El italiano abrió los ojos, sin conseguir ver más que una ligera luz a través de lo que cubría su visión. Algo estaba presionándose contra su mejilla derecha. Si su intuición no le fallaba, era el cañón de un arma de fuego. Pudo notar que estaba sentado, lo más seguro es que en una silla, y completamente atado.
-¿Qué me has hecho, bastardo?
El cañón cambió de posición y se dejó quedar en su mandíbula inferior, haciéndole daño por la presión que el otro ejercía. Escuchó una alegre risa que le heló los huesos y después su venda cayó al suelo.
-¿Acaso no es obvio? Te he secuestrado por mal chico. Y yo que pensé que podríamos charlar un poco más… Ya sabes, reencuentro después de muchos años. Una grata casualidad encontrarte.
Su sonrisa afable y cálida se había tornado a una sádica y siniestra, la cual hizo sentir un escalofrío al italiano atado. Llevaba un revólver modelo 500 y estaba jugando con él, dándole vueltas con un dedo.
-Te disparé en una zona vital. Deberías estar moribundo.
-Chaleco anti balas. ¿Realmente crees que iba a ser tal descuidado, como tú por ejemplo?- Volvió a reírse de forma cantarina.- Ni notaste cuando te puse el veneno. Parecías tan confiado…
-Estaba en el guante, ¿verdad?
Antonio asintió, deteniendo el juego con aquella arma y descargándola, para dejar tan solo una bala.
-Eres muy fácil de leer, querido Romano- El otro se sorprendió al escuchar que lo había llamado por aquel mote que hacía años no escuchaba- Verás. Como eres muy adorable, te diré en las cosas que fallaste. Primero, no notaste cuándo te vi desde la ventana. Estabas demasiado impaciente. Como no vi ningún arma a simple vista, supuse que era una pequeña o veneno, pero este era algo arriesgado, por no hablar de un arma blanca, la cual todavía más ya que estamos hablando de un traficante de armas. Debido a tus constantes toques en el brazo, supuse que ahí la escondías, y como no dejabas de temblar, que era la primera vez que la utilizabas, por lo cual ibas a apuntar a una zona segura y fácil de dar como… la espalda. Eso me venía bien. Tu elección en cuanto a la pistola fue acertada, ya que desde el salón a la cocina hay una considerable distancia y seguramente fallarías el tiro si fuera a otra zona por la poca potencia que tiene, como a la cabeza, el cuello o brazos. El disparar a una pierna también te haría tener problemas, ya que podría dispararte en forma de contraataque sin dificultad.
Lovino sintió como su sangre comenzaba a hervir de pura rabia. La forma en la que el otro le hablaba le estaba enfadándo demasiado. Parecía como que lo había tenido todo bajo control desde el principio.
-Ya he utilizado tu móvil para avisar de tu fracaso e informar que te mataré si intentan algo. Sé quién eres, pequeño. Eres valioso.
Comenzó a girar el tambor con tan solo una bala en el revólver y apuntó a la cabeza del menor.
-¿Sabes que juego es "La ruleta Rusa"? Seguramente sí. Tengo escuchado que te entretienes así con tus víctimas- Le dedicó una cálida sonrisa, mientras sus ojos comenzaban a centellear de emoción-. ¿Qué te parece si la probamos en ti?
-Atrévete.
El español disparó, haciendo que el otro soltara un leve grito por puro miedo e instinto. Antonio comenzó a reírse.
-No eres tan duro cómo quieres aparentar. Eres realmente adorable.
Dejó el arma sobre una pequeña mesa y se sentó en el suelo, frente a su huésped.
-¿Propósito de la misión? Además de asesinarme.
-No diré nada.
El moreno gruñó y agarró sus propias piernas, encogiéndose.
-Recolectar información, me hago a la idea. Parecías muy interesado. ¿Acaso tu familia trata de conseguir algo de mí además de mi dinero?
Simplemente recibió silencio.
-Está bien. La estúpida "Omertá(1)" te impide contarme nada, ¿verdad?- Chasqueó la lengua, visiblemente molesto. Después agarró el revólver se sentó sobre el joven italiano, haciendo que este se sobresaltara- A ver, Romano. No me hagas volarte los sesos.
-¡No me llames Romano! ¿Cómo conoces eso?
El español besó la mejilla del joven de los ojos color miel y luego la pellizcó, consiguiendo que se sonrojara bruscamente ante aquel contacto tan repentino.
-Verás. Yo te conozco desde hace mucho tiempo.-Apretó el gatillo, gastando otra posibilidad del alojamiento de la bala, quedando solamente tres más. El menor se estremeció de terror. Nunca nadie le había dominado de tal forma-. Cuando ibas al instituto, estaba en un curso dos o tres años superior a ti. Me pareciste muy interesante desde el comienzo. Eras el típico niño mimado el cual creía tener el mundo a sus pies debido a que tus padres eran jefes de la mafia "Romana". Escuché que te llamaban Romano por eso. Siempre ibas de matón con los chicos más pequeños que tú, amenazándoles con una pistola. Sí, Lovi querido, sé que llevabas armas de fuego reales a clase.- Volvió a disparar, notando como el pequeño comenzaba a reprimir las lágrimas ocasionadas por el terror-. Supe desde el primer momento en el que te vi que no eras lo que aparentabas. Había algo más oculto bajo tus miradas amenazadoras. A pesar de ser un niño matón, realmente eras un cobarde el cual sólo deseaba tener una vida normal. ¡Qué tierno!
Lovino trató de decir algo, pero el español selló sus labios con el dedo índice, pidiendo silencio.
-Estoy hablando, Romano. No me interrumpas. ¿Acaso ves en las películas de acción que el héroe interrumpa al villano? Sigue las normas, tomatito.
-¿Tomatito?
-Estás completamente rojo.- Posó el revólver en la entrepierna del menor de ambos y sonrió- y sé que eso no es una pistola.
¿Y cómo no iba a reaccionar así? Aquel muchacho era realmente atractivo. Aquellos ojos verdes que mostraban confianza, la perfecta sonrisa que lucía, además del dulce olor que su colonia emanaba. Por no mencionar el hecho de estar sentado sobre él y la adrenalina del momento. Por otra parte, un rinconcito de la mente del italiano disfrutaba del hecho de ser dominado de tal forma.
-Cómo iba diciendo… Supe desde el principio que eras un cobarde- Comenzó a mover el arma entre las piernas del joven preso- pero eso era uno de los hechos por los cual me acabaste por gustar- Y apretó el gatillo, consiguiendo que el otro tratase de encogerse en vano. Sólo quedaba una bala.
El español estaba disfrutando completamente de la situación, y eso que aún no había llegado a la mejor parte.
-Debido a eso- Prosiguió- decidí confesártelo. Sabía que era algo mayor que tú, mas no me importó. El día que te lo dije, te molestaste por el hecho de ser un hombre.-Pasó el arma de fuego a la cabeza del recluso de nuevo- Comenzaste a golpearme sin razones y a amenazarme con la pistola que llevabas en la mochila. En uno de tus movimientos, dio la casualidad de que se activó el arma y… Supongo que lo recordarás, ¿verdad?
-Casi te disparo accidentalmente.
-Exacto. Bueno, eso es lo que pasa cuando le das un arma a un crío. Lo siento, Lovi. No te tengo manía por ello. Es solo… una pequeña vendetta(2) por el susto- Comenzó a reírse y le dio un leve beso en la frente, para luego comentar con sorna- Bye, bye, mi piccolissima dama.(3)
Y apretó el gatillo.
Omertá(1): Ley de silencio. Código de honor por el cual se mantiene en secreto cada acción y plan delictivo, además de las personas implicadas. Incumplirla conlleva al castigo de la muerte.
Vendetta(2): Venganza en italiano
Bye, bye, mi piccolissima dama(3): Verso de la canción "Bye, bye", de un cantante español (David Civera) el cual me pareció oportuno añadir para meterme más con el pobre Lovino. No, enserio. El videoclip tiene temática similar y todo… *se cruza de brazos* Casualidad ya que no lo había visto hasta después de haber pensado esta idea.
