Uola, Uloa, uola again. No cuento los dís y no sé cada cuánto subir. ¿Qué opinais?

Pensaba que al ser nueva, nadie me iba a hacer ningún review, pero al final sí. INFINITAS GRACIAS, y a las visitas también gracias, por molestaros en leer lo que pasa por mi cabeza.

Os dejo de contar rolletes. Aquí tenéis el fic, algo más largo que el anterior.


Danny

-Siento haberte asustado-le digo para que se tranquilizara, el pobre estaba hecho un manojo de nervios.

-No, no pasa nada- dice sin dejar de mirarse los zapatos

-¿Cómo te llamas rubiales?

-No me llames así- dice echándose hacia atrás, ¡Que no le voy a hacer nada!- Dougie

-Danny, encantado de conocerte- me presento sin que él pregunte. Se le escapa una sonrisa que apenas puedo ver porque su pelo le tapa parte de la cara. ¿¡Se le achinan los ojos?! Por fin levanta la cara y puedo ver sus ojos de color metal que se tapan un poco por su flequillo rubio. Tiene la nariz roja por haber estado llorando y en el labio algo de sangre reseca. ¡Es muy guapo! Síííí, soy gay, ¿y qué?.

-Igualmente.

-No tienes muchos amigos ¿verdad?

-No, tienen miedo de que les haga algo.

-¿De ti? Umm, me caes bien- le digo mientras le pongo una mano sobre su hombro derecho. Parece algo más relajado

Le convenzo para que vayamos a dar una vuelta por el parque. Le pregunté un poco sobre él, no me contó nada, pero su visión de la vida no es muy alegre.

-¿A qué instituto vas?- pregunta

-Yo ya he acabado el instituto- se pone algo triste

-Ahh, pues entonces nada...

-Es que yo estoy en 2º de carrera. Pero siempre que quieras podemos quedar.

-¿Cómo si fuésemos amigos?

-¡Claro! ¿No tienes más?

-Sí a Tom, mi mejor amigo, pero vive en otra ciudad, de donde yo vengo, ahora apenas le veo. Pero seguimos hablando por internet y móvil.

Dougie

Tom y yo aparte de haber sido mejores amigos desde la infancia, fuimos novios. Fue todo muy confuso, pero desfrutamos lo poco que duramos. Mis padres nos pillaron en plena faena en el salón. Por eso me odian. A mí me pegaron, mucho, a él le amenazaron y le obligaron a jurar que jamás contactaría conmigo. Eso no funcionó, lo seguimos haciendo, aunque a escondidas de ellos. Es una historia larga, muy larga y ya la contaré a su debido tiempo.

-Bueno, ha sido un placer conocerte y tal, –le digo- pero tengo que marcharme a seguir sufrir mi calvario.

-¡Espera!- me dice antes de que salga a andar en otra dirección- Dame tu número para que algún día quedemos, ¿de acuerdo?

Nos marchamos, cada uno a su casa. Yo no quería volver. Me cae bien aquel chico, no se parece al resto de la gente ¿Me ayudaría? Probablemente, pero cuando supiese lo de mi homosexualidad haría lo que los demás y se alejaría de mí.

Llego a casa, todo parece tranquilo. ¡Qué extraño! Nadie dándome voces que martillean mi acerco a la cocina. No hay moros en la costa. La despensa está abierta. Me acerco a coger algo para comer mientras me llevo la mano a la cabeza. ¡Maldita fiebre! Siempre me persigue. Todos los días son resaca para mí. Cojo una bolsa de patatas y la dejo sobre la mesa. Me tomo una pastilla de ibuprofeno. Saco un taburete de debajo de la mesita de la cocina en la que desayunábamos. Me siento, comienzo a zamparme el contenido de la bolsa y miro por la ventana. ¿Había empezado ya la primavera? ¿En mas estaríamos? Dirijo la mirada al calendario que cuelga de la pared, por encima de un rollo de papel de cocina. Estamos a Abril. Cuento los días. ¡Faltan algo más de dos meses para acabar el instituto que tanto amo y anhelaré! Voy a a ir a la universidad el próximo año. Estudiaré para ser herpetólogo era mi meta personal.

-¿No tienes bastante con lo que te damos de comer para que andes rebuscando sin pedir permiso?- Pregunta. La voz de mi padre me sacó de mis pensamientos. Me está mirando con una cara de odio que parece que me va a hacer explotar en cualquier momento que él se proponga.

-Es que... tenía hambre- digo sin estar muy convencido con la respuesta. Me levanto y dejo la bolsa en la mesa. Retrocedo hasta toparme con la nevera que hay en el fondo de la sala.

-¡Tira bien lejos! ¡No quiero verte la cara!- me grita- ¡No podías haber salido normal como el resto de la gente! ¡Tenías que ser enfermo! -hace que se me escape una lágrima y recorra mi cara que rebosa rabia por los poros.¿Desde cuando ser gay era ser un enfermo? No tenía corazón. Ahora mismo quiero agarrarle y estamparle contra la pared, coger un cuchillo y rajarlo de arriba a abajo. Sin matarlo del todo. Haciendo que su sangre bañase su piel insensible. Que muriese desangrado. Que me suplicase que lo matase rápido para que no sufriese más. Pero yo no soy así, y jamás podría hacerlo. No soy como él. Tengo parte humana. Algo de lo que ellos debieron desprenderse hace tiempo, mucho tiempo.

Paso a su lado para poder subir a mi habitación. Desconfío de él. Y con buena razón. En cuanto paso a su lado me atesta una patada en las costillas, por la espalda, con todas sus fuerzas. Me lanza contra las escaleras, pero por suerte consigo poner las manos por delante. Me levanto y subo las escaleras a todo correr, pero cojeando un poco. No me he hecho sangre. Entro en mi habitación, la segunda a la izquierda según subes los peldaños. Me tumbo en la cama y pongo música. Desconecto, pero por poco tiempo.

Estoy sumido en mis pensamientos extraños, medio-suicidas, a la vez que veía sin mirar el póster de blink-182 que hay en frente de mi cama. Termina la canción y oigo unos golpes en la puerta. Están llamando. Abro la puerta, mi madre. Lleva un montó de ropa lavada y planchada que supongo que sería para mí. No tengo ánimos de mirarla a la cara, aunque es algo mejor que mi padre, de no se por ella me queda medio-muerto el día de lo de Tom.

-Toma. Dóblalo todo y lo guardas en el armario- dice ariscamente.

-Vale- lo recojo. Me pone el montón sobre los brazos. Me mira, pero yo no le devuelvo la mirada. Estaba concentrado en no dirigírsela, y en observar cómo la roña se estaba acumulando en torno a los cordones de mis deportivas. Me giro para que no me roce un segundo más.

-Con lo guapo que eras...Tenías a las chicas detrás de ti loquitas.- Dice como si nada. Vuelvo a darme la vuelta, pero esta vez con una mala leche que no me la quita nadie, dispuesto a hacerle callar la boca.

-¡Mira, yo no elegí ser así! ¡Eso se nace o no! Os pensáis que es muy fácil, sencillo y divertido. JA JA JA. Estáis muy EQUIVOCADOS. Vosotros me parísteis y me aguantáis. Lo superáis. No estamos en el siglo X. Y ¡Dejádme en paz de una puta vez!- Noto algo que me pica en la mejilla. Me había pegado. Le cierro la puerta de un golpe. Qu se vaya a joder la vida de otros.

Tras un rato de relax interno para no romper nada, miro el móvil. Un montón de llamadas perdidas de Tom. ¿Qué querrá? Si hay tantas será por algo


¿Queréis saber qué pasa en el siguiente? Ya lo estoy pasando a limpio.

Espero que os haya gustado. Saludines a todos y hasta la vista.

PAZ, AMOR Y PONES