Adamantos

-2-

Dégel despertó por un ataque de tos, aún sentía arena atorada en la garganta. Cuando dejó de toser, miró alrededor, reconociendo el espacio en el que estaba: había vuelto a su habitación en el santuario de Acuario.

Era de noche, no estaba seguro qué hora era. Ya no estaba en la Isla de Kanon, ¿Kardia lo había traído hasta aquí? La respuesta fue parcialmente contestada dado que estaba recostado sobre su cama, pero reconoció la capa blanca que lo cubría como una cobija: era la capa blanca de la armadura de Escorpión.

¿Por qué Kardia lo había cubierto con ella?, ¿no se suponía que todo lazo entre ellos se había terminado?, y sobre todo, ¿por qué había ido Kardia a buscarlo allá?

Dégel quiso levantarse de su cama, pero sentía su cuerpo pesado, le tomó algunos segundos poder incorporarse. Inmediatamente sintió una punzada de dolor en la mejilla. Tenía que encontrar a Kardia y hacerle esas preguntas, devolverle la capa y quizá regresarle el puñetazo que le había dado.

Dégel suspiró, nunca antes habían peleado a golpes.

Kardia siempre le decía a Dégel que éste había podido haber aplicado para ser el caballero de Virgo en lugar de ser el caballero de Acuario, a veces incluso Kardia lo llamaba Asmita después de que Dégel hacía un comentario filosófico o inteligente, lo cual sucedía muy a menudo. Kardia decía que Dégel era un erudito, un sabio, y Dégel estaba de acuerdo en cierta forma, su filosofía de vida estaba más enfocada a los pensamientos y no tanto a las acciones. No estaba a favor de la violencia en ninguna instancia.

Sin embargo, Dégel había perdido la sanidad de cualquier línea de pensamiento al golpear a Kardia, había actuado por instinto, dejándose guiar por las entrañas. Sí se había permitido actuar salvajemente con Kardia en el pasado, pero había sido en otra circunstancia completamente diferente:

Con Kardia todo era intenso, llevado al límite. Habían estado entrenando juntos el día completo, en los límites de la aldea de Rodorio, a pies de las doce casas, rodeados por enormes piedras y algunos árboles.

Estaban bañados en sudor, las armaduras elevaban el calor que sentían en sus cuerpos, el anochecer estaba por asomarse en la colina más cercana. Sin previo aviso, Kardia detuvo el entrenamiento, Dégel pensó que se detenía para tomar agua, pero Kardia, en su lugar, se quitó su capa blanca y la colocó sobre la tierra, se acercó a Dégel, lo tomó del cuello y lo besó con desmedida intensidad.

Kardia recostó a Dégel sobre la capa y le quitó partes de la armadura, desvistiéndolo con rapidez, entró a su cuerpo de forma ruda, cruda, agresiva, pero Dégel respondió de forma salvaje también: acariciándolo con desesperación, besándolo hasta que los labios le dolieron, nunca se había sentido tan vivo como en ese momento.

Dégel negó con la cabeza, esos recuerdos iban a tener que ser enterrados en algún lugar de su cerebro.

o-x-o

Dégel subió las escaleras de su santuario, con la capa blanca en la mano, que lo llevarían al área principal, no se tomó la molestia de asearse un poco, aún tenía el pantalón doblado hasta las rodillas, y los pies y codos con costras de arena seca. Debía verse fatal.

Al llegar al área principal, se detuvo en seco. Frente a él había una gran mesa con dos sillas en cada cabecera, la mesa estaba adornada con velas, centros de mesa de frutas, platos dorados, vasos de cristal, varias cacerolas y…

—¿Unity? —dijo Dégel sorprendido, confundido. Su boca seca, casi con grietas en los labios.

Unity se levantó de la silla donde estaba sentado.

—¿Estás bien? —preguntó Unity preocupado en lugar de saludarlo. Dégel debía verse moribundo—. No especificaste a qué hora debíamos vernos en la carta, así que me tomé la libertad de venir al caer el sol.

¿Carta?, ¿cuál carta? Dégel no entendía nada.

—Me encuentro bien —aseguró Dégel cuando notó que Unity dio un paso en su dirección con la intención de caminar hacia él. Dégel se sentó sobre la otra silla libre, frente a Unity, no tenía más fuerza para seguir de pie—. ¿Me permites la carta?

Unity sacó una hoja de su pantalón, se sentó de nuevo y se estiró sobre la mesa para entregarle la carta a Dégel, quien la desdobló y leyó con velocidad en silencio:

Estimado Unity:

Primero que nada, quisiera saludarte por medio de estas líneas. Disculpa que no te haya enviado alguna carta con anterioridad, pero sabrás que mis atribuciones como caballero dorado de Atena son múltiples y absorben la mayoría de mi tiempo. No obstante, tal hecho no ha evitado que tu recuerdo llegue a mi mente constantemente. Tu amistad ha sido uno de los tesoros más valiosos. Quisiera invitarte dentro de dos días al santuario de Acuario para plantearte la posibilidad de continuar con nuestra amistad y retomar otras cuestiones de manera personal, tendré un banquete preparado a tu llegada. Quedo de ti.

Había una firma con el nombre de Dégel al final de la hoja.

Dégel estuvo a punto de arrugar la hoja en su puño. Conocía bien esa letra, ¿por qué Kardia le había mandado una carta a Unity en su nombre?, ¿el plan de Kardia era conseguirle una nueva pareja?, ¿sustituirlo con otro?

Que así fuera entonces.

o-x-o

Dégel tomó más de ocho copas de vino, después de ese número ya no se tomó la molestia de continuar con la cuenta. Unity le había estado platicando de Blue Graad, de su última misión como Dragón Marino, pero Dégel no registró nada de lo que él dijo, sólo oía palabras, no tenían ningún sentido para él, al parecer no llegaban a la corteza de su cerebro, se perdían en el trayecto de entrar a sus oídos y procesarse en su mente.

Unity seguía hablando y comiendo del plato que se había servido. Unity le había servido un plato a Dégel también, pero éste no probó ni un bocado.

Dégel sólo asentía de vez en cuando, tratando de que la bola de dolor en su garganta se deslizara con el vino y le quitara las ganas de llorar.

o-x-o

En algún momento, Unity se quedó en silencio, quizá se dio cuenta que Dégel tenía la mirada perdida o que no había comentado nada sobre lo que él había dicho, no sabía, pero Dégel aprovechó ese momento de silencio para decir:

—Entonces hoy será el día en que nuestra amistad se transforme… en algo más —dijo Dégel con algo de burla, pero sonó más a tristeza, incluso él mismo pudo notar que sus palabras habían sonado intoxicadas, embriagadas, cuando trató con toda su fuerza de sonar elocuente.

—¿Estás bien? — preguntó Unity.

¿Por qué todos le preguntaban si estaba bien? Tenía que estar bien, más que bien, un corazón roto no era motivo de angustia, no iba a enfermarse de amor, ¿o sí?

—Vayamos a mi recámara —dijo Dégel, evadiendo la pregunta y se levantó de su asiento, el mareo que sintió lo hizo tambalearse y tuvo que tomar el borde de la mesa para no caerse. En un segundo, Unity estaba a su lado, tomándolo del brazo para sostenerlo.

—Vamos. —Unity lo rodeó con más confianza de la cintura para ayudarlo a caminar y bajar las escaleras.

o-x-o

Dégel perdió la noción de los límites de su cuerpo o del espacio de la habitación, tuvo consciencia solamente de los siguientes momentos: Unity lo recostó sobre la cama, Dégel sentía asco y mareo, lo invadió una avalancha de náuseas y, de pronto, tenía los labios de Unity sobre los suyos, Unity lo besaba, pero Dégel sólo quería volver el estómago así que giró su cara en cierto momento, Unity se separó de él y guardó silencio lo que pareció como una eternidad hasta que Unity le dijo que habría otra ocasión para estar juntos, Dégel lo vio marcharse por la puerta, la vista de Dégel se nubló de nuevo.

o-x-o

Dégel despertó y su mejilla punzaba. Se sentía mareado, muy mareado, con un severo dolor de cabeza. Se preguntó si lo que había pasado había en verdad sucedido o no, pero a lado de su almohada, Unity había dejado la carta que le había mostrado. Había sido real entonces.

Dégel dejó de respirar dos segundos al darse cuenta que estaba de nuevo tapado con la capa de Escorpión, ¿Unity lo había tapado al verlo tan tomado o había venido Kardia a verlo de nuevo?

Kardia…

Dégel no podía entender el razonamiento de Kardia detrás de lo que había sucedido con Unity, ¿creyó que Unity iba a llegar y Dégel se iba a enamorar de él?, ¿que sería tan sencillo para Dégel? Se levantó de nuevo de la cama, las náuseas casi lo sientan de nuevo sobre el colchón, pero no iba a detenerse esta vez, tenía que encontrar a Kardia.

o-x-o

Dégel caminó hacia el santuario de Escorpión con la capa blanca en su mano aunque en algunos momentos tuvo que detenerse y tomar grandes bocanadas de aire para evitar volver el estómago.

No había nadie en el santuario de Escorpión, llegó incluso hasta la habitación de Kardia, pero no había nadie ahí. Dégel suspiró, estaba cansado de este juego, de que Kardia se escondiera de él.

Regresó a la parte principal del santuario de Escorpión y se dirigió hacia la entrada, iba a esperar a Kardia ahí, en algún momento tenía que regresar. Se recargó sobre una columna y se sentó en el piso, recargando su espalda en la piedra fría, se tapó parte del cuerpo con la capa blanca.

o-x-o

Dos horas después o tres, Dégel vislumbró una figura caminando hacia el santuario. Podría reconocer esa silueta aunque le extrajeran los ojos, el sentido de la vista le diría que era él. Lo vio acercarse cada metro y el corazón de Dégel se aceleró con cada paso; en esta ocasión, la silueta le mostraba un cuerpo familiar, pero su presencia se sentía foránea, casi irreconocible. A Dégel le despertó una sensación de molestia, de irritación.

Kardia se detuvo tres escalones antes de llegar a su santuario, mirando a Dégel por unos segundos, después terminó el recorrido y caminó hasta donde Dégel estaba.

Esa mirada hizo que todos los sentimientos negativos en Dégel afloraran por completo, sintió como si Kardia estuviera cuestionando su presencia ahí, ¿ya no era bienvenido al santuario de Escorpión tampoco?, ¿tenía que pedirle permiso para venir?, ¿era tanta la sorpresa para Kardia de que hubiera venido?

—¿Cómo sigue la mejilla? —dijo Kardia al llegar a él. Su voz sonaba triste.

—Otras partes duelen más —respondió Dégel con sarcasmo y le devolvió su capa mientras se ponía de pie—. No quieres ningún contacto conmigo, entonces no entiendo el simbolismo detrás de tu capa: ¿te dejo y te golpeo, pero te tapo para que no pases frío? Por favor, Kardia —dijo Dégel molesto.

Kardia recibió la capa y la colocó sobre su hombro, contestó:

—No hay ninguna doble intención y tú fuiste quien dio el primer golpe.

Dégel no podía ya retener lo que sentía en su garganta, era muy fuerte como para poder tenerlo dentro.

—¿Qué hacías en la isla de Kanon?, ¿el Patriarca fue de marica a contarte que me iba? —Dégel se sentía más enfadado con cada palabra.

—Dégel…

—Me llamaste cobarde cuando eres tú el que decidió huir, el que tomó la decisión de terminar lo nuestro.

—Dégel…

—¿Quién es el cobarde entonces? Qué vergüenza amarte como lo hago, no eres digno de mí, no vales nada. —Las palabras de Dégel salían como bolas de fuego.

—Basta, Dégel. —Kardia empezaba a enojarse también, su tono fue tajante.

—Oblígame a callarme, vamos. —Dégel alzó la voz y empujó el cuerpo de Kardia hacia atrás, provocándolo, estaba lleno de ira, de coraje.

—Basta, no voy a empezar esto otra vez.

—Vamos, cobarde. —Dégel le regresó las palabras que Kardia le había dicho en la costa de la isla. Dégel sentía que ardía en rabia—. ¿Crees que no puedo contra ti? —Dégel volvió a empujarlo, esta vez con más fuerza.

—Dégel, no voy a pelear contigo.

—¿Ni eso vas a darme?, al menos déjame más moretones, algo. —Dégel estaba fúrico para ese momento, se sentía colérico, no supo en qué momento había encendido su cosmos, pero ya tenía una aura blanca rodeando su cuerpo.

—Dégel…

Y quizá fue el alcohol en sus venas o la cabeza cegada por un dolor agudo, la falta de alimento y sueño, o quizá fue el dolor que lo estaba partiendo por dentro desde que Kardia se había ido de su habitación hacía tres días, lo que provocó que Dégel juntara sus manos y lanzara un Polvo de Diamante a esa figura frente a él, ahora tan desconocida.

Kardia no puso resistencia y fue expulsado por el patio del santuario, volando unos metros hacia atrás, cayó al piso al final del ataque.

Dégel quiso moverse, pero se quedó inmóvil en su lugar, no podía moverse. No había notado que el Patriarca estaba a unos metros de distancia parado en el patio con una mano levantada, era él quien lo había dejado sin movimiento. ¿Cuándo había llegado?

Dégel luchó con todas sus fuerzas para soltarse del agarre y lo logró, se pudo liberar del campo magnético al que el Patriarca lo había sometido y lanzó otro Polvo de Diamante hacia su nuevo contrincante.

El Patriarca esquivó el ataque y, después de un parpadeo, Dégel tenía al Patriarca frente a él, sujetándolo de los brazos.

—Es suficiente, Dégel —dijo el Patriarca en voz baja.

Dégel no notó el movimiento rápido que hizo el Patriarca, sólo sintió un golpe en la nuca y perdió el conocimiento.