Hey chicas/os aquí yo de regreso con un nuevo capitulo del fic n.n... creo que al parecer varios lo leyeron pero pocos dejaron sus comentarios... Pero bueno, la gracia de todo esto es meramente por gusto n.n
Solo espero les guste este capítulo.
Besitos a todos, nos leemos abajo

Capítulo II: ¿Tregua?

— ¿Draco bello señor arrogancia Malfoy? — Gritaron tres chicas dentro de un coche, camino a Hogwarts.

— ¿A caso conocen a algún otro Draco Malfoy? — Preguntó una cuarta voz, exasperada.

—Qué suerte la tuya Herms. — Dijo emocionada la única pelirroja que se encontraba en el carro.

—Tú y el chico más guapo del colegio en una sala común, dentro de la torre de los Premios Anuales. —Agregó una hermosa chica rubia de impactantes ojos azules, llamada Lavender. —Cualquier chica mataría por estar en tu lugar. —Terció una impactante morena de ojos pardos.

—Pues yo no creo que sea suerte. — Dijo Hermione, cansada de que sus amigas dijeran que estar sola con el Gran Hurón Botador sea ser la persona más afortunada del mundo. — Compartir una sala común, con él, el chico que más me ha humillado durante estos años. Realmente no me agrada mucho.

—Pero Mione, es Draco Malfoy, el Slytherin más sexy de todo Hogwarts. — Repuso Parvati.

—Y el chico más arrogante que he conocido. — Masculló la castaña.

—Herms, solo te aconsejo que aproveches al rubio, que mira que una oportunidad así es irrepetible. — Dijo Lavender, emocionada.

El coche se detuvo y Hermione se percató que aún llevaba su ropa muggle.

Mientras las chicas iban sacando sus cosas del portaequipajes, Hermione aprovechó para sacar una blusa, su corbata de Gryffindor, unas medias blancas y sus zapatos.

Se colocó la blusa, colgó la corbata de su cuello y sacándose rápidamente las sandalias, se colocó las calcetas, la falda y los zapatos del colegio.

Se recogió el cabello en dos coletas, dejando un mechón suelto de cada lado, y siguió a sus amigas.

La noche estaba totalmente fresca. Ni pizca de frío, ni de nubes y menos algún amago de lluvia.

Caminaron hacia las entradas del castillo, reuniéndose con Harry y Ron e internándose con la multitud dentro del Gran Comedor.

— ¿Y quién es el suertudo que compartirá la sala común contigo Herms? —Preguntó Harry, con un deje de picardía, una vez que estuvieron bien acomodado en la mesa de Gryffindor.

—Dudo que haya sido suerte la del pobre chico que compartirá la torre con una sa…—Draco calló. La palabra se le había atorado en la garganta. — con la san…con la sabelotodo Potter.

—Malfoy, hazle un favor al mundo ¿Quieres? —Dijo Ron, rojo de ira. — Cómprate un laberinto y piérdete en el. — ¿Quién se creía que era ese rubiecito hijito de papá, mortífago en potencia para insultar así a su amiga?

—Vete a tu madriguera Comadreja. —Le respondió Draco, con sus pensamientos en medio de una tormenta en alta mar. Hacia menos de un minuto había querido insultar a Granger, pero esas dos palabras no salieron. "Date cuenta que realmente ya estás harto del jueguito en el que te introdujo Lucius. Aún tienes tiempo para retirarte Draco" resonó una voz en su cabeza, mientras él caminaba hacia la mesa esmeralda.

—Tal vez tengas razón. —Se respondió interiormente.

Por otro lado, en la mesa de Gryffindor, una castaña rodeada de sus tres rayadas y adoradas amigas era la única confusa. Por primera vez en seis años, Draco Malfoy había dudado en llamarla "Sangre Sucia". Fue la única que se percató el hecho de que Draco no haya sacado su varita en cuanto Ron le respondió. Pero ¿Por qué?

La selección de los nuevos alumnos dio inicio.

McGonagall ingresó por las grandes puertas de Roble, seguida por un grupo numeroso de alumnos cuya edad variaba entre los diez y once años.

Llegaron frente al taburete. La mayoría de los pequeños estaban nerviosos. Otros ansiosos y unos pocos relajados.

Recordó aquel primero de septiembre en que ella fue seleccionada y de los nervios que sentía. También recordó aquella vez en el expreso, cuando estaba totalmente sola y una chica se le acercó amistosamente. Esa fue la primera vez que habló con Pansy Parkinson

\\ Flash Back /

Una niña de once años caminaba apresuradamente por el andén nueve y tres cuartos, buscando alguna entrada que la condujera hacia el interior del tren.

Arrastraba su baúl lleno de libros nuevos y algunas pocas túnicas que su madre le había comprado.

Tan apresurada iba, que no se percató que una chica de su misma edad estaba delante de ella.

Lo siento. — Dijo Hermione, cuando sin querer, su carro empujó levemente a la chica que estaba por delante. — Lo siento realmente, no te vi.

No te preocupes, debes estar ansiosa ¿no? —le respondió la chica, ayudándola a acomodar su baúl que había resbalado del carro.

Si.- reconoció Hermione. —Oh, perdona mi falta de cortesía. Soy Hermione Granger.

Pansy Parkinson— Respondió la chica, cuyos ojos se abrieron solo un poco y dejó escapar un leve aire de asombro. — ¿Por casualidad no eres la hija de Benjamín y Amahia Granger? —preguntó.

Lo siento, pero esos nombres no me suenan. No conozco a mis verdaderos padres, soy adoptada. —Respondió algo apenada Hermione. — Aunque aún conservo mi apellido biológico. — Agregó con una leve sonrisa, sonrisa que fue respondida por otra en los labios de la pelinegra.

Después de mucho buscar, Hermione encontró un compartimiento vacío y sacando un libro muggle que sus padres le habían regalado cuando se enteraron de que la pequeña había sido admitida en una prestigiosa escuela de magia se sentó a esperar a que aquel nuevo viaje fuese más corto.

Disculpa, ¿te molesta si me siento contigo? —Preguntó una voz femenina desde la puerta.

Hermione levantó su vista y encontró a la misma chica con que había estado hablando minutos antes en el andén. —El tren está repleto y no encuentro un compartimiento. —Agregó

Claro que no me molesta. —Le respondió la castaña, sonriéndole a la pelinegra.

\\ Flash Back End /

Uno de lo pliegues del sombrero se entreabrió y una ronca voz salió de su interior.

"Los tiempos oscuros se ponen.

Las tinieblas quieren el poder tener.

Solo la unidad de los magos

Vencerlas finalmente podrá.

Así Ravenclaw socorrerá a Hufflepuff.

Así Gryffindor luchará junto a Slytherin.

Hufflepuff fiel a Ravenclaw será.

Y Slytherin junto a Gryffindor vencerá.

Las diferencias de lado quedarán

Los prejuicios por un precipicio caerán

Y todos como hermanos lograremos ganar

Juntos y unidos, como siempre lo hemos de estar

Tan unidos como los cuatro grandes de Hogwarts

Miles de años atrás lograron estar

Juntos lograron levantar

Una fortaleza que a inocentes salvará.

Profecías y verdades se descubrirán

Cambios a la historia por fin vendrán

Juntando tan solo a la luz con la oscuridad

Del amor puro el vencedor nacerá

Y a las tinieblas vencerá

Junto al espíritu de su madre guiadora de la luz

Y al de su padre que negó a la oscuridad"

Fue la canción más extraña que se haya oído en la historia de Hogwarts.

En la mente de Hermione, habían empezado a crearse cabos que no sabía ni entendía como unir. Como un flash, el recuerdo del sueño de la noche recién pasada se le vino a la mente. La profecía con la que había soñado encajaba con la extraña canción del mohoso sombrero.

"Del amor entre la luz y la oscuridad nacerá el vencedor"—Resonó una voz femenina en su fuero interno.

Una voz que se le hacía extrañamente familiar, pero que nunca antes había oído.

Hermione se sobresaltó, pero dio gracias a que nadie lo notó. Sacudió su cabeza disimuladamente e intentó prestar atención a la selección

—Cuando diga sus nombres, deberán sentarse aquí.-Indicó McGonagall con su índice en el taburete. — Y sabrán a que casa pertenecen.

—Aniston, Keira-—llamó la profesora, mientras una chica caminaba hacia el taburete. —Gryffindor. —Gritó el Sombrero.

Y así comenzó la selección.

Hermione solo oía los nombres que decía la profesora como si viniesen de muy lejos. A su mente regresaban las imágenes del sueño de la noche recién pasada, trayendo consigo imágenes que no había visto en el sueño, pero que sin embargo le daban esa sensación de deja vú.

—Herms, te lo repito.-— Decía por lo bajo Lavender, logrando sacar a la castaña de sus pensamientos. — Aprovecha a Malfoy.

—Que no es asunto de ustedes. — Replicaba Hermione, agradecida por dentro de que su amiga le ayudara sin saberlo a dejar el tema que le rondaba la mente de lado.

-Eiry, Danna- La voz de McGonagall se dejaba escuchar de vez en cuando por los oídos de Hermione.-Slytherin

—Somos tus amigas Mione, sabes que te vamos a ayudar. — Terció la morena Patil.

— ¿Ayudar?— Preguntó asustada Hermione, pues sabía de lo que eran capaces sus amigas. — ¿Ayudar en qué?

—En conquistar a la serpiente claro esta ¿no? — Contestó Ginny, mientras un chico de nombre Nicholas Simonds era recibido por los Ravenclaw.

—A no, ustedes pretenden hacer olvidar algo que ya está enterrado bajo mil cuatrocientos veinte kilómetros por debajo de la tierra. —Replicaba Hermione.

—Herms, te mereces algo mejor que William Roberts, el era un chico casi perfecto, pero sabemos que si logras controlar a la serpiente serás la mujer más afortunada de este planeta. — Agregó la rubia.

Las cuatro guardaron silencio en cuanto Devora Tarcks era seleccionada para Slytherin y con ella, la selección daba término. El profesor Dumbledore se levantó e inmediatamente el murmullo del comedor cesó.

—Como muchos han de saber, este será uno de los años más difíciles que Hogwarts vivirá.

Este año, un mago oscuro al cual todos ustedes conocen, se está levantando cada vez más, y con mayor rapidez de la que alguna vez mostró.

Por lo que les ruego, mis queridos alumnos, aprendan y sepan distinguir entre lo bueno y lo malo, la luz de la oscuridad… el bien del mal.

También recordarles que ustedes y nadie mas que ustedes mismos son los que escriben sus propios caminos, ustedes trazan su propio destino. No dejen que nadie les diga lo que tienen y no tienen que hacer con sus vidas. —La mirada del anciano director se posó en el rostro de cada uno de sus estudiantes.

—Por otro lado, me complace anunciarles que este año tendremos un nuevo miembro en el cuerpo docente. La profesora Isabella Moon se integra como profesora de Defensa Contra las Artes Oscuras. — El gran Comedor comenzó a aplaudir, mientras una mujer de edad madura (no debía de tener más de cuarenta años) se ponía en pie.

De estatura media, cabellos ondulados y de color castaño, con mechas claras, ojos color chocolate y piel bronceada. De sus ojos emanaba sabiduría, fuerza y un atisbo de tristeza.

Hermione la observó atentamente, al igual que muchos otros alumnos y alumnas, pero al conectar sus ojos con los de ella, un nudo se le formó en el estómago.

Sabía que conocía a aquella mujer, se le hacía demasiado familiar, pero su nombre no le recordaba a nadie que pudiese conocer.

—No es necesario recordarles que el acceso al bosque está completamente prohibido, salvo para las detenciones que deban realizarse en él. —Continuó el Profesor Dumbledore, una vez que los alumnos dejaron de aplaudir. — no está permitido hacer magia en los pasillos y no deben andar paseando por el castillo pasado las nueve de la noche, a no ser que deban cumplir alguna detención que termine más tarde.

Y como no tengo nada más que decir, ¡Que comience el banquete! —Las doradas bandejas, antes vacías, se llenaron de exquisiteces luego de que el director aplaudiera dos veces. Donde antes había solo aire, ahora habían cerdos con salsa de manzanas, pato a la naranja, pollo grillé, papas asadas, pastel de carne, arroz blanco, ensaladas por montones y muchos otros manjares que los alumnos disfrutaron al máximo.

Pero los que más disfrutaron aquel banquete fueron los alumnos de séptimo, ya que aquel sería el último banquete de bienvenida de año que tendrían.

—Harry alcánzame la sal por favor. —Pidió Hermione al moreno que tenía al frente.

—Herms, ten cuidado con Malfoy. —le dijo Harry, mientras le entregaba el salero.

— ¿A qué viene eso? —Preguntó contrariada Hermione. No recordaba haber sacado el tema de Malfoy con los chicos.

—A que este año deberán compartir una sala común juntos. —respondió Ron, como si hubiesen ensayado ya esa conversación— y todo el mundo sabe que ustedes dos no son precisamente lo que se pueda llamar amigos.

—No seas aguafiestas hermanito. — le reprochó Ginny, mientras arrugaba una servilleta y luego de darle forma de bolita, se la lanzaba en la cabeza a su hermano.

—Hey. — atinó a decir el pelirrojo, antes de reaccionar y devolverle la bolita a su hermana. Y ahí comenzó la guerra de bolitas de servilleta entre los dos hermanos Weasley.

—A demás. —Comenzó a hablar Lavender. — Hermione sabe cuidarse bastante bien. — La rubia le guiñó un ojo a Hermione, la cual había captado el mensaje oculto y su rostro comenzaba a adquirir diversos tonos, pero todos pertenecientes a la escala tonal del rojo.

Al otro extremo del comedor (o mejor dicho, al extremo opuesto a la mesa de Gryffindor) tres Slytherins conversaban sobre sus propios asuntos.

—Mi padre me ha estado presionando todo el verano para que acepte y me hagan la iniciación. — Comentaba con voz amarga un moreno de nombre Blaise Zabinni.

—Mamá convenció a papá de que no me convirtieran en mortífaga. — le decía una hermosa chica de negros cabellos a sus dos mejores amigos. — Ustedes saben la misión de ella… solo ustedes conocen a lo que realmente se dedica. — agregó esto último en un susurro que solo oyeron Draco y Blaise. — Mamá y yo nunca estuvimos de acuerdo con los ideales de papá y el curso pasado habló con Dumbledore, para que nos ayudara ella y a mi.

—Al menos no soy el único. —Terció Draco, rotando una copa por entre sus dedos, viendo el revolver del zumo que esta contenía. — A demás ya tomé una decisión.

A esta frase, los otros dos lo miraron atentos.

Ambos sabían que Draco Malfoy solo tenía dos posibilidades: O se convertía en mortífago como su padre, o se convertía en un protegido más de Dumbledore.

—La tomé junto a mamá, un día de los tantos en que mi padre estaba lamiéndole el culo a Voldemort. — esta última palabra la dijo con un odio contenido, que daría miedo a quien lo escuchara.

— ¿Entonces, significa que estarás otro año esquivando las lechuzas que te manda Lucius?—Preguntó Pansy, mitad feliz, mitad asustada.

—Si Pan, estaré otro año negándome a lo que hace tanto tiempo anhelé y que ahora tanto aborrezco.

— ¿Y cual decisión tomó tu madre? —preguntó por lo bajo Blaise.

—Mamá ha ingresado a la Orden del Fénix, como una espía entre los mortífagos. — Le respondió Draco, con un deje de miedo en su voz. —Ahora no solo la mamá de Pan está en peligro de ser asesinada si la descubren.

Sabía que aquel camino era el indicado, pero temía a las consecuencias que esto acarrearía. Primero que todo, Lucius los desheredaría, a ambos, tanto a Narcissa como a Draco y segundo, lo más probable es que Voldemort no descansaría hasta encontrarla y matarla personalmente por alta traición.

—Hay algo más. — Dijo de pronto Draco, desviando sin querer su vista hacia la mesa de Gryffindor. —La otra Premio Anual es Granger.

— ¿Y qué hay con eso? —Preguntó Blaise, girando su cabeza y observando la mesa felina.

—Que a Draco le atrae Hermione Granger. — Contestó la chica Parkinson, con una leve y disimulada sonrisa.

—No es eso. — Atacó Draco, con cierto tono en su voz que decía claramente "cierra la boca y no digas tantas estupideces juntas". De pronto, un recuerdo cruzó rápidamente por su cabeza.

\\ Flash Back /

Draco apilaba unas cajas que había encontrado en el desván de la mansión.

Comenzó a deshacer los cientos de nudos que habían atados a las cuerdas que impedían a las cajas abrirse.

Cuando finalmente lo logró, se quedó asombrado al ver que en el interior de la caja, había otra caja, más pequeña pero más elegante.

La abrió con sumo cuidado y observó las innumerables fotografías que ahí había.

La que más le llamó la atención era una fotografía doble. En la primera parte, la primera fotografía, mostraba a una sonriente Narcissa, con una barriga que mostraba sus cinco meses de embarazo, junto a un matrimonio con su hija, quien no superaba los cinco meses de edad.

Al otro lado, salían solo el matrimonio con su hija. Al reverso de las fotografías, había un escrito con una caligrafía fina, bella, perfecta.

"A Narcissa, la mejor de las amigas que alguien podría tener, de Amahia.

En la primera fotografía: tú, Ben, mi pequeña y yo. En la segunda fotografía: Ben, Mía y yo."

\\ Flash Back End /

—Granger tiene una fotografía idéntica a una que encontré en casa. —Dijo Draco, ganándose dos pares de miradas sorprendidas.

— ¿Qué tiene que ver tu familia con la de Granger? —Preguntó Blaise

—Que la fotografía de Hermione es similar a la de Draco, pero la de ella está rota, por en medio. —Respondió Pansy, recordando que en ese verano estuvo en la mansión Malfoy y Draco le había hecho un comentario sobre unas fotografías antiguas que había encontrado en el desván.

— ¿Cómo sabes que Granger tiene esa fotografía? Y ¿Ahora es Hermione? —preguntó confuso Draco

—Porque siempre la lleva consigo y además siempre la he llamado por su nombre Draco, aunque dudo que te hallas dado cuenta de eso alguna vez. Y también tengo la sensación que el pasado de Hermione Granger no tiene nada muggle. Estoy segura que en su sangre no hay ninguna gota muggle, sino que al contrario, su sangre es completamente limpia. Nunca se había visto una bruja que sepa manejar tan bien la magia y que sea de procedencia muggle.

—La madre de Potter era una hija de muggles y fue la mejor de su generación. —Le recordó Draco.

—Sigo sin entender. — Interrumpió Blaise, sacando a relucir su brillante nivel de capacidad mental.

—Tenemos que averiguar que relación hay entre Granger, mi familia y esa fotografía. —Le resumió Draco, que estaba a punto de dibujarle un esquema a Blaise para que pudiera entender.

Blaise soltó una exclamación, dando a entender que finalmente había entendido.

A pesar de que aquel trío de serpientes se mostraban fríos ante todo ser viviente, eran tres amigos inseparables.

Por un lado estaba Blaise, quien era quien ponía esa chispa de humor en todo momento, aunque si la ocasión lo ameritaba, mostraba a un chico completamente maduro, sereno, inteligente y arriesgado.

Draco, con su máscara inexpresiva ocultaba todo el dolor, miedo e impotencia que había estado guardando durante muchos años. A pesar de ser tan frío con todos, era un excelente amigo, confiable y sobretodo muy protector.

Y finalmente Pansy, la única mujer del grupo. La que daba ese toque de delicadeza y perfección. Siempre pendiente de su apariencia, pero sin llegar al punto de ser una descerebrada que se preocupa solo de la imagen y no de los demás.

Siguieron conversando, en murmullos y alejados del resto de sus compañeros, hasta que McGonagall llegó para avisarle a Draco que ya era la hora de comenzar a actuar como Premio Anual.

—Señor Malfoy. —comenzó a decir McGonagall. —Necesito que me espere dentro de cinco minutos en el vestíbulo.

Draco asintió con la cabeza, se despidió de sus compañeros y siguió con su gris mirada a la profesora, mientras caminaba con su típico paso majestuoso hacia el vestíbulo.

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Los rojizos tonos del rostro de Hermione comenzaron a disminuir, a medida que la conversación hacía giros en ciento ochenta grados y dejaban el tema Premio Anual de lado.

—Señorita Granger. —La voz de la profesora McGonagall se escuchó a sus espaldas. —Ya es hora de que se despida de sus amigos. Debo llevarla a su sala común junto con el joven Malfoy.

Lavender, Parvati y Ginny rieron por lo bajo, lanzándole miradas extrañas a Hermione, que intentaba por todos los medios posibles no mirarlas.

Hermione asintió, se despidió de sus amigos, imitando sin querer ni saber lo que minutos antes había hecho un joven Slytherin, y siguió a la profesora, que comenzó a caminar por el comedor, el cual poco a poco se iba desocupando y la condujo hasta el vestíbulo.

Sentado en los primeros escalones, Draco Malfoy las esperaba con una clara muestra de ligero aburrimiento en su rostro.

—Señor Malfoy, si nos hace el favor. — pidió McGonagall. Malfoy se levantó y siguió a las dos mujeres que subían las movedizas escaleras.

Doblaron por varios pasillos, subieron y bajaron escaleras, entraron por varias puertas y finalmente llegaron delante de un cuadro, que mostraba un hermoso paisaje asiático, con una tigresa de bengala que se encontraba jugueteando con sus crías.

—Esta será la entrada a la sala común. — anunció la profesora. —Sus pertenencias las encontraran en sus respectivas habitaciones. Les comunico esto afuera porque no nos es permitido entrar en aquella sala común, solo pueden ingresar las personas a las que ustedes dos autoricen. De antemano avisarles que la habitación del lado norte es la de usted señor Malfoy, y la del lado sur la de la señorita Granger. La contraseña es "Bella Traición". —Dicho esto, la tigresa dejó de jugar por unos instantes, golpeó tres veces con su pata derecha a una roca y esta produjo un ligero "clic"

El cuadro se puso a un lado, dejando a la vista el agujero en la pared que indicaba la entrada a la sala común.

Hermione echó una rápida mirada a su interior.

Era completamente acogedora. Sus paredes eran de un color madera, dos sillones de cuero puestos frente a una crepitante chimenea, que se encendía sola en las horas frías y por las noches, manteniendo el aire constantemente cálido.

Las paredes del lado izquierdo estaban repletas de estantes cubiertos de libros, y en el lado opuesto, una mini barra, con algunas cosas para beber y comer.

En el centro, una mesa de tamaño considerable había sido instalada, para que ambos premios anuales, que además eran prefectos, no tuvieran que estar bajando constantemente a la biblioteca para finalizar sus tareas.

Y finalmente, una escalera en forma de caracol ascendía a lo que Hermione supuso serían las habitaciones.

—Y si necesitan mayor ayuda, la chimenea que ahí tienen está directamente conectada a la chimenea de la oficina del director.

Que pasen buenas noches. —Y dicho eso, la profesora dio media vuelta y comenzó a caminar en dirección al comedor.

Los dos chicos ingresaron en silencio a la sala común.

Hermione comenzó a subir las escaleras cuando una voz a sus espaldas la llamó.

—Granger. —La chica se detuvo, volteó y bajó los tres escalones que había alcanzado a subir, antes de que el rubio la llamara.

—Tú dirás Malfoy. —Le respondió, colocándose frente a él. La castaña se dio cuenta que Malfoy le sacaba varios centímetros de estatura, mínimo unos siete.

—No me gusta dar discursos así que seré breve. —Draco se dirigió a la mini barra y se sirvió un vaso con Whisky de Fuego.

La castaña lo siguió y se sentó frente a él, separados única y exclusivamente por la barra. Se sirvió un poco de licor de café y le agregó un poco de crema, bajo la incrédula mirada de Malfoy.

—Te propongo una tregua. —Le dijo Malfoy, sorprendido de que Granger bebiera. El creía que la sabelotodo prefecta no tenía esos caprichos de beber bebidas alcohólicas.

Hermione abrió los ojos a más no poder, se atragantó con un poco de licor de café que estaba tomando en esos instantes y comenzó a toser.

— ¿Tan mala fue la propuesta? —Preguntó Draco, haciendo una mueca con los labios que fácilmente de podría interpretar como un amago de sonrisa sincera. — Ni que te hubiese pedido besar al calamar gigante. —Agregó, con cierto tono gracioso.

—No…no es…no es eso. —Respondió Hermione entrecortadamente, mientras su respiración volvía a la normalidad y finalmente pudo hablar sin problemas. — Es solo que me ha tomado por sorpresa, nada más.

—Entonces, que hay con la respuesta.

—Se nota que tu paciencia dura menos que un suspiro. —Le dijo Hermione, mientras sacaba una cajetilla de cigarrillos y sacaba uno, poniéndoselo entre los labios y sacando un encendedor de la nada, lo prendió, dándole una gran bocanada.

— ¿Tú fumas? —preguntó incrédulo el chico.

—Como crees. —le respondió sarcásticamente la chica. —solo estoy tragando humo para luego botarlo.

—Valla, al parecer la perfecta prefecta señorita Granger tiene su lado b también… primero me sorprendes con que tomas licor, y ahora sales con los cigarrillos… ¿Qué sorpresas nos traerá después la señorita Granger, me pregunto yo?

—Ya para Malfoy, y dime porqué debería de hacer yo una tregua contigo. —Una mueca parecida a una sonrisa se asomó por el rostro de la chica con el comentario de Malfoy. Había muchas cosas de ella que nadie conocía y muchas cosas que Hermione aún no conocía sobre Draco.

—Porque estoy harto de seguir haciendo el papel de chico frío, sin sentimientos ni emociones.— Shock interno en la castaña— Porque estoy hasta la tusa con las cartas de mi padre obligándome a convertirme en mortífago. — Hermione abrió disimuladamente los ojos. No creía que Malfoy rechazara las invitaciones de su padre, es más, ella juraba y re contra juraba que Draco ya era un mortífago como su padre. — Y porque no quiero que mi último año… bueno, nuestro último año en Hogwarts sea el peor. Al contrario, me encantaría que fuera el mejor año que alguna vez pasé en este colegio… quiero no se ¿Empezar de nuevo? Quiero ser yo en verdad. —Draco se sorprendió de las palabras que fluían por su boca. ¿Realmente era él quien decía esas cursilerías? ¿Y porqué con ella? —

A demás, porque sé que eres la única persona a parte de Blaise y Pan que me podría ayudar, ya que para desgracia de los dos tendremos que convivir juntos hasta junio. —Agregó.

La castaña lo pensó unos segundos o tal vez minutos. Si bien era cierto que debería compartir todo un año con él, también debería de prepararse para los acontecimientos oscuros que se vendrían, ya que estaba segurísima de que Voldemort atacaría más de una vez ese año, es más tenía la ligera sospecha de que muy pronto se verían las caras frente a frente con los mortífagos.

Por otro lado, quería investigar acerca de sus verdaderos padres. Nunca había querido entrar en profundidad en ese tema, pero ese verano le habían llegado los sentimientos de querer saberlo todo de ellos y también le intrigaba la actitud del rubio que tenía frente a ella. ¿Realmente Malfoy estaba siendo sincero? ¿Cuáles eran realmente los motivos del chico como para querer hacer una tregua con ella? ¿Cuál era el secreto que ocultaba? Porque conociendo como conocía a esa serpiente, debería de haber uno detrás de todo.

Solo había una manera de averiguarlo.

—Tal vez acepte una tregua contigo, pero para eso es necesario conversar, conocernos… y dejar los secretos que cada uno sepa del otro dentro de estas cuatro paredes. —Hermione se sorprendió de su propia respuesta.

Draco la miró con una mezcla de confusión y algo más, pero no sabía qué.

—Entonces ¿Tregua? —Le preguntó Draco, extendiendo su mano derecha sobre la mesa.

—Tregua. —Respondió la chica, extendiendo su brazo derecho, cogiendo a fría y tersa mano de Draco, como cerrando un trato.

Una nueva descarga se soltó cuando ambas manos hicieron contacto. Se soltaron rápida y disimuladamente.

— ¿Entonces, quien comienza contando su historia? —Preguntó Hermione, dándole un par de caladas a su cigarro

—Dejémoslo al azar. —Respondió el rubio, sacando un Knut y lanzándolo. Lo cogió a pleno vuelo y lo tapó con su mano derecha

—Si sale cara, partes tú. — Se apresuró a decir la chica, ya que ese lado de la moneda siempre le traía suerte.

Draco afirmó y sacó su mano. Una mueca de decepción se dibujó levemente en su rostro.

Debajo de su mano, el pequeño Knut de bronce mostraba el dibujo de un gnomo.

—Suerte la tuya. —le murmuró el rubio, guardando ese knut de donde lo había sacado.

—Bien, escucho. —dijo Hermione, haciendo oidos sordos al comentario que había dicho Malfoy.

Draco soltó un bufido y comenzó a contar. — Todo comenzó por mi padre, mi padre y sus estúpidos ideales sobre la pureza de la sangre. —A pesar de querer negarlo, Draco sabía que le hacia bien el desahogarse con alguien. — Cuando era más pequeño y no entendía mucho del tema de sangres, mi padre me había inculcado un odio hacia los impuros y los nacidos de muggles. Él había logrado que yo pensara que ellos no tenían derecho ha hacer magia, que no tenían derecho de ser brujas o magos. Literalmente, había logrado lavarme el cerebro. — Hermione escuchaba atenta el relato del rubio, ya que ella creía que todo era por la voluntad de él. Y estaría muy lejos de la verdad si continuaba creyendo lo mismo que desde primer año. —Mi madre nunca estuvo de acuerdo con mi padre. Para ella los nacidos de muggles y los mestizos eran solo personas comunes, que a diferencia de nosotros tenían mezcladas las sangres. —Esto llamó la atención de la castaña, ya que desde que sabía de la existencia de Narcissa Malfoy había jurado y re contra jurado que era una mortífaga o que en su defecto, era una partidaria de Lord Voldemort.

—Ella nunca aceptó la iniciación como mortífago de mi padre, pero por temor a lo que ella sabía que él era capaz de hacer, nunca dijo nada. — Draco hizo una pausa, la cual Hermione aprovechó para servirse un poco más de licor de café.

—Este verano. —continuó contando el chico. — Mi padre estuvo lejos por varias semanas. Semanas que mamá aprovecho para contarme muchas cosas. —Draco dudó unos segundos pero continuó. — junto con Pansy y Blaise, mamá logró que no me uniera a Voldemort ni a sus lame botas el curso pasado.

Mamá me contó que una vez, ella prometió que mantendría a su familia en el lado del bien. Que si no lograba salvar su matrimonio, al menos intentaría protegerme a mi y a ella.

Esa promesa la hizo junto a sus dos mejores amigas: la madre de Pansy y una mujer llamada Amahia.

Actualmente, mamá y la mamá de Pansy cumplieron esa promesa. La otra mujer, Amahia, también, pero ella falleció al poco tiempo en que yo nací. — Draco sacó uno de los cigarros que Hermione había dejado sobre la mesa y luego de prenderlo, continuó con su historia. — Desde que tengo uso de razón, Lucius me ha enseñado a odiar a los mestizos e impuros. Me enseñó el arte de manejar la magia oscura, a como torturar a la gente sin necesidad de utilizar el Crucio. Me enseñó a ocultar mis sentimientos. —El rubio soltó un bufido. — mejor dicho, me enseñó a no sentir, a ser una persona fría, cruel, que no le importara lo que le pasara al resto de las personas. Pero mamá, a escondidas de Lucius, me enseñó a querer, a sentir, me enseñó a expresar mis sentimientos de tal modo que pudiese controlarlos y ocultarlos en presencia de Lucius. —Draco volvió a bufar, con fastidio.

—Eso no suena a una infancia normal. — Comentó Hermione, algo asombrada por los relatos del joven rubio.

Toda su vida creyó que había sido criado como un niño malcriado, que tenía todo lo que quería, que su padre le respondía a cada capricho y que era un niñito mimado.

— ¿Podemos dejar esta conversación para otro día? —Preguntó Malfoy. No quería seguir recordando aquellas cosas que prefería callar. —Mañana comienzan las clases y ya es tarde.- Mala excusa, pero Hermione no dijo nada al respecto. Suponía que Malfoy no quería seguir hablando y le entendía.

—Mañana te cuento sobre mí. —Le dijo la castaña, apagando el cigarro.

Draco asintió, dejó el vaso vacío sobre la mesa y luego de despedirse subió las escaleras.

—Tantas cosas por saber. — Murmuró Hermione, dejando la colilla de cigarro en el cenicero. Limpió los vasos con un simple hechizo, apagó las luces y subió a su habitación.

Entró en esta, se colocó su ropa de dormir, que consistía en un conjunto de short y polera ambos de color zafiro y se dirigió al borde de su cama.

Giró hacia su derecha para apagar la luz que descansaba sobre la mesita de noche, pero un pequeño trozo de pergamino doblado por la mitad captó su atención.

Extrañada, lo cogió con sus dedos y lo abrió.

Escrito con una caligrafía fina, elegante, prolija y en tinta color esmeralda, habían tres palabras. Tres palabras que jamás creyó leer: "Gracias por escucharme".

Sonrió y apagó la luz de noche.

Tal vez no sería tan mal año como lo creyó en el tren.

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So? deberia abandonarlo o continuarlo? Bueno, esta historia la tenía en mente hace muchisimos años... (es mas, tengo algunos capitulos escritos...pero aun tengo que buscarle la manera de encajarlos en la historia xD) y mas que nada por eso estan vivos algunos personajes y blablabla.

Espero sus opiniones en un lindo rr

Saludos