CAPITULO II

Odiaba su suerte, su madre fuera de casa y ella sola con un maldito pervertido incapaz de dejar pasar una sola oportunidad de aprovecharse de ella, después de todo, su interés por Kagome se hizo patente casi desde el primer dáa que la vio, Sango hasta habia sugerido que quizá por eso se habia casado con su madre, para estar cerca de ella. Kagome nunca habia querido creer eso, pues no le parecía justo para con su madre, pero tampoco podía negar que el tipo era un cerdo, que se pasaba la mayor parte del tiempo lanzándole indirectas o espiándola cuando estaba en su habitación.

Pero en este preciso instante espiar no era parte del problema, lo realmente complicado era el hecho de que su padrastro estaba ahí, en su habitación y ella estaba paralizada por el pánico, además de que, tampoco podía hacer demasiado, cuando él cubréa la puerta con su presencia, gritar no serviría de nada, después de todo vivían en una zona apartada, demasiado disponible, para que un loco como ese se aprovechara de ella.

-Sal de mi habitación -trato de sonar firme pero fallo, su voz habia sonado temblorosa y bastante baja- no tienes ningún derecho a abrir mi puerta, es mas, ni siquiera deberías tener llave de ella.

-Kagome, no se si lo has notado pero, no estas en condición de ponerte orgullosa.

-No es cuestión de orgullo, asi que te lo repito por ultima vez, vete de mi habitación- en que momento habia empezado a retroceder, no lo tenia muy claro, pero lo hacia, permitiendo que su acechador entrara mas a la misma.

-¿Y si no me voy que harás?

Kagome estaba ahora del otro lado de la cama, con esta entre los dos, sintiendo como su corazón bombeaba a prisa, mientras él se limitaba a sonreír y a avanzar hacia ella, fue entonces cuando noto por primera vez que, el paso hacia la puerta estaba despejado, pues mientras ella estaba entre la cama y la ventana él se hallaba a los pies de la cama, era ahora o nunca.

Salto sobre la cama tan rápido que para cuando su padrastro reacciono ella ya estaba trasponiendo la puerta, sin embargo, no se quedo ahí, corrió tras Kagome quien opto por salir de la casa, para entonces el sol se estaba poniendo, asi que la luz era mas escasa, se precipito hacia la carretera, pensando en la posibilidad de llegar hasta el pueblo, a casa de Sango, al trabajo de su madre, a donde fuese pero lejos de su padrastro.

Comenzaba a sentir que le hacia falta aire, nunca habia sido demasiado buena para las actividades físicas, asi que con tan solo quince minutos de carrera, se sentía desfallecer, aminoro el paso no podía oír el sonido de pisadas a su alrededor, seguramente no la habia seguido demasiado tiempo, quizá ahora estaría en casa, sentado en el sofá, riéndose de ella o planeando que mentira dar a su madre respecto a su huida, seguramente la haría quedar mal a ella pero eso no le importaba mientras estuviese intacta.
Una luz tras ella proyecto su sombra en el pavimento, se volvió solo unos segundos, suficientes para que el pánico volviese a apoderarse de ella, su padrastro venia en el auto, después de todo no era nada difícil intuir cual seria la ruta que ella escogería.

-Maldición -el coche ya casi estaba junto a Kagome, de tal modo que volvía a la misma situación de su habitación, acorralada por él, a menos que optara por correr hacia campo abierto, después de todo la cerca que delimitaba la hacienda vinícola estaba cerca, aun con la escasa iluminación ya era capaz de distinguirla solo seria un esfuerzo mas y seguro tratar con su vecino seria mucho mejor que con su padrastro, salvo que Sango tuviese razón.

Lo hizo, reemprendió la carrera entre los arbustos y árboles escasos que bordeaban la carretera, pudo oír el motor del auto detenerse, pero ella no se volvió, no importaba si la seguía o no, no iba a detenerse a averiguarlo.

Para cuando llego hasta la cerca, se sorprendió, era bastante baja, de piedra si, pero si se paraba sobre la punta de sus pies podía ver el interior, compuesto por extensas hileras de cultivo, la puerta principal estaba hacia el otro lado asi que si iba a entrar seria por ahí, se impulso lo mejor que pudo hasta lograr sentarse en la cerca, visto desde ahí, parecía que su padrastro se habia rendido, esta ves definitivamente pero, se dio la vuelta y salto procurando caer lo mejor posible, sin dañarse ella o a las plantas. Claro que la chica no contaba con que el sistema de seguridad estuviese conformado por perros, mismos que comenzaron a ladrar y gruñir en cuanto ella toco tierra.

Volvió a correr ¡Que maldito día! todo le estaba saliendo mal, demasiado mal y era injusto, mas aun cuando, aquel camino entre las viñas la convertía en un apresa mucho mas fácil. El dolor la doblo, al parecer uno de los perros habia dado con su objetivo y dolía, dolía demasiado, trato de zafarse lo mas pronto posible, pues podía oír a los otros animales no lejos de ahí, si llegaban seguramente la matarían entre todos, asi que valiéndose de la fuerza que le quedaba golpeo al animal en la cabeza consiguiendo a penas que este aflojara su agarre para que ella pudiese empezar a correr, cosa que no logro pues choco contra algo, o mas bien alguien, que se dirigía en sentido opuesto al suyo, cayendo al suelo, por acto reflejo se cubrió el rostro en espera de un nuevo ataque por parte de los perros, pero una orden firme de parte de el recién llegado hizo que los animales se tranquilizaran y se mantuvieran alejados de ella.

Cuando por fin se atrevió a mirar lo reconoció de inmediato, puesto que el hombre frente a ella era tal y como su amiga lo habia descrito, es mas, quizá por la escasa luz, pero podría decir que no era tan intimidante como Sango habia dicho.

-¿Quién eres y por que demonios estas en mi viñedo? -Le sorprendió su tono carente de sentimiento alguno, como si el hecho mismo de que Kagome estuviera ahí o la respuesta que pudiese darle le dieran lo mismo y el preguntar fuese solo una formalidad.

-Yo... mi nombre es Kagome, Kagome Higurashi y vivo en la casa que esta pasando su viñedo -su voz habia sido apenas un murmullo, pero en ningún momento le expreso que no le oyera- no era mi intención entrar en sus tierras sin permiso, pero es que me estaban siguiendo y comencé a correr sin rumbo hasta que llegue aquí.

-¿Puedes caminar?

-No estoy segura, me duele mucho la herida y yo, no creo que pueda sostenerme en pie.

Se dio la vuelta y comenzó a alejarse de tal modo que Kagome se sintió terrible, pensando que la dejaría ahí, en el suelo sola y sin ninguna ayuda, hasta que escucho mas voces, eran seis tal vez ocho hombres mas, dos de ellos se acercaron hasta ella y la levantaron sin mucho esfuerzo.

-El señor ha dado la orden de que te llevemos a tu casa -le dijo uno de ellos- él pagara los gastos del medico que te atienda la pierna.

Ha casa no todo menos eso, si se habia metido en semejante lío era por huir de ese lugar, no podía volver y menos con la pierna en ese estado, porque entonces si que no podría defenderse.

-No por favor, a mi casa no, no hay nadie ahí ahora -mintió, era una estúpida lo sabia, pero tampoco tenia el corazón como para hacer publico el acoso de su padrastro, eso destrozaría a su madre- por favor, si pudieran llevarme a la clínica del pueblo, desde allí yo podría localizar a alguien además de recibir atención medica, por favor se los suplico.

Tal vez fue su voz que sonó bastante desvalida, o quizá el hecho de que, cuando llegaron al camino principal donde habia una camioneta estacionada y con los faros prendidos, todos los presentes pudieron ver la magnitud de la herida, asi como el camino de sangre que habia dejado a su paso, de tal modo que minutos mas tarde Kagome se hallaba en un consultorio, donde le estaban limpiando la herida, habia dado el numero de Sango a la enfermera que la atendió a su llegada, pues tenia el presentimiento de que, su madre optaría por llamar a su esposo para que fuera a verla, después de todo eran poco mas de las ocho y el turno de la tarde acababa a las diez.

-Kagome ¡Oh por Dios Kagome¿Qué te sucedió? -Sango habia palidecido al ver su herida, tanto que parecía a punto de desmayarse, quizá por eso ella hacia un esfuerzo sobre humano por mirar todo salvo su pierna izquierda- Me asuste muchísimo cuando me dijeron que estabas en el hospital.

-No ha sido nada grave, me mordió un perro pero, parece que solo desgarro un poco de piel, unos cuantos puntos y estaré como nueva.

-¿Pero como, donde?

Te lo explicare mas tarde, en tu casa -le interrumpió antes que diera inicio el interrogatorio- si es que no tienes ningún inconveniente.

-Claro que no ¡Qué cosas dices!, mi padre esta haya afuera iré a avisarle que te vas con nosotros, mientras el doctor termina contigo ¿Esta bien?

-Anda, ve y deja de preocuparte todo esta bien.

No, nada estaba bien, le dolía la herida, le dolía el cuerpo de tanto correr, estaba hambrienta, sucia, cansada y con los nervios rotos, extrañaba su antigua familia, extrañaba la época cuando la mención de su casa le hacia pensar en seguridad en lugar de temor, como demonios habia acabado asi, acosada por el esposo de su madre, prófuga de su propia casa, mordida por un maldito perro propiedad de un maldito creído, despiadado que se habia limitado a mirarla como si fuese un saco de abono colocado en el lugar equivocado y causando pena y lastima a la familia de su mejor amiga.

-Patética, Kagome -eso era, o al menos asi se sentía mas aun, cuando sabia que les estaba mintiendo a todos, al no decir la verdad, al no revelar las intenciones de su padrastro, solo le hacia un favor a él, pero y ella y su seguridad emocional y física ¿Acaso eso no importaba?

Llamo a su madre desde la casa de Sango, asegurándole que a pesar de estar herida se encontraba bien y que si habia decido quedarse con su amiga era solo porque estaba demasiado cansada ademАs de que no querМa molestarla ni a ella ni a su padrastro.

-¿Entonces lo viste¿Qué te pareció, verdad que es intimidante? -estaban en la habitación de Sango alistándose para dormir -Es tan... no se, es que no encuentro las palabras para definirlo es...

-Muy atractivo -Kagome temió por el cuello de Sango debido a lo rápido que se volvió a mirarla después de aquellas palabras- pero su rostro, es como el de los maniquíes en los escaparates -al notar la expresión de Sango se dio cuenta que no habia entendido su comparación- hermoso, pero carente de expresion, es decir, entre a su viñedo sin permiso, alertando a sus perros, cualquiera hubiese pensado que se trataba de un robo y no de una chica estúpida tratando de huir -respiro profundo recordando los sucesos acontecidos aquella noche- cuando lo vi, pensé que me gritaría, esperaba un insulto o dos, reclamos, algo, pero se limito a preguntar quien era y que hacia allí, como lo haría una simple recepcionista y no alguien cuya propiedad has allanado.

-Quieres decir que no se enojo, ni demostro molestia alguna ¿no? como si no sintiera nada.

-Pues si, se quedo en una pose mezcla de seriedad y superioridad que me hizo sentir mas miserable, si es que eso es posible. Pero no me dio miedo, ni nada parecido.

-¿Pero no viste sus ojos? -la pregunta tomo desprevenida a Kagome.

-¿Sus ojos? No te entiendo Sango¿Qué tienen que ver sus ojos en esto? -su amiga se limito a dedicarle una sonrisa mientras apagaba la unica lampara que iluminaba la habitación.

-¡Ay Kagome! Créeme cuando te digo sus ojos son lo que realmente impacta a quienes se cruzan con él.

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Primero que nada, gracias a quienes se han tomado la molestia de leer el primer capitulo y esperar actualización, en especial a quienes han dejado un review, siempre los leo y es bueno conocer sus opiniones al respecto.

Gracias a iyvker, icegirl06, sophia06, mikomoon, kagomekatheryne, espero que asi como el primer capitulo este tambien les agrade y que cualquiera que lo lea me mande un review con sus apreciaciones.