Celda.
Se habían vuelto locos, los dos por igual.
Se dejaron arrastrar por sus emociones, como unos niños tontos, como los adolescentes imprudentes que eran, sacrificaron al comandante por salvar a su mejor amigo, por salvar a esa pequeña parte de una familia rota que les quedaba.
Temía en su primer momento después de todo por Mikasa, por que ella había amenazado con un arma a su superior, rápida y eficiente, ella siempre hacia todo lo necesario por protegerlos, sin mediar consecuencias.
Pero no podían evadir esta, comprendía que actuaron mal para el sistema militar en el que voluntariamente se inscribieran, sus buenas acciones estaban en contra de un plan aun mayor, eran responsables por desobedecer, sublevarse y atacar a un superior, uno que respetaba profundamente.
Traidores, si las cosas no hubieran sucedido como esperaba... ¿Serían capaces de irse? ¿De dejar todo atrás? ¿Por Armin? Se imaginó un mundo sin él y se dio cuenta de que tal vez seria capaz de vivir.
Ahora, el comandante había muerto, Armin corría con la misma suerte de él de haberse convertido en un titán, se rebelaron contra las ordenes de su superior y fueron castigados.
Ambos aceptaron la responsabilidad de sus actos inmediatamente, sin vacilación, sin dudas, ninguno de los dos era cobarde, podía ver el temblor de su mano cuando Hanji abrazo a Mikasa para consolarla, sus decisiones privaron a la teniente de su amigo, ellos salvaron al suyo sacrificando otra vida.
¿A donde los llevo esta guerra?
No sólo él se convirtió en monstruo, sus mejores amigos también lo eran, fue su decisión las que los arrastró a este mundo, si se hubiera quedado dentro de los muros estarían a salvo, los protegería más de lo que hacía en el campo.
Estaban castigados, comprendía la causa y efecto de sus acciones, comprendía lo que hicieron, lo que sacrificaron por Armin, lo cerca que estuvo Mikasa de ser condenada a muerte, comprendía además que sino fuera porque los dos eran importantes para la humanidad tal vez no habrían sido tan suaves, veinte días en prisión no parecía tan severo, tenían camas, aseo y comida.
Lo verdaderamente malo es que se encontraban encerrados, peligrosamente solos, ninguno de los dos era demasiado conversador y tenían demasiado en que pensar. Y eso lo asustaba, pensaba y pensaba en lo sucedido, en todo lo que habían hecho las últimas horas, en su secuestro, en todo lo que se enteró, tantas verdades y secretos.
La primera noche que escuchó los sollozos de Mikasa estaba seguro que soñaba con sus padres, podía reconocer el llanto apasionado que solo esos recuerdos traían, entonces él también lloraba por su madre, por su padre, por el peso sobre sus hombros.
Él fue convertido por su padre en un titán para seguir un plan que estaba previamente trazado, buscando una venganza y un futuro que ni siquiera sospechaba. Ni sabia si estaba a la altura de lo que se esperaba de su persona.
¿Salvaría al mundo o moriría?
Armin le traía las comidas con puntualidad, tomándose el tiempo para tener una corta conversación, entonces podía escuchar la voz de Mikasa y sentirse tranquilo, ella estaba bien.
Hanji o Levi les impuso veinte días de encierro como castigo, llevaba tres días encerrado en esa maldita celda cuando escucho la voz de Mikasa llamarlo con suavidad, su tono le dejaba ver que se sentía perdida también, se sentó en la pared que compartía con la otra celda.
- Estoy aquí. - Le hizo saber.
- Estoy aquí. - Respondió en el mismo tono.
Estaba empezando a sentirse ahogado por la angustia, si pensaba de nuevo en ese día, el Capitán Levi se notaba agotado y débil, solo por eso quizás Mikasa había logrado someterlo, cansado de le lucha, de una lucha que era de todos, Hanji, Hanji debía odiar los en estos momentos, ella era cercana a Erwin, admitió que deseaba que lo salvaron sobre Armin, Erwin murió por su culpa ¿Hanji, la ahora comandante, seria capaz de perdonarlos? ¿Confiaria en ellos de nuevo?
Se sentó en el suelo pensando en sus amigos, en los que quedaban y en los que los traicionaron, en Annie dentro de ese cristal, en la muerte definitiva de Bertholdt, en el hecho de que Armin devoro a Bertholdt, en la muerte de Erwin, en el Capitán, en la Comandante, en Mikasa, en él mismo.
No quería ser un héroe, no estaba preparado emocionalmente para eso.
Maldijo la memoria de su padre por colocarlo en esa posición, luego pensando en retrospectiva sin los poderes de titán habría muerto en su primera misión, habría sido una comida cualquiera.
Suspiró profundamente, los días pasaban lenta y tortuosamente, sin comunicarse ni siquiera con Mikasa solo quedaba él con sus pensamientos, empezó hacer ejercicios el cuarto día para distraer su mente.
Estaba recordando a su madre apoyado contra la pared cuando la voz de Hanji emocionada lo regreso al presente, balbuceaba sobre su postura, sobre lo que dijo, insistía en que contestará preguntas para las que no tenia respuesta, simultáneamente el Capitán abría la puerta.
- Sinceramente, Hanji. Apenas tiene quince años, todos necesitan un descanso a esa edad. - Dijo Levi con seriedad, llevó una mano a su cabeza con expresión triste, frente a él estaban dos personas a las que debía una disculpa.
- ¿Por qué están aquí? - Término gritando deseando que se fueran, que lo dejarán solo, para que pudiera estar a salvo un poco más, por que tenía miedo de enfrentar el futuro.
- Afuera. - Ordeno el Capitán entrando a la celda.
- Pero aun le quedan diez días de castigo. - Apunto Hanji con las manos en los bolsillos y una actitud relajada.
- Hanji ya te hizo sufrir por diez días ¿Acaso fue demasiado? - Preguntó al aire.
Eren apenas escucho las palabras de su Capitán sobre castigos adecuados mientras salia de la celda, inspirando profundamente al escucharlos nombrarlos los héroes que derrotaron al titán acorazado y colosal.
- El comandante Zackley aprobó esta decisión así que no se preocupen. - Comentó Hanji de buen ánimo.
- Dado que no podemos arrestar a los héroes que derrotaron al titán colosal y acorazado. - El Capitán Levi murmuro con tono plano.
Al salir vio a Armin abrir la celda de Mikas, Hanji seguia hablando, a lo que él intervio con curiosidad - Quiere decir que...
- El ejército no puede darse el lujo de no tenerlo a ustedes dos. - Dijo Levi.
- Además ella es la que ha tenido más perdida... - Comento la mujer con un tono maternal, llamando la atención de Eren al ver que su compañera estaba en mal estado - Te ves más delgada, deberías comer más. - Señalo, ella llevo una mano a su cabello aparentemente avergonzada.
- ¿Tú estás bien, Eren? - Preguntó, su voz en un tono bajo que le dio escalofrío.
- Eso creó... - Contestó dudoso pero fueron interrumpidos por el Capitán que les ordenaba que se vistieran.
- ¿Para qué? - Cuestionó.
- Una reunión. - Fue su respuesta.
Habían sobrevivido a diez días de encierro con sus propios demonios, pensó mientras se cambiaban en la misma habitación, una vez listos siguieron a los demás por el pasillo, en un momento pudo sentir la mano de Mikasa entrelazarse con la suya, dándole un apretón para dejarle saber que seguía ahí, que no estaba solo, regresó el gesto sin cambiar la expresión en su rostro, fijándose en lo rara que se veía sin la bufanda.
¿Donde estaría?
Segunda parte de tres, esta vez desde el punto de vista de Eren.
