iguales pensó.
Las niñas serian hermosas cuando fueran un poco más grandes, en Inglaterra ciertamente serían unas bellezas de temporada. Pero no sabía si esos estándares de las debutantes serian iguales en Francia.
-"¿Cómo has estado?" -preguntó la de vestido verde.
-"¿Cómo es Inglaterra?" -interrumpió la de rosa.
-"¿Visitaste la torre de Londres?"
-"¿Y el Big Ben?"
-"¿Conociste a la reina?"
-"¿Trajiste….?"
-"Alto, alto. Una pregunta a la vez niñas." -dijo riendo quitándoselas de encima -. "Haber…déjenme observarlas"-. Las dos se apartaron de su hermano adoptado una pose cuidadosamente trabajada, permitiéndole a Claude que las analizara. Las miró con atención antes de expresar-: "Están hermosas ¿Seguro que ustedes son mis hermanitas pequeñas?"
-"¡Claude tenemos catorce!"
-"¡Catorce! Ya son unas damitas grandes, entonces." -dijo haciéndolas reír, entonces ambas se percataron de la presencia detrás del castaño.
-"¿Ella es tu novia?" – preguntó una de ellas observándola con recelo.
-"Si, Mel, ellas son mis hermanas: Marianne y Camille"-. Las presentó señalando a la niña de vestido verde y luego a la de rosa, respectivamente.
-"¡Yo soy Camille!" -chilló la niña de verde.
-"¡Y yo Marianne!" -gritó su hermana.
-"¡Sigues sin reconocernos!" -lloriquearon juntas.
-"Lo siento, lo siento. Ella es Camille y ella Marianne" -dijo señalando a cada una, esta vez de forma correcta. Luego suspiro mirándola avergonzado por su equivocación y añadió-: "Niñas, ella es Melodie, mi prometida."
-"Es un placer conocerlas finalmente."
-"Eres bonita, pero aún no sabemos si nos agradas" -manifestó Marianne.
-."Tranquila, te daremos el beneficio de la duda" -explicó Camille-. "Pero ten en cuenta que siempre nos medimos en base a Marinette."
-"Tendrás que esforzarte mucho." sentenciaron a la vez.
Marinette, otra vez ese nombre. ¿Quién será?
-"¡Hey!" -susurró Claude molesto-. "Compórtense, ustedes no fueron educadas así. Pidan disculpas."
-"No" -exclamaron ambas elevando la barbilla, en un gesto que Claude conocía muy bien, era el mismo que su madre hacia cuando la desafiaban.
-"Madre dice que nunca debemos disculparnos por decir lo que pensamos." -anunció Camille.
-"Pero Marinette dice que deben hacerlo, si lo que dicen es ofensivo" -dijo una voz saliendo del comedor. Juliette la observó con curiosidad, era azabache con unos bellísimos ojos negros, llevaba un vestido de muselina rojo con detalles en negro y una gargantilla de rubíes-. "Bienvenido Monsieur Claude."
-"Muchas gracias Madame Alard, es un placer verla nuevamente" -respondió al saludo con indiferencia.
-"Niñas ya escucharon a su hermano, deben disculparse. No querrán que Marinette se sienta decepcionada ¿verdad?"
-"Lo sentimos" -dijeron las dos con arrepentimiento.
-"Vi a Marinette paseando por el jardín ¿Por qué no la alcanzan?"
-"¡Sí!" gritaron emocionadas antes de salir corriendo por un corredor.
Sea quién sea esa tal Marinette, está claro que es una presencia muy importante en la vida de las niñas, pero Claude…
-"Bien, ahora…"-. La mujer se giró mirando a Melodie. En su mirada había incomodidad, como si no supiera como actuar pero rápidamente se recompuso, luciendo segura de sí misma y regalándole una sonrisa amable, añadió-: "Bienvenida mademoiselle, es un placer finalmente conocer a la mujer que logró enamorar a mi cuñado."
-"El placer es mío Madame Alard" -respondió haciendo una leve reverencia en honor al título que la otra portaba.
-"No necesitas inclinarte ange, no ante ella." (ángel)
-"No seas descortés Claude, habremos sido amigos desde niños pero ahora soy la duquesa de Alard y en un futuro la duquesa de Abbadie."
-"¿No crees que aún es pronto para decir eso? Mi padre aún sigue vivo" -siseó con los dientes apretados.
-"Y nadie dice que eso vaya a cambiar por lo pronto, pero mi marido es el heredero."
Ambos se miraban con resentimiento, la rubia no sabía que habría pasado para que hubiera tanta molestia entre ellos, pero ciertamente venia de muchos años atrás. Estaba bastante sorprendida ante la agresividad del castaño desde que habían llegado. Nunca lo había visto actuar de esa forma. El aire estaba tenso y ella ya se sentía ahogada.
-"Veo que el hijo prodigo finalmente regresó" -dijo una voz suave.
Los tres se giraron en dirección a las escaleras. Una mujer de ojos celestes muy parecida a Claude, excepto por el cabello, que era rubio, bajaba lentamente.
Llevaba un vestido azul noche que resaltaba tiernamente su embarazo y combinaba con sus ojos, pero estos estaban llenos de desprecio; en cambio, Claude cambió completamente. Si en la presencia de madame Alard se había mostrado frio, serio y furioso; en presencia de la desconocida parecía haberse vuelto triste y herido, como si la sola presencia de la recién llegada lo lastimara.
-"Bienvenido frère cadet." (Hermano menor)
-"Es bueno verte…grande soeur" respondió con voz cortada. Tragó profundamente y dijo-: "Mel ella es mi hermana melliza, Aurore"-. Presentó confirmando la sospecha de su novia. (Hermana mayor)
-"Es un placer…"
-"Ahórrate el teatro, cariño. Detesto las hipocresías y seguramente mi hermano te debe haber contado miles de cosas sobre lo odiosa y mala persona que soy."
-"Aurore, ahora no" -pidió la azabache.
-"Bien" dijo con irritación, entonces se giró mirándola con una sonrisa y tomándola del brazo-. "Vamos, te enseñaré el bello ajuar que llegó ayer para el bebé."
Ambas se retiraron por las escalares, dejando a la pareja en un incómodo silencio.
-"Lamento eso."
-"¿Qué acaba de pasar?"
-"Nada, olvídalo. Ven subamos a desayunar."
Los jardines de Abbadie's mansion eran los más bellos de Saint-Germain-en-Laye. Era un terreno extenso que abarcaba cientos y cientos de hectáreas, todo decorado por estatuas y fuentes de origen griego y arbustos cuidadosamente cortados. Las gemelas salieron por la enorme puerta de cristal del salón de baile, que daba a uno de los sectores del jardín que contenía el gran laberinto Abbadie.
Bajaron corriendo las escaleras rodeando la "Fontaine d'Eros" hasta el rosedal. Ahí doblaron a la derecha y cuidando de no ser vistas, bajaron por una pequeña escalera de cemento donde ingresaron por una puerta de madera blanca que daba a un pequeño jardín alterno.
Allí, lejos de la mirada de la mansión pudieron respiraron contentas de que nadie las sorprendieran e iniciaron la marcha en busca de la azabache.
-"¿Crees que ella es buena para Claude?" -preguntó Camille.
-"No lo sé, pero Marinette siempre dice que no demos quedarnos a tomar las primeras impresiones de las personas" -respondió su gemela.
Ambas caminaron en silencio sumidas en sus propios pensamientos
-"Camille…"
-"¿Qué?"
-"¿Crees que mamá la apruebe?"
-"Definitivamente no, sabes cómo es ella con esas cosas. Ella jamás aprobaría un matrimonio para sus hijos que no sean elegidos y concretados por ella."
-"No entiendo cómo puede agradarle el sapo y no Bridgette."
-"Yo tampoco, pero no pensemos en eso."
-"¡Cierto!" –dijo antes de gritar emocionada–. "¡Mira! Mari está en la casa de madame Sabine" –señaló a la distancia.
Una casa en el fondo del gran terreno, sobresalía entre los árboles. Era más pequeña que la mansión pero igualmente elegante. La azabache estaba agachada en un pequeño jardincito bellamente cuidado, cortando algunas plantas.
-"¡Marinette!" -llamaron las dos echándose a correr hacia ella.
La joven elevó la vista al sentir su nombre y sonrió cariñosamente al ver a las gemelas correr hacia ella, riéndose internamente por la apariencia de ambas después de haber recorrido ese trayecto.
Marianne tenía pétalos de rosa enredados en su cabello y una ramita atorada en el listón de su cabello, seguramente por no haberse agachado lo suficiente cuando bajaron las escaleras en el rosedal, y Camille tenía el bajo del vestido todo lleno de lodo y pasto, consecuencia de la fuente de Eros que debía ser reparada por fugas.
Marinette, a diferencia del resto de la casa, no tenía problemas para identificar a cada una:
Camille, la mayor, era segura, extrovertida y explosiva; cuando se lo proponía podía ser una mente maestra y maquiavelica. Hablando con rapidez y siempre dando saltitos, era demasiado hiperactiva, razón por la que la familia evitaba que consumiera dulces. Tenía un pequeño lunar bajo el ojo derecho y los dientes del frente ligeramente torcidos, era casi imperceptible pero ahí estaba.
Marianne, por otro lado, era mucho más tímida y tranquila que su hermana, en su tono de voz siempre había un suave timbre de inseguridad, misma inseguridad que se manifestaba cuando estaba tan nerviosa que acaba tirando todo a su alrededor y constantemente jugaba con su cabello. Era medio milímetro más baja que Camille y tenía siempre las uñas rotas y lastimadas, ya que las mordía producto de sus nervios.
Las gemelas se detuvieron con torpeza ante ella, mirándose con complicidad antes de inclinarse en el saludo correspondiente a la educación que habían recibido. La azabache estaba cansada de discutir con ellas sobre eso, por lo que las ignoró.
-"Buenos días niñas." -saludó quitando las flores y hojas del cabello de la menor.
-"Buenos días Marinette" respondieron al mismo tiempo.
-"Mari ¡Claude llegó…"
-"…y trajo a su novia!"
-"Si, los vi bajar del carruaje."
-"¿Y por qué no fuiste a saludar?" – pregunto confundida Marianne.
-"Porque deben estar cansado, lo último que quiero es agobiarlos. Ya me presentare durante la cena" -explicó acomodando las plantas en una canasta-. "Mi madre está preparando un nuevo té, porque no entran por un poco." .ofreció conociendo lo mucho que ellas amaban probar nuevos tés de la colección exótica de Sabine.
-"¡Sí!"
Las tres entraron a la casa, dentro había un aire más hogareño que la mansión. A las muchachas les encantaba visitar a madame Sabine, y lo hacían siempre que su madre no las estuviera vigilando. La duquesa no la apreciaba mucho, y no había sido muy sutil sobre ello.
Madame Sabine era una mujer hermosa de rasgos ligeramente orientales, cabellos oscuros como los de su hija y ojos grises. Era una persona amable y carismática que había educado a su hija para para ser una maravillosa joven. Las jóvenes ingresaron corriendo a saludar con abrazos a la mujer, quien las recibió gustosas.
-"¡Buenos días madame Sabine!"
-"Buenos días niñas"
-"Maman, aquí están las yerbas que me pediste" -le expresó su hija entregándole la canasta.
-"Gracias mon chéri. Alya ¿El agua ya está lista?"
-"Sí, madame." -respondió entregándole una tetera de porcelana china decorada con detalles de pétalos de sakuras.
-" ¿Qué es?" -preguntó Marianne maravillada al ver como el agua caliente caía sobre unas bolitas de té verdes que al entrar en contacto con el agua liberaban un aroma exquisito a jazmín.
-"Té de perlas de dragón. Es un tipo de té de jazmín, se utiliza las hojas secas de la primera cosecha de primavera, luego se envuelven en un paño una a una, para darles la forma de perlas para mantener el aroma sin usar la flor" -explicó obteniendo jadeos impresionados cuando las rubias probaron el té.
-"Está delicioso" -dijo la mayor.
-"Y huele muy bien" -expuso extasiada su hermana.
-"¿Cómo esta vuestra madre niñas?"
Ambas bajaron sus tazas mirándose incomodas.
-"Ella…está bien…"
-"…bien mandona y arisca…"
-"…como siempre" –terminó de decir Marianne en un susurro.
-"Bueno…ella es una mujer importante, después de todo es duquesa" -dijo Sabine intentando hacerlas sentir mejor-. "Tiene muchas ocupaciones."
-"Pero…nosotras somos sus hijas…"
-"¿No se supone que somos su ocupación más importante?" -cuestionó Camille.
Las mujeres guardaron silencio sin saber cómo contestar a la interrogante de ambas niñas, era cierto que la duquesa no era exactamente la madre más cariñosa, pero tampoco era que no las amara. Era solo que después de los duros golpes que la había dado la vida, la duquesa ya no sabía cómo mostrar amor, ni siquiera sus hijos. Ella lo demostraba preocupándose de que tuvieran un buen futuro, asegurándose de que sus hijos tuvieran lo mejor de lo mejor y sobre todo, de que nadie pusiera en ridículo a su familia. Cuando alguien cuestionaba sobre el honor de la familia, saltaba como toda una leona en defensa de sus niños.
-"Ya hemos hablado de eso" -les dijo Marinette sentándose entre ambas-. "La duquesa las ama de la forma en la que ella sabe hacerlo, pero nunca duden de su amor. Ahora, terminen esos pasteles y luego si quieren vamos a los establos."
Claude observaba con ternura a su prometida contemplar la flora del invernadero de la familia. Melodie decía que él había sido su salvación, pero ella no se hacía una idea de lo mucho que lo había salvado cuando apareció en su vida.
Cuando había decidido poner distancia entre él y Francia, había tenido el corazón destrozado y a punto de cometer una locura. Ella, con su cariño y comprensión lo había regresado a puerto, era su faro en la oscuridad. Y por eso, se aseguraría de que siempre fuera feliz a su lado, ya no podía esperar a la boda y que fuera por fin su esposa. Tenía demasiado miedo de perderla si supiera todas las cosas que nunca le había contado.
Un escalofrío recorrió su columna al recordar como la presencia de su hermana lo había perturbado demasiado. Aurore era su melliza, su otra mitad, aun no concebía la idea de que entre ellos hubiera ahora una brecha tan grande como Europa. Claude estaba seguro que a ella ni siquiera le importaría si algo malo le pasaba, la tristeza y ira lo embargó nuevamente, como siempre le pasaba cuando pensaba en su melliza.
"Ni siquiera he podido disfrutar de su embarazo con ella."
Todo era culpa de Bridgette, ella los había separado cuando decidió contarle todo a Aurore. Si lo hubiera escuchado cuando le dijo que guardara silencio nada de esto estaría pasando, además seguramente había aprovechado los últimos cuatro años para llenarle en contra suya. Él también tenía parte de la culpa, no debió haberse ido. Debió haberse quedado y luchado por lo que era suyo, pero huyó como un cobarde cuando su hermana le echó en cara lo que había hecho. Pero no…tampoco se arrepentía de haberse ido, haberse ido había significado renunciar a todo lo que le hacía daño, decir adiós a todo su pasado y sobre todo, haber conocido a su ángel.
-"¡Oh, cariño!" -exclamó la rubia colgándose de su cuello y trayéndolo de regreso a la realidad-. "Todas son hermosas."
-"Me alegro de que te hayan gustado, toda la flora que hay aquí, en la residencia en y en la de París, son el orgullo de la familia." -dijo tomando su mano-. "El cuarto duque, Antoine de Abbadie era un apasionado naturalista. Él hizo plantar todas estas especies y aumento los terrenos de la finca para llenarlo de todo tipo de plantas, incluso hizo traer algunas de las más exóticas del Oriente y de América, esas están en este invernadero."
-"¿Él fue el duque anterior a tu padre?"
-"Sí, digamos que con la muerte del duque dejamos de ser solamente de Abbadie y adoptamos también el apellido de mi abuelo paterno" -narró-. "Mi padre era hijo de la hermana mayor del duque, como él no tuvo hijos varones y su hermano Philippe tenía su propio ducado, todo paso a pertenecerle a mi padre."
-"Valla…voy a tardar en aprender la historia de tu familia"
-"No tienes que preocuparte por eso, deja esas cosas a mis hermanos mayores. Ellos son los encargados de los títulos de la familia, así que ellos tendrán que seguir viendo por la historia familiar. Yo soy solo un cuarto hijo, no tengo que preocuparme por esas cosas"
-"Dijiste que el hermano del cuarto duque había tenido un título propio" -murmuró Mel intentando recordar-. "¿Te refieres a ese título?"
-"Así es, es la línea secundaria de la familia, ya los conocerás. A Alard lo conocerás esta noche, a mi otro hermano mayor quizá venga a la boda"
-"Tienes una familia muy grande"
-"Sí, y solo conociste formalmente a Aurore y a las gemelas, todavía falta el resto" río al ver la confusión en el rostro de la fémina-. "Vamos, sigamos con el recorrido."
"Oh mon ange, no tienes idea de lo que falta." (ángel mío)
La duquesa había pasado la tarde encerrada en su salita bordando la mantilla para el bebé de su hija mayor. Cuando Nathalie le había dicho que Claude había llegado por fin, su corazón se había llenado de éxtasis al saber a otro de sus niños con ella nuevamente, pero eso acabó cuando recordó que con él llegaba su "prometida". Una mueca de asco surco el rostro de la mujer de cabellera rubia y ojos verdes como las esmeraldas, esa jovenzuela con la que su hijo deseaba casarse era una inglesa, de todas las extranjeras con las que Claude podía casarse tenía que ser con una inglesa.
"Habría preferido a una francesa, pudo haberse casado con una española, habría aceptado a una italiana, una alemana o una rusa, incluso a una americana con sus burdos y vulgares modales pero no, tenía que ir y elegir a una inglesa."
Además, también estaba el hecho de la cuna dónde hubiera nacido la muchacha. Noble no era, ninguna familia que se respete enviaría a otro país a su hija con su prometido sin la supervisión adecuada, y mucho menos los ingleses, tan estrictos como eran de las normas sociales y protocolos.
Esa joven seguramente era de clase baja, una trepadora que pensaba hacerse con la parte de la herencia de Claude. Él no era un heredero como sus hijos mayores, pero ciertamente su marido no los dejaría en la calle. El duque amaba profundamente a todos sus hijos y no haría excepción con ninguno…
Un ligero de dolor se instaló en su dedo cuando la aguja la pinchó, la bilis subió por su garganta recordando la pequeña espina en su perfecta familia desde hacía años. Movió la cabeza tratando de apartar esos pensamientos negativos, eso solamente la lastimaba cada vez más. Decidió volver toda su atención a su trabajo hasta que Nathalie le indicara que la cena estaba servida, iba a necesitar todas sus fuerzas para llevar a cabo esa dichosa cena.
Melodie se había cambiado el vestido por uno de color crema con encaje, estaba lista para la cena y conocer finalmente a todos los miembros de la familia que faltaban por conocer. Un golpe en la puerta la alertó de que era hora de que saliera, respiró profundamente mirando por última vez su reflejo tratando de asegurarse de que no hubiera nada fuera de lugar.
Fuera, su prometido la esperaba con su cálida sonrisa. Le ofreció el brazo y juntos atravesaron el pasillo hacia las escaleras.
Cuando llegaron al comedor, la rubia seguía sorprendiéndose por la cantidad de protocolos, aun en una cena familiar, ellos se regían estrictamente por las normas establecidas. No ingresaron al comedor, Claude se limitó a quedarse en el pasillo a la espera de los demás miembros. Mientras esperaban, Mel observó la estancia desde la entrada.
Otra araña como la de la biblioteca alumbraba la estancia, una gran mesa de caoba cubierta por un mantel blanco de encaje, fina porcelana y platería adornaba bellamente la mesa. Melodie sintió una sensación de frio cuando vio la cantidad de cubiertos colocados de forma prolijamente en cada uno de los asientos.
¡Oh no! ¿Por qué tienen que usar tantos cubiertos? Solo quiero impresionar a mi futura suegra y tengo la prueba de los cubiertos la primera noche.
La joven lloriqueaba internamente pensando en el ridículo que haría, cuando Aurore y Bridgette, ingresaron por un pasillo. Ambas charlaban amenamente cuando se dieron cuenta de la presencia de ellos dos.
Las mujeres se limitaron a quedarse a un costado del pasillo, Mel trató de recordar lo que Claude le había enseñado. Había pasado horas y horas aprendiendo el correcto comportamiento de una dama de sociedad francesa, él había dio que no era necesario, que fuera ella misma pero Juliette había exigido aprender. Le había enseñado a caminar, sentarse, bailar y comer como toda una dama, incluso le había hablado sobre la etiqueta a la hora de la cena y la posición de los lugares en la mesa, él le había comentado que el sistema francés era bastante diferente al inglés.
-"En Inglaterra los anfitriones van en las cabeceras de la mesa, pero en Francia los duques irían a los costados, justo en el centro de la mesa enfrentados uno al otro. El hombre siempre debe estar senado frente a la entrada y la mujer de espaldas a ella." -había explicado.
-"A la derecha del duque va la mujer de segundo rango más importante -generalmente esa es Madame Alard- y a la izquierda de la duquesa el segundo hombre de mayor rango: si el duque de Garnier, el hermano menor de mi padre, está de visita es él, sino es mi hermano, Alard. A la izquierda van los terceros de mayor rango, del lado de mi padre la mujer (Aurore) y del lado de mi madre, el hombre (depende de la presencia de mi tío y de mis hermanos mayores). Y así sucesivamente, hasta ocupar toda la mesa en escala de posición de mayor a menor. Las cabeceras la ocupan los rangos más bajos. Siempre van intercalados hombres y mujeres, y nunca debe haber dos hombres o dos mujeres sentados juntos. Además las parejas nunca se sentarán juntos."
-"¿Por qué tengo que sentarme tan apartada de ti?"
-"Porque no es bien visto que una pareja se sienten juntos, si lo piensas un poco de sentido tiene, considerando las cosas que podrían pasar debajo de la mesa entre ellos" -respondió mirándola con una sonrisa perversa a lo que ella solo pudo reírse ruborizada-. "No lo sé Mel, así es el protocolo, supongo que de esa forma las conversaciones con personas con las que no interactúas habitualmente son más necesarias porque te obligan a conversar o quedarte callado, lo cual es de mala educación."
"¿Qué cosas no son de mala educación para los nobles?" se había preguntado luego de tantas lecciones.
El sonido de pisadas la regresó al presente, más personas empezaron a llegar. Un joven de no más de veinte años bajó acomodándose la corbata seguido de dos hombres de gran atractivo, basándose en las descripciones que había recibido, eran el padre y los hermanos de Claude.
El duque de Abbadie era un hombre alto, con mirada seria pero amigable. El cabello castaño, estaba ligeramente gris y ocultos tras unas gafas redondas, los ojos celestes que la mayoría de sus hijos tenían, a pesar de la edad aún tenían un brillo de picardía. El duque de Alard, por otro lado, era rubio igual que la mayoría de sus hermanos, los ojos celestes a diferencia de su padre, eran fríos. Madame Alard rápidamente se acercó a su marido colgándose de su brazo en silencio.
El otro joven era castaño y de ojos verdes, tenía ojeras bajos sus ojos y un semblante cansado. Respiraba con dificultad a pesar de casi no haber realizado ningún esfuerzo. Un cuarto hombre apareció por el pasillo que daba a la biblioteca, tenía el cabello castaño recogido en una pequeña colita y ojos color marrón; estaba acomodándose la manga de la camisa blanca debajo de un saco violeta.
Mel estaba pensando que la única que faltaba por aparecer era la duquesa, cuando una joven que no sabía quién era apareció por un corredor lateral ubicándose en silencio en el extremo más apartado del salón, lejos de todos los demás con los ojos fijos en el suelo. Inmediatamente, la señora de la casa bajó las escaleras con un aire elegantes, característico de su posición y tomó delicadamente el brazo del duque.
-"Vamos" -dijo Claude sujetando bien su mano a su brazo y arrastrándola en dirección a ellos. Los cinco los observaron acercándose en silencio, cuando estuvieron frente a ellos, Claude inmediatamente se inclinó en un saludo de respeto-. "Père, mère, hermanos."
-"Hijo" -respondió inclinando la cabeza en aprobación, de igual forma su madre y hermano mayor realizó un gesto parecido; el menor por otro lado, una sonrisa sincera pero surcó su rostro agotado.
-"Quiero presentarles a Melodie Williams, mi prometida"-. El duque se centró en su rostro otorgándole una mirada profunda para finalmente emitir una sonrisa pero la duquesa y su hijo, la observaron como si fuera un insecto . "Juliette, te presento a mis padres, Seigneur et dame d'Abbadie"-. La joven realizó el saludo de respeto que Claude le había enseñado con las piernas temblando por los nervios, sentía que en cualquier momento se desmayaría-. "Mi hermano Felix, duque de Alard y su esposa Bridgette, a quién conociste ésta mañana, y mi hermano menor, Vincent" -comunicó y ella rápidamente realizó el mismo saludo.
-"Es un placer conocerlos."
-"El placer es nuestro mademoiselle" -dijo el duque tomando su mano e inclinándose para besarla-. "Debo confesar que sentía cierta curiosidad por la persona que logró que Claude sentará cabeza."
-"Todo un logro digno de un premio" -expresó Felix con una sonrisa burlona y agregó-: "Lamentablemente mademoiselle, le tocó un premio bastante malo. Si se apresura quizá aún este a tiempo de devolverlo"-. Dicho que provocó una carcajada en el menor de la familia.
-"Pero no estamos seguros si realmente tendría devolución" -murmuró con complicidad.
La duquesa y madame Alard se mantuvieron en silencio ante las palabras de los hombres, solo observando.
-"Eso, ríanse a mi costa" -emitió disgustado al verse blanco de las burlas de sus hermanos, cuando la voz de su hermana cortó las risas.
-"Creo que has olvidado a alguien, cher petit frère" (Querido hermanito)
Aurore se acercó al grupo junto con el hombre de traje violeta.
-"Ah sí. Melodie, él caballero es el esposo de Aurore, Theo Barbot"
-"Un gusto conocerla, mademoiselle"-. El hombre tomó su mano y repitió el mismo gesto que había hecho el duque.
-"Un placer."
"Bueno, realizadas todas las presentaciones, porque no nos sentamos a cenar" -dijo irritada la duquesa.
Lentamente, ingresaron en el comedor detrás de los duques y se acomodaron en diferentes asientos. Claude corrió la silla para que ella se sentara, de la misma forma que todos los caballeros en la sala, indicándole cuál sería su lugar.
Su mente rápidamente emitió de manera involuntaria algunas de las enseñanzas protocolares que había aprendido.
"Los hombres deben apartar el asiento para que la mujer se siente, generalmente es el caballero contiguo a la dama pero en también puede hacerlo el hombre que tiene una relación más cercana a dicha mujer, de esa forma todos se sienten más cómodos."
Melodie acabó sentada a un lado de Felix, sintiéndose bastante nerviosa, era la primera vez en su vida que cenaría junto a personas de tan alto nivel social. Notó, entonces que ninguno de los hombres se había sentado.
"Ningún hombre puede sentarse hasta que todas las mujeres se hallan sentado."
Algo estaba mal. ¿Por qué los hombres aún no se sentaban si las mujeres ya lo habían hecho? Claude inmediatamente se dirigió al otro lado de su madre.
Entonces la rubia notó a la ojizarca parada a un costado del asiento contiguo a su prometido, quién se preparaba para sentarse, cuando la voz del duque retumbó con dureza en la estancia.
-"Claude. Marinette aún no se ha sentado" castaño se ruborizó aturdido por el reto, para luego girarse hacia la muchacha y ayudarla a sentarse.
"Así que ella es Marinette ¿Pero quién es? ¿Una pupila, quizá? ¿Y por qué Claude no me la presentó?"
Luego de que Claude se sentara, la duquesa dio la orden para que trajeran los alimentos. Al principio, todos comieron en silencio, por alguna razón la tensión crecía a pasos agigantados. Mel sentía que los nervios le quitaban la respiración, como podían cenar con tanta tranquilidad, como si no estuvieran a punto de estallar.
"Esta familia es demasiado extraña."
-"Dime Melodie ¿Ya tienen fecha para la boda?" -le preguntó Bridgette cortando con el silencio.
-"Bueno…habíamos pensado en enero."
-"Eso es muy poco tiempo" -se quejó la rubia-. "No hay forma de planear una fiesta digna de la nobleza en menos de tres meses."
-"Exacto, hay que ver la decoración, la comida, los invitados…"
-"Además ¿Una boda en invierno? Habrá nieve por todas partes ¿Cómo vamos a reunir a los invitados si hay alguna tormenta de nieve? -cuestionó la duquesa con una mueca de desagrado.
-"No habrá grandes invitados, mère. Solo la familia, no nos interesa nada más, aprovecharemos que todos vendrán para las fiestas para realizarla."
-"Pero…"
-"Es una decisión tomada" -sentenció.
-"¿Y qué haremos con la decoración? Por la temporada no habrá flores para realizar una decoración decente"
-"Podríamos usar las flores del invernadero" -sugirió la azabache casi en un susurró, y como si fuera un acto reflejo todos giraron sus cabezas hacia ella como si lo que hubiera propuesto fuera una locura, solo el duque y Bridgette no la miraron mal.
Mel cada vez entendía menos el por qué tanta molestia hacia ella, incluso su prometido, cuando la joven había dicho algo que a ellos los beneficiaba.
-"Esa es la idea más…"
-"…maravillosa" -dijo el duque interrumpiendo a su esposa y dirigiéndole una mirada significativa a lo que ella se abstuvo de responder, luego el hombre volvió a mirar a la muchacha con amabilidad-. "Es una gran idea Marinette."
Por un momento, la cena siguió desarrollándose en silencio por cada uno de los comensales, entonces Aurore restauró la conversación preguntando-: "¿Y qué hay del vestido?"
-"Mel ya tiene la mayoría del ajuar, incluido el vestido" -dijo el castaño sin parar de comer.
-"¿Podemos cambiar de tema? Este tema es mejor tratarlo entre mujeres y no durante la cena."
-"Por supuesto, mère. ¿Y de qué desea hablar?" -cuestionó Felix-. "¿Quizá sobre las gemelas visitando la casa del fondo?" ruido de la cubertería siendo azotada contra la mesa por parte de todos, la sorprendió. Por alguna razón que la rubia no entendió, tuvo la sensación de que en algún momento comenzarían a lanzarse copas por la cabeza.
-"¿Qué has dicho?"
-"Em, no es momento para…" -intentó decir el duque.
-"Felix, repite lo que has dicho."
-"Creo que mi hermano ha sido bastante claro, mère" -opinó Aurore con un brillo de maldad en sus ojos.
-"Aurore, por favor…" -susurró Bridgette tratando de frenarla, pero la otra la ignoró.
-"Dijo que las gemelas visitaron la casa del fondo"-. Ante esa respuesta la mujer dirigió su vista cargada de furia hacia la azabache.
-"¿Cuántas veces debo decirlo?" -su voz sonaba entrecortada, como si algo le impidiera hablar.
-"Basta, Em" -siseó el mayor de la familia, atrayendo la mirada de su esposa.
-"Permito que ella viva en ésta casa, pero no quiero a mis hijas visitando a esa mujer."
-"Ya hemos hablado de esto, no quiero escándalos."
-"¡¿No quieres escándalos?!" -gritó furiosa parándose de su asiento-. "¡Aquí tienes tu escandalo!"
Melodie quedó impactada cuando un plato se estrelló en la pared detrás del duque, que había alcanzado a agacharse antes de que lo golpeara. Luego de eso, la mujer abandonó la estancia seguida por su marido mientras ambos discutían a gritos. Un silencio incomodo se instaló entre los presentes, la azabache parecía al borde del llanto, los únicos que seguían cenando como si no hubiera pasado nada eran Theo y Vincent.
"¡¿Cómo pueden actuar como si nada?! ¡Ella acaba de arrojar un plato a su cabeza!"
-"Bien hecho, hermanos mío. No llevo ni veinticuatro horas en esta casa y ya siento deseos de irme."
-"No es culpa nuestro, Claude. Nosotros no somos quienes desobedecemos a mère." respondió mirando fijamente a Marinette.
-"Felix, basta."
-"No estoy diciendo nada que no sea verdad, Bri."
-"Es cierto. ¿Por qué lo haces Marinette?" -preguntó Aurore pronunciando el nombre con gracia.
-"¿No vas a responder? Yo también tengo curiosidad sobre por qué siempre haces cosas que ella prohíbe hacer"-. Cuestionó el su prometido provocando sollozos en la joven a su lado.
-"¿Estás llorando?" -intervino el menor de los hermanos sin dejar de mirar la copa de vino que tenía en sus manos-. "Dime Marinette ¿No crees que todo esto se evitaría si obedecieras en lugar de llorar cuando el daño está hecho?"
La rubia no comprendía el actuar de los hermanos, ni por qué madame Ayen parecía apenada por la joven o por qué el enojo de la duquesa. Mucho menos entendía el comportamiento de su prometido, él no era cínico ni malvado; estaba horrorizada presenciando en él una faceta que nunca había visto.
"Claude, tú no eres así ¿Qué te pasó?"
Unos leves golpes resonaron en la sala, y Nathalie ingresó.
-"Ahora no, Nathalie."
-"Lo lamento Monsieur Ayen, pero el mensajero dijo que era importante, es una carta del marqués…para mademoiselle Marinette"
-"¿Mi hermano?" -interrogó arrebatando la carta de las manos de la morena, pero su esposa se la quitó y se la entregó a su verdadera destinaria.
-"Felix, esa carta es para Marinette."
-"No seas aburrida Bri" -respondió con hastío la rubia-. "Dinos Marinette ¿Qué dice nuestro querido marqués?"
La mujer leyó la carta en silencio mientras las lágrimas caían por sus mejillas, Mel tuvo el impulso de abrazarla para calmarla. No le había gustado para nada el trato que ella había recibido, pero lamentablemente no era nadie para revelarse.
-"Llegará dentro de tres días." susurró entre hipidos.
-"Bueno, fue una cena de lo más agradable" -dijo Claude levantándose-. "Estoy deseando la llegada del marqués, sin duda todo será más ameno en su presencia".
Una carcajada resonó en la habitación de parte de Theo, Melodie no comprendía como podía reír en una situación así.
-"Tú lo has dicho, beau-frère. Estoy deseando la llegada de Adrien." (Cuñado)
Sí, el apellido paterno del que hablaba Claude era Agreste.
El siguiente capítulo si me voy a tardar en subirlo porque ahora mismo lo estoy escribiendo y entre escribirlos y publicarlos me tomo como cuatro y cinco días revisando y corrigiendo hasta que queda como deseo. Lo de hoy fue una emergencia por aclarar lo de "Juliette"
Otra cosa que quiero aclarar, es que si bien en el prólogo y en este capítulo predomina la relación de Claude y Melodie, este fic es ADRINETTE. Sucede que como Melodie es la que está ingresando en la historia quiero contar como se ve el trato que recibe Marinette por parte de la familia Agreste, desde el punto de vista de alguien ajeno y eso se va a repetir muchas veces a lo largo de la historia. Ya en el siguiente capítulo podrá apreciarse más de nuestros ciegos adorables. Recuerden que el fic se llama "Secretos de Familia" por lo que ellos no serán los únicos en los que me centraré porque cada personaje tiene su sucio secreto.
En relación a eso, vuelvo a repetir: VOY A TOCAR TEMAS SENSIBLES QUE MUCHAS PERSONAS DESAPRUEBAN, Y NO SIGNIFICA QUE YO ESTÉ DE ACUERDO PERO SON CENTRALES PARA LA TRAMA Y VOY A APELAR EN CADA CAPITULO AL: ¡NO TODO ES LO QUE PARECE!.
Así que denle una oportunidad para sorprenderse hasta el final o dejen de leer ahora.
Espero que les haya gustado.
Valkyrie fuera.
