Cuando Liz, Patty y Kid volvieron a casa, al anochecer, Shinigami-Sama los contactó a través del espejo diciéndoles que tenía una misión para ellos. Debían ir al bosque que se encontraba cerca de Death City, a una bodega abandonada y destruir a unas criaturas que su padre dijo se llaman Come Almas. Mencionó que tuvieran mucho cuidado cuando estuviesen cerca del lugar ya que se trata de criaturas que no viajan solas y además son muy fuertes.

Tan pronto como terminó de explicarles se dirigieron al lugar que les indicó. Cuando llegaron Kid tenía la sensación de que algo o alguien los estaba siguiendo, desde que se adentraron en el bosque.

Al entrar a la bodega había un silencio sepulcral y sospechoso.

—E-este lugar no me agrada —Liz temblaba y se ocultaba detrás de Kid.

—Tienes razón... ¡Liz, Patty! —ambas se transformaron en armas y él se puso atento a lo que sea que viniera.

Cuando se volteó una de esas criaturas estaba atrás de él, olfateándolo. Se lanzó sobre él, sujetándolo.

Era una criatura extraña y de un aspecto siniestro. Su complexión era humanoide y delgada, de cola exageradamente larga, de un pelaje negro y espeso, pero lo más extraño era que su cabeza no estaba cubierta de dicho pelaje, ni siquiera tenía piel y su cráneo estaba expuesto, en el interior de sus oscuras corneas había un par de puntos rojos luminosos, los cuales eran sus ojos.

La criatura era demasiado fuerte a pesar de su complexión, lo sostuvo de los brazos contra el piso y estuvo a punto de morderle el rostro, pero entonces se escuchó un disparo y el Come Almas chilló de dolor. Kid miró a quien le disparó y para su sorpresa era aquella joven...

—¿T-tú...? —le resultaba muy extraño verla allí.

Ella seguía apuntándole a la gigante criatura con dos pistolas de color negro y de aparente alto calibre, tenían una extraña forma cuadrada y a los lados tenía 4 aberturas a lo largo, mostrando un brillo de vivo rojo en el interior.

Todo estaba cubierto de una oscuridad casi total, el infernal brillo de sus ojos se notaba fácilmente y también el como observaba a la criatura con desprecio. La luz de la luna estaba a sus espaldas y eso le daba un aspecto más siniestro.

—Iniciando exterminación... —su voz era fría y con ese acento brusco que al parecer traía ya consigo.

Se abalanzó hacía el Come Almas con esa velocidad tan sorprendente y le dio un golpe en la cara, con mucha fuerza y sin reprimirse. El joven pudo levantarse en cuanto el animalejo se apartó de sí.

La criatura corrió hacía la chica y le dio un cabezazo en el estomago, ella quedo contra la pared, la sujetó del cuello y estuvo a punto de golpearla con sus garras. En ese momento Kid intentó ayudarle pero ella le mordió la mano a la criatura y este la soltó, después comenzó a dispararle. La criatura salió del lugar, y afuera se encontraban más de esos Come Almas de diferentes formas y tamaños rodeándolos.

Él dudó en que pudiéran vencerlos solos, pero...

—La exterminación se ha elevado x2... Comenzando liberación a nivel 3...

Lo que decía confundía al ojiambar y no entendía del todo sus palabras, pero a juzgar por sus siguientes acciones supo que iba a eliminar a esa criaturas.

No entendió cómo o desde hace cuánto tiempo había llegado aquel reptil que antes le acompañaba, pero este se trasformó en una bruma negra que se adentró en el arma con la que ella apuntaba a las criaturas y el brillo rojo de este se intensificó. Parecía ser algo similar a la Resonancia de Almas. Y antes de que esas desagradables criaturas se acercarán, ella jaló el gatillo... El arma disparó un gran rayo de luz rojo que emitió un molesto estruendo, la enorme, ráfaga de poder arrasó con los Come Almas que se dirigían hacia ellos, desintegrando por completo a varías de esas criaturas.

La intensa presión del ataque llegó a empujar el cuerpo de Kid y cayó al suelo. Cuando desapareció estaba tan confundido y no entendía del todo lo que ocurrió... El resto de criaturas que sobrevivieron se fueron huyendo.

Estaba impresionado con lo que acababa de ver, y lentamente dirigió su mirada atónita a ella, que en su semblante aún permanecía esa frialdad, como si lo que hizo hubiese sido cualquier cosa.

Pero entonces regresó y recordó que ella había aparecido así como así, de una forma sospechosa. Se levantó y le preguntó ya más serio:

—¿Qué estabas haciendo aquí?

Liz y Patty regresaron a su forma original.

La joven lívida aún no le contestó, había seguido en la pose que hace unos momentos optó para disparar, pero luego bajó su brazo y la nube negra que había entrado en el arma salió de esta y regresó a la forma del pequeño reptil.

—Tú padre... —comenzó a hablar con un acento tan serio, incluso más que el de él— me dijo que te siguiera por si algo no salía bien... —desapareció sus armas en una nube de humo y dio media vuelta— Veté a casa...

—No lo haré, tú no puedes ordenarme nada —no le respondió y eso molestó al muchacho— Disculpa pero ¿tienes algún problema conmigo, chica asimétrica?

—Kid —susurró Liz, preocupada por la forma en que le estaba hablando.

Siguió en silencio. Lo miró por sobre su hombro con esa penetrante mirada carmesí, con esos profundos ojos color sangre y frunciendo el entrecejo... Él tragó saliva al sentir esa mirada sobre sí.

Le bastó ver esa reacción en él para saber que lo había intimidado, cosa que al igual que siempre le agradaba ver en los humanos e incluso en los de su misma especie, pero se deleitó mucho más al verlo a él así. Dirigió su mirada al frente y se marchó junto con el reptil, desapareciendo en la oscuridad del bosque.

Luego de eso los tres chicos restantes se dirigieron de nuevo a casa, pero él seguía recordando ese ataque que realizó y con el que de una sola destruyó a tantos de esos Come Almas, y se preguntaba qué tan fuerte llegaba a ser ella.

De hecho le costó trabajo dormir, no podía evitar recordar esa mirada... Esos misteriosos y abrumadores ojos... nunca antes había visto una mirada como la de ella... Y algo le llamaba, como una especie de magnetismo pero a la vez algo le repelía...

Estaba decidido en ir a preguntarle a su padre. Ella llegó tan repentinamente y sin decir nada sobre sí... Todo le resultaba extraño y sospechoso...