Heartbeat

By Nikky Nikosa


Capítulo II: Decisión


Sasuke

¿Por qué? ¿Por qué mierda estás aquí? ¿Y por qué yo tuve que venir acá?

Ese sueño tuvo la culpa. Ese maldito sueño fue la causa de que hubiera llegado acá, al lado de esta cabaña en medio del bosque. ¿Por qué tuve que venir, de todos modos? Incluso dejé a Taka atrás. Luego de haber despertado en media de la noche con aquella sensación, me preocupé de dejar el menor rastro posible, para no ser detectado.

Te miro con molestia.

Y tú, ¿qué haces acá? ¿Por qué la vida se empecina en hacerme sentir como a una mierda? Ahora que hacía que mi vida fuera más llevadera. Ahora que ya había dejado de retorcerme en mi agonía, recordando el día en que te dejé en aquella banca. Ahora… que me había resignado a no volver a verte, a no volver a Konoha hasta el día en que la destruyera y tú, quizás, me odiaras.

—Sasuke-kun —musitas mientras las lágrimas mojan tus mejillas.

Y yo, aunque me quiero acercar para consolarte, me mantengo estático, con aquella expresión que utilizo para no dar a conocer mis sentimientos y pensamientos.

Comienzas a acercarte lentamente, pero te detienes de inmediato, con expresión confusa. No entiendo tu comportamiento hasta que noto que tus ojos están fijos observando mi ropa.

—¿Sasuke-kun, por qué estás vestido así? ―preguntas, aunque creo que mi vestimenta es bastante elocuente.

Y yo me avergüenzo por dentro. No lo hago por estar frente a ti, sino de que veas en lo que me he convertido. Y tú ahora me odiarás por eso.

—No es de tu incumbencia —te respondo con ese tono frío, aquel que solía ocupar cuando te quería mantener alejada.

—Eres un akatsuki. ―Cubres tu boca con incredulidad.

—Pensé que era obvio. —Imprimo la cantidad suficiente de desdén en mis palabras.

Te quedas en silencio ―asimilando la situación, supongo― y yo, dando todo por perdido, me doy media vuelta para salir lo más rápido de ahí.

—¿Por qué?

—No tiene importancia —te respondo sin siquiera mirarte.

Y con eso doy por terminada la conversación, pero al parecer tú no.

—No te comprendo. Ya mataste a tu hermano y completaste tu tan anhelada venganza. Pensé que regresarías a Konoha… —Y lo hubiera hecho si no me hubiera enterado de la verdad, estoy seguro de ello—. Ese es tu hogar.

—Te equivocas. —Ahora mis manos están en puños—. Esa aldea no es mi hogar. No hay nadie ahí que sea importante para mí —miento con la voz más fría de la que fui capaz; y eso ya es decir mucho.

Te oigo sollozar y me doy cuenta de que volví a lastimarte. No importa, me digo. Es necesario.

—O sea, yo y Naruto nunca significamos algo para ti. Por supuesto, si te importáramos no nos hubieras atacado aquella vez —dices en un tono triste.

—Escúchame —te digo, comenzando a cabrearme—, no espero que me comprendas. No entiendes nada y no sabes las cosas por las que he tenido que pasar —te digo en tono frio, aun dándote la espalda. Simplemente, no te quiero mirar a los ojos.

—Lo entendería si me lo dijeras. ―Tu voz suena bastante quebrada.

—Olvídalo —susurro, comenzando a caminar para alejarme de ti.

Pero siento cómo tus brazos rodean mi cintura, y cómo tratas de detenerme. Tu acto me sorprende, y provoca que me quede estático por la sorpresa.

—Por favor, no te vayas. No vuelvas a dejarme; no lo resistiría —me dices entre sollozos.

Yo comprendo tu dolor. Tampoco quiero dejarte, pero es lo mejor para ti. No quiero que traiciones la aldea y tampoco quiero que veas cuando la destruya. Aunque sé que eso sería lo mejor; de esa forma, todo sentimiento bueno que sientes hacia mí desaparecería.

—¿Por qué, Sakura? —Siento que pronunciar tu nombre me quema la garganta—. ¿Por qué quieres estar junto a un traidor como yo? —No logro alejar el dolor de mi voz.

—Te lo dije aquella vez. Te amo más que a nada en este mundo —me respondes, posando tiernamente tu cabeza en mi espalda.

Y en ese momento siento que el corazón se me saldrá del pecho. No sabes lo feliz que me haces al escucharte, al escuchar que ese sentimiento que me confesaste aquella noche aún está en ti.

—Por favor, dame una oportunidad. Sé que no sientes lo mismo, pero por favor, vuelve a la aldea.

Al escucharte, siento la necesidad de explicarte que lo que crees es mentira, que te amo más que a mi propia vida. Pero sé que no te merezco. Yo ya tomé una decisión y es una que me terminará alejando completamente de ti y de todo lo que fui en un inicio. También sé que, si te hago creer que no te amo, que no me importas, en un futuro podrás olvidarme fácilmente; eso será lo mejor, para todos.

—No —te respondo fríamente y con la voz desprovista de sentimiento alguno—. El día en que ponga un pie en Konoha, será para destruirla y verla caer.

Al parecer mis palabras dieron el resultado correcto, porque te siento temblar y cómo deshaces al fin el agarre. Sin embargo, te pones frente a mí, mirándome de manera suplicante.

—No es cierto. Por favor, dime que lo que dices no es cierto —me pides en un hilillo de voz.

—Es cierto. ―Desvío la mirada de tus ojos―. Destruiré Konoha, y mataré a Danzo y a los ancianos del consejo.

—¿Por qué?

¿Qué más da que te lo diga? Por todo lo que te he hecho sufrir, mereces saber la verdad, así como un estúpido último deseo.

—Porque Danzo y los del consejo le dieron la orden a mi hermano de asesinar al clan Uchiha ―te suelto sin más, mientras la ira fluye nuevamente por mis venas. Es algo que aún no he superado, ni mucho menos olvidado—. ¿Aun crees que debo volver a Konoha? —Logro imprimir la cantidad justa de ironía en mis palabras.

Bajas la mirada y la mantienes así por algunos segundos, para luego dirigirla nuevamente a mí, esta vez con determinación.

—No te permitiré que destruyas Konoha —dices para mi sorpresa—. Escucha, Sasuke-kun, este no es el mejor camino. Sé que debe ser muy doloroso todo lo que has tenido que soportar, pero esa no es razón para destruir toda la aldea. Moriría mucha gente inocente. Deja que las cosas sigan su curso natural. Algún día ellos pagarán por eso, pero, por favor, no manches tus manos con sangre. No lo soportaría —me dices mientras lloras.

De improviso, te abrazas con fuerza a mi pecho. A pesar de la capa de akatsuki, siento poco a poco la humedad de tus lágrimas.

Por la mierda, no llores. No soporto verte llorar.

Al principio, me quedo paralizado de la impresión. Si hubieras hecho lo mismo hace tres años atrás, yo estaría diciéndote que me sueltes. Estaría falsamente molesto y tratando de quitarte de encima. Pero ahora las cosas son diferentes. El dolor que siento en mi pecho es muy intenso y… te necesito. Necesito, por lo menos, estrecharte contra mí una última vez.

Dudoso y, debo admitirlo, también un poco nervioso, correspondo a tu abrazo, estrechándote más contra mí, sintiendo el olor a cerezas de tu cabello. Todo esto se siente tan bien, que desearía mantenerme así por siempre. Pero eso no puede ser posible, por lo que luego de unos minutos, me veo obligado a alejarte nuevamente.

—Sakura —te llamo en tono suave, un tono que no suelo ocupar mucho.

Te tensas y te pegas más a mí. No quieres soltarme y, si soy completamente sincero, yo tampoco quiero que lo hagas.

Te separo de mí con delicadeza para mirarte a los ojos. Me devuelves la mirada, temerosa. Busco tus manos para entrelazarlas con las mías y, con deliberada lentitud, acorto la distancia entre nuestros rostros.

—Gracias…

Y te beso. Una cálida y reconfortante sensación me recorre la espalda cuando lo hago.

Sé que no es tu primer beso, porque aquel te lo robé el día de mi partida. Quería de alguna forma dejar algo mío contigo; esa era mi promesa de que algún día volvería…

Al principio no correspondes ―estás sorprendida―, pero poco a poco comienzas a hacerlo. Sueltas mis manos para rodear mi cuello y yo paso las mías por tu cintura, estrechándote más contra mí, necesitando tenerte cerca.

Nos separamos, pero te sigo manteniendo abrazada. Me miras sorprendida, mientras las lágrimas nuevamente se deslizan por tu cara. Te sonrío tiernamente, algo que nunca pensé que llegaría a hacer, y busco tus labios nuevamente con desesperación, siendo correspondido de inmediato en esta ocasión.

Comienzo a guiarte hacia dentro de la cabaña, que al parecer es grande, aunque, personalmente, solo me importa que tenga una cama; con eso me conformo. Está deshabitada, así que nos será útil. Busco una habitación que tenga una cama, mientras ahora mis labios están en tu cuello, succionándolo y besándolo, dejando pequeñas marcas a mi paso. Tú, poco a poco, vas despojándome de la capa de akatsuki, mientras yo te ayudo en la labor. Sin poder esperar más, entro en la primera habitación que tiene cama, resultando tener una bastante amplia. Sonrío en medio del beso, pensando que no será bastante útil.

Te guío hacia ella para depositarte tiernamente. No quiero hacer algo mal. Quiero que te quedes con un buen recuerdo mío y que esta noche sea lo más especial posible para ti.

—¿Estás segura de esto? —cuestiono, deteniendo mi labor—. Porque si no estás segura, yo lo comprendería.

Porque yo podría detenerme. Me costaría, claro, pero no quiero hacer nada de lo cual tú no estés segura completamente.

Y tú, por toda respuesta, vuelves a besarme fervientemente. Con eso me basta para que ponga toda mi concentración en ti y continuemos lo que habíamos comenzado.


¿Merece algún review?