Disclaimer: Nada me pertenece, todo es de J.K.

Notas: Pancha, lo siento mucho por el retraso y por lo ñoño que es.


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Capítulo 2

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Y luego no fue más que dejar caer la cabeza sobre la almohada y mantener los ojos cerrados. No se veían hipogrifos de colores, ni estrellas, ni colores intensos y desconocidos. Sólo era sentirse embargada por una sensación de paz, como flotar en el agua, como esos minutos en la mañana en que no se está completamente despierto ni completamente dormido.

- Ginny, no te vayas a quedar dormida aquí.

Pero ella ni siquiera era capaz de moverse, quizás ya era demasiado tarde para la advertencia de Sirius, porque no se sentía capaz de levantarse y arrastrarse hasta su cuarto; aquel que estaba varios peldaños más abajo, ese en el cual le esperaba Hermione. Ginny se preguntaba qué tan inapropiado podría ser quedarse a dormir ahí, musitar a Sirius que si quiere él se largue de ahí, o que duerma donde se le antoje. Porque ni siquiera eso podía importarle en ese momento.

- Ya sabía yo que era mucha. A ver... te tendré que llevar a tu cuarto.

No protestó, pero ganas no le faltaron. Si tuviese tenido mayor control sobre sus músculos se abría incorporado e intentado caminar por sus propios medios, de hecho, se preguntó si pesaba mucho para que Sirius la tomase en brazos y la llevara hasta su cuarto, pero a decir verdad, tan pronto él la sostuvo, ella se sentía como una pluma deslizándose por el aire. No podía abrir los ojos, era como si los tuviese pegados, sin embargo, casi tenía plena conciencia de lo que sucedía a su alrededor, y por supuesto, escuchó perfectamente cuando Sirius le dijo a su madre, cuando se cruzaron en un pasillo, que estaba borracha como si fuera Mundungus.

- Sirius, ¿qué le has hecho a mi hija? -Preguntó atacada Molly. Ginny sólo sonrió cuando Sirius le contestó que nada, que sólo se había quedado dormida en una habitación desocupada y que le había dado pena despertarle.

El camino en los brazos de Sirius era similar al arrullo de una mecedora, suave, continuo, sin abruptos. Casi como volar en escoba. Dos segundos después de ese maravilloso descubrimiento, Ginny siente que cae en un insulso colchón, que no es ni la mitad de cómodo que su antiguo soporte. Sin embargo, se da vuelta y lo último que escucha es a Hermione preguntar -¿Está bien? ¿Qué le ha ocurrido?

A la mañana siguiente, tan pronto como se despertó, recordó todo de golpe. Probablemente su madre la regañaría por quedarse dormida en cualquier parte, Hermione le interrogará y sospechará hasta de su sombra y Fred y George se burlarán de ella durante todo el día. Todo eso sin contar, su preocupación por la reacción de Sirius.

Mientras se levantaba de la cama, pensaba que él creería que eso pasó porque es una niña. Pensó que no le volvería a hablar, no le volvería a confiar nada. Volvería a ser el elemento solitario, ese que vagaba por rincones preguntándose qué hacer, aquella que siempre tenía que ayudar a mamá. Volvería a ser ese trozo transparente, salvo para cuando hay que poner los cubiertos en los mesa.

Tan pronto como salió al pasillo, con el pelo enmarañado y los ojos llenos de lagañas, se encontró con él. Sirius le saludó, a percepción de Ginny, de un modo especial. No es que le dijera algo, sino que fue el tono de voz que empleó: tan íntimo, confidencial. Ginny no fue consciente de su sonrojo cuando le oyó decir. -Estoy seguro que has dormido bien. -Y le guiñó un ojo enigmáticamente.

Ginny sólo le sonrió en respuesta, no quiso hablarle porque recuerda perfectamente bien que anoche no se cepilló los dientes. Caminó rápidamente hasta el baño y cuando estaba a punto de abrir la puerta, ésta es abierta por alguien más, alguien que sale con el pelo mojado, una toalla amarrada a la cintura y con el aliento mentolado. Es su hermano Ron y no encontró mejor saludo que decirle. -¿Te has dado cuenta, Ginny, que te ves muy fea en las mañanas?

- No, pero me he dado cuenta que eres un idiota.

Esa mañana transcurre con normalidad. Luego del desayuno Harry se encerró en su habitación, Hermione y Ron lo intentan ayudar con lo que sea que le tiene preocupado, los Gemelos murmuraban cosas con Mundugus Fletcher, Remus estaba en la cocina con Molly y Sirius, y éstos últimos nuevamente estaban discutiendo. Por un momento Ginny creyó que podía ser por culpa suya, pero cuando se acercó y puso cuidadosamente el prototipo de las orejas extensivas de sus hermanos, comprobó que el tema seguía siendo el mismo de siempre.

- Entiéndelo, Molly. No eres su madre.

- Y tú tampoco eres su padre.

- Pero soy su padrino...¡Maldición! Eso significa muchas cosas, Molly. Fue James y Lily quienes me eligieron para cuidarlo.

- ¿Y puedes hacerlo realmente, Sirius? ¿Puedes cuidar de Harry? Ni siquiera puedes cuidar de ti.

Suficiente. Ginny no quería saber más de eso, no tenía ningún interés en que la sorprendieran con las mejillas casi pegadas a la puerta, y tampoco le interesaba estresarse pensando quién de los dos tenía la razón. Se dio vuelta y se acomodó a todo su largo en uno de los viejos sofás de Grimmauld Place, y tan pronto como colocó su cabeza sobre una torre de cojines escuchó un ruido estrepitoso. Luego, Sirius salió hecho un torbellino de la cocina, con las mejillas llenas de color y el ceño tan fruncido como nunca antes le había visto.

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Creía que le ardían un poco las orejas, pero qué poco importaba. Sirius avanzaba por la escalera sin detenerse en ninguna de las caras que se asomaban por las puertas de las habitaciones para saber qué fue ese ruido. Sólo le interesaba llegar a su habitación y encerrarse ahí hasta que se le pasara un poco la rabia, y mientras pensaba en eso, se sentía de la misma forma que si estuviera en Azkaban.

¿En qué momento se fue todo a la mierda? James, Lily, los McKinnons, tantos otros. Sin contar que perdió también a Peter. ¿En qué momento perdió el control de su vida? Por eso le pegó un puñetazo a la pared, mientras maldice su suerte y de paso a Voldemort. Y deja caer unos cuantos golpes más con toda la fuerza que sus músculos encerraban.

Cansado, y bastante más hastiado de lo que normal, Sirius se tendió en su cama. No lograba dejar de pensar en todas las cosas atroces que había tenido que vivir y soportar, no podía detener el eco de voces amargas que gritaban en su cabeza. El tiempo pasaba y creía que esta vez se había pasado con Molly, que quizás no debería haberle gritado tantas cosas dolorosas. Un claro signo de aquello era que Remus aún no venía a hablar con él, pidiéndole que la comprenda. Sí, probablemente fue más grosero de lo que podría haberse permitido. Después de girar muchas veces sobre su cama, decidió que lo mejor era acabar con la sesión de autocompasión y tratar de aprovechar lo que tenía. Porque aún tenía a Harry. Y junto con él, ese maravilloso grupo de personas que era la familia Weasley, incluida, a pesar de todas sus diferencias, Molly. Eso es algo por lo que dar gracias y alegrarse en cada momento, pensó Sirius. Desvió la mirada hacia las fotografías de la pared, y por un momento le pareció que James le sonreía de una manera especial, como si intentara darle ánimos.

Cuando descendió por las escaleras vio a Ginny tendida en el sofá, enredando las puntas de su cabello en los dedos, formando rizos que se deshacen en un segundo. Tenía la misma mirada vacía y triste de los últimos días. Fue entonces cuando Sirius comprendió que quizás lo que le sucedía a él era horrible, pero esa niña estaba tan aburrida y encerrada como él. Y pensó que no era justo, porque cuando él tenía quince años vivió los mejores años de su vida y fue tan asquerosamente feliz que hasta creía que su vida actual es quizás el precio que tiene que pagar por tener una adolescencia tan privilegiada.

- ¿Sabes jugar al snap explosivo?

- ¿Uhm?

La sacó de sus pensamientos. -¿Quieres jugar snap explosivo, gobstone, ajedrez, ludo, poker? Lo que sea. Me aburro, Ginny.

Ella le sonrió y se incorporó lentamente para luego terminar sentada en el suelo. -¿Qué tal ajedrez mágico? -dijo, y comenzó a trenzarse rápida y descuidamente su larga cabellera pelirroja.

- Me da igual, seguro que te gano en todo.

- Ya veremos. ¿Qué pasa si gano yo, Sirius?

- Uhm. -contesta meditabundo. -Si pudiera ir hasta el callejón Diagon tendría dinero y podríamos apostar...pero no tengo nada...

- Tienes muchas cosas interesantes que apostar. -Sentencia Ginny, con una leve sonrisa. A Sirius le pareció algo maligna, por eso le miró de lado, intentando adivinar a qué cosa se refería específicamente. Por un momento pensó que quizás ella se estaba refiriendo a la manzanilla africana, pero desecha esa idea de su cabeza, porque no entendía porqué motivo Ginny querría dormir y estar completamente relajada la mayor parte del tiempo. Sirius terminó sopesando las opciones, y cuando descubrió que no perdía mucho, alzó las cejas al tiempo que asintió con su cabeza. -Muy bien, ¿pero qué me darás tú si yo gano?

- Podría limpiar el baño de Buckbeack.

- No, eso no. Es peligroso, además lo hace Kreacher.

- No tengo nada más para darte.

- Claro que sí. -Le dijo Sirius automáticamente, porque no le pasó desapercibido la sinceridad de ese comentario. Ginny Weasley era una niña pobre. Cuando decía que no tenía nada, no lo decía genericamente, sino que de verdad. No tenía nada, ni siquiera una mascota propia. -Si sabes cocinar como tu madre, me encantaría comer un pastel de manzanas. Y dudo que ella me prepare uno, está tan enojada conmigo que si le pido uno seguramente me lo lanzaría por la cabeza. -Sonrió, como si la idea de Molly lanzando pasteles y cacerolas le divirtiera de sobre manera. -¿Qué te parece? ¿Trato hecho?

- Hecho.

Ninguno de los dos es plenamente consciente de las habilidades del otro, Sirius no espera que aquella adolescente sepa jugar tan bien al ajedrez, claro, porque suponía que estaría más preocupada de que su pelo luciera sedoso y brillante que de aprender juegos de táctica militar. Quizás que otro misterio oculta Ginny, pensó Sirus, quizás hasta sabe jugar bien al quidditch.

Y aunque ambos estaban sumamente concentrados en la partida de ajedrez, Sirius no podía dejar de notar que cada vez que ella analizaba un movimiento se mordía el borde de las uñas, que cuando estaba a punto de comerle una pieza torcía los labios de un modo especial, y que cuando no sabía qué hacer le preguntaba "Sirius, ¿eso que está en la pared es una araña enorme?" y trataba de cambiar el orden las fichas. Sin embargo, al final llegó el temido. -Jaque Mate. Para mañana en la mañana mi pastel. -Sirius jamás reconocerá que sólo le ganó porque es mejor observador que jugador, y Ginny es un libro abierto, llena de señales. Se levantó del suelo bastante más aliviado, y se estiró de tal manera que parece que sus brazos iban a alcanzar el techo. Luego le guiñó el ojo furtivamente, se va en busca de Remus.

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Ginny descubrió algo. A las siete de la mañana, aunque sea verano, hace frío. Y ella estaba en pijamas intentando descifrar lo que decía aquel viejo libro de recetas de su madre, ese que heredó de su abuela. Sentada en un taburete, con un vaso de leche en la mano, leyó por tercera vez sólo para comprobar si entendió bien las indicaciones.

Pastel de Manzanas

Ingredientes:

4 manzanas grandes peladas y cortadas

1/4 taza de azúcar

1/2 cucharadita de canela en polvo.

1/2 taza de azúcar impalpable

2 cucharadas de mantequilla

2 huevos

1 taza de harina cernida

1 cucharadita de polvos de hornear Madame McCake

Preparación:

Coloque a trabajar su varita y ponga una capa de manzanas en un molde aceitado, espolvoree con la mitad del azúcar y la canela. Ponga una nueva capa de manzanas y cubra con el azúcar y canela restante. Mezcle aparte media taza de azúcar con mantequilla, agregando los huevos.

Ponga la harina y los polvos de hornear Madame McCake. Vierta sobre las manzanas.

Lleve al horno por 30 minutos.

Lo peor de todo eso es que ella tenía que hacer todo manualmente, sin varita. Siguió las indicaciones inicialmente, pero luego cuando manchó con yema de huevo las hojas del libro, lo limpió y lo dejó donde su madre lo guardaba y decidió que juraría hasta la muerte negar que fue ella quien estropeó el libro. Culparía a Ron, o a los gemelos. Mejor a Percy. Y con el resto de la receta siguió como le parecía que era originalmente. Una hora más tarde, con la cara llena de harina y con mantequilla en el pelo llevó su pastel al horno. Se sentó a esperar mientras leía una revista vieja que había encontrado en uno de los muebles. Nada interesante, horóscopos añejos, trucos de bellezas caseros, test para saber qué tan pura era la sangre de tu familia y una sección de reportajes, cuyo titular era "Conveniencias de involucrarse con un hombre mayor". Precisamente cuando se disponía a leer aquella sección apareció su madre ahí, con una bata fuertemente ceñida a su cuerpo.

- ¿Ginny, qué estás haciendo tan temprano en pie?

- Tenía ganas de cocinar

- ¿De cocinar? ¿A las ocho de la mañana?

- Quería comer pastel de manzanas...

- Sí, claro. -Interrumpió Molly, escepticamente. -Ginny, sé perfectamente bien a quién le gustan los pasteles. -Se sentó junto a ella, y continuó. -A Harry le gustan los pasteles de melaza, no de manzana, hija. Para la próxima vez me pides ayuda, ahora ve a bañarte. Luces fatal.

Ginny solamente asintió, no se molestó en aclarar que aquel pastel no era para Harry, sino para Sirius y le dio un sonoro beso en la mejilla a su madre. Cuando se fue de la cocina, Molly se quedó vigilando la obra de Ginny, y de paso hojeó la revista que ésta había dejado olvidada sobre el mesón. ¿Quién dejaría que una joven de quince años se involucrara con un tipo de treinta y tantos? Pensó la señora Weasley mientras leía el reportaje.

No se preocupó en golpear, sólo abrió la puerta del baño y ¡zas! Casi se cae de espaldas cuando se dio cuenta que ya estaba ocupado. Cerró la puerta abruptamente y luego dijo "Lo siento" Sirius le contestó de vuelta, con voz jovial, que no importaba. Pero a ella sí que le importaba. No sólo porque le había visto desnudo a punto de meterse a la ducha, sino porque sintió que el calor que se posaba en sus mejillas también se posaba en medio de su pecho, y en el abdomen. Miles de bichitos caminaban por su columna, y se notaba ridículamente nerviosa. Volvió a su cuarto, sin comprender muy bien qué era aquello que le estaba pasando. A lo mejor era producto del encierro, o quizás porque estaba tomando consciencia de lo atractivo que era Sirius, y no sólo porque tuviese una espalda grande y sólida, y los ojos llenos de dinamita chispeante. Ginny con el corazón palpitando en su boca, se dio cuenta que lo mejor que podría haberle sucedido aquel verano era haber llegado por accidente hasta la habitación de él.


N/A: Espero no demorarme tanto en traer el tercer capítulo. Muchas gracias por todos sus comentarios.