2

Rules without exceptions last eternally

Every move you make creates your destiny

What can protect me from the past

And all the things that I have done

She told me and then she was gone


A aquella primera noche le siguieron muchas otras; Reaper se quedó en la ciudad a pasar sus "vacaciones" y decidió que mi casa le parecía mucho mejor que cualquier hotel. Por las mañanas, puesto que yo no trabajaba, nos levantábamos pasado el mediodía y tras un desayuno rápido, salíamos a recorrer las calles de aquella gran capital, a veces íbamos a alguna ciudad o pueblo cercano, aunque más que el viaje o los paseos en sí, lo que realmente nos importaba era estar juntas. Durante aquellos días de finales del invierno descubrí a una persona amable, dulce y tranquila, para nada alguien que pudieras imaginar arrastrándose por una trinchera o escurriéndose entre las líneas enemigas, alguien capaz de apretar una gatillo sin vacilar ni un segundo, alguien que había visto demasiadas veces lo peor del ser humano. Pero Reaper era así, lograba dejar todo aquello atrás y lejos del presente que estaba compartiendo conmigo; me contó historias de algunas batallas y misiones, siempre de las que habían acabado bien y siempre hablando más de los compañeros y camaradas que había conocido, que de las partes más oscuras y terribles. Compartía los recuerdos más agradables y felices y parecía ir dejando el pasado atrás. Y yo no podía reprochárselo, porque poco a poco, con el paso de los días había visto desaparecer la tristeza del fondo de sus ojos y su sonrisa volverse más sincera y luminosa. Sin embargo, podía notar que había algo más que me ocultaba, una verdad que se escondía entre sus palabras, en el tono de su voz al contarme anécdotas de las guerras en las que había participado, mas no quise dejar que aquello enturbiara nuestros días juntas, lo único que me importaba es que estaba a mi lado, que era mía y que cuando la noche llegaba, nos amábamos sobre aquel sofá sintiendo que el resto del mundo dejaba de existir.

—Parece que la cosa va en serio —me comentó Yuuno una noche en el trabajo.

Como otras veces, Reaper estaba sentada en la mesa de uno de los rincones, una cerveza a medias y leyendo alguno de los libros que había encontrado en mi casa, mientras esperaba a que el bar cerrase. Yo le había dicho muchas veces que no tenía por qué esperar a que terminase de trabajar, pero ella insistía en que prefería estar allí, donde podía verme y charlar de vez en cuando conmigo, que aburrida en casa.

—Eso parece, ¿verdad? —sonreí tontamente tras mirarla un momento.

—Mmm… —masculló él.

—¿Qué? —inquirí mirándole, Yuuno tenía los brazos cruzados sobre el pecho y la vista vagando por la sala medio llena del local.

—Nada, sólo que no quiero que te hagan daño —respondió volviéndose hacia mí.

—¿Por qué dices eso? —le pregunté sin comprenderle del todo.

—Bah —sacudió la cabeza y sonrió—, no me hagas caso.

—Lo que le pasa es que está celoso —señaló Hayate; la Comandante de la banda mercenaria conocida como Unidad 6 era una buena amiga de ambos y siempre que estaba por la ciudad se dejaba caer por el bar acompañada por sus lugartenientes, que en ese momento cenaban en sentados en una de las mesas grandes.

—Yo no estoy celoso —contestó Yuuno remarcando especialmente el "no" y el "celoso".

—Claro, claro —rió Hayate—, todos sabemos que estás enamoradísimo de nuestra camarera favorita desde hace años, no lo niegues ahora.

—Hayate… —advirtió el hombre.

Les dejé discutiendo entre ellos un rato mientras atendía a unos clientes recién llegados, apenas podía disimular mi risa al oírles a ambos. Al pasar junto a Reaper ella me detuvo haciendo un gesto con la cabeza.

—¿Qué les pasa a esos dos? —me preguntó señalando a mi jefe y mi amiga.

—Nada, lo de siempre, Hayate intenta demostrar que Yuuno lleva años enamorado de mí y él se esfuerza en negarlo —reí.

—Ah, ¿y es cierto?

—¿Que Yuuno está enamorado de mí? —Asintió—. No, es uno de mis mejores amigos, casi un hermano y él siente lo mismo hacia mí. ¿Por qué? ¿Celosa?

—Puede… ¿Me das una razón para no estarlo? —contestó sonriendo de medio lado.

—Mmm… ¿qué tal esto? —Me incliné sobre ella y le di un largo y profundo beso, por el que nos ganamos más de un silbido de los presentes—. ¿Y bien?

—Creo que necesito algo más —dijo traviesa, el rojo de sus ojos oscurecido por el deseo.

—Tendrás que esperar a que estemos en casa para eso, ahora estoy ocupada —le dije guiñándole un ojo.

—Intentaré ser paciente y dejarte trabajar —rió ella.

La noche continúo tranquila, salpicada por algunos de los piques de Yuuno y Hayate para divertimento de sus amigos. La Comandante y los suyos se fueron cerca de la una de la madrugada, prometiendo pasarse de nuevo por allí ahora que iban a estar una larga temporada en la ciudad.

—Por el momento no hay mucho trabajo —nos comentó Hayate antes de irse.

—La cosa cambiará cuando llegue el verano —dijo Signum, su segunda al mando—. Siempre es igual.

—O sea, que voy a tener que aguantarte una larga temporada —se lamentó Yuuno mirando a Hayate.

—No seas así, pero si no puedes vivir sin mí…

—Sin estrangularte, quieres decir, sí —bromeó mi jefe, los demás reímos, acostumbrados ya a la forma en que estos dos solían tratarse, que pese a las apariencias, se llevaban muy bien.

—Bueno, nos vamos ya, que paséis una buena noche y —Hayate me miró socarrona— dile a esa rubia que las marcas te las haga donde no se vean tanto.

Sonrojándome hasta las orejas, me tapé con la mano el obvio y visible chupón que Reaper me había hecho en el cuello un par de noches atrás.

—Mou… Hayate…

—Jajaja… Hasta mañana, gente.

—Hasta mañana, tened cuidado y no os metáis en líos —les despidió Yuuno.

Una hora más tarde, cerramos el bar y Reaper y yo volvimos a casa, conscientes de que teníamos cierto asunto pendiente. Como todas las noches, no pasamos del sofá; sentada a horcajadas sobre sus piernas, mientras sus manos recorrían mis costados y las mías se perdían entre sus cabellos, me separé uno segundos de sus labios y la miré.

—¿Sabes?, por una vez podríamos hacerlo en mi cama, es mucho más grande y cómoda que este sofá —le sugerí divertida.

Ella me besó antes de responder.

—Me gusta este sofá.

—Pero p… mmm…

Su boca volvió a reclamar la mía y no me dio opción a discutir, pues una de sus manos se había logrado colar bajo mis pantalones y mi ropa interior y con sus movimientos había arrastrado cualquier pensamiento coherente de mi mente. El sofá siguió siendo nuestro cómplice una noche más.

Los días se sucedieron con calma, la primavera llegó y avanzó hacia el verano y mi amante y yo nos acostumbramos a una placentera y agradable rutina, que casi me hizo olvidar que el tiempo seguía avanzando y que Reaper ciertamente, y aunque lo hubiese dejado atrás, tenía un pasado que podría volver en cualquier momento. Pero por aquel entonces, vivía contenta, ajena a aquellas inquietudes y sólo preocupada por hacerla más feliz a ella.

—¿Me dirás alguna vez tu nombre? —le pregunté una tarde en el bar, estábamos sentadas en su mesa de siempre, haciendo algo de tiempo hasta que comenzasen a llegar los parroquianos habituales.

No era la primera vez que se lo pedía, hacía un tiempo en que raro era el día en que no se lo preguntaba; no es que me molestase no saberlo, seguramente tenía sus razones para preferir usar su apodo, pero después de los meses que habíamos pasado juntas, empezaba a querer saberlo, igual que aquellas razones que le hacían mantenerlo oculto. Pero como siempre, su respuesta fue la misma.

—Quizás un día de estos te lo diga.

—Mou… Reaper —me quejé, ella simplemente sonrió y echándose hacia delante, me dio un rápido beso en los labios.

—Algún día —susurró apartándose.

Aquella noche habría sido como otra cualquiera, con el local bastante más lleno que de costumbre, si no hubiese sido por el hombre uniformado de negro que entró cerca de la media noche y fue directamente a sentarse frente a Reaper. Les vi conversar entre ellos, era evidente que se conocían de antes; el hombre era alto y llevaba el pelo moreno corto, otro soldado, quizá militar, quizá un mercenario como ella, seguramente un viejo camarada.

Aunque la curiosidad me comía por dentro, no me acerqué a ellos hasta que el tipo me hizo una seña para pedirme una cerveza, bebida que le serví sin hacer ninguna pregunta, conteniendo mi lengua lo mejor que pude y sin saber por qué Reaper no hizo ademán de presentarnos. Estuvieron hablando cerca de una hora, hasta que el hombre pareció despedirse de ella, se levantó y se fue.

—¿Quién era? —le pregunté finalmente, cuando fui a retirar la jarra de cerveza vacía.

—Un viejo conocido —contestó sin añadir más.

—¿Ocurre algo? —inquirí al percatarme de su mirada medio ausente, como si estuviese pensando en algo.

—Nada —sacudió la cabeza y me sonrió—. Todo está bien.

Pero no era verdad, lo sabía, lo que fuera que hubiese hablado con aquel hombre era importante y la había perturbado de alguna manera, sin embargo no quería compartirlo conmigo, quizá para no preocuparme, quizá porque era algo de aquel pasado que hasta ahora había logrado dejar atrás. En cualquier caso, no pude volver a preguntarle durante el resto de la noche, era fin de semana y con más clientes apenas tenía tiempo de parar unos minutos.

Tenía la esperanza de que una vez en casa, quisiese hablar, pero no me dejó ni siquiera hacerle una pregunta; hicimos el amor como otras tantas noches, aunque esta vez me repitió una y otra vez lo mucho que me amaba, lo feliz que le hacía estar conmigo.

—Yo también te quiero, Reaper —le dije antes de dormirme en el refugio de sus brazos, con una inquieta sensación creciendo en mi interior, mas en su abrazo sólo podía sentirme a salvo.

Nunca supe si las lágrimas que parecieron caer sobre mi frente habían sido reales o parte de un sueño.

Cuando desperté a la mañana siguiente, me encontré sola en mi cama, sin saber cómo había llegado hasta allí desde el sofá; nerviosa, me levanté y recorrí mi pequeño piso en busca de Reaper, pero no estaba allí, las mantas y sábanas del sofá estaban dobladas a un lado de él, sus ropas y su bolsa de lona habían desaparecido y de ella no me quedaba más que las marcas que había dejado en mi piel la noche anterior. Mi soldado se había ido sin decirme adiós, sin despedirse de mí. Caí de rodillas al suelo, temblando, las lágrimas rodando por mis mejillas, incapaz de entender por qué.

Las horas pasaron sin que fuera consciente de ellas, sumida en una profunda pena, ni siquiera me di cuenta de que la puerta de mi casa se abría y cerraba.

—Nanoha, me tenías preocupado, no has bajado al bar y son más de las… —la voz de Yuuno se interrumpió al verme sentada en el sofá, las piernas dobladas con los brazos rodeándolas—. ¿Qué ha pasado?

—Se ha ido… —logré articular en un hilo de voz quebrada.

Yuuno comprendió y no hizo más preguntas por el momento, cosa que le agradecí, porque ni yo tenía las respuestas. Mi jefe y amigo fue a la cocina, quizá para traerme un vaso de agua o algo más fuerte.

—Aquí hay una nota para ti —dijo—. ¿No la has visto?

Alzando mi rostro, negué con un gesto y alargué la mano para cogerla, Yuuno se sentó a mi lado y estrechó uno de mis hombros en señal de ánimo y apoyo.

Con la vista medio nublada por las lágrimas, leí las pocas líneas que Reaper me había dejado antes de marchar.

"Siento haberme ido así, sin decirte nada, pero no me gustan las despedidas y despedirme ti me habría partido el alma o tal vez hubiese sido incapaz de decirte adiós a la cara. Por eso, adiós Nanoha, gracias por todo lo que has hecho por mí estos meses, gracias por haberme amado de la manera en que lo has hecho, gracias por haberme hecho olvidar por un tiempo la clase de persona que soy en realidad y haberme hecho ver un lado hermoso de la vida. Ahora debo irme, volver al lugar al que pertenezco. Quizás te escriba, no lo sé. Lo único que sé es que siempre te querré".

La nota no decía más y terminaba con su apodo como firma; sentí que mi corazón se rompía, que me faltaba el aire, jamás habría creído antes de conocerla que fuese capaz de amar tan profundamente a alguien. Reaper se había marchado, tal vez para siempre, me había dejado atrás, como había dejado atrás otras cosas y aquellas pocas palabras no eran suficientes para aliviar mi pena… Se había ido llevándose una parte de mí y ahora sólo me quedaba vacío. Aquella noche el bar permaneció cerrado, Yuuno se quedó conmigo hasta que mis lágrimas se agotaron y el cansancio logró hacerme dormir.

Con el paso de los días, el dolor fue desapareciendo y la pena sólo me atrapaba en las noches en las que no podía conciliar el sueño, cuando al volver a casa veía aquel sofá que tantos recuerdos guardaba para mí, pero el vacío permanecía, sin ella me sentía incompleta; igual que no había creído en los flechazos, tampoco había creído en que existiese aquello del alma gemela, la persona que nos está destinada y que es el amor de nuestra vida, pero ahora creía, porque me sabía incapaz de volver a enamorarme, porque sólo podía pensar en ella, en su sonrisa, en su voz suave, en sus hermosos ojos, en el tacto de su piel, en el sabor de sus besos. Nunca habría nadie más para mí, por mucho que mis amigos insistieran en decirme que con el tiempo las heridas se curarían y encontraría a otra persona, mas yo tenía la certeza de que no sería así.

—Así que os vais mañanas —comentaba una calurosa noche de verano Yuuno con Hayate, mientras yo le servía su copa habitual de vodka con naranja.

—Sí, ha sido un contrato de última hora, pero pagarán bien —dijo la Comandante.

—Aquí tienes —le tendí el vaso con la bebida.

—Gracias.

—¿Y a dónde vais esta vez? —inquirí.

—Al sur —contestó Signum lacónicamente tras dar un largo trago a su cerveza.

—Escaramuzas fronterizas y guerra de guerrillas —explicó Hayate—, lo ideal para grupos mercenarios, supongo.

—Hará un calor de mil demonios allí abajo —gruñó Vita, la joven lugarteniente—. Eso por no mencionar la humedad y los mosquitos.

—Parece interesante —bromeé.

—Eh, pues si quieres nos vendría bien una especialista —sugirió Hayate.

—Jaja, creo que paso —sonreí—, además, ¿qué podría hacer yo, si sólo soy una simple camarera?

—Podrías servirnos cervezas frescas y comida decente —señaló divertida Shamal, la tercera lugarteniente de Hayate.

—Lástima —suspiró la castaña—, seguro que unos cuantos se echaban a temblar si se extiéndese el rumor de que el Diablo Blanco ha vuelto a la acción.

—No sé de qué me hablas, Hayate —dije yo y ellas no insistieron. Sí, todos guardamos secretos y todos tenemos un pasado.

Pasamos el resto de la noche hablando de temas más ligeros, sin mencionar guerras ni batallas, ellas querían olvidarse por un rato de lo que tendrían que afrontar en unos días y Yuuno y yo estábamos más que dispuestos a colaborar en ello. Al final, se quedaron hasta que cerramos el bar, nos despedimos en la puerta, deseándoles buena suerte y buena caza, pidiéndoles que tuvieran cuidado y que patearan unos cuantos traseros. Se fueron con la promesa de que lo primero que harían cuando regresaran, sería venir a tomarse unas cervezas con nosotros.

Tras desearle buenas noches a mi jefe, subí a mi casa, al abrir la puerta y encender la luz del recibidor me encontré una carta en el suelo; mi corazón empezó a latir más rápido al ver el sobre sucio de polvo y algo arrugado, no tenía remitente, pero sabía quién me había escrito sin ninguna duda. Me senté en el sofá y con manos temblorosas rasgué el sobre, para sacar unas hojas marrones llenas de la letra clara de Reaper; conteniendo el aliento, sintiendo que las lágrimas comenzaban a arder en mis ojos, leí aquellas palabras.

"Te escribo ahora, cuando la batalla terminó, una de tantas; tengo tanto que contarte pero el sol se pone ya, en la oscuridad creciente, mi gente va entrando en la tienda que compartimos, sin embargo no todos vuelven, faltan algunos, yo he tenido suerte por hoy, pero quizás otro día...

Sé que me fui de una manera cobarde y que estás en tu derecho de odiarme, pero quisiera haber tenido tiempo de decirte que los días que pasé a tu lado me hicieron muy feliz, que un instante logré olvidar mi pasado, pero él llamó a la puerta y por eso me marché; aquella última noche, un viejo camarada vino a proponerme un trabajo y tras hablar con él, me di cuenta de que por mucho que quisiera negarlo, por mucho que quisiera dejarlo atrás, el campo de batalla es mi lugar, el sitio en el que me siento yo misma. Debe parecerte horrible, pero así soy yo, entre la sangre, la muerte, los gritos y el dolor me siento más viva que en ningún otro lugar (salvo quizás entre tus brazos). Soy un soldado, Nanoha, un siervo fiel del ángel de la muerte, mis dedos no vacilan jamás sobre el gatillo y la culpabilidad y el remordimiento son cosas que deje de sentir hace mucho tiempo.

Pero quiero que sepas que te amé, te aseguró que te amé, mas sabía en el fondo que lo que teníamos no podía durar y, sin embargo, me dejé llevar por mis sentimientos, por mi deseo y olvidé por un momento que algo como lo que tú y yo tuvimos no podía pasar. No podía dejar que pasara, porque al final sólo acabaría hiriéndote.

Te pido perdón, aunque sé que no lo merezco, perdóname, porque sabía que en algún momento habría de marchar de tu lado dejándote atrás, porque sé que no voy a regresar. Nanoha, fuiste un sueño en mi oscura realidad, el sueño más hermoso que jamás pude desear tener, pero tuve que despertar...

Perdóname, Nanoha, perdóname y ojalá algún día encuentres a alguien que te merezca de verdad. Yo sé que jamás dejaré de quererte.

Adiós, Nanoha".

—Adiós, Nanoha… —terminé de leer—. Fate.

Su nombre por fin, su verdadero nombre; las lágrimas cayeron sobre el papel y emborronaron la tinta. Sabía su nombre, pero ella se había despedido de mí para siempre.


Nota de la Autora: Este ffic está inspirado en la letra de dos canciones: "When The Lights Are Down", de Kamelot (del disco Black Halo), las estrofas del comienzo de cada capítulo son parte de su letra. Y "La Carta del Adiós", de Warcry (del disco Revolución), cuya letra ha servido de base para la carta final de Fate.

La verdad es que se me empezó a ocurrir ayer por la mañana de camino al trabajo y tuve que "sacarlo" de mi cabeza (aunque con la canción de Kamelot hacía ya tiempo que quería hacer algo).

Otro ffic con final triste (espero que no se convierta en costumbre :P), aunque espero que os haya gustado, es breve y apenas tiene un puñado de elementos, pero creo que era lo que me pedía esta historia.