El trato
Aquella noche, después de más de dos meses, Ron se sentó a cenar con Harry y Hermione. La pareja intentó comportarse como si no lo fuera, para hacerle sentir más cómodo. Hermione se sentó junto a él y Harry en frente de los dos. Ron miró a su amigo, si es que aún lo era, con una sombra de rencor. Sin embargo, no pudo evitar comportarse de manera más dócil con Hermione. La chica ejercía una especie de poderoso conjuro hacia él, y hacía tiempo que no la tenía tan cerca. La chica le sonrió y adoptó un tono de voz suave.
Dime Ron, ¿qué hacías en el Bosque Prohibido? – preguntó, de nuevo.
Solo daba una vuelta – mintió de nuevo.
Es muy peligroso, Ron – le advirtió Harry – ¿Y si alguno de los secuaces de Voldemort estaba allí?
¡No pronuncies su nombre! – dijo, con voz chillona.
Lo siento – se disculpó. No era como otras veces, Ron se comportaba de manera extraña – Pero en serio Ron, no deberías estar allí tú solo.
No me ha pasado nada ¿no?
No, pero…
Entonces no tienes de que preocuparte, Harry – sonrió con falsedad – Yo he estado bien.
De acuerdo – aceptó Harry, mirando a Ron confuso.
Y dime Hermione – dijo Ron, volviéndose hacia la chica – ¿Qué tal está, Hagrid?
Bien, asustado, como todos – sus ojos se entristecieron – Tiene muchas ganas de verte, Ron. ¿Por qué no has querido venir?
Ya iré otro día – dijo, sin contestar a la pregunta de la chica – Otro día.
Sonrió una última vez a Hermione y engulló su cena con rapidez. Tenía una cita con aquella misteriosa sombra, y no quería llegar tarde. Estaba intrigado, y a la vez, tenía miedo. Era muy arriesgado, y lo sabía, pero pensaba que era mejor acudir, que sufrir las consecuencias de no hacerlo. Ron miró a Harry, y pensó, que en tiempos mejores, le habría contado a su amigo lo que le había ocurrido en el bosque. Pero aquello había terminado, Ron ni quería, ni podía ser amigo de Harry. No si Hermione estaba en medio de los dos. Cuando hubo terminado el último trozo de su tarta de melaza, se levantó de su asiento y se dispuso a irse.
¿Ya te vas? – preguntó Harry, extrañado – Pensaba que nos ibas a esperar.
Tengo cosas que hacer – dijo, misteriosamente – Ya nos veremos.
Ron, ¿seguro que estás bien? – insistió Hermione.
Si, no te preocupes – esbozó una torva sonrisa – Estoy muy bien.
Abandonó el Gran Comedor, dejando desconcertados a sus dos amigos. El castillo estaba prácticamente vacío, todo el mundo estaba cenando. Mejor, así no le vería nadie, no tendría que dar explicaciones. Caminó durante varios minutos hasta llegar a la Torre de Astronomía. Subió las empinadas escaleras, y llegó a la puerta de la clase de Astronomía. Estaba cerrada, por lo que se sentó, apoyando la espalda en la puerta. Esperaba que esa noche no hubiese clase, no quería que nadie le descubriese. Pasaron unos minutos, y Ron comenzaba a impacientarse. ¿Y si todo aquello no era más que una broma? Se había vuelto bastante desconfiado desde la traición de Harry, así que no descartaba esa posibilidad. Se levantó enfadado y se dispuso a volver a la sala común. Apenas había pisado la quinta escalera, cuando oyó una voz a sus espaldas.
Ya te he dicho que la impaciencia no es buena, Ronald Weasley.
Ron se volvió lentamente, le daba miedo descubrir quien era el que le hablaba. Cuando se volvió, no se podía creer lo que estaba viendo. Abrió y cerró los ojos desconcertado, no era posible. Era… era… ¡él mismo! Si, aunque con varias modificaciones, como si alguien hubiese querido retratarlo pero hubiera aportado pequeñas pinceladas propias. Ron era alto, pero ese otro Ron, lo era aún más. No era pelirrojo, sino que su pelo era de un intenso rojo, tirando a granate. Tenía una sonrisa maléfica, pero parecía inteligente, astuto y poderoso. Aquel Ron parecía ser lo que Ron siempre había querido ser: un chico seguro, astuto, poderoso, con una mirada orgullosa, como si supiera que nadie podía vencerle. Se miraron durante varios minutos, sin que ninguno de los dos pronunciara una palabra.
¿Sorprendido, Ron Weasley? – preguntó el otro Ron, después de un rato.
Pero… pero… ¡tú eres yo! – exclamó, desconcertado – ¿Cómo…?
¿Quieres saber el cómo? – sonrió con malicia – No es eso lo que debe preocuparte, Ron. Hemos venido hacer un trato.
Pero es que no entiendo como…
No te preocupes, pronto lo entenderás todo – se señaló a sí mismo – Yo soy todo lo que tú quieres ser ¿no es cierto?
Bueno, yo…
No estés asustado, Ron – lo tranquilizó el otro muchacho – No hay nada de malo en reconocer que te sientes inferior.
¡Yo no me siento inferior! – exclamó, enojado.
Vamos, Ron, eso no te lo crees ni tú – rió fríamente – ¿Crees que no sé que siempre te has sentido inferior a tus amigos, a tu hermanos?
¡No soy inferior a ellos! – se defendió el chico.
No te equivoques, Ron, yo no he dicho que seas inferior, solo que te sientes inferior – se acercó a él – ¿O me equivoco?
Bueno, puede que en ocasiones, yo…
No temas reconocerlo ante mí, Ron – le dijo, con tranquilidad – No me voy a escandalizar.
¡Está bien! – se llevó las manos a la cabeza – Es cierto que a veces, bueno, que muchas veces me he sentido inferior.
Lo sé, es normal – se pasó la mano por el pelo – Tus hermanos han conseguido muchas cosas y encima eres el mejor amigo de Harry Potter. Debe ser muy duro, ¿no es cierto?
Si, lo es – reconoció – Él siempre me ha ganado en todo, pero ahora…
Ahora te ha quitado lo que tú más deseabas en el mundo – terminó el otro Ron – Por eso, es por lo quiero hacer un trato contigo.
Aún no confío en ti – le miró – ¿Quién eres?
No es algo pueda decirte, Ron – sonrió con tranquilidad – Pero lo que vengo a proponerte, te hará olvidarte de quien soy.
¿Qué quieres decir?
Yo no soy más que el reflejo de lo que tú quieres ser – le explicó – Y tú puedes ser lo que yo soy yo ahora, si aceptas mi propuesta. Y lo más importante de todo, Ron – abrió mucho los ojos – Podrás conseguir aquello que tanto anhelas.
Parece demasiado bueno – se rascó la barbilla – ¿Qué es lo que escondes?
¿Qué quieres decir? – el otro Ron se hacía el despistado.
Es una trato que me favorece mucho – lo miró con desconfianza – ¿Qué es lo que sacas tú de todo esto?
Verte feliz – sonrió haciéndose el inocente.
¡Ja! – se carcajeó – No soy tan tonto como para creerme eso. Dime que es lo que quieres de mí.
Te lo diré más adelante – se cruzó de brazos – Primero tienes que aceptar.
¿Cómo voy a aceptar un trato sin saber lo que me va a pasar? – se dio media vuelta – No acepto el trato.
Espera, Ron Weasley – le retuvo – No he terminado de hablar contigo.
¡No pienso aceptar el trato! – le gritó, nervioso – Esto ha sido una perdida de tiempo.
Solo una pregunta más, Ron – elevó la voz – ¿Estarías dispuesto a hacer cualquier cosa por conseguir a Hermione?
¿Qué? – se volvió – ¿De qué hablas?
¿Acaso no es a ella a la que tanto deseas, a la que tanto anhelas? – sus ojos brillaron con maldad.
Si, pero…
¿Y no es cierto que estarías dispuesto a hacer cualquier cosa por tenerla?
Si, pero…
¿Y no es cierto también que darías cualquier cosa por separarla de Harry, y que él sufriera todo lo que tú estás sufriendo?
Si, pero…
Las miradas de los dos muchachos se cruzaron y empezó a entender lo que el otro Ron le estaba diciendo. Una duda le rondaba la cabeza desde hacía un rato, pero temía pronunciarla en alto. Sacó todo el valor que tenía en su corazón, y le miró directamente a los ojos.
¿Eres… eres… el Señor Tenebroso? – preguntó, con nerviosismo.
¿El Señor Tenebroso? – se rió con frialdad – No, ¿crees que él se preocuparía porque un muchacho de diecisiete años consiguiera a una chica?
No, supongo que no – murmuró cabizbajo.
Ah Ron Weasley, no toda la oscuridad se esconde bajo ese rostro inmundo – miró al cabizbajo Ron – Dime, ¿aceptas mi trato?
¿Y que pasaría si lo aceptase? – preguntó, le empezaba a interesar aquella propuesta.
Irías cambiando poco a poco, tú mismo lo irás notando, no te preocupes – sonrió – Cambiará tu aspecto físico, te volverás más listo, más fuerte, tu magia se volverá más poderosa, y ella… caerá poco a poco en tus brazos.
¿Lo dices en serio? – los ojos le brillaban con solo imaginarlo.
Si – asintió con la cabeza – Entonces…
Aceptó el trato – le estrechó la mano.
No bastará un simple apretón de manos – susurró con suavidad – Tienes que firmar el trato.
Está bien, lo firmó – dijo, impaciente – Haré lo que sea.
De acuerdo.
El otro Ron sacó de su bolsillo un trozo de pergamino y una pluma negra y afilada. Ron leyó el papel, aunque no decía más de lo que el otro Ron le había contado. Este, se entretenía jugueteando con la pluma entres sus dedos. Cuando Ron terminó de leer el pergamino, el otro Ron le tendió la pluma y el chico se dispuso a firmar el trato. Notó un fuerte dolor en el dorso de la mano y vio como su firma, estaba escrita con sangre, su propia sangre. Miró horrorizado al otro Ron.
La sangre es la mejor tinta para firmar tratos – dijo, sonriente – Así no se olvida tan fácilmente lo
Cuando la sangre se hubo secado del pergamino, el otro Ron se lo guardó en el bolsillo. Extendió la mano y la colocó en la frente de Ron.
Deja que mi conjuro penetre en ti.
El chico notó como si algo frío le traspasase por la frente y se metiera en cada rincón de su cuerpo. Era como una especie de ráfaga de aire helado que se introducía en su cuerpo, y le provocaba escalofríos. Después de unos minutos, el otro Ron apartó la mano de su frente y miró al chico, con una sutil sonrisa.
Mañana, cuando te despiertes, el primer cambio habrá surtido efecto – le informó – No te preocupes, no sentirás dolor.
¿Por qué he notado este frío? – le preguntó, temblando levemente.
Es normal, es el hechizo, que ha penetrado en ti – le tranquilizó – Cuando quiera comunicarme contigo, lo notarás. Solo tendrás que venir aquí de nuevo, y podremos charlar. Ahora, lo mejor es que vuelvas a la cama y descanses. Mañana te espera un día muy especial.
De acuerdo – se sentía un poco mareado – Bueno, pues nos vemos.
Si, nos veremos.
El otro Ron le dedicó una última sonrisa y desapareció tras una cortina de humo. Ron bajo las empinadas escaleras sintiéndose algo aturdido y mareado. Mientras iba avanzando, se le iba despejando la mente, se le pasaba el mareo. Se sentía igual, pero a la vez diferente. Vio su reflejo en una ventana, y era el mismo de siempre. Pero sabía que algo había cambiado en su interior, se sentía mejor. No sabía exactamente como explicarlo, pero sabía que no era el mismo de siempre. Llegó a la sala común de Gryffindor y sin hablar con nadie, subió directamente a su dormitorio. Estaba vacío, y eso le gustó a Ron. Se tumbó en la cama si desvestirse y se quedo contemplando el techo del dormitorio. Estaba intrigado por lo que iba a suceder al día siguiente. Si de verdad iba a ser más fuerte, más listo y más poderoso, podría conseguir a Hermione y vengarse de Harry por el daño que le había hecho. Se imaginó a sí mismo deslumbrando a Hermione, haciendo que ella cayese rendida a sus pies. Se convertiría en el capitán del equipo de quidditch, nadie le superaría en los duelos de magia, sería el más listo y astuto de todos sus hermanos, conseguiría superar a todos los que le habían pasado por encima. Sería Ron Weasley, y nadie se atrevería a meterse con él. Sonrió para sí mismo, imaginando los triunfantes actos heroicos que llevaría a partir de ese día. Dejaría ser el que era antes, el segundón en todo, y se convertiría en el primero. Con estos agradables pensamientos, se metió en la cama y cerró los ojos, deseando con todas sus fuerzas que llegara el día siguiente.
CONTINUARÁ
