Capítulo 1
Se suponía que ese día solo iba a ser uno más de la rutina.
Él la había hecho enojar porque dijo que su comida sabía horrible, ella lo había mandado al suelo, y luego se había internado en el bosque a "dar un paseo".
El grupo, después de consecutivas batallas con monstruos enviados por Naraku a obtener los fragmentos, estaba regresando a la aldea de la anciana Kaede para tener su merecido descanso.
Claro que aunque les quedaban varios días para llegar, el esfuerzo valdría la pena.
Kagome planeaba permanecer en su época por lo menos una semana, y si cierto hanyou caprichoso se negaba, su cuerpo pagaría las consecuencias.
Bueno, regresando a lo que es importante, como era habitual, no pensaba ir a disculparse a pesar de los constantes reclamos de sus amigos.
Sin embargo, empezó a considerar la posibilidad de buscarla, puesto que ya estaba atardeciendo y no daba signos de aparecer…y la discusión entre ellos había sido al mediodía.
Sus preocupaciones se esfumaron cuando la vio salir de entre unos arbustos al grito de "Naraku esta aquí".
No tardaron en salir corriendo hacia la dirección que les señalaba la joven, a quien vio sonreír en el instante en que pasó a su lado.
El motivo de semejante gesto se le hizo incomprensible, no obstante no le dio importancia, no tenía tiempo para perder en pequeñeces.
El lugar donde se encontraba Naraku era un descampado, cuyo fin podía visualizarse en un precipicio, debajo del cual aparentemente había un río, puesto que podía oír perfectamente el correr de sus aguas.
Lo que no esperaba encontrar era a Kikyou en los brazos del bastardo.
No entendía como era posible que no haya podido captar su olor antes, al igual que el del otro desgraciado.
Supuso que probablemente había ocultado su asqueroso olor y el de la miko mediante una barrera, por lo menos hasta que decidió aparecer y Kagome lo vio.
Su cabeza solo albergaba el pensamiento de rescatar a la mujer que estaba en manos de su peor enemigo.
Ni por casualidad se le pasó la idea de cómo fue que Kagome se había encontrado con él sin ser capturada y/o herida…
—Al fin nos vemos Inuyasha…estaba esperándote.
El hombre rió y el gruñó en respuesta, luego de lo cual le enseñó a la mujer que llevaba en brazos, al parecer inconciente, como si de un trofeo se tratase, provocando que sus gruñidos se intensificasen.
—Si la quieres ven por ella.
El hanyou no se hizo esperar, desenvainó a Colmillo y se acercó con intenciones de atacarlo, mas una horda de monstruos se interpuso entre ellos.
Pareciera que no iba a lograr nada atacando al azar, no obstante por un breve lapso de tiempo y gracias a la ayuda de sus amigos, pudo abrirse paso y llegar finalmente a la miko. No tardó en tomarla en brazos y alejarse de allí.
Al contrario de lo que esperaba, Naraku no se resistió ni intentó algo para recuperarla, solo lo vio tranquilamente mientras esbozaba una sonrisa.
Lo miró con asco, nunca podría saber qué era lo que pasaba por la cabeza de ese maldito. Sonreía como si tuviera la batalla ganada a pesar de que ahora Kikyou no estaba en su poder. Eso le enfermaba.
Su amigo se le acercó, su expresión era seria, algo sucedía.
—Inuyasha ¿no crees que es extraño?
— ¿A qué te refieres Miroku?
—Bueno es que tratándose de la Sta. Kikyou pensé que Naraku opondría más resistencia, y al contrario de eso permitió que te la llevases así sin más —hizo una breve pausa para mirar a su enemigo— Me parece bastante raro que se haya aparecido con ella solo para dejar que la rescates luego…me da un muy mal presentimiento Inuyasha.
El aludido meditó un poco en las palabras del monje…entonces no era el único que veía que la situación no era muy normal que digamos.
—Incluso ni siquiera se molestó en intentar robarle los fragmentos a Kagome.
Lo que dijo la exterminadora no era ninguna mentira.
Sabía perfectamente que si Naraku aparecía en persona frente a ellos sólo podía ser por el único propósito de quitarles los fragmentos…y si era posible matarlos en el proceso.
Si bien no había habido ningún intento de su parte de acercarse a Kagome, el muy maldito solo se estaba riendo de ellos y no sabía que era lo que le causaba tanta gracia.
—Inuyasha, sólo has hecho lo que quería.
La voz de la sacerdotisa que aún mantenía con él lo sacó de sus pensamientos.
—El verdadero objetivo de Naraku no era yo…sino Kagome.
— ¿Qué quieres decir Kikyou? —Parpadeó confundido— Si Kagome está justo allí…
Dirigió su mirada hacia el lugar donde se suponía estaba la muchacha, y para su alivio pudo verle.
Miró a la mujer haciéndole saber que no había entendido el por qué de sus palabras.
—Esa no es Kagome, es una marioneta de Naraku.
Aquellas palabras fueron como un balde de agua fría para él, y cuando miró nuevamente a "Kagome", la cual se encontraba medio oculta entre las sombras de los árboles, esta estaba con la cabeza gacha esbozando una media sonrisa.
Levantó su mirada, viéndole con diversión.
—Lo siento Inuyasha…eres demasiado fácil de manipular.
Ella rió, y una pequeña pantalla de polvo o algo parecido la rodeó.
Al recuperarse la visibilidad, lo único que quedaba era un muñeco de madera en el sitio antes ocupado por la joven, el cual poseía un mechón de cabello negro envuelto a su alrededor.
Por su parte, el hanyou se sintió desfallecer, no sabía como reaccionar ante aquello.
Las cosas empezaban a encajar…
La tardanza de Kagome, el que fuera ella quien avisara que Naraku había aparecido cuando él ni siquiera había sentido su olor en el aire, que Naraku entregara a Kikyou sin rechistar y que no hubiera intentado robarles los fragmentos a la chica…todo tenía sentido.
Había sido una maldita trampa, y él de muy estúpido había caído sin darse cuenta.
Su vista ahora estaba fija en el repugnante ser en frente suyo, quien era el único que podía decirle dónde estaba Kagome. Este, como adivinando sus pensamientos, deshizo una barrera de cuya presencia ni él ni sus amigos habían notado, dejando al descubierto lo que había permanecido hasta ese momento, oculto en su interior.
No pudo evitar su sorpresa al verla aprisionada por una especie de raíces carnosas provenientes seguramente de su captor.
Su mirada era vacía, y su rostro no reflejaba emoción alguna.
Su sorpresa pasó a ser ansiedad, preocupación, temor, ira y tantas otras emociones, con las cuales luchaba por no dejarse llevar y cometer algún error.
—Maldito…
Estaba realmente enojado, y no sólo con el bastardo que tenía delante, sino también consigo mismo por no haber sido capaz de darse cuenta que Kagome peligraba.
— ¿A qué viene tanto enojo Inuyasha? Pensé que esta mujer no te importaba tanto como tu amada Kikyou.
El infeliz se estaba burlando de él, y al parecer lo disfrutaba.
El medio demonio depositó a la sacerdotisa en el suelo, y de un salto estuvo a metros del hombre, que por su parte nuevamente le dirigió la palabra.
—Te agradezco por entregarme tan fácilmente los fragmentos de la perla —Sacó algo de entre sus atuendos y mostró su mano abierta, dejando ver un pequeño frasco, dentro del cual un par de luces asomaban— Y no hubiera sido posible sin ti Inuyasha, ya que gracias a que tuviste una pelea con esta mujer y la muy tonta decidió salir a caminar sola, pude atraparla fácilmente.
¿Pero cómo demonios…?
Si el maldito sabía que había discutido con Kagome eso sólo significaba que los había estado espiando…y él no se había dado cuenta.
—Malnacido… espero que empieces a decir tus plegarias… ¡porque te mataré ahora mismo!
Se lanzó hacia el hombre, dispuesto a dejarlo hecho pedazos si era necesario para poder recuperar a la muchacha que aún permanecía en su poder.
Grave error.
Una multitud de monstruos apareció de repente quien sabe de dónde y no le quedó más remedio que hacerles frente si es que quería llegar a su destino.
En ese momento, presenció con horror como su cuerpo era atravesado por las extensiones carnosas de aquel ser, la sangre no tardó en hacerse presente luego de que las masas de carne fueran retiradas.
La escuchó toser, un hilillo rojo bajaba por su boca.
Ahora sí lo había hecho, definitivamente lo mataría, se aseguraría de que no quedara ni rastro de su existencia.
Pero sus pensamientos estaban lejos de concretarse, ya que vio cómo su cuerpo era arrojado sin ningún cuidado hacia el abismo detrás de ellos.
Desesperación. Ese era lo único que lo poseía en esos momentos.
Corrió hacia ella para intentar atraparle, no obstante el infeliz le bloqueó el paso, atacándolo, impidiéndole llegar.
No pudo hacer más que ahogar un grito.
— ¡Kagome!
Como si lo hubiese escuchado, sus ojos se encontraron, lágrimas bajaban por sus mejillas.
No pudo hacer más que ver como caía lentamente, como si de una secuencia de imágenes se tratara.
Al observar mejor notó que estaba sonriéndole…a pesar de lo que estaba sucediendo…a pesar de que no había sido capaz de protegerle…a pesar de estar herida de muerte…
Simplemente le sonreía.
Luego la vio mover sus labios para articular unas palabras que escuchó a la perfección…y que desearía no haber escuchado.
—Adiós…Inuyasha…
Después solo la vio desaparecer en la oscuridad de aquel abismo…y su corazón se estremeció.
— ¡Kagome!
El grito desgarrador que soltó en ese momento le dio a entender a sus amigos, ajenos a la situación, ya que se encontraban peleando con los monstruos para que él pudiera abrirse paso hacia la muchacha, que las cosas no habían marchado como hubieran querido.
No había sido capaz de rescatarla…no la había protegido…había roto su promesa…
