Título: Jugadas que iluminan sus ojos.

Autora: Freedom Released.

Género: Yaoi, drama romántico.

Clasificación: Todos los públicos.

Advertencias: UA.

Serie: Haikyū!

Pareja: Kageyama Tobio & Hinata Shōyō.

Extensión: Mini-Fic: Capítulo 1/ 2.069 palabras.

Notas: Inspirado en el corto "Eu Não Quero Voltar Sozinho".

Resumen: Hinata Shoyo llega a la secundaria con el único objetivo de inscribirse en el equipo de vóley y vencer a Kageyama Tobio. ¿Qué pasará cuando descubra que al que nombró en su momento su rival se había quedado… ciego?

Disclaimer: Tanto Haikyū! como sus personajes son propiedad de Haruichi Furudate, eso sí, la historia es totalmente de mi propiedad.

Capítulo 1

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Cuando sintió el golpe en su espalda supo que algo muy problemático e histérico había llegado al gimnasio. Pudo escucharlo varios segundos antes con ese portazo, pero no pensaba que fuera a golpearlo de esa manera, y menos que fuera a acabar en el suelo por ese golpe. Una de las cosas a las que nunca se acostumbraba era a caerse y sentir que no podía saber el motivo fácilmente.

No se sentía una persona con discapacidad y necesitada de ayudas externas. Desde el día en el que se había quedado ciego había jurado que eso no le iba a impedir nada. Al principio fue difícil, tenía que aprender a ver con los demás sentidos. Sin embargo, pudo conseguirlo: Su sentido del oído se agudizó y ahora podía distinguir sonidos que para otros podrían parecer iguales; su tacto se había vuelto más intuitivo, con tocar algo levemente y sin necesitar contornear mucho el objeto con sus dedos podía distinguir perfectamente lo que era; y su olfato lo ayudaba cuando no podía oír ni tocar, en varias ocasiones pudo distinguir a una persona solo con su olfato sin necesidad de escuchar su voz o tocar sus rasgos. El único de sus sentidos que no había cambiado era el gusto, al que calificaba del sentido más inútil de todos. Ese no le servía para nada, solo para saborear la comida, y podía pasar perfectamente sin hacer eso.

Tampoco se lamentaba. Gracias a que él había podido ver sabía cómo eran los colores, la mayoría sus objetos cotidianos, y la cara de sus familiares. Eso le ayudaba cuando las personas le hacían descripciones. Las personas ciegas de nacimiento nunca habían podido ver un color, ¿y cómo se describía, por ejemplo, el azul? No se podía, él se consideraba, a día de hoy, afortunado.

Lo que más le costó, aparte de darse cuenta que posiblemente nunca podría volver a jugar al vóley como lo hacía antes, fue aprender a leer. Sí, el braille no fue nada fácil de aprender. Tenía que memorizar cada tacto para las distintas letras y números, y luego tuvo que aprender a leerlas todas juntas. Y lo más importante: Escribir. Esa máquina horrorosa que tenía que llevar a todas partes le había costado todavía más que aprender braille en sí mismo, se tuvo que valer de una persona durante varios meses hasta que aprendió a desenvolverse en ese ámbito él solo.

Había sido un infierno, pero había merecido la pena. Ahora podía decir perfectamente que podía llevar a cabo casi cualquier tarea sin la necesidad de nadie más.

—Lo siento —oyó al enano decir con cierta pena en su voz—. No me había dado cuenta de que eras…

—¿El qué? —lo interrumpió irónico—. ¿Alto? ¿Esbelto? ¿Apuesto?

—Ciego. —Incluso pudo deducir que a ese chico le había costado pronunciar la palabra.

Soltó una pequeña risa al escuchar esa palabra que tan bien lo calificaba.

—Oh, vaya… Esa siempre se me olvida.

El lugar se envolvió de un silencio incómodo. Nadie decía nada, podía percibir por la vibración del suelo que el pequeño movía los pies de manera nerviosa, y que el sonido de su respiración había cambiado; eso indicaba que no sabía muy bien qué decir ante esa situación. Claro, cómo no. Seguramente lo había sorprendido, ¿y quién no lo estaría? No había que olvidar que ese chico jugó con él en un partido y del interior de ellos dos había salido una rivalidad natural. Ver a tu rival ahora en ese estado debió causarle un gran impacto.

Escuchó a alguien a sus espaldas toser, llamando su atención.

—Bueno, Kageyama, espero que comprendas que esto es nuevo para nosotros, pero intentaremos ayudarte lo más posible con esto.

El azabache sabía perfectamente a lo que se refería.

—Muchas gracias, Sugawara-San —se inclinó hacia el lado del que le habían hablado, sin saber muy bien a donde dirigir su cabeza—. Espero ser de ayuda.

—Estoy seguro de que lo serás. —Esta vez le habló el capitán del equipo.

Metió la mano en uno de los bolsillos de su mochila, sacando una pequeña una vara blanca que se estiró quedándose rígida. Toqueteó el suelo con ella unos segundos para saber la altura a la cual tenía que posicionarla.

—Vendré al entrenamiento —informó—. Adiós.

Y dicho esto, se marchó en dirección a la salida. Tendía que preguntarle al director en dónde estaban sus clases.

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Hinata no cabía en su asombro. De todas las cosas que podía encontrarse en ese momento en las que implicara a Kageyama esa era la última de su lista. Nunca se hubiera imaginado, ni en sus peores pesadillas, que su mayor rival ya no pudiera ver.

Es cierto que habían pasado años, pero una persona sana como él no podía quedarse ciega sin más. ¿Qué le había pasado para quedar así…? No se le veía como una persona a la que le hubiera asado recientemente, así que no podía haber sido hace poco.

"Igual siempre tuvo un problema en los ojos y empeoró…", razonó para sí mismo. Era una de las pocas posibilidades que se le ocurrían. "O un accidente". Había tantas posibilidades que su cabeza, confusa ya de por sí, se estaba volviendo mucho más.

—Tú eres Hinata Shoyo, ¿verdad? Presentaste la solicitud de ingreso.

—Eh…, sí.

Miró al chico que le hablaba poniendo su espalda recta, como esperando que le dijera algo malo.

—Yo soy Sawamura Daichi, el capitán del Karasuno —se presentó—. Y este es Sugawara Kōshi.

—¡Encantado! —dijo enérgicamente, con una gran sonrisa adornando su rostro.

Ya tendría tiempo de pensar en eso, ahora tenía que caerle bien a sus nuevos compañeros. "Pero…, Kageyama dijo algo del entrenamiento, ¿a qué se habrá referido?".

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Caminando por un pasillo, oscuro, muy oscuro, se encontraba Kageyama Tobio. Así era todo para él: un lugar en plena oscuridad. A veces se ponía a recordar cómo eran los colores, cómo era su habitación, de qué estampado estaba cubierto su pijama… Sorprendentemente aún recordaba detalles, pero sabía que eso no iba a ser así. Un día pensaría en un color y ya no lo recordaría, sería solo un nombre, algo que él no podía ver ni definirlo.

Ese día le aterraba.

Sabía que tenía que vivir con lo que le había pasado. Pero no es lo mismo nacer ciego, que poder ver y perderlo de un día para otro.

Muchas personas se quedaban sorprendidas por su serenidad, otras se pensaban que ya había perdido totalmente la cabeza, y otras simplemente lo trataban con una lástima que él no quería. No la necesitaba, que las personas sintieran lástima por él lo cabreaba. No la quería, porque no era justificada, no había nada por lo que sentir lástima.

—¡Kageyama! —Oyó a sus espaldas, era la voz de ese Jefe de Departamento de Minusválidos que tanto le había molestado en la mañana.

—Ya le he dicho —habló para ese hombre sin girarse— que no necesito la atención de ningún ayudante para nada.

Le habían ofrecido, como persona que sufre una discapacidad visual, a tener a una persona que lo ayudara en su día a día en la escuela para que le fuera más fácil de llevar, por lo menos hasta que se acostumbrada. Ofrecimiento, el culpa —y por supuesto— había rechazado inmediatamente.

Ni siquiera estaba usando el bastón que lo ayudaba a moverse, ese pasillo, solo con recorrerlo dos veces en esa mañana, ya era conocido para él.

—Entiendo que es frustrante que necesites la ayuda de los demás para…

—No —lo interrumpió cortante girándose levemente para que el jefe viera la cara de enfado que se le había formado—. Usted entiende nada, si necesitara ayuda, yo mismo la habría pedido ya. No soy estúpido.

—Sé que esto puede ser algo duro…

"Y aquí vamos otra vez", se cruzó ese pensamiento en su mente al escuchar todo lo que le estaba diciendo, "una charla absurda". Si quisiera que lo ayudaran ya habría buscado a alguien para ello. No era cuestión de que fuera orgulloso, sino que realmente no necesitaba algo tan innecesario.

—¡Tú…! —Una voz, una molesta voz apareció en la conversación junto con un juego de pies en el suelo—. Lo siento, señor, pero ya me había pedido a mí que lo ayudara, por eso rechazó su oferta.

El armador levantó una de sus cejas. Ese chico estaba mintiendo, no había pedido nada a nadie.

—¿En serio? —El hombre sonaba incrédulo—. Pues me alegro, estaba preocupado por eso.

—¡No se preocupe, yo lo vigilaré!

—Entonces cuento contigo.

El hombre se alejó de ellos hasta perderse en el fondo del pasillo. El más bajo de los muchachos soltó un suspiro, aliviado de que su mentira hubiera colado. Al oír la conversación sin querer, porque no, no estaba espiando, pensó que a su rival no le gustaría tener que depender de alguien y se le ocurrió fingir que él sería el que le ayudara para poder librarle de ese mal trago.

Cuando miró al otro vio que se estaba alejando sin decir nada.

—¡Hey! —Se puso delante de él, que frenó al instante—. Por lo menos podrías darme las gracias, ¿no crees?

—No te he pedido nada, así que no tengo por qué agradecer algo que tú mismo has hecho porque quisiste.

El pequeño iba a decirle algo para recriminar esa actitud tan desagradecida hasta que notó que Kageyama había alzado sus manos hacia él, tocándole los brazos y subiendo hasta sus hombros. Se quedó quieto sorprendido por ese repentino tacto.

De pronto, las manos que estaban en sus manos recorrieron su cuello con la yema de sus dedos, provocándole un escalofrío que viajó por toda su espalda. Las manos del armador llegaron al mentón del otro y contornearon su cara. Usó sus pulgares para tocar los pómulos, la nariz y la boca de su compañero, que solo esperaba inmóvil a lo próximo que pasaría. De nuevo, notó los pulgares subir e instintivamente cerró los ojos para dejar al otro acariciar sus parpados con ellos. Las caricias lo estaban relajando por algún extraño motivo.

Como último toque sintió las manos hundirse en su pelo pelirrojo y ahí se detuvieron.

Para el de pelo negro esto era una forma de saber cómo era ese chico. Pudo notar que no había cambiado prácticamente nada en altura, si eso había crecido unos pocos centímetros que apenas podrían notarse. Cuando llegó a su rostro sus manos se tiñeron de un cálido contacto, la piel del enano era suave y bastante agradable al tacto. Seguía teniendo la nariz como la tenía en su memoria: Pequeña y respingona. Unos ojos grandes; se preguntaba si eran tan expresivos como los recordaba. Hasta llegar a su pelo, un pelo sedoso y en su memoria naranja.

—Eh… —Hinata no sabía muy bien qué decir—. ¿Por qué has hecho eso?

Tobio quitó las manos de la cabeza del chico y las metió en sus bolsillos, sin saber que había esbozado una pequeña y casi invisible sonrisa.

—Quería saber si eras tan enano como hace tres años. Y no me equivocaba, no has crecido nada.

—¡¿Qué?! ¡Que sepas que sí he crecido, para que te enteres!

Si había algo que odiaba es que se metieran con su altura, era injusto. No había pedido nacer así, ojalá midiera dos metros a ver si así alguien se atrevía a meterse con él. Gente altísima desaprovechaba su altura, si pudieran dársela, él le daría mucho mejor uso.

Aun así, daba igual, porque puede que no fuera muy alto, pero aún podía saltar. Llegaría, con su cuerpo, a los sitios más altos y remataría con todas sus fuerzas. Para ver, desde ese punto, lo más alto de la cima.

—Lo que tú digas. Venga, vamos al entrenamiento. No querrás que vean lo idiota que eres en el primero del año.

Shoyo se extrañó e ignoró completamente el insulto. "Es verdad, ahora hay entrenamiento. Pero cómo va a…"

—¿Tú vas a venir?

—Claro —dijo como si fuera algo obvio, que no lo era—. ¿Por qué me inscribí en el club sino?

Eso sí que fue una sorpresa, o sea, que lo que quería decir es que él jugaría como uno de ellos. Entonces, Hinata no podía dejar de preguntarse: ¿En ese estado podría jugar? Sabía que era posible practicar deportes estando en ese estado, pero, ¿cómo jugar como armador… sin poder ver el balón?

Esto tenía que estar mal.

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Fin.


Nota Autora: Y hasta aquí el capítulo. Espero que os haya gustado y agradezco mucho esos comentarios de Guest, Chihaya y Vale. ¡Este capítulo va por vosotros! Disfrutadlo. Intentaré traer el próximo cuanto antes. Cualquier opinión o critica es bienvenida en los comentarios. ¡Un saludo y gracias por leer!