¡Hola a todos! La musa que me inspira me ha abandonado, así que sigo sin actualizar UnderWorld y por ello pido disculpas, pero les traigo otro sencillo capítulo. Muchas de las acciones que ejecutamos como jóvenes y adultos nacen de experiencias que hemos vivido en la infancia. Es en esta etapa donde carecemos de una perspectiva real de nuestro entorno, por tanto nos creamos imágenes e ideas erróneas de nosotros mismos así como de las personas en nuestro entorno.

Seguimos celebrando el mes del IchiRuki, y tambien recordando los buenos momentos que nos regaló Tite Kubo en su manga. Ya no haré estatuas de arcillas con los arenosos que hay en el fandom, así que si están leyendo esto: "Respeten nuestros gustos. Yo respeto los suyos aunque no los comparta."

Sin más que agregar, he aquí el segundo capítulo.

Advertencia: Cada uno de los capítulos tendrá el nombre de una canción perteneciente a ese álbum, estará ubicado en un UA por lo tanto puede ser que me quede OoC, demasiado diría yo. Se supone que ellos hablan japonés, por lo cual no es raro que Rukia esté en un curso de español (fuera de sus estudios universitarios, algo así como créditos extras), y ha estudiado poemas en español. Este fanfic es un crackpairing

Disclaimer: Los personajes de Bleach son propiedad de Kubo Tite.

Fecha: 13 de agosto del 2017


Geografía

Rukia

Me gustaría inventar un país contigo
para que las palabras como patria o porvenir,
bandera, nación, frontera, raza o destino
tuvieran algún sentido para mí.

Es un cliché, pero "la vida te da sorpresas". El pueblo de Karakura llenó de cosas bonitas la existencia de Rukia. En especial ese pequeño y protector amigo: Ichigo. Si bien era cierto -sin importar su pequeña estatura- que ella sabía defenderse sola, o por lo menos a esa tierna edad así lo creía, la verdad era que en el fondo no le molestaba que su príncipe naranja -o Narancipe, como secretamente lo llamaba- acudiera en su auxilio esas veces que solía meterse en problemas con los matones de su escuela privada.

Por otro lado estaban aquellas tardes junto a ese chico y sus pequeñas hermanas, las cuales se convirtieron en un refugio seguro. Al ser el único varoncito entre tantas niñas, Ichigo debía aceptar jugar a la fiesta del té con "Chappy el conejo" o la casita de muñecas. Aquello se compensaba cuando junto a Rukia y a la tambaleante Karin pateaban la esférica pelota de futbol o jugando a los "policías y ladrones".

Y que limite al este con mil amigos,
al sur con tus pasiones y al oeste con el mar.

Aquel grupo creció cuando se unieron Tatsuki, Orihime, Yasutora, Keigo y Mizuiro. Entonces ya se creían el ejército de una poderosa nación: los segadores de almas. Algunas veces, las actividades extracurriculares del grupo de amigos no les permitían reunirse con la frecuencia que deseaban, pero aquella patrulla de salvadores siempre encontraba la manera de verse una vez a la semana, con la excepción de las vacaciones.

En otoño del año de 1996, el hermano mayor de Orihime, quien era su tutor legal había fallecido arrollado por un vehículo, cuyo conductor irresponsable se había dado a la fuga. La situación para la niña iría de mal en peor si ninguno de sus familiares lejanos llegara a hacerse responsable de ella, podría terminar en un orfanato.

Para Isshin Kurosaki la solución era perfecta: donde comen cuatro pueden comer cinco. Por lo cual ofreció su casa como hogar de acogida para la chiquilla. En un futuro, si el manejo de su pequeño consultorio le reportaba más ganancias, entonces podría solicitar la adopción legal de la niña. Claro que no le diría aún a los chicos para no crear falsas expectativas.

Al norte con los secretos que nunca te digo
para gobernarlos de cerca si los quieres conquistar.

Rukia estaba feliz por su amiguita. Ella sabía lo que era perder a alguien tan importante. El recuerdo de Hisana, y larga agonía de su enfermedad, era la causa por la cual todavía se despertaba en las madrugadas con los ojos anegado de lágrimas. Su hermana mayor era el único familiar tenía luego que la mafia yakuza hubiese asesinado al resto de su parentela.

Hisana vivió meses angustiantes antes de conocer la paz y la seguridad gracias a Byakuya Kuchiki, quien había tomado su caso como abogado, y también cooperaba con ellas mientras eran resguardadas por el programa de protección a testigos.

Byakuya y Hisana se enamoraron con el correr de las semanas, y una vez que el frío abogado estuvo seguro del amor de la chica le propuso matrimonio. Byakuya siempre era directo y conciso, odiaba darle vuelta a las cosas y pensar mucho en sus acciones. No era alguien imprudente, pero tampoco le daba largas al asunto.

En una tranquila y sencilla ceremonia se casaron. Antes solían tener otros nombres Sakura y Shirayuki Sode. Pero esa vida había quedado en el pasado, el presente era para Hisana y Rukia del clan Kuchiki.

Si tú también lo sientes, si a ti también te apetece,
no lo pienses, vámonos, ya somos dos.

El cáncer de cuello uterino le había robado la oportunidad de una vida larga y dichosa junto a su nueva familia. La enfermedad trastocó a todos en aquella casa: enfrió el corazón del joven abogado, marchitó el cuerpo de su dulce y tierna esposa, pero sobre todo creó un abismo entre Byakuya y Rukia. Dentro de los límites de la mansión, podía tener todas las cosas materiales que soñara, pero aquella niña representaba el anhelo del hijo que nunca podría darle su esposa.

Luego de la muerte de Hisana, ese abismo creció exponencialmente. Para Byakuya, la sola presencia de Rukia, tan parecida a su difunta esposa, era una espina constante en su corazón. La mantenía a su lado ya que debía cumplir con varias promesas: protegerla, que la niña nunca supiera del triste destino de sus parientes, pero por sobre todas las cosas que jamás permitiera que la mafia yakuza de Hueco Mundo -los Espadas de Aizen- se enteraran que ella estaba viva.

Porqué no me das la mano y nos cogemos este barco
celebrando con un beso que hoy es hoy.

Claro, estas cosas las desconocía Rukia, y no había nadie en toda la mansión Kuchiki, que le explicara las razones del frío trato de su cuñado y, ahora legalmente, hermano mayor. Cuando vio lo feliz que estaba Orihime en la modesta casa de los Kurosaki, fue cuando conoció por primera vez la envidia. Aquel sentimiento no le gustó. Esa noche, a solas en su cuarto, lloró. Ella deseaba ocupar su lugar, y que en vez de ser adoptada por los insensibles Ginrei y Byakuya, hubiese sido el torpe, payaso y cariñoso Isshin quien la acogiera en su casa.

Se deprimió tanto por aquellos sentir aquellas emociones negativas, que tardó varias semanas en volver a reunirse con sus amigos, y tan sólo fue por la insistencia de Ichigo, quien le había jurado nunca dejarla sola, que ella retomó sus visitas a la casa de los Kurosaki.

Que nuestra patria existe donde estemos tú y yo,
que todo estará cerca si cerca estamos los dos.
Que nuestra patria existe donde estemos tú y yo,
que todo estará cerca, vámonos.

Regularmente paseaban por el parque o jugaban dentro Nejibana, el viejo barco de Kaien y que ahora sus hermanos estaban recuperando. A sus tardes de futbol se unieron nuevos compañeros de la escuela de Ichigo, quienes la hicieron sentir bienvenida. Aún así, un sentimiento de culpa -por haber deseado la felicidad de su amiga- aparecía esporádicamente tan pronto como una sonrisa se dibujaba en la cara de Orihime.

Sentirse culpable era inevitable para ella, y no sabía bien como enmascarar aquella sensación. Isshin siempre fue un hombre muy observador, ya había notado ciertos cambios en la personalidad de la morena, y adentrándose un poco en la joven alma de la niña fue que pudo llegar a la verdad del asunto. Le aconsejó desechar aquellas sensaciones, y con ello permitirse ser sinceramente feliz por como las cosas se desarrollaban. Isshin siempre la llamaba "tercera hija" y ahora que Orihime era su "cuarta hija" debían tratarse como hermanas.

De veras te digo que el himno que escribo es sincero,
habla de que hay tantos países como gente en cada país.

Ella seguiría siendo la mejor amiga Ichigo, ese puesto de honor nadie se lo quitaría. Ellos formaban un equipo en perfecta sincronía. Cuando estaban a solas, el tiempo era eterno. Cuando discutían entre ellos, se aislaban del resto de sus compañeros. Cuando el silencio se hacía presente entre ellos, nunca era incomodo ni tenso. Jamás forzaban las cosas, todo salía al natural.

Que nuestra patria existe donde estemos tú y yo,
que todo estará cerca si cerca estamos los dos.

La infancia -sobre todo para Rukia- dio paso a la terrible adolescencia. Y allí comenzaron los problemas. Enamorarse de Ichigo había resultado ser inevitable. El problema es que no era la única que tenía sentimientos por él. Orihime también se había quedado prendada del joven quinceañero.