Y no debe faltar la descarga de responsabilidad oficial. Estos personajes no son míos, pertenecen a la increíble Stephanie Meyer y la historia es de Jeskawood aka Jayeliwood, yo solo traduzco.
Y me faltan palabras para agradecer a quién ha estado conmigo desde el principio y espero que siga estando, corrigiendo mis errores gramaticales y alentándome a seguir. ¡Gracias Erica Castelo, por ser mi beta y mi amiga!
Empezando a lo grande
¡Hola, Alice! ¡Me da gusto saber de ti! Sip, todavía estoy en el área de Dallas. Mi dirección de correo electrónico es Iswandesings en gmail punto com. ¡Escríbeme y nos reuniremos un día para almorzar!
Le respondí, sonriendo al revisar su página de Facebook. Era fácil darse cuenta que estaba ahí constantemente. Tenía cientos de amigos y docenas de fotos y videos, sobre todo de su nueva y hermosa casa. No me sorprendió que me respondiera tan rápido.
Mi correo timbró menos de dos minutos después.
Adoro tu dirección de correo y el nombre de tu negocio. ¡Es adorable y brillante! ¡En fin, deberíamos almorzar un día de esta semana! Todavía no encuentro a todos aquí en Dallas y realmente me vendría bien una amiga. Te dejo mi número en la parte de abajo. Llámame para poder hacer una cita.
¡Oh, y Feliz cumpleaños, chica! No creas que no lo recordé.
Una persona que no había visto en una década podía recordar mi cumpleaños pero mi propia madre no pudo. Eso fue una vergüenza. Pero, de todos modos me hizo sonreír. Y en mi estado de embriaguez, decidí llamar, una vez más, antes de acobardarme.
"¡Hola, hola, hola!" Dijo alegremente. "¡Feliz cumpleaños, Bella!"
"Te advierto que estoy un poco ebria," dije con un resoplido al escuchar su tono alegre.
"Oh, ¿tuvimos un salvaje y loco cumpleaños número treinta?" Alice preguntó, escuchándose exactamente de la forma en que lo hizo la última vez que la vi. Demasiado alegre.
"No exactamente," murmuré.
"¿Qué quieres decir con, no exactamente?"
"He estado sentada aquí en mi sofá, sola, bebiendo champán y comiendo pollo frito de un cubo. Sola es la palabra clave."
"No debes beber sola. La gente siempre se entera," Alice citó, haciéndome sonreír.
"Veo que Lo que le viento se llevó aún es una de tus películas favoritas," le dije con un suspiro. "Sé que beber sola no es bueno y todo eso pero no tenía a nadie con quién beber. Han sido unos tres años difíciles o algo así."
"¿Qué pasó?" Preguntó con voz baja y amable y solo pude imaginarla dándome un abrazo como solía hacerlo en el instituto. Nunca me gustó mucho el contacto personal pero Alice siempre lo hacía parecer agradable. Nunca había conocido a nadie más con esa habilidad.
Lloriqueé durante toda la historia. Le conté sobre Jacob y su nueva esposa, Vanessa. Sobre cómo todos mis amigos en realidad solo eran amigos de él que me toleraban. Cómo mi madre estaba demasiado ocupada teniendo sexo con su esposo de unos veinte años menor o más. Un hombre que solo era un año mayor que yo. Un hombre que debía haber ido tras de MÍ y no de ELLA. Cómo incluso mi madre olvidó mi cumpleaños. Al menos había almorzado con mi papá el día anterior.
Me regaló una nueva lata de gas pimienta para mi bolso. Feliz cumpleaños para mí.
¡Oh, la felicidad!
Y entonces le conté sobre la lista de mi madre y luego sobre la mía.
"¡Bueno, está decidido, querida! Vas a venir a mi casa mañana para almorzar y te ayudaré con tu lista," me informó Alice como si nada.
"Al, no te conté todo esto para hacer que te sientas mal por mí. No voy a hacerte sentir culpable para que me ayudes a dejar de ser una perdedora."
"¡Cierra la boca!" Me dijo con dureza. "Sé que no lo harías. Recuerdo cómo eres, obstinada y no pides ayuda. Tal vez deberías añadir eso a tu lista. ¡Vas a recibir mi ayuda sea que te guste o no!"
"La misma Mary Alice," bromeé, sonriendo para mí misma.
"La misma obstinada Isabella Marie," se echó a reír. "Mira, estoy aburrida. Tal parece que ambas necesitamos algún tipo de inspiración. Vamos a ayudarnos la una a la otra. ¿De acuerdo?"
"De acuerdo," dije entre mi aliento, asintiendo.
Me dio la dirección de su nueva casa y me di cuenta que estaba a solo diez minutos en coche desde mi departamento. Sería bastante fácil encontrar su casa. Estaba en uno de los vecindarios más bonitos del área y las casas ahí tendían a ser enormes. A ella y Jasper debe estarles yendo muy bien. Eso era algo agradable en lo que pensar. Alice siempre fue buena en lo que sea que se proponía.
Sorprendentemente, el día siguiente no tuve mucha resaca. Siempre pude manejar bien mi licor. Supongo que era por mi tamaño. Imagino que ser talla dieciséis tiene sus ventajas. Si fuera talla dos estaría vomitando mis entrañas. No habría sido una buena compañía para el almuerzo.
Pero ahí estaba a las 11:45, deteniéndome en la muy hermosa casa estilo rancho con mi lista ya arrugada en mi bolsillo, sintiéndome casi normal para ser yo. Que en realidad no era mucho decir.
Alice abrió la puerta principal y corrió hacia mí antes de que siquiera pudiera llegar a la acera que conducía a su puerta. Seguía tan linda y perfecta como siempre, no que esperara algo diferente. Y aún parecía no importarle regalar abrazos.
"¡Te ves muy bien!" Sus piernas colgaron sobre el suelo incluso con mi altura de solo uno sesenta y siete. Olvidé que era muy bajita. Siempre solía tomarle el pelo diciéndole que era un centímetro más alta que un enano, sobre todo comparada con el gigante de su novio.
"¡Ah, todavía eres muy buena mintiendo!" Le dije con cariño, rodeándola y levantándola un poco. Cuando la puse en el suelo me dio un manotazo en el hombro, frunciendo el ceño.
"¡Deja de hacer eso! Espero que elevar tu autoestima esté en tu lista," dijo, agarrando mi mano y arrastrándome hacia su casa. Al instante quedé asombrada por el interior. Aunque no debería sorprenderme. Alice siempre tuvo buen gusto y siempre quiso reflejarlo en sus cosas.
"De hecho, no lo está," le informé al detenerme a ver una interesante pintura abstracta. "Wow, esa es hermosa."
"¿Te gusta?"
"Es asombrosa. ¿Quién la pintó?"
"¡Yo lo hice!" Sonrió. "Es una de mis favoritas."
"¡Santo cielo, nena! Espero que estés vendiendo estas cosas porque apuesto a que habría mercado para ellas," le dije, mirándola con una gran sonrisa por mis frases estúpidas. Me recordaron el instituto.
"¡Puede que Jasper sea un gran pastelero, pero no creo que haga tanta masa!" Soltó unas risitas. "Así fue como pudimos pagar esta casa. Eso prueba que la gente de California compraría casi cualquier cosa."
"Pero son de verdad preciosas, Al. Y, ¿Jasper es pastelero?" Me eché a reír. "Eso es increíble."
"¡Oh, sí! De hecho, también le ha ido muy bien. Está en proceso de abrir una pastelería aquí. Y acaba de sacar un libro de cocina sobre pasteles," dijo, finalmente alejándome de la pintura. No sabía qué era, pero simplemente me encantó. Era más que solo el color. Parecía tener algún tipo de mensaje secreto mezclado en la pintura en alguna parte. Algo así como una esperanza para una mejor vida. Era jovial.
"¿Cómo es que no estás robusta? Si tuviera un hombre que pudiera hornear pesaría más de doscientos mil kilogramos," me eché a reír, al fin volviendo a la conversación.
Alice soltó una risita y se encogió de hombros mientras me conducía a la sala. Nos esperaba comida china en la mesita de café. Todavía recordaba mis favoritos. Fue algo increíble. "Me ejercitaba mucho en California. Aquí todavía no he tenido la oportunidad en realidad. Si no lo hago pronto lo estaré."
Y entonces se sentó en el suelo como si nada. Fruncí el ceño, tratando de recordar la última vez que me senté en el suelo por gusto. Fue hace mucho tiempo.
"Sabes que vas a tener que ayudarme a levantar mi gordo trasero, ¿verdad?" Dije con sarcasmo, sentándome junto a ella.
"Sí, sí, mujer. He visto más grandes. Sabes que eres de peso promedio, ¿verdad?"
"Ser de peso promedio apesta," le dije. Echó su cabeza hacia atrás y se rio con fuerza.
"¿Sabes? No podría estar más de acuerdo. Ahora, dame la lista, cariño," dijo, tendiéndome su pequeñísima mano. Sonreí con suficiencia, sacando el pedazo de papel doblado de mi bolsillo y pasándoselo a ella.
"Solo no la manches de Lo mein, ¿de acuerdo?" Le dije en broma, cogiendo un par de palillos. Me sonrió con suficiencia, cogiendo los suyos antes de desdoblar la lista para leerla.
Comimos en silencio mientras la leía. Honestamente, me asustó un poco y no estaba muy segura por qué. No era como si estuviera buscando su aprobación o algo así. No me importaba lo que sea que pensaran de mi pequeña lista pero simplemente algo en ello… me hizo sentir incómoda. Cuando Alice finalmente habló, me sobresaltó. Solo estaba un poco perdida en mis pensamientos.
"Puedo ayudarte con muchas de estas y podemos empezar hoy."
"¿En serio?" Murmuré con un bocado de arroz. Tragué con fuerza. "¿De verdad, quieres ayudarme?"
"¡Carajo! Absolutamente. Esto parece muy divertido y chica, necesito algo de diversión."
"Entonces, ¿no crees que sea estúpido?" Pregunté en voz baja, alejando mi plato.
"Para nada," sonrió, palmeando mi mano delicadamente. "De hecho, creo que podemos eliminar muchas de estas en grupos. Aunque vas a tener que hacer al menos una o dos cosas a la semana, aparte de lo de cocinar y ponerte más saludable, si quieres terminarlo todo antes de que cumplas treinta y uno."
"Sí, lo sé. Algunas de esas ni siquiera sé cómo voy a hacerlas," respondí, frotando mi nuca. "Como esa," dije, señalando la que involucraba una actividad un poco ilegal. Sentí mis mejillas calentarse por la vergüenza. Fue algo extraño admitirle eso a alguien. Mi papá era un alguacil y fui toda una santurrona al crecer. Solo quería hacerlo una vez para ver cómo era.
Alice, de hecho, se burló. "¡Esa es probablemente una de las cosas más fáciles en tu lista!"
"Bueno, aquí no es California. Y como sea, primero, tengo que reunir el valor de encontrar a alguien que la tenga y luego tener el valor de realmente-" Alice se levantó de un salto del suelo y se acercó a un librero lleno de baratijas al otro lado de la habitación. Volvió en cuestión de segundos con una pequeña caja de madera.
"¡Bella, honestamente! ¡Soy una artista!" Dijo, abriendo la caja y mostrándome lo que estaba adentro. Me eché a reír cuando vi la pequeña pipa de madera blanca y la bolsita llena de cosa verde que parecía orégano. "Te prometo, que no uso nada más fuerte. Solo necesito relajarme de vez en cuando. ¿Qué dices? ¿Quieres tachar algo de tu lista?"
Mordí mi labio, considerándolo por un momento antes de asentir. Poniéndome de pie con una sorprendente agilidad, dejé que me llevara a otra parte de la casa.
Treinta minutos más tarde estaba en la cocina de Alice sentada en su isla, partiéndome de la risa.
"¡Chupa! En serio, nunca has fumado un cigarrillo u algo así, ¿cierto?" Alice preguntó, riéndose. Ella era mucho mejor en esto que yo.
Chupe humo hasta que me salió por la nariz. "No," tosí, riéndome también. Empezaba a sentir un ligero subidón. Aunque eso podría haber sido por los increíbles brownies que Jasper había hecho. Un buen subidón de azúcar.
"De acuerdo, dale otra calada. Es momento de que aprietes tu nariz y que tragues con tanta fuerza como puedas," dijo Alice, sosteniéndome el encendedor para que yo pudiera tapar mi nariz y sostener la pipa al mismo tiempo. Hice lo que dijo, tragando varias veces. El sabor era extraño, pero no malo en realidad.
Creerías que para el decimoquinto intento ya sabría cómo hacerlo. Nunca sería una porrera, eso era seguro.
Me sentí como si hubiese contenido el aliento por una eternidad para cuando solté el humo de mis pulmones. Me recargué en el banco, sintiendo algo extraño subiendo por el puente de mi nariz hacia mi cerebro.
"¿Así?"
Se echó a reír, asintiendo antes de quitarme la pipa. Alice le dio una larga calada, sosteniéndola con un poco más de elegancia que yo. Era como su tercer toque. "¿Sabes? Si quieres ponerte saludable no deberíamos hacer mucho esto. Nos comimos casi todos los brownies."
"¡No voy a llegar a ser talla diez de esa forma, ¿eh?!" Me eché a reír, sin saber por qué me estaba riendo. "¡Mmm, pastel!" Dije, señalando un lindo soporte de cristal que tenía la mitad de un pastel de chocolate. Mi boca literalmente empezó a hacerse agua.
Alice soltó un resoplido, quitando la tapa antes de ir a conseguir dos tenedores. Me dio uno y se volvió a sentar.
"¿Sabes? Empezamos a fumar en la universidad—Jasper y yo. Y porque éramos unos ñoños utilizábamos un 'nombre en clave'. Le llamábamos pastel porque SIEMPRE quería un poco de maldito pastel cuando estaba drogada." Soltó unas risitas. "¡Así fue como Jasper empezó a hornear! Le encantaba hacerme diferentes tipos de pasteles. Todavía lo hace."
"Eso es genial," sonreí, dándole una enorme mordida al pastel. "Mmmm, necesitamos leche."
"¡Cuando tienes razón, tienes razón, querida!" Dijo, consiguiéndonos dos vasos. Alice los colocó sobre la encimera entre nosotros antes de dar golpecitos con su bonita uña sobre la lista. "Puedes hacer todo esto, ¿lo sabías?"
"¿Cómo?" Pregunté con un suspiro, dándole otra gran mordida al pastel. Me sentía como un pozo sin fondo.
"¡Un montón de estás son fáciles! Solo tienes que levantarte y hacerlas. Algunas involucran a otros," me meneó sus cejas juguetonamente, "pero creo que cuando ganes un poco de confianza será muy fácil."
"Si tú lo dices."
"¡Lo digo! ¡Y siempre tengo la razón!" Dijo Alice, levantando su barbilla.
"Claro. ¡Es lo que quieres que todos crean!" Alguien dijo por detrás con un marcado acento sureño.
"¡Jazzy!" Alice chilló, corriendo hacia él. Me giré en mi asiento y casi me caí. El hombre más hermoso que había visto en mi vida estaba parado junto a un Jasper que seguía extremadamente guapo. Era joven con cara de niño, una gran cantidad de cabello rojo que apuntaba para todas partes y unas cuantas pecas adorables. Sin embargo, tal parece que no podía enfocarme en nada más que sus ojos de un verde intenso que parecían estar fijos en los míos. Me pregunté de dónde surgió de pronto la visión de túnel pero entonces recordé algo muy importante.
Estaba drogada.
"¡Ooo!" Dijo Alice, colgando de los brazos de Jasper. Tenía una mirada perversa en sus ojos al enfocarse en mí. "Bella, él es Edward. Es realmente increíble y es un completo extraño."
"¿Qué?" Pregunté, confundida.
"¡La lista!" Siseó en voz alta. Pude ver que intentaba susurrar pero no estaba funcionando. Me alegró ver que no era la única afectada por lo que estábamos haciendo. "¿En serio? ¡Está en la lista! ¡Lo del extraño!"
¿La lista? ¿El extraño? Trataba de recordar cuando sentí un par de fuertes brazos bajándome del banco y empujándome hacia el hermoso extraño. Alice era más fuerte de lo que recordaba. Prácticamente cayendo en su firme pecho, los brazos de Edward automáticamente me envolvieron para evitar que mi trasero cayera al suelo. Cuando miré a su guapo rostro, vi sus suntuosos labios y entonces lo recordé.
Besar a un extraño.
Y, simplemente lo hice.
Mis manos subieron a cada lado de su rostro, bajándolo para un beso. Pareció verdaderamente sorprendido al principio pero rápidamente empezó a derretirse, apretando sus brazos a mi alrededor. Sus labios eran muy suaves y sabían a algo realmente bueno. Algo que no pude identificar en ese momento. Simplemente podría habérmelo comido.
"¿Qué demonios?" Escuché que alguien preguntó en el fondo antes de escuchar la risita de Alice.
"¿Recuerdas que te conté sobre que Bella tenía una lista? Una de las cosas ahí era besar a un extraño," le explicó a su muy confundido esposo.
"¿Ponerse muy, pero muy drogada era otra de ellas?" Se echó a reír.
"Sip," resaltó la última letra de la palabra.
Toda esa conversación siguió mientras nosotros básicamente nos besuqueábamos en medio de su cocina. No que Edward pareciera notarlo. Después de lo que pareció una eternidad, se apartó pero no aflojó su agarre ni un poco. Eso fue algo bueno porque mi trasero hubiese caído como una piedra en el suelo.
"Hola. Soy Edward," me sonrió, hablando con un marcado acento inglés. Creo que mis piernas se convirtieron en gelatina de Bella. Oficialmente era un nuevo tipo de gelatina.
"Soy Bella," dije con voz cansina, mirándolo con un furioso sonrojo.
"Bella, sabes a chocolate," se echó a reír. "Creo que esa fue la mejor bienvenida que he tenido en mi vida. Wow."
Finalmente, recordé dónde estaba y renuentemente me aparté de él, mirando al suelo.
"Hombre, ¿a mí me toca beso? ¡Quiero que me reciban así!" Jasper se echó a reír, dándome un rápido abrazo y dejando un beso en mi mejilla. "¡Qué gusto verte de nuevo, Bella!"
"También me da gusto verte," me sonrojé, sintiéndome sumamente avergonzada.
"Así que, si a ustedes chicas no les importa, ¿pueden llevar la fiesta a otra parte? Mis padres llegarán en dos horas y necesito empezar a cocinar," nos informó Jasper.
"¡Oh, Dios! ¡Estoy abusando de su hospitalidad! ¡Lo siento mucho!" Les dije, tomando mi lista y metiéndola a mi bolsillo. "Debería irme."
"¡Espera, espera, espera!" Dijo Alice, sacudiendo la cabeza. "¡Está bien, cariño! No tienes que irte todavía, y no seas tan paranoica. No estás abusando de nadie."
"¿Estás segura?" Pregunté, mordiendo mi labio. Sacudí mi cabeza, principalmente para mí misma. "De verdad, debería irme. Tengo algo de trabajo que hacer en casa."
"No vas a conducir en tu condición." Jasper me frunció el ceño.
"Jasper tiene razón," Alice concordó.
"Oye, yo también debería irme," dijo Edward, colocando una mano sobre mi espalda para llamar mi atención. "Podría llevarte a casa. ¿Dónde vives?"
Su mano se sentía como fuego. O, tal vez solo era yo. No estaba segura.
"Como a diez minutos por esta calle," le dije, pensando en si eso funcionaría o no. No era como si tuviera algún lado a donde ir esa noche o el día siguiente. No necesitaba mi coche.
"¡Oh! Eso estaría bien. Y mañana Jasper y yo podemos pasar a dejar tu coche. Podemos almorzar o algo otra vez y hablar de la lista," Alice aplaudió.
Miré a Edward y consideré mis opciones. No tenía ni diez minutos de conocer al hombre pero ya lo había besado. Parecía ser amigo de Alice y Jasper así que confiaban en él. Y si algo me pasaba, ellos dirían que me vieron por última vez con él.
"Si no te importa." Le dije.
"Sería un honor," dijo con un gesto de su brazo, haciéndome reír. Podía ver que era algo bobo, pero siempre me habían gustado los bobos.
"Bien," asentí. Le di a Alice un rápido abrazo de despedida y agité mi mano para despedirme de Jasper. Menos de cinco minutos después íbamos por la calle hacia mi casa.
"Entonces, ¿puedo preguntar por qué me besaste?" Edward se echó a reír, mirando en mi dirección cuando nos detuvimos en una luz roja. "No es que me haya molestado."
"No," le respondí en seguida, sacudiendo la cabeza.
De acuerdo, tal vez era un poco paranoica.
"Está bien," dijo él, riéndose. "¿Así de malo?"
"Solo estoy avergonzada, eso es todo. Lo siento, no fue mi intención hacerte sentir incómodo. Tu esposa, novia, novio, o lo que sea probablemente me pateará el trasero."
"No tengo ninguno de esos," me informó. Me sentía tan fuera de lugar en este pequeño coche deportivo antiguo. No tenía idea qué era. ¿Un Camaro, tal vez? Estaba bien cuidado, de eso podía darme cuenta, incluso si no estaba en perfectas condiciones.
"Bueno, eso me reconforta un poco. Ya es bastante malo que lancé mi robusto cuerpo sobre ti. Estoy segura que un tipo bien parecido como tú recibe mejores ofertas que yo," suspiré, mirando por la ventana. Nos acercábamos y tendría que contener las ganas de saltar del coche tan pronto como se detuviera.
"¿Estás buscando que te haga cumplidos?" Lo escuché decir con voz divertida junto a mí.
"¿Qué?"
"Eres una mujer hermosa. No hubiera respondido a tu beso si no hubiese querido hacerlo."
"Como si fuera tu tipo," dije con un resoplido, rodando los ojos.
"De hecho, lo eres. Sucede que me siento extremadamente atraído a las morenas," dijo Edward sin problemas al detenerse en un espacio en el estacionamiento frente a mi edificio.
"Eso no es lo que quise decir," le dije en voz baja.
"Lo sé," dijo bajito. "Vamos, déjame acompañarte arriba. No me sentiré bien hasta que esté seguro que estás a salvo de vuelta en tu departamento." Estaba fuera del coche antes de que pudiera decir algo, abriendo mi puerta como si fuera una dama o algo así. Edward me tendió su fuerte mano, con dedos largos y ágiles.
Quería chuparlos como si fueran paletas. Quería chuparlo a él como si fuera una paleta.
¿Por qué mi mente estaba divagando tanto?
Oh sí, todavía estoy drogada. Por eso.
Tomé su mano y salí de coche. "Gracias por esto," le dije en voz baja al empezar a caminar hacia el edificio. Al menos podía hablar como persona normal.
"Es un placer," me aseguró cuando llegamos al ascensor. Pensé que me dejaría ahí pero Edward me siguió. Presioné el botón para el sexto piso, recargándome en un costado.
"Este es un edificio realmente lindo. Debes ser buena en lo que sea que hagas."
Me sonrojé, mirando a mis pies. "Soy dueña de mi propio negocio. Trabajo desde mi casa así que me gusta que esté tan linda como sea posible."
"Eso es increíble. ¿Qué tipo de negocio?"
¿Era una conversación extraña, o solo era yo? No podría decirlo.
"Computadoras."
"Wow, no conozco a muchas mujeres en el negocio de las computadoras," dijo. Casi salté de la alegría cuando timbró el ascensor. Salí rápidamente, buscando las llaves en mi bolso. Tenía que alejarme de la vergüenza tan rápido como me fuera posible y comer lo que sea que estuviera en mi refrigerador.
"Así que, aquí es," dije, acercándome a la puerta y abriéndola rápidamente. "Gracias otra vez".
"Bella, espera," dijo, su fino acento acariciando mis oídos como la seda. Podía hacer que una mujer se derritiera con esa voz. Me volví para verlo y estaba a solo unos centímetros de distancia. Maldición, también olía bien. "Gracias."
"¿Por qué?" Balbuceé, mis ojos enfocándose tanto como podían en sus tersos labios rosados. Cuando su lengua salió para humedecerlos un poco, en lo que sentí como cámara lenta, de verdad, me estremecí.
"Por besarme antes. Probablemente fue el mejor beso que he recibido en mi vida."
"¿En serio?" Pregunté sorprendida.
"También el que mejor ha sabido," se rio entre dientes de modo encantador. "De hecho, todavía tienes algo de chocolate en tus labios."
"¡Oh, Dios!" Gemí avergonzada. Mi mano voló a mi rostro, solo encontrando que la suya ya estaba ahí. Jadeé suavemente, mis ojos encontrando los suyos.
"Déjame ayudarte con eso."
Por segunda vez en menos de una hora, mis labios se presionaron con los de un completo extraño.
Y no me importó ni un poco.
Estará muy avergonzada, pero no va a desperdiciar esta oportunidad. ¿Será que lleguen a algo más que un beso? ¿Ustedes qué creen? Con un Edward con acento inglés, ¿quién no querría hacerlo? Jajaja. Así que, ya van tres cosas tachadas de su lista, contactó con una amiga, probó la marihuana y besó a un extraño, ¿será que tache también aquello de los orgasmos? Mmmm… Espero que hayan disfrutado del capítulo, como siempre, estaré esperando ansiosa sus reviews para saber qué les pareció, qué fue lo que más les gustó y qué esperen que pase ahora con Edward. Muchas gracias por follows y favoritos y espero que sigan leyendo y dejando su review en cada capítulo para poder llevar un buen ritmo con esta traducción ;) Recuerden que no les cuesta más que unos minutos de su tiempo ser agradecidos, solo escriban un gracias o unas cuantas palabras en el recuadro de abajo y den un clic en el cuadrito de abajo. Sus reviews nos mantienen aquí y mantienen con vida el fandom, no lo olviden.
Muchas gracias a quienes dejaron un review en el capítulo anterior: paupau1, Jade HSos, glow0718, Andrea Ojeda (bienvenida), Brillo de las Estrellas, Says, Smedina, Cary, freedom2604, torrespera172, Isa Labra Cullen, Elizabeth Marie Cullen, Car Cullen Stewart Pattinson, Tata XOXO, Brenda Cullenn, Esal, Manligrez, bbluelilas, Bertlin, Tereyasha Mooz, Tecupi, kaja0507, Lizdayanna, AnnieOR, sandy56, Katie D.B, BereB, Adriu, Vanenaguilar, Patty, Jenn, PRISOL, tulgarita, Adriana Molina, terewee, Lady Grigori, Yoliki, injoa, aliceforever85, somas, alejandra1987, Sully YM, lagie, rosycanul10, Techu, Liz Vidal, Lakentsb, Vrigny, Clau, saraipineda44, Allie, Rosii, piligm, lauritacullenswan, OnlyRobPatti, Juliana masen, EriCastelo, Marce Ortiz, Pam Malfoy Black, patymdn, Lectora de Fics, anakarinasomoza, Ely, cavendano13, Mafer, rjnavajas, Nanny Swan, Labluegirl, Guacha, Ali-Lu Kuran Hale, Leahdecall, Kriss22, y algunos otros anónimos. Saludos y nos leemos en el próximo que espero sea muy pronto.
