Los personajes de Saint Seiya no me pertenecen a mi si no a Masami Kurumada, esto es sin ningún fin de lucro.
Soy Tu fan.
Capítulo 2 Estrellas
Tras algunos segundos ante la mirada de Marín y Kiki unidos en aquel tacto, Mu soltó delicadamente la mano de Seiya y observo nuevamente a Marín.
-Ya debo irme Mu. - sentencio la pelirroja. -Kiki, Seika, nos vemos.
Tras aquellas palabras la amazona de Águila se dio la vuelta de regreso a su recinto mientras Mu y Kiki le seguían con la mirada al igual que Seika.
Mu volvió su mirada hacia la dama distraida frente a él y le habló cálidamente. - ¿Creíste que entrenarías con Marín?
Seika se giró hacia el amable albino y confundida le afirmó.
-Así es.
-Athena tuvo sus razones para asignarte conmigo, así que espero no decepcionarte como tu maestro.
-Por supuesto que no.-soltó apenada la castaña escondiendo la mirada en el suelo.
- ¿Maestro, Seika entrenara con nosotros? - pregunto Kiki con curiosidad.
-Así es Kiki, y vivirá un tiempo con nosotros en Aries, así que se amable con ella y ayúdale en todo lo que necesite.
- ¡Genial! - grito Kiki comenzando a saltar emocionado rodeando a la joven, quien apenada sonreía ante tal recibimiento. -Ahora tendré con quien platicar y jugar cuando no este leyendo esos libros aburridos de...
La mirada de Mu se clavo en Kiki, quien al saberse imprudente guardo silencio.-Era broma maestro.
-Si así es…-objeto la castaña con una sonrisa sujetando momentáneamente los diminutos hombros del niño.
-Vayamos adentro, te mostrare el Templo.
-Si.
Mu tras un ademan con su mano invitándole a entrar a la dama, la observo a la tímida jovencita avanzar hacia el interior de su Templo y le siguió pasos detrás, sonriendo ante la manera tan animada en que Kiki le recibía tras conocerla de tiempo atrás.
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Seika no tardo en adentrarse a un enorme salón del privado, el principal donde permanecía una sencilla sala y una enorme biblioteca de basto tamaño. Posteriormente, Mu le guio por otro pasillo y le mostro un apartado de cocina y comedor pequeño de madera, un pequeño baño con lo indispensable, así como otra habitación la cual nunca abrió pero que menciono como suya, y antes de penetrar a la de Kiki, Seika observo fijamente al final del pasillo una puerta enorme y misteriosa, la cual el pequeño pelirrojo le menciono como el taller de su maestro.
El trio tras aquella mención, se adentró a una pequeñita habitación, la de Kiki y la cual, muchos años atrás había sido la misma de Mu cuando era discípulo de Shion. En aquella habitación color naranja suave, apenas cabía una sencilla cama y un escritorio donde Kiki mantenía enormes libros apilados, así como un pequeño mueble con ropa y un librero con borreguitos de porcelana y arcilla "modelados" como juguetes a su manera del pequeño aprendiz.
-Podrás dormir aquí en esta habitación, Kiki dormirá conmigo en la cama que tenemos para huéspedes.
-Gracias…-comento la castaña observando a detenimiento el lugar. -Y perdona Kiki por usar tu habitación.
El pequeño niño cerro sus ojos y con esa enorme sonrisa pura que le caracterizaba, se rasco la nariz y le sonrió. -No te preocupes Seika, me agrada que estés aquí, así como a mi maestro, ¿cierto maestro, Mu?
El cuestionado alzo su mirada de la silueta del niño y se enfrentó a la apenada de Seika, quien le hizo sonrojarse ante su timidez.
-Claro… pero por ahora, vamos a preparar algo de comer y Kiki levantara aquel desastre en la cocina que había dejado antes de recibirte. - el pelirrojo mencionado se sobresaltó al escuchar aquella sentencia. - Ponte cómoda en lo mientras y habituate al lugar Seika.
-Bien. Gracias Mu. -objeto la pequeña dama mientras ambos lemurianos salían de la habitación manteniendo una conversación en murmullos sobre aquel desastre en la cocina.
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Seika suspiro al encontrarse en el interior de la habitación de Kiki y de inmediato desempaco sus pocas pertenencias, sonriendo ante la bendición que parecía tener a aquel amable hombre y a su buen amigo Kiki como guías en su tarea de la "obtención de una armadura". Estaba decidida, nada le detendría hasta obtener una armadura y así poder proteger a Seiya.
Seika saco su ropa de la sencilla maleta que portaba y también la que Marín le había proporcionado en una bolsa antes de su llegada a Aries, la de aprendiz de amazona. Un leotardo, largas mallas como pantaloncillos y una mascada al filo de su cintura era aquel regalo dado por la pelirroja para su inicio en el Santuario.
Seika se cambió aquel sencillo vestido que portaba por aquellas ropas de Marin y animada, salió en búsqueda de Kiki y Mu.
Sin embargo, al abrir la puerta de su habitación y observar el pasillo del privado, la puerta del fondo que suponía el taller de Mu comenzó a brillar extrañamente y hacer resonar una suave sinfonía como si cientos de campanillas se agitaran cósmicamente llamandole.
Seika se sorprendió ante la resonancia que provenía de aquella puerta, era como si fuera llamada a abrirla y nerviosa, lentamente comenzó a avanzar hacia aquella puerta.
Sujeto el pomo de la puerta y paso saliva antes de adentrarse a la habitación.
Al abrirla, una enorme habitación con un sinfín de armaduras, herramientas perfectamente acomodadas y enormes cajas con símbolos de constelaciones la recibieron en aquel cuarto oscuro. Todas y cada una de ellas parecían estar completamente muertas, sin brillo en la oscuridad de aquella habitación, todas, excepto una pequeña caja que destella luz para ella.
Seika se acercó paso a paso hacia aquella pequeña caja, pasando por aquellas armaduras en espera de ser reparadas, guiada hipnóticamente a la caja que emitía luz como si de una preciosa estrella se tratara.
Seika sonrió ante el maravilloso evento a sus ojos mientras un cosquilleo nacía en su corazón, era como si las estrellas le rodearan completamente y algo en su interior se sentía en sintonía con el universo.
Seika se acercó a la caja con la armadura y justo cuando sus delgados dedos rozaron la caja, una voz le hablo detrás suyo, dejando que aquella caja dejara de emitir su luz.
-Seika…-Kiki pronuncio detrás suyo, colgado en la puerta. La castaña nerviosa se giró al niño y le atendió.
-Mu me mando a buscarte, ya está la comida. - objeto el niño seriamente.
-Kiki…-soltó con asombro la castaña. -Lo siento, vamos.
La castaña avanzo hasta la puerta donde esperaba Kiki y ambos cruzaron la puerta, conversando en el pasillo tras salir.
-Seika procura nunca entrar a ese cuarto a menos que mi maestro este en él, es muy cuidadoso con cada cosa, a mí me regaña por ello y podría regañarte a ti tambien.
-Sí, lo siento Kiki es que…-objeto la castaña perdida en su mente. -No importa.
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En un sencillo comedor, Mu termino de untar un poco de queso en panecillos, y al ver a Seika en la puerta de su comedor seguida de Kiki, le invito a sentarse notando aquellas prendas nuevas en la jovencita. Seika se sorprendió ante la cálida merienda. Té, sopa, panecillos y frutas lucían como un gran festín a sus ojos.
-Vamos siéntate.
-Sí, gracias Mu.
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Tras degustar aquella deliciosa comida ofertada por el albino y tras conversar un poco sobre el estado de Seiya y su vida anteriormente en Rodorio, el lemuriano levanto la mesa con Seika y le invito a seguirle a su taller mientras Kiki era sentenciado a terminar aquel libro de mitología antigua en el salón principal y el cual odiaba pues era demasiado enorme y grueso como para terminarlo sin distraerse o hacer travesuras.
Una vez solos en su taller, Mu le mostro el interior de la habitación con detenimiento.
-Este es mi taller, como sabes Seika, los guerreros que protegemos a Athena usamos armaduras para proteger nuestros cuerpos por las enormes fuerzas con las que luchamos en batalla.
-Como la de mi hermano, Pegaso.
-Así es. Las armaduras nos protegen de ataques y nos dan seguridad ante la vulnerabilidad de nuestros cuerpos humanos pues cada guerrero desarrolla una fuerza sobrehumana y en combate, pelear sin ella puede ser mortal.-suspiro el santo señalando cada pedazo de metal en la habitación.- Cada armadura está guiada bajo la protección de constelaciones, las mismas del firmamento, y eligen a un guerrero cada era para portarla cuando llega el momento y la "energía" interior de su espíritu se eleva a tal grado que se fusionan en uno solo.
- ¿El cosmos?
El albino sonrió ante la respuesta. - Veo que Marín te ha hablado de algunas cosas.
-No mucho, ella procuraba no hablarme del Santuario, hasta hace poco.
-Bueno, yo te enseñare todo lo que necesites saber. - el albino le sonrió cálido y continuo vagando con ella en la amplia habitación. - Habemos doce santos al servicio de Athena guiados por los doce signos del zodiaco, y como vez hay doce Templos similares al mio, cada uno con un guardian para llegar a aquel recinto donde esta protegida mi caso, yo protejo este ,el de Aries. Desde tiempos inmemoriales los caballeros de la casa de Aries, hemos sido bendecidos con la capacidad de reparar armaduras, ese es nuestra arte, así que como vez cada que una armadura se fractura o queda "muerta" por decirlo de algún modo en batalla, es traída aquí.
- ¿Todas son armaduras muertas?
-O sin dueño aún.
-Bueno, te hablare demás cosas, y ahora te mostrare un poco de mi arte.
-Bien. -le indico el lemuriano, quien tomo una pequeña hombrera de la armadura de Lacerta, así como un martillo y la invitó a sentarse en una silla mientras él la imitaba a su lado.
-Por cierto, Kiki mañana te mostrara el Coliseo, y algunas zonas del Santuario Seika, pero por favor, debes prometerme algo.
-Dime Mu.
-Por ningún motivo andarás sola en el Santuario, Kiki te acompañara en todo momento cuando estés fuera del Templo, este lugar aún es peligroso para ti y hasta que no domines más aprendizajes, no debes estar sin compañía.
El lemuriano compartió una brillante y cálida sonrisa con la dama, quien le asintió tiernamente.
-No te preocupes Mu, te lo prometo.
Tras un silencio, la mirada de Seika se clavó en aquella caja que había resonado una hora atrás para ella mientras Mu mantenia su mirada en aquella pieza de hombrera.
-Mu, puedo hacerte una pregunta.
-Dime Seika.
-Aquella caja pequeña, la de bordes finos, ¿Qué armadura protege?
El lemuriano alzo su mirada intrigado ante la extraña cuestión y le contesto.
-Es la armadura de la estrella Enif, la más brillante de la constelación de… Pegaso. -el albino sonrió ante la mención de aquel nombre. - Es la armadura para una koree o "amazona" como las conoces tú en denominación, aunque lleva años muerta. ¿por qué la pregunta?
-Por… por nada.
El albino continuo su tarea desinteresado y Seika lo observo fijamente trabajar. El albino parecía tan apasionado en su labor, pues mientras golpeaba el metal con aquel pequeño martillo, sus manos acariciaban delicadamente la pieza, dedicándole completamente su mirada a su tarea.
Mu tras unos minutos pudo sentirse totalmente presa de la mirada de la joven, sonrojándose ligeramente ante aquel análisis de la castaña. Era la primera vez que la mirada de una dama se quedaba tanto tiempo perdida en él y le ponía nervioso.
Para Seika ver a Mu trabajar diligentemente en sus armaduras le resulto fascinante, parecía un hombre profundo, de calma infinita y que disfrutaba a sintonía aquel tintineo de sus instrumentos moldeando las armaduras para su restauración. Incluso le pareció lindo cuando un par de cabellos resbalaron de su frente, haciéndole alzar la mirada al cielo y él rápidamente los acomodo detrás de su oído, despejándose la vista. Mu realmente era un hombre interesante y...bello.
Tras un par de horas de verle trabajar y escucharle narrar algunas leyendas mitológicas de armaduras, Seika y Mu decidieron ir a dormir aquel día, despidiéndose en las puertas de su habitación mientras el albino recogía del sillón del salón al pequeño Kiki profundamente dormido y con el enorme libro de mitología que sin duda no habia terminado de leer sobre su rostro para llevarlo a su habitación.
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A la mañana siguiente, Mu salió a temprana hora del Templo de Aries rumbo al Salón papal donde una reunión con Libra y su maestro le aguardaba. Kiki por su parte, se levantó a temprana hora y se aventuró en la cocina, buscando la caja de galletas que su maestro guardaba sigilosamente. Seika a su vez, emergió de su habitación y encontró al pequeño niño montado en la cocina sujetando la caja de galletas.
- ¡Hey! -grito la dama sorprendiéndolo. -Buenos días Kiki.
- ¡Ay!
El menor sobresaltado, se echó al suelo con las galletas y de inmediato le ofreció una a la castaña con la intención de que no le delatara con su maestro. Ella le accedio y asi ambos guardaron de nueva cuenta aquel paquete de galletas en la alacena.
Tras aquella aventura mañanera, la castaña y aprendiz salieron del Templo de Aries rumbo al Coliseo y algunos alrededores "seguros" del Santuario donde no podrían ser cuestionados.
Y tras una larga caminata donde los ojos de Seika se maravillaron ante las bellezas del lugar y camino en los mismos senderos que su hermano lo había hecho años atrás, desde los límites de Coliseo hasta la parte dorsal de la Fuente de Athena, el pequeño Kiki se detuvo impaciente junto a un par de ruinas cerca del recinto de amazonas.
-Oye Seika, debo ir al baño. - menciono el pelirrojo bailando un poco para contener sus ganas de ir al baño.
- ¿Ahora?
-Si.
- ¿Y cómo volvemos hasta Aries ahora?.- pregunto ella con alarma. - Esta lejos, ¿acaso podrás aguardar?
-No te preocupes, solo espérame aquí y no te muevas, voy a ir atrás de este monumento viejo- objeto con cierta risilla traviesa el pelirrojo.
- ¡Kiki! -objeto apenada la castaña.
-Ya lo he hecho antes con los demás santos, aunque está prohibido, solo lo hare esta vez por ser emergencia, no tardare.
-Bueno, supongo que no hay opción. -objeto la castaña sonrojada y sin más vio al pequeño niño correr hacia un par de ruinas metros delante de sí donde ella le perdio de vista.
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Seika mientras tanto oteo por los enormes riscos que cubrían de escasa sombra el incesante sol y sin prevenirlo, una curvilínea y fornida silueta rubia sobre ella, la analizo desde las alturas, sigilosa.
La amazona que analizaba a la distraída Seika sujeto con fuerza aquel látigo en sus manos y con habilidad descendió de los riscos detrás de ella.
- ¡¿Hey, quién eres tú? -pregunto a su espalda una ruda pero femenina voz. Seika giro de inmediato y se enfrentó a una bella mujer de rubios cabellos largos, armadura azulada y un extraño látigo en sus manos. June de Camaleón.
June al ver a Seika de arriba abajo con la ropa de entrenamiento de Marin, supuso que ella era una aprendiz de amazona y se sorprendió al verla con el rostro descubierto.
- ¿Qué haces aquí, eres novata?
-Bueno yo…-contesto completamente nerviosa la japonesa sin poder articular palabra alguna por la sopresa.
-¿Y qué demonios haces con el rostro descubierto, acaso eres idiota para no traer puesta tu máscara de plata ó estas esperando encontrarte con algún amante caballero huyendo de tu entrenamiento?- cuestiono June con severidad.
-Bueno yo…
- ¡Regresa ahora al recinto con las demás!
-Es que yo no…-objeto la castaña con cierto temor al verla agitar su látigo. -Espero a alguien.
- ¡No seas cínica!, sabes que el amor entre caballeros está prohibido, ¿acaso me desobedecerás? -sin si quiera escucharla, June lanzo su látigo sobre las manos de Seika y le golpeó, provocándole marcas rojizas en sus brazos y manos.
- ¡Vamos ahora amazona!
- ¡Es que yo puedo, yo…! -sin prevenirlo, June le lanzo nuevamente a Seika su látigo y la hizo caer al suelo provocándole ardor en sus brazos y pecho.
- ¡Pequeña rebelde!
Shaina, quien caminaba sobre los riscos en busca de June, al ver aquella peculiar escena bajo ellos, se quedó quieta a observar, divisando poco a poco una figura femenina reconocida con la que la rubia discutía.
- ¡¿Seika?! – se preguntó a sí misma la italiana sin creer la presencia de la castaña en ese lugar.
June sin piedad y ante la desobediencia de Seika, quiso lanzar de nueva cuenta su látigo sin embargo,una voz le detuvo.
- ¡Ya basta! -grito Shaina hacia June, descendiendo de los riscos y de inmediato se aproximó hacia la castaña en el suelo, ayudándole a sentarse en el ardiente suelo.
June se quedó intrigada ante la manera tan cálida de Shaina de ser con aquella castaña y protegerla y las miro a ambas con detenimiento.
-Seika, ¿Qué haces aquí, porque portas este uniforme, acaso has venido con Seiya, él despertó? - la ansiedad en la voz de Shaina se hizo presente y fugazmente oteo a los alrededores buscando a aquel hombre que le había robado el corazón, Seiya.
-No Shaina, él aun no lo ha hecho. -soltó la castaña intentando ponerse de pie con su ayuda, limpiándose la arena del suelo en su ropa.
-Estoy aquí porque quiero convertirme en amazona.
- ¿Qué? -soltó con incredulidad la italiana. - ¡Eso es una locura!
-Es para proteger a Seiya, quiero hacerlo Shaina.
El corazón de la italiana tembló, pues en el fondo ella también compartía aquel deseo con la castaña, cuidar a Seiya.
-Este no es lugar para ti Seika, el Santuario es un lugar peligroso. -objeto la italiana observándole de arriba a abajo. -Mejore regresa ahora a la Fuente de Athena con Seiya, cuídalo hasta que despierte.
- ¡No, quiero ser amazona y protegerlo como antes no pude hacerlo!
-Pero Seika, si no has podido defenderte de June en un simple ataque, -soltó la italiana señalando a su compañera de camaleón a pasos detrás de ella. -Guerreras y santos como ella habrá muchas, saldrás herida y posiblemente puedas morir, ¿acaso sabes el dolor que eso puede provocarle a Seiya cuando despierte?
-No importa lo que digas Shaina, Athena lo ha consentido y Marín me apoya en ello. -atendió la jovencita castaña con cierta luz y seguridad en su mirada. No había duda, la tenacidad y espiritu de lucha de Seiya la compartía Seika. -Haré lo que este en mis manos para proteger a Seiya, Shaina, es una promesa y nadie va a detenerme.
A su espalda, Kiki regresaba ya más calmado tras hacer sus necesidades, cuando a su frente vio a Shaina y a June frente a Seika, alarmándose al instante y corriendo hacia ella para explicarse.
- ¿Kiki? - pregunto Shaina al niño cuando este observo a Seika y la vio lastimada con marcas de latigazos en sus brazos descubiertos.
- ¿Seika estas bien, que te sucedió?
-No te preocupes Kiki, todo está bien. -objeto la castaña alzando su mirada con completa seguridad ante la cobra y camaleoón y se dio la vuelta.
-Vámonos Kiki, será mejor volver a Aries. -la castaña se dio media vuelta dejando intrigada a Shaina. -Nos vemos Shaina.
-Espera Seika…-grito la peliverde, aunque la dama herida ya no le atendió.
-Aries…-murmuro al viento la amazona viendo partir a la castaña junto a Kiki.
La italiana se quedó congelada ante la revelación y al ver partir a la castaña, corrió hacia las cabañas de amazonas a pesar de las dudas que June le cuestiono en su camino con insistencia. A Shaina no le importo y fue en busca de la única persona que le podía aclarar todo lo que sucedía: Marín.
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Shaina penetro a la cabaña de Marín sin si quiera anunciarse, totalmente frenética y la sorprendió en su sencillo comedor tranquilamente terminando su desayuno en compañía del santo de Leo.
De inmediato, Marín soltó la cuchara con su sopa al frente y presto atención a la alterada italiana, quien claramente se encontraba ansiosa.
-Siento interrumpirlos, Marín, Aioria…-los involucrados le pusieron su total atención a pesar de lo incomodo e intempestivo que había sido llegar en aquel momento.
- ¿Qué sucede Shaina? - pregunto la pelirroja.
-Marín, ¡¿cómo es eso de que Seika, la hermana de Seiya será amazona aquí en el Santuario y bajo la tutela de Mu?!
-Shaina, -pronuncio Marín dejando no solo a la italiana intrigada, si no al propio Leo también.
- ¡¿Por qué demonios Athena permitió esto cuando nunca ha tenido formación de guerrera y tú y yo sabemos que ya es demasiado tarde para empezar, desde cuando un santo dorado se hace cargo de una koree?! -reclamo la italiana ansiosa mientras caminaba de un lugar a otro sin parar. - ¿Por qué no la asignaron a mi cargo y por qué sucedió esto cuando sabemos que Seiya jamás hubiera permitido exponerla de esta manera y mucho menos a arriesgarla a morir?.-la italiana suspiro ansiosa.-Marín, tú y yo arriesgamos la vida protegiéndola de Hades, ¿Por qué exponerla ahora de esta manera a este lugar maldito?
-Shaina, Shaina, cálmate…-objeto Marín en un tono suave de voz, poniéndose de pie de su comedor y sostenido a Shaina de los hombros. -Se cuánto te importa Seiya y Seika también, sé que tienes muchas dudas y te las aclarare poco a poco, pero primero debes calmarte y saber que Athena lo ha hecho por una razón. -objeto la pelirroja con extrema calma, invitándole con un ademan a sentarse en la mesa junto a Leo, quien les miraba incrédulo.
-Ahora siéntate, escucha y tranquilízate. -ordeno la pelirroja. -Es una visión que ha tenido Athena.
Shaina escucho de voz de Marín aquel relato sucedió el día anterior sobre Athena y Seika en la Fuente, los motivos y aquella idea de volver a la vida a Seiya con el cosmos de Seika y la objetiva de ser Mu quien la preparara en ello, por lo que al final del relato, la italiana calmo sutilmente las dudas de su corazón.
-Debiste asignármela Marín, pude haberla protegido.
-Shaina, incluso yo pensé en ello, pero , ¿Cómo darle preferencia ante las demás korees, como protegerla, como cuidarla, tienes idea?
- ¿Entonces dices que no ganara armadura, Marín? - cuestiono Leo curioso.
-Aioria tu y yo sabemos que las armaduras son elegidas por nuestros destino y constelación, para protegernos en batalla. Seika al parecer no tiene alguna ni formació como guerrera, pero si un cosmos poderoso según la visión de Athena, solo el tiempo sabrá que pasará y nos revelará su destino.
-Entiendo.
-De cualquier manera, Shaina, hagamos todo por protegerla mientras este aquí. -indico la pelirroja.
-También cuenten conmigo, en lo que pueda ayudar. -objeto Aioria amable ante ellas. -Estamos juntos en esto.
-Bien.
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Kiki y Seika volvieron a Aries tras aquel suceso con June y Shaina y ambos se sentaron unos minutos en la entrada del Templo, cansados tras un largo caminar.
- ¿Qué tienes Kiki,, te ves triste.-le dijo la castaña revolviendo los mechones rojos al pequeño a su lado.
-Es que Mu me regañara al verte así y me siento mal por descuidarte. -objeto el lemuriano con nostalgia al ver las marcas rojas en la piel de Seika. Seika cálidamente le acaricio las mejillas y le negó.
-No te preocupes Kiki, yo le diré que fue mi culpa, que me caí por ahí, además...- objeto la castaña tratando de animarlo-Esto no es nada, tengo que ser fuerte de ahora en adelante, si no jamás podré proteger a Seiya, así que anímate, no me paso nada.
La dama compartió una preciosa sonrisa con el niño y lo vio sonreír. - ¿Por qué no vas por tu enorme libro de Mitología y ambos lo leemos juntos?, me gustaría ayudarte con ello.
- ¿En serio? -cuestiono el niño con alegría.
- ¡Sí!, ve por él Kiki, te espero aquí.
El pequeño pelirrojo se adentró emocionado al Templo mientras la dama disfrutaba con los ojos cerrados de la brisa cálida del Santuario. La paz y tranquilidad inundaron sus sentidos por un momento. Aquel era un lugar agradable a s parecer para vivir.
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-Buenos días señorita…-tras unos minutos de silencio en la entrada de Aries, pronuncio una voz grave, mientras unos pasos se hacían resonar a su lado. A su lado, dos hermosos hombres le esbozaron una tenue sonrisa y le dirigieron un momento su mirada para después continuar su ascenso a sus propios Templos.
Sin embargo, en aquel momento algo sucedió. Seika al verlos en aquellos segundos que parecian congelar todo en cámara lenta no pudo dejar de seguir con la mirada al más pequeño de ellos y al que más impresión causaba en sí. Milo de Escorpio.
El mundo eclipso para la pequeña japonesa, aquella imagen del santo se había quedado en su memoria, erizándole la piel en segundos. Sus largas pestañas, sus brillantes ojos verdes acua y su cabello largo azulado la había descontrolado como punzada en el corazón.
Milo y Kanon continuaron su camino hundidos en su charla adentrándose a Aries rumbo a su Templos y fue en el camino que algo sucedió. Mientras ambos santos penetraban Aries, Kanon se detuvo un instante en el pasillo interior disfrutando momentaneamente de la sombra del Templo junto a Milo y le bromeó.
-Milo, basta, el que tú y "esa amazona" se hayan acostado y te halla llamado "Seiya" en aquel encuentro, te está haciendo actuar últimamente como un imbécil. -objeto el marino hacia el moreno a su lado.
-Deberías conseguirte otra chica, otra diversión, ya sabes un clavo saca u otro y otro, además mujeres te sobran o no, llamas la atención a dónde vas.
Seika quien se había quedado quieta en las escalinatas, se puso de pie y observo fijamente hacia el pasillo en el interior de Aries tratando de ver nuevamente el rostro de aquel imponente hombre que ahbia atrapado su atención.
Milo a metros lejos de si percibió la mirada de la pequeña hermana de Seiya clavada en sí y le comento bromista al marino.
-No seas idiota, Kanon.
-No soy idiota, por ejemplo, le has llamado la atención a esa joven doncella de Aries.
Kanon giro su vista hacia su espalda cruzando momentáneamente la mirada con Seika, quien al verlo voltear se sonrojo de inmediato y le desvió la mirada mientras Kanon y Milo compartían una mirada divertida.
- ¿Ella?, por favor. - comentó el escorpión con ironía pues conquistar una doncella como ella, a su pensar, no le resultaba en nada difícil.
El antiguo dragón marino cruzo los brazos y sonrió bromista a su igual.
- ¿Ó será que acaso estás perdiendo el toque, Milo?- el geminiano le dio en el orgullo al alacrán, pues sabía bien provocar a su compañero.
-Eres un idiota Kanon…-soltó divertido el escorpión mirándole fijamente. -Te apuesto lo que quieras a que no es cierto.
-Apuéstalo.
-Lo que quieras Kanon, mientras no sea dinero.
-Idiota…
Milo intempestivamente avanzo de nueva cuenta hacia el exterior de Aries donde Seika ni si quiera se había inmutado de las escalinatas y llego a largos pasos de improviso hasta ella, descolocándola completamente. Milo se quedó observándola fijamente y con una sonrisa cínica a escaso centímetros le cuestionó:
- ¿Qué tanto me miras?
-Yo…-objeto Seika temblorosa ante aquel imponente santo sin saber cómo contestar y ahi pudo analizarlo a perfección. Realmente era un hombre bello.
Milo sonrio divertido al verla reaccionar de aquella manera inocente y perpicaz acerco su boca hacia su oído y paso detrás de su oreja uno de sus mechones castaños, susurrándole con descaro. -Deja de verme así, es obvio que te gusto así que se más discreta, ó ¿acaso quieres que te bese ahora y te haga el amor hasta enloquecer?
Seika se tapó los labios apenada ante la "indecorosa" propuesta y vio al alacrán darse la media vuelta sonriendo divertido ante la travesura realizada, volviendo hacia Kanon quien sonreía divertido apoyado en el pilar de la entrada de Aries por aquel acto.
-Sí que eres un maldito bicho, ganaste. -Milo chasqueo la lengua triunfante al llegar junto a Kanon y siguió su camino.
El gemelo avanzo sin detenerse junto al Escorpión y ambos continuaron su ascenso a sus respectivos Templos mientras reían ante lo hecho con Seika.
Seika se quedó completamente absorta ante lo sucedido y se dejó caer incrédula en las escalinatas mientras Kiki volvía del Templo con el libro en manos.
- ¿Qué sucede? -pregunto Kiki curioso al ver a Seika completamente hundida en sus pensamientos.
La historia estaba por cambiar…
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Continuará…
Muchísimas gracias lectores bonitos por leerme y esos bonitos reviews me animaron a echarle ganitas con la actualización a pesar de mi semana de arduo trabajo, ayer me desvele poquito y bien valio la pena para terminar este capitulo, espero les agrade. Gracias por su apoyo, leí todas y cada una de sus bonitas palabras.
Pronto entenderán porque elegí a Milo como protagonista estelar para este fic, aunque no se desilusionen, obviamente todos los goldies tendrán su participación posterior. Se vienen cosillas fuertes, enfrentamientos personales y por fin el borreguito sacara el carácter fuerte como buen ariano de su apacible y tierno corazón. Nos vemos y leemos pronto, besillos cósmicos... Starlight Saint Lu.
