ESTA HISTORIA PERTENECE A DYRTSSA Y LOS PERSONAJES SON DE STEPHENIE MEYER

BELLA POV

Hoy cumplo 15 años, y como siempre en mis cumpleaños, mi cuarto está lleno de hermosas flores, regalo y tradición de mi abuelo y Esme, a quien quiero como si fuera mi madre, me llena de regalos, tanto que no sabía qué hacer con ellos, pero ella era feliz al hacerlo y a mi me encantaba verla así, Carlise me prometió que como presente de cumpleaños, iba a empezar el curso de manejo, para poder adquirir el pase y poder movilizarme con mayor libertad, a lo cual no pude mas que ponerme muy feliz, pues siempre me daba pena, pedirles que me llevaran de acá para allá, aunque no salía mucho, pues prefería estar en casa el mayor tiempo posible para ver si podía verlo a él, a ver así fueran solo segundos, a Edward Cullen.

Cuando tenía doce años no quería reconocer que estaba enamorada de él, pero a estas alturas no solo lo aceptaba, sino, que sabía que lo amaba, ¿Pero como amar a un hombre que te ignora todo el tiempo?. No lo entendía, pero lo que mi corazón no me dejaba pasar por alto era lo nerviosa, lo feliz y ansiosa que me ponía cuando estaba junto a mi dulce y secreto amor.

Edward no estaba en casa, se había ido a pasar el fin se semana con el hermano de Carlise, quien tenía dos hijos Alice y Emmet Cullen, ellos eran muy unidos a su primo, no los conocía pues decían que no les gustaba la ciudad de Forks, ya que siempre estaba bajo un cielo encapotado y lluvioso. Y a ellos le encantaba el sol al igual que a Edward, que siempre que tenía oportunidad de irse lo hacía sin miramiento alguno.

- Bella te llaman por teléfono – me informó Clara, que era el ama de llaves de la casa.

Yo me llevaba muy bien con ella y lógicamente mi abuelito, que era mi adoración, aparte de Edward, debo admitir con vergüenza.

Aunque Esme quería que ocupara una de las habitaciones de la planta de arriba, nunca lo hice, dormía en una habitación contigua a la de mi abuelo y para serme completamente sincera, el motivo fue Edward, no quería importunarlo mas de lo yo creía que lo hacía, y eso se podía ver a leguas. Pero a lo que nunca pude negarme fue a comer en el comedor con toda la familia, ya que era mi oportunidad de verlo, claro cuando él comía en casa.

- Bella que te llaman. – me dijo nuevamente Clara, sacándome de golpe de mis cavilaciones.

Corrí hacia el teléfono, me encontraba en la cocina, ayudándole a la señora Smith a preparar el almuerzo, el cual era en honor a mi cumpleaños.

- Si, diga.

- Te llamaba, para preguntarte si siempre ibas a salir con nosotros a la Tocata. – me preguntó mi mejor amiga Ángela Weber.

- Si. Ya lo sabes.

- Pero no será que a último minuto dices que no, como en ocasiones lo haces.

Esas ocasiones de las cuales Ángela hablaba eran precisamente cuando Edward se quedaba en casa y yo lo imitaba, a veces pensaba que estaba obsesionada por ese chico, ya que mi actitud no era normal, me quedaba en casa, y me sentía feliz con saber que él se encontraba también ahí y en que cualquier momento por cualquier excusa me lo podía topar y perderme en esos esmeraldinos ojos, claro eso solo era por el segundo mientras nos encontrábamos, pues casi que inmediatamente el giraba su rostro y como siempre me ignoraba, pero yo, con ello era feliz.

- Oye Bella, te estoy hablando, Tierra llamando a la Luna.

Que pena pero siempre que pienso en Edward me olvido del mundo y comienzo a cavilar sola con mis pensamientos, y si no me llaman a Tierra como decía Ángela, me quedaba buen rato así.

- Si. Ya te dije que voy a ir. – le dije para comentar algo.

- Bella, ni me estabas oyendo, te estaba diciendo que hoy vas a cantar, pues recuerda que perdimos la apuesta con Nike.

- Ah si, esa apuesta.

A mi me encantaba cantar y bailar, y hacía muy bien ambas cosas. Eran mis hobbis predilectos, aparte de leer y pensar en mi dulce tormento.

- Si. Bueno entonces te recogemos como a las 8 de la noche te parece bien.

- Si, claro ya le dije a mi abuelo y a Esme.

- Perfecto. Nos vemos quinceañera. – dijo en medio de una risa llena de jovialidad.

-¿Esme, abuelito se acuerdan del permiso que te pedí, para salir con mis amigos hoy? – les dije en medio del almuerzo.

- Si. ¿Quieres que te lleve?- contesto Esme

- No. No hay necesidad. Ángela vendrá por mi.

- Mujer, ya nuestra pequeña, no es tan pequeña.- dijo Carlise con su media sonrisa, esa que había heredado Edward, pero que en este último hacia que mi corazón saliera de su cavidad desbocado a causa de sus desenfrenados latidos.

- Y me supongo que le avergüenza que a estas alturas la llevemos. – continuó Carlise.

- No es por eso Carlise. Y si siento vergüenza pero es precisamente porque me apena tener que molestarlos tanto para trasladarme de un lugar a otro.

- Pues ya no abra necesidad de eso. Porque la otra semana comienzas tu curso de manejo y obtendrás tu pase de conducir.

Iba a decir algo cuando una voz, aquella voz tan amada por mi, retumbó en el comedor con un dejo de rabia y reproche.

- A ver. No me digas que le compraste un carro a la quinceañera. – nunca me llamaba por mi nombre, siempre encontraba cualquier otro apelativo.

Carlise y Esme alzaron la mirada con reproche hacia Edward y la mía la posé en la mesa y mi abuelo se acomodo en la silla producto de la incomodad.

Me dolía cuando me hablaba así, porque aunque no se dirigiera directivamente a mi persona, intuía que era para mi, y solo para mi, esas hirientes palabras.

- Por ahora no. Pero será su regalo en cuanto termine el curso. – dijo Carlise y subí mis ojos hacia él con mi boca en una perfecta "O". ¿Qué estaba diciendo? Y mi abuelo me quedó mirando como preguntándome de manera silenciosa si yo tenía conocimiento, claro que por mi actitud obtuvo su respuesta.

Iba otra vez a decir algo, pero nuevamente mi dulce tormento me interrumpió antes.

- Ja ja ja - soltó una carcajada que me hizo estremecer de miedo. – Porque no me lo supuse.

- Me supongo que no cabes de la dicha verdad niña.- Me dijo detrás de la silla. No sentí cuando se movió o estaba demasiado ensimismada con lo que había dicho Carlise, que no pude apreciar que había caminado hasta estar detrás de mi. Me volví a estremecer, mi cuerpo tembló de manera única, pero esta vez por sentimientos encontrados, nervios, alegría, (la cual no entendía por qué) y miedo.

Esme se levantó de su silla, y le profirió una mirada de advertencia a su hijo. Odiaba cuando eso pasaba, ya que él se mostraba mas distante y enojado conmigo.

Edward no dijo nada, y se marchó con paso fuerte haciendo quedar bien en claro lo furioso que estaba.

Me quedé en una pieza, Esme se sentó de nuevo y en sus ojos vislumbre una disculpa silenciosa, como siempre hacía después que Edward dejaba bien en claro sus pensamientos. Mi abuelo carraspeaba con ruido exagerado, hacia esto cuando se encontraba realmente incomodo o molesto.

Carlise si estaba furioso y salió detrás de mi tormento, lo mas seguro era que le reclamara, pero aquello era algo que no me gustaba para nada.

- ¿Qué me estabas diciendo de la salida? – dijo Esme tratando de aminorar el ambiente.

- Hija, la señora Esme te habla. – me llamó ahora mi abuelo.

- Lo siento Esme, ¿Qué decías?. – estaba pensando en lo que Carlise le estuviera diciendo a Edward y las consecuencias que tendría para mi.

- No entiendo como Edward puede ser tan grosero. – enuncio con el dolor y la vergüenza de una madre decepcionada.

- No pasa nada, Esme. Además ya estoy acostumbrada. Y es normal hasta cierto punto.

- Bella no sabes lo que dices, que normal va a ser, y no me vengas con lo mismo de siempre, nosotros te queremos mucho, pero amamos a Edward y esos celos estúpidos mal infundados no son excusa alguna para su actitud.

- Mejor no hablemos eso.- le supliqué en un hilo de voz

- Tienes razón. ¿Vas al bar de siempre, La Tocata?

- Si. Y lo mejor es que me toca cantar.

Mi dulce Esme me regaló una hermosa sonrisa mientras le decía lo de la canción, a ella le encantaba mi voz y en muchas ocasiones me pedía que le cantara. Y mientras mi abuelo me miraba con reproche, a diferencia de Esme a él el canto no era de su total agrado.

- Se que lo harás muy bien, ¿De qué te preocupas?- dijo Esme infundiéndome valor.

- No es eso, es que perdí una apuesta con Nike.

- Ja ja ja. – rio con ganas.- Tu y tus apuestas. Deberías dejar de hacerlas, pues siempre pierdes.

Y ante su comentario la imité, pues era completamente verdad.

- Pueden compartir el chiste, me encantaría tener una razón para reír. – dijo Carlise.

Eso me indicó que la discusión con su hijo no había sido muy buena que digamos. Y mi alma se vistió de tristeza ante ese hecho. Pero no podía dejar que mis emociones se reflejaran ahora, ya después tendría tiempo para hacerlo, así que tomé mis sentimientos y los guardé en un rincón de mi corazón para posteriormente darle rienda suelta al dolor y a la frustración de las mismas preguntas que me hacía desde años ¿Por qué no me puedo llevar bien con él? y ¿Cuál sería la fórmula mágica para hacer que Edward me quiera, así sea un poco?

- Que Bella, para variar perdió una apuesta y ahora le toca cantar en el bar.

- Mi querida Bella, deberías dejar de apostar pues nunca ganas.

- Por eso mismo nos estamos riendo. - dijo Esme en medio de su aterciopelada risa.

Aunque no quisiera admitirlo mi cumpleaños, se había estropeado por lo que ocurrió a la hora del almuerzo. No había visto a Edward desde entonces y sentía que mis pupilas deliraban de dolor por el deseo no satisfecho de disfrutar una vez mas de su hermoso rostro y espectacular cuerpo. Nunca lo había visto sin camisa siquiera, pero tendría que estar ciega para no adivinar el escultural cuerpo que se escondía bajo su ropa.

Mi dulce tormento, como me gustaba llamarle, era simplemente hermoso, de facciones faciales perfectas, pómulos salientes, nariz recta, labios redondeados enmarcados en una fuerte mandíbula, su piel blanca, no tanto como la mía, que era pálida, su rebelde cabello, de color cobrizo, y sus hipnóticos e irresistibles ojos verdes, su cuerpo fuerte, esbelto y musculoso, era el mismo Dios Adonis haciendo presencia en la tierra y yo lo tenía tan cerca y tan lejos al mismo tiempo.

Faltaba una hora para que Ángela viniera por mi, y a pesar de que era mi cumpleaños, mis quince, no quería salir, pero ya le hice una promesa a Ángela.

Me bañé, mas no me cambié, necesitaba descargar el sentimiento de dolor y frustración que tenía vivo en mi, desde el medio día.

A pesar del frio, el cual no me importó, salí al patio de la casa, que alinderaba con el bosque, con la bata de baño.

Necesitaba sentir el aire frio entrar en mis pulmones, quemar mi nariz con su gélida caricia.

Caminé un buen trayecto y entonces lo vi, con su cabello brillando bajo la luz de la luna, estaba sentado en mi lugar, eso consideraba yo que era un tronco tirado en el medio de un claro del bosque, el sitio en donde desahogaba mis penas.

Lo mejor era retirarme, pero cuando estaba de malas, lo estaba y punto. Me tropecé con una raíz, ¿Desde cuándo se hallaba esa raíz ahí? y mi retirada no fue tan silenciosa como lo había propuesto.

Algún Reviews? La historia es bastante interesante ya lo verán. Es uno de los mejores fics que he leído y la autora es muy especial.

Gracias Dyrt por darme la autorización para publicar tu fic!