Disclaimer: Naruto es un anime creado por Masashi Kishimoto, los personajes son todos suyos, yo solo los uso para usar mi imaginación.


UNA PEQUEÑA CRIATURA

Deslicé mis brazos por la superficie lisa y fría de mi cama. Durante toda la noche probé las maneras más inusuales de hacer que el pergamino funcionara.

Le hablé...

—Espíritus del mal, necesito su ayuda para vislumbrar la sabiduría del pergamino, ¡por favor, iluminarme!

Le prendí fuego...

—Si no se quemó la primera vez, no que se quemará ahora... —acerqué el encendedor al pergamino atenta a que las letras volvieran a aparecer, pero lo único que apareció fue humo—. ¡Ay no! —soplé repetidamente para apagar el fuego y suspiré aliviada.

Lo humedecí con pócimas inventadas...

—Un cuarto de vaso de vinagre, una cucharada de bicarbonato y una taza de agua —sonreí satisfecha por la espuma que comenzaba a subir. Corrí rápidamente a mi habitación, y sin quererlo tropecé con uno de mis zapatos, derramado toda la pócima en el pedazo de papel—. ¿Por qué? ¿Qué mal hice para que me suceda esto?

Me sorprende que el pergamino no se haya deshecho.

Le ordené a mis brazos que me levantaran y estos apenas obedecieron. No recuerdo la hora que caí cansada en mi cama. La pieza estaba hecha un desastre, era la primera vez en mi vida que hacía tanto desorden.

Agua desparramada sobre la alfombra, anotaciones sin sentido en un cuaderno, lápices sueltos en el escritorio y un peluche encima de una enciclopedia. Debía ser de Hanabi, probablemente vino a mi habitación y revisó mis cosas. Sino fuera porque el peluche movía su panza lentamente de arriba a abajo lo hubiera ignorado para dar lugar a ordenar.

Pero parecía que existía una tecnología de vanguardia que creó peluches que toman aire.

El muñeco cabía en la palma de mi mano, vestía con una chaqueta negra y arremangada hasta los codos y un pantalón del mismo color algo ajustado, como si estuviera en una fiesta de gala. La curiosidad me impulsó a tomarlo desde la parte trasera de la chaqueta y subirlo a la altura de mi nariz.

Su rostro se volvió morado y el pequeño muñeco pareció cobrar vida para tratar de sujetarme los dedos. Lo dejé rápidamente sobre la enciclopedia al comprender que así lo asfixiaba. El muñeco tosió acariciándose la garganta y balbuceó algunas palabras que no entendí, era otro idioma al parecer.

Era un juguete ciertamente sorprendente. Lo di vuelta buscando el botón de apagado ignorando las palabras de auxilio pidiéndome que parara.

—¿Cómo se apaga este juguete?

—¡Hey, más cuidado! ¡Estoy muy delicado! Ok?

—Alguna instrucción al menos de cómo usarlo.

Inesperadamente sentí un pinchazo en mi dedo pulgar, el muñequito enterraba sus colmillos como un vampiro. Lo sujeté con mi otra mano y miré mi dedo ensangrentado.

—No quise morderte, pero la situación lo meritaba.

—¿Eres real?—pregunté en un hilo de voz.

—¿Y tú qué pensabas?

Caminó por mi brazo izquierdo hasta llegar a mi hombro derecho y saltó hasta mi cama. Rebotó tres veces y luego se estiró, diciendo que era la cama más esponjosa que conoció en su existencia.

Revolví las cosas del escritorio hasta encontrar una curita. Me la coloqué en el dedo para no ensuciar con sangre lo que tocara y me acuclillé al lado de la cama. Mi rostro adquirió interés al recordar lo que había sucedido la noche de ayer.

Aquella pequeña criatura que cabría perfectamente en mi bolsillo era la respuesta a las incógnitas que giraban entorno a la mansión, y quizás, a todo el pueblo de Criessland.

—Te he invocado, ¿no es así? Ayer, con el pergamino embrujado.

—¿Me estás tratando como si fuera una entidad maligna?

—Pues un humano no eres.

Sus ojos celestes como el cielo soleado en un día de verano trataron de indagar en mis pensamientos. Su nariz respingada y sus labios delgados y rosáceos fueron examinados por mis ojos. Temí que su telepatía funcionara conmigo y supiera que tenía ganas de apachurrarlo justo ahora.

—¿Qué me miras Hinata?—la voz de la criatura era algo aguda y ronca al mismo tiempo, ¡lo que me pareció aun más tierno!

Tu linda cara, gatito... Un momento, ¿me llamó por mi nombre?

—¿Cómo sabes quién soy?—se encogió de hombros y se sentó delante de mí. Coloqué los ojos en blanco, tenía la costumbre de preguntar cosas y recibir respuestas.

—Hagamos un juego.

—¿Cuál?

—Puedes hacerme tres preguntas en las que pueda responder sí o no y seré completamente sincero con ellas.

—Hagámoslo.

—Pero si la respuesta es no, deberás hacer lo que yo te pida.

Me mordí la uña del dedo pulgar para apaciguar mi nerviosismo. Era la manera más rápida de resolver mis dudas acerca de él, pero por otro lado, no conocía la encomienda que me encargaría si hacía una pregunta equivocada...

—Acepto.

Me senté en la cama para descansar las piernas. La criatura se cruzó de piernas y quedamos frente a frente. Se veía muy pequeño a mi lado, en verdad parecía un juguete de acción... Hinata, enfoca.

—¿Te llamas Naruto?

—Sí.

—¿... Eres un vampiro?

—Sí.

Aunque lo sospechaba, oírlo afirmar de su boca que era un vampiro me parecía algo irreal.

—Y... —adelante, la respuesta a esta pregunta es obvia—. ¿Has perdido la vida?

—No.

Me churrasqué como un papel quemado.

—¿Cómo diablos? —apoyé las manos en mi cabeza como dos garras de gato.

—Lo hiciste bien, por poco creí que tendría que encontrar a mi colega solo... —rió de manera despreocupada—. Es broma, ¿lo notaste? Sabía que solo reunirías información para dos de las tres preguntas.

Lo ignoré como si no hubiera mencionado palabra y traté de cavilar cómo alguien no envejece con los años, ¿quizás por qué es un vampiro? Aun así ¿por qué nadie reportó aquella presencia fantasmal en la mansión? ¿Vivió entre las esquinas todo este tiempo? La curiosidad se hacía más y más grande, me quemaba el estómago.

—Aguarda, ¿cómo nadie supo que estás vivo? Debió ser difícil que no sospecharan de tu presencia.

—¿No fue suficiente con aquel trío preguntas?

—Explícame, te lo pido.

—Pues...

—Mi curiosidad no se detendrá al menos que me digas la verdad.

—¿Y me creerás?

—Tengo fe—miró la superficie de la cama matrimonial y se perdió en los adornos en espirales adornando la tonalidad blanca, creí que no había logrado convencerlo.

Entrecerró sus ojos gatunos y dijo sin ningún rastro de emoción.

—¿Cómo sería sino...? Lo hice con magia.

Los sucesos fantásticos que acontecieron aquella larga noche le dieron a lo inaudito forma y firmeza.

—Me sellaron en el pergamino que abriste hoy en la madrugada, aquel con mi nombre escrito, y permanecí dormido todos estos años.

Por esa razón no envejeció ni lo descubrieron vagando por los pasillos de la mansión. Su alma quedó encerrada en un espacio entre la vida y la muerte. Deseé saber qué se sentía despertar después de tantos años durmiendo y encontrarse en un mundo irreal. Pero por sus frases sencillas y carencia de emociones supuse que aquel tema avivaba su fibra melancólica, por lo que decidí no preguntar más.

—¿Tienes alguna otra pregunta?

Por supuesto, crecen tan rápido como la división celular.

—No por el momento, Narutín. Pero cuando se me ocurra alguna, te preguntaré.

Su cara se arrugó en una mueca graciosa.

—¿Me dijiste Narutín?

—¿Algún problema?

—Suena raro, no me digas así.

—¿Por qué, Narutín? —sonreí al ver sus mejillas enrojeciendo notoriamente. Lo seguiría llamando de tal manera, solo para ver sus cachetitos colorados.

—¡No me llames así o te muerdo en el dedo!

—Atrévete —me levanté de la cama desafiándolo con la mirada.

Infló las mejillas como un niño de seis años y se cruzó de brazos con desdén, me sentí un pelín culpable.

—Es temprano, y mi papá y mi hermana siguen durmiendo, creo que es el momento perfecto para hacer lo que me quieres pedir.

—Está bien.

—Genial, vamos por eso.

—Pero necesitaremos una vela.

Acerqué mi mentón a mi cuello y alcé una ceja.


Me coloqué mi abrigo rojo y entallado porque sus bolsillos en forma de globo desinflado era lo que necesitaba para guardar la vela, el encendedor y a Naruto. Coloqué los objetos en mi bolsillo izquierdo y a Naruto en el otro.

—¿Cómo te sientes, Narutín?

—Molesto porque me sigues llamando ridículamente.

—Mejor acostúmbrate porque es tu nuevo apodo.

Naruto me sacó la lengua y se escondió en mi bolsillo. Desvió la conversación con una queja obstinada. No deseaba saber si le gustaba o no le gustaba el nombre, solo si sentía curiosidad por descubrir cuánto cambió el mundo desde que lo vio por última vez. Su forma de vestir me recordaba a las prendas que usaban los chicos que se hacían llamar góticos o emos, ¿habrá vivido en aquella época victoriana?

Salí de mi habitación dejándola ordenada y aromatizada tras de mí. Los pasillos de la mansión se hallaban vacíos, por lo que agradecí que fuera día domingo y que mi padre permitiera a los empleados tener el día libre. Cuando llegué al primer piso me dirigí a la cocina caminando distraídamente hacia el refrigerador.

—¡Hinata cuidado!

Tropecé con el pie de la mesa y caí de cara al suelo. Felicitaciones Hinata, eres la maestra del sigilo.

—¿Estás bien?

—No… Siento la cara adormecida.

—¿Hinata, qué haces en el suelo?

—¿TenTen?

Sentí a Naruto escondiéndose en mi bolsillo. Tenten tiró de mi mano derecha y me ayudó a levantarme. Me hizo preguntas inquisitivas notando que saldría, tratando de reunir información. Era mucama personal y amiga de travesuras, sin embargo, tenía problemas con morderse la lengua. Preferí no arriesgarme y marcharme con la excusa de que se me hacía tarde.

Afortunadamente la técnica funcionó.

El sol amarillo alumbraba el jardín de la mansión de centro a rincón. La hierba parecía ser más verde y las flores parecían más coloridas. Los rayos de calor que provenían del cielo me hacían sentir calor. Me abstuve de sacarme el abrigo hasta que el calor pudiese conmigo.

Recordé que Naruto era un vampiro y que en las películas aquellos seres de la oscuridad se quemaban con la luz del sol… Y morían. Me volteé para asegurarme de estar sola y le pregunté a Naruto:

—¿Te sientes bien? ¿El sol te quema la piel?

—No moriré si me tocan los rayos del sol, por si eso crees.

—Qué alivio oírlo.

—Solo comienzo a debilitarme… Nada que un poco de sombra no pueda arreglar.

—Entiendo, no es peligroso.

—No, no lo es.

Más tranquila salimos de la propiedad y quedamos frente a la carretera. Y el calor pudo conmigo. Me quité el abrigo y coloqué a Naruto en mi hombro.

—Oye dije que no me mataba, pero el sol me hace sentir soñoliento…

—No es nada grave. Ahora, ¿por dónde debemos ir?

Apuntó con su dedín hacia el interior del bosque y se retorció con desesperación en mi hombro cómo si estuviera muriendo. Qué melodramático. Cruzamos la calle y entramos en el espeso bosque de Criessland. Las ramas de los árboles, cubierta de hojas por la estación de primavera, nos hicieron sombra. Naruto dejó de retorcerse y yo volví a colocarme el abrigo, comenzaba a enfriarme.

—¿Queda muy lejos?

—Lo sabrás cuando lleguemos.

—¿Qué haremos allá?

—Es preferible no hablar de esto aquí, si deseas saber que sucederá espera un poco más.

—No me va tanto misterio, la curiosidad me mata por dentro.

—Paciencia, Hinata.

Algo molesta expulsé aire por la nariz y me sobrecogí en mí misma. Las dudas se atiborraban en mi cabeza, pero Naruto no tenía cara de querer contestar ni una sola. Anduvimos un largo trecho, como siguiendo un sendero imaginario.

Cruzamos obstáculos y les saqué una fotografía mental para volver a esos momentos cuando lo desease. Anduvimos por un puente viejo y con tablas rotas que cruzaba un río por el que no corría agua, cubierto por cientos de hojas secas y rojizas; Nos deslizamos por un pequeño peñasco y me pregunté si lograríamos subirlo luego; Y saltamos sobre las deformadas piedras de un río con agua cristalina.

Yo y Naruto llegamos a una cueva de piedras grandes y anaranjadas. Pude sentir cómo afirmaba la tela de mi camiseta marinera, ¿se sentía nervioso o era un gesto de terror? Me pidió que entrara al túnel, por ende encendí la pequeña vela con aromatizante de vainilla y nos adentramos en el sombrío túnel.

Estaba cubierto de telarañas y del techo colgaban piedras negras y puntiagudas, traté de ignorar la sensación de peligro y controlar el ligero temblor en mis piernas. El camino terminó en una construcción rústica, el suelo estaba hecho con piedras y cemento y de las paredes colgaban finos candelabros en los que había rastro de velas derretidas. Me giré hacia atrás y no vi la luz al final del túnel, nuevamente la sensación que me impulsaba a largarme de ahí.

Naruto se deslizó por mis prendas de ropa hasta colocar sus pies en el suelo. Me agaché para alumbrar su camino y noté un círculo hecho con tinta negra y letras escritas en un idioma que desconocía. Coloqué la vela sobre un punto hecho en el centro del círculo suponiendo que eso iba ahí.

—Nos falta algo… —Naruto lucía incómodo.

—¿Qué cosa?

—… Sangre de humano.

—De acuerdo, sé que no me matarás.

Estiré mi dedo para que lo mordiera sin mucho pensar. Naruto se acercó y sujetó mi dedo con sus pequeñas manos, luego clavó sus colmillos. Sentí un pinchazo.

Guio mi dedo y formó tres comas alrededor de la vela. Se arrodilló al norte del círculo y me pidió que me arrodillara hacia el sur. Sus palabras comenzaron a hacer eco en el túnel, era un idioma distinto al japonés, nunca en mi vida lo había escuchado.

Gritos de personas asustadas se escucharon alrededor de nosotros, como si estuviesen sufriendo un gran dolor.

Sálvanos.

Huye.

¡Corre, Hinata!

Los gritos me alteraron. ¿Quiénes eran? ¿Por qué estaban ahí? ¿Cómo sabían mi nombre? Planeaba escucharlos y huir de la cueva, pero cuando hice ademán de levantarme, Naruto dijo:

—¡Quédate ahí!

—¿Quiénes son?

—Gakuzas.

—¿Qué es eso?

—No hay tiempo para explicaciones, por favor, confía en mí y no te muevas.

Oyendo sus palabras, volví a mi posición y traté de hacerle frente a mi corazón asustado. Me impresionaba la capacidad que tenía Naruto para darme valor, aunque su cupiese en la palma de mi mano. La vela se apagó y una sombra emergió del interior del círculo. La cueva quedó en un denso silencio. Pero cuando la ignorancia me hacía temer otra vez, sentí a Naruto sujetando mi dedo pulgar y susurrando un casi inaudible "estoy aquí", sentí que quería ser apachurrada por él.

Un momento, ¿cómo dije?

—No puede ser…

—Los años no te han pesado, Sasuke.

¿Cómo pudo verlo con semejante oscuridad? Su visión de vampiro, supongo. ¿Sería Sasuke también un vampiro? Qué estoy pensando, conocía a Naruto, por supuesto que sí.

—¿Quién es la humana…? ¿Hinata… eres tú? ¿Cómo…?

—¿Cómo sabes mi nombre? —¿Otra vez? Debía estar soñando, ¿cuándo me volví tan popular?

—Es otra, Sasuke.

Pude notar la melancolía de Naruto en su voz, e interpreté el silencio de Sasuke como decepción.

—Salgamos, por favor, la humedad de la cueva me está mareando.

Naruto y Sasuke comenzaron a caminar porque pude escuchar sus pasos dejándome atrás. Cuán considerados, me halagan. Corrí hacia ellos olvidando la vela y el encendedor.

—Es una cueva muy rústica, nunca había visto piedras tan puntiagudas colgando del techo.

—¿Qué piedras? —inquirió Naruto.

—Las que cuelgan del techo.

Oí una risa burlona, era ronca, detecté a Sasuke.

—Son murciélagos, Hinata.

Mi piel empalideció al imaginarme los rostros peludos y extraños de estos pequeños animales, y en pocos minutos había corrido fuera de la cueva, a salvo. Me pasé la mano por el cabello y traté de recuperar el aliento. Minutos después Sasuke y Naruto salieron de la cueva, Naruto estaba cruzado de piernas en el hombro de Sasuke.

Mientras caminaban hacia la sombra observé detenidamente a Sasuke, era alto, de tez pálida como cualquier vampiro, sus ojos y cabello era negro como la noche, parecidos a los míos, solo que este amarraba su cabello en una especie de chongo.

Expelía un aire, ciertamente, sensual.

Me senté a unos metros de ellos para darles tiempo a solas. Parecían muy amigos, Sasuke se burlaba de su tamaño y reía al sacar a Naruto de quicio. Una clara muestra de amistad. Pasaron unos minutos y la conversación adquirió seriedad. La curiosidad me inspiró a unirme a la conversación.

—¿Qué sucede, por qué tan serios?

Naruto y Sasuke dudaron si contarme o no, pero creo que pensaron igual que yo, necesitarían a una humana.

—Hinata, esto es un asunto importante, necesitamos que lo asumas con madurez.

—Pueden contar con eso.

Comprendía que era un tema importante desde que cuando caminaba hacia el sótano las luces del pasillo se encendieron solas.

—Hay una unión de vampiros llamada La Guía que aparece cada doscientos años para alimentarse de la gente.

—¿Cómo lo que hacen ustedes?

—Se dedican a secuestrar humanos jóvenes y las retienen hasta que su sangre deja de ser fresca… entonces los asesinan.

—Oh…

Hinata no seas estúpida, si fueran como La Guía estarían a su favor.

—Pronto se cumplirán los doscientos años de la última masacre que hubo, debemos impedirlo.

—¿Por qué ahora? ¿Si pudieron hacerlo hace siglos, por qué les interesa detenerlos este año?

—Eres brillante… No me esperaba menos de ti.

¿Eso era ligue? ¡Qué ternura!

—Sasuke, ¿puedes? —nuevamente, el pasado sensible de Naruto.

—Digamos que hace doscientos años nos arruinaron la vida, no permitiremos que se la arruinen a alguien más.

Esas eran duras palabras para una dura realidad.

—¿Cómo los ubicaremos? ¿Necesitas una pieza Sasuke? Mi padre recibiría invitados sin problemas. Y puedo parecer muy tímida, pero soy buena actriz, si necesitan que me infiltre en La Guía solo pídanmelo —mencionar el nombre de la unión vampírica se sentía como ser parte de un libro de misterio y criminalística.

—Sasuke me hablaba de sospechosos de una escuela no muy lejos de Criessland. Me parece buena idea que Sasuke se quede en la mansión. Y no, no te infiltrarás en La Guía, no quiero que te pase nada malo, Hinata.

La preocupación que mostró Naruto por mí hizo que mi corazón bombeara más rápido.

—¿Cuál es… esa escuela? —traté de sonar clara, pero las últimas palabras de Naruto me pusieron nerviosa.

—Miyazaki College.

¡Sakura estudiaba ahí! Se iluminó la ampolleta arriba de mi cabeza, le diría todo a Sakura y vengaríamos la muerte de las personas que asesinó La Guía.

Resolveríamos el misterio de esas personas desaparecidas, y lo haríamos los cuatro juntos.


Coni hyuuga

¡No te mueras, por favor!

Curiosidad mala, deja a Coni tranquila :v.

Aquí publiqué el primer cap, no te me mueras.

Matta ne! ^^