Capítulo 2: PESADILLAS

Disclaimer: como ya saben, J.K Rowling se nos adelantó a todos y los personajes le pertenecen a ella. Sin embargo, esta horrenda historia es mía (no al plagio).

N/A: ¡disculpen el atraso! Me paso algo horrible. Tenía el capítulo listo a la semana siguiente de haber iniciado la historia y el documento se dañó no sé cómo. Fue horrible, no pude recuperarlo aunque intenté mil formas y eso me apagó un poco. Obviamente, escribí de nuevo el cap., pero no quedó como el primero al cual le puse mucho amor y horas de dedicación. Espero les guste de todas maneras y me disculpen si no tiene la suficiente calidad, aunque uno sea ficker, quiere entregar un buen trabajo igual.

¡Cualquier falta ortográfica o detalles que les molesten, mil disculpas! Pueden escribirme y restregarme a la cara mis errores (con amor sipo).

Respuestas a Guest al final del cap.


Capítulo 2: PESADILLAS.

Si el nombre de Hermione Granger estuviese en el diccionario su definición sería algo así: brillante de nacimiento, curiosa por naturaleza, protectora implacable, de comportamiento intachable, testaruda con derecho, inteligente a base de esfuerzo y detestable para los desconocidos como amable con sus amigos. Pero sagaz, mucho, siempre y cuando contará con la información correcta.

Y la tenía.

Todavía tenía presente el incidente y todavía dudaba si en verdad ocurrió, pero el no tener el vaso que le regaló Ron era prueba suficiente. Estaba confusa, no sabía si disculparse con Malfoy por la bofetada o no, ese año era un nuevo comienzo para todos y ya no eran rivales, construyendo una casi relación basada en la tolerancia― debido a la intolerancia de los otros, cabe destacar―, pero tolerancia al fin y al cabo. Sin embargo noche tras noche lo culpaba por besarla sin su permiso y lo peor es que no podía olvidarlo. ¿Quién lo haría? No todos los días te besa tu ex enemigo y su cerebro iba a explotar de tanto que lo estrujaba por comprender la razón. Sentía que el sabor a menta se había mezclado permanentemente con sus labios; apenas si podía darle pequeños besos a Ron. De lo único que estaba segura es que se sentía mal, por todo.

Por eso, cuando vio a cierto rubio asistir repentinamente todos los días a la biblioteca como si fuese un nuevo potencial atractivo ñoño― la castaña no era ciega―, le pareció… Raro. Al principio, pensó que fue a hostigarla, pero no, en ningún momento se le acercó, es más, la ignoró y no es que ella fuese engreída ni nada, es decir… ¡Vamos! Hermione prácticamente vivía en la biblioteca y nunca, NUNCA, de sus años en Hogwarts el Slytherin concurrió tanto como después del incidente. Sospechoso, muy sospechoso…

-Últimamente se te han pegado los ojos en Malfoy- interrumpió sus pensamientos Ginevra Weasley, sentándose frente a ella con un libro en las manos-. No es que sea mi problema, pero te recuerdo que eres la pareja de mi hermano- comentó como si en verdad no estuviese diciendo nada relevante, sacando pluma y pergamino de su bolso.

La castaña inevitablemente tragó saliva.

-No es eso- ¿cómo mencionarlo sin ser descubierta? La Prefecta siempre tenía en cuenta la especial agudeza de su amiga. Apoyando los brazos encima de la mesa, se estiró acercándose confidencialmente a Ginny- Pero… No te parece extraño que Malfoy venga todos los días a la biblioteca, ¿repentinamente? Lo digo porque yo prácticamente vivo aquí y nunca, NUNCA, vino tanto como en los últimos días- repitió sus pensamientos.

La pelirroja rió bajo.

-Estás como Harry en sexto año- todo en su mirada gritaba: ¡paranoica!- Quizás su parte ñoña salió a la luz- se llevó la pluma a la boca, sonriendo de forma sensual-. Un muy sexy ñoño, debo aclarar.

Hermione no pudo impedir la sonrisa al compartir opiniones parecidas con su amiga. Se olvidaría de Malfoy y ¡vaya que le hacía falta!


-Hombre, anoche soñé contigo- habló el conejillo de indias, sentándose a su lado.

Y Draco sonrió. Sonrió porque su experimento dio frutos, por algo es el ahijado de su padrino e intuía que estaba orgulloso de él dónde quiera que estuviese, no por los motivos, claro; de hecho, también debe estar revolviéndose en su tumba.

Aunque admitía que fue complicado, pero al contar con variados y complicados elementos que su padrino le provisionó en vida, tantos que tenía su propio arsenal, le facilitaron gran parte del trabajo, pero a la vez le aseguraban el éxito seguro y ahí estaba la prueba de ello, tomando felizmente de su taza de chocolate. Pobre de Blaise, si supiese que fue vilmente utilizado… Sin embargo, el rubio no podía arriesgarse de buenas a primeras con la leona. Además, para qué están los amigos ¿si no?

-No necesito saber- no le importaba, ya lo sabía-. Siempre supe que me tenías ganas.

El moreno se atragantó y escupió todo el sorbo de chocolate caliente, saltándole unas pequeñas gotas a Theodore frente él que lo miró con asco, levantándose y cambiando de lugar. No todos los días escuchaba un comentario así de su amigo.

-Cálmate, rubiecita, tendrás apariencia de chica, pero no tanto para atraerme- contestó Blaise indignado con una mano en el corazón- ¡Eh, Theo!- le gritó ahora a su amigo siete puestos más lejos- ¡Vuelve! Con el que no puedo vivir es sin ti- levantó su taza hacia el pelinegro.

Draco soltó unas pocas carcajadas. Rió por sus amigos, pero también porque ya no tendría que ir todos los días a la biblioteca y aguantarse los mil demonios por encontrar a la castaña ahí, mucho menos volver a preguntarle una que otra cosa al adulador de Slughorn.

Miró a la mesa de Gryffindor. Solo faltaba un paso: dárselo.


Movía incesantemente el pie contra el suelo y no era para menos. Llevaba varios días siguiendo, por no decir acosando, a la leona, pero buena en su especie, no había tenido ninguna oportunidad. Darle la dichosa poción le estaba costando más que haberla hecho. No podía acercarse como si nada y ofrecerle una bebida de lo más inocente, sí, ese año construyeron una ínfima relación, pero hace pocas noches lo arruinó y la Gryffindor, para su desgracia, no era tonta.

Y en vez de estar tomando cerveza de mantequilla con sus amigos en su salida a Hogsmeade, se encontraba en una tienda exclusivamente de ropa femenina― no lo echaron al mostrar sus cuantiosos galeones―, escuchando la irritante conversación de chicas entre la menor de los Weasley y la castaña. ¡Por Salazar! Ni siquiera aguantaba las charlas de su mejor amiga Pansy y tenía que bancarse la de éstas dos― y por mucho que le apetecía la leona, prefería mil veces estar haciendo otras cosas con esa boca―.

Pero entre más cueste el premio, más lo decanta uno. Se humedeció los labios.

Sin embargo, justo oyó algo que le llamó la atención.

-Éste es excelente, grita que te toquen- le dijo pícaramente la pelirroja a la Prefecta, mostrándole un sugerente conjunto.

Y Malfoy no pudo evitar imaginarla con ello puesto.

-Ginny, sabes que no me gustan esas bromas- Hermione se encontraba totalmente sonrojada.

-Ya llamarás "broma" cuando mi hermanito quiera pasar a la acción- siguió atacando Ginny-. Recuerda que es un Weasley y no por nada somos siete hermanos.

Ah, no, eso sí que no. Primero Weasel se jodía con su propia varita antes de tocar a la castaña, está bien que fuese su novio, pero eso no iba a durar mucho tiempo, por como él se llamaba Draco Malfoy. ¡Maldición! Mataría a ese bastardo si le tocaba un solo pelo. Adiós paciencia.

Al salir de la tienda, después de ambas jóvenes, se aseguró de comprar el conjunto, ni en un millón de años dejaría que ella volviera y se lo llevará para usarlo con la asquerosa comadreja. Definitivamente, tendría que apresurar las cosas.


Y como si el destino estuviese de su lado, volvieron a quedar juntos y por esa única razón, Draco casi le tenía cariño a Slughorn. No había momento más perfecto ni tarea más perfecta.

Por otro lado, la castaña, lamentaba su mala suerte. Estaba comenzando a odiar los trabajos grupales, pero debía admitir que Malfoy y ella con lo tanto que se repelían, conformaban un buen, no, magnífico equipo. No tenía que estar diciéndole o vigilando sus pasos como lo hacía con Harry y Ron, los quería, pero extrañamente funcionaba mil veces mejor al lado del rubio. Bueno, eso pasaba cuando juntaban a dos mentes brillantes y era casi como un descanso para ella, si no fuera por el mal genio de éste, o mejor dicho, el mal genio impuesto para ella, por supuesto.

Mientras molía con delicadeza el pelo de unicornio hasta hacerlo polvo, la Gryffindor observó como la serpiente revolvía el cucharón en el caldero contando los segundos en su reloj de oro; todavía tenía presente su sospechosa actitud en la biblioteca. Cuando el chico paró de revolver, la joven ya tenía listo el polvo y no se demoró ni dos segundos en dejarlo caer en la poción, observando con fascinación como ésta cambiaba de color, pero reprendiéndose mentalmente para buscar el siguiente ingrediente sobre la mesa que no encontró. Con esta poción, no había tiempo para distracción.

-Malfoy, ¿haz visto…?-murmuró bajo, siendo instantáneamente interrumpida por el chico.

-Tan inútil como siempre, Granger- se mofó el rubio, mientras pisaba sigilosamente el ingrediente "faltante", aunque por poco y lo descubre.

Tú me vuelves inútil. Se mordió la lengua para no decirlo, de muchas maneras se podía malinterpretar, sin contar las burlas que el muchacho haría en su contra. Apretó los puños a los costados de su cuerpo y el Slytherin solo quería reír ante evidente actitud infantil.

-Y te llaman la estudiante más brillante de nuestra generación- siguió molestando, no podía evitarlo, estaba en su naturaleza-, sí, claro.

-Mira, maldito hurón, porque no te callas y me ayudas a buscar el bendito ingrediente.

-Y porque mejor no dejas de perder el tiempo y vas a pedirle otro al profesor, "alumna más brillante de nuestra generación".

Hermione apretó los dientes furiosa, dispuesta a replicar, pero al notar que el caldero estaba burbujeando como una olla a punto de explotar se tragó con amargura las burlas del rubio, volteando la cabeza con orgullo, camino al profesor.

Mientras, Malfoy comprobaba que nadie lo miraba para sacar una pequeña botella al interior de su túnica con su perfecta poción. Uno nunca sabía cuándo llegaba el momento adecuado y después de darse por vencido como acosador, decidió esperar hasta que llegara y, como buena serpiente, siempre estaba preparado. Veloz, pero cuidadosamente, vertió el líquido de su poción en el caldero, viendo con cierta preocupación como nuevamente cambiaba de color. El Slytherin no sabía qué efectos podría tener combinar dos pociones totalmente distintas, pero confiaba en que no sucedería nada malo, además, era ahora o nunca.

-A un lado, Malfoy- casi lo asustó la muchacha que arrojó en el caldero el ingrediente faltante, esperando haber llegado a tiempo. Procedió a revolver el contenido por dos minutos antes de llevarse el cucharón con la poción a la boca, como decía en las instrucciones, era necesario probarla, por eso arrugó severamente el entrecejo al descubrir un sabor dulzor en la mezcla y no amargo como lo decía en el libro-. Pero qué… ¡Sí lo hicimos todo a la perfección- exclamó la joven anonadada.

-¿Qué sucede ahora, Granger?- preguntó el rubio actuando como si no entendiera, claro que lo hacía.

-La poción tiene un sabor dulce.

-A ver, déjame probar- y antes de que la castaña pudiese procesar aquellas palabras, Draco le arrebató el cucharón y tomó del mismo líquido que ella dejó, percibiendo el dulzor. Hermione estaba totalmente en shock, algo inconcebible en su mente- Perfecto, sabelotodo, haz arruinado la poción.

La leona solo quería golpearlo por tales palabras de ánimo.

Esa clase, por desgracia de uno y triunfo de otro, fue la primera en que fallaron.


Nuevamente se encontraba recorriendo los largos y oscuros pasillos de Hogwarts, no recordaba que esa noche le tocará turno, sin embargo ahí estaba. Si no fuese por McGonagall, no hubiese aceptado el trabajo como prefecta, ese año solo quería descansar.

Pero al tener la obligación de vigilar los pasillos, le era imposible. Se sentía extrañamente soñolienta, solo quería estar acostada en su cama con su gato y lo único que la mantenía en movimiento era su café con leche.

Hacía lo posible por terminar la ronda, pero un repentino jalón en su muñeca provocó que se pusiera en guardia, sacando su varita en el acto. Todavía había mortífagos prófugos y para nadie era secreto que uno de sus objetivos era el colegio, sin contar que años de guerra todavía seguían en su sangre, haciéndola saltar en el primer y más inocente acto. La chica suspiró al reconocer la figura que la había despertado casi por completo.

-Merlín, Malfoy, me asustaste- soltó con una mano en el corazón, como intentando detener sus agolpados latidos, su cuerpo relajándose más de lo debido.

Pero pronto se dio cuenta que frente a ella estaba quien invadió su mente hace poco tiempo: Malfoy, el mismo Malfoy que hace pocas noches la beso en circunstancias parecidas a la actual. Retomó su guardia.

-¿Qué haces levantado?- cuestionó la joven tratando de mantener distancia.

-Esperándote.

Y como si esa sola palabra fuese una predicción, su distancia se fue a la mierda. El rubio acortó el espacio con dos grandes pasos, apresando a la Gryffindor por la cintura, pegándola a su cuerpo, mientras ésta hacía malabares para que su termo no se desparrame y los quemé.

-¡Cuidado, Malfoy!-exclamó la joven preocupada por el contenido caliente, para luego ponerse tensa al ser consciente de la cercanía- Suéltame- exigió intentando soltarse, pero al parecer su cuerpo estaba demasiado cansado como para hacer un real esfuerzo.

El Slytherin simplemente negó con la cabeza, como si le dijera no a un niño, aferrando aún más la cintura de la joven y casi impresionado de lo fácil que le estaba resultando retenerla.

-Esta vez no te dejaré ir- a él solo se la hacían una vez, jamás dos, por algo se apellidaba Malfoy. Cogiendo la mano de la castaña que sostenía el termo, lo acercó con parsimonia a sus labios frente a aquellos impactados ojos que parecían sufrir una especie de déjà vu-. Nunca se me han dado bien los rechazos, Granger- bebió del caliente líquido y posó sus labios en la boca de la Gryffindor.

Y Hermione se sintió morir. Porque los labios de Malfoy se sentían tibios sobre los suyos e intuía el porqué y, aunque la chica trataba de resistir ―su agotado cuerpo le impedía llevar a cabo la tarea con eficiencia―, pronto su esfuerzo se vio frustrado al percibir un caliente líquido queriendo traspasar sus labios, viéndose obligada a tomarlo. Y jadeo, jadeo porque el café con leche no fue lo único que invadió su boca, sino también la lengua de aquella serpiente que tenía su sabor, resultando una perfecta combinación, absorbiéndola. Y quería más.

Esta vez, el termo no se cayó por accidente. Con las manos libres, levantó los brazos y agarró la suave cabellera sin mucha delicadeza, acercándolo aún más, dispuesta a saborear más. Por otro lado, Draco se sentía en el cielo, o tal vez, en el infierno, porque para él era un martirio tenerla con tanta ropa. No se demoró ni un segundo en poner a la castaña contra la pared y enterrar sus manos debajo de la túnica, percibiendo la caliente piel de su vientre, para luego dejar a sus curiosas manos explorar los costados de su cuerpo, rozando la curva de sus senos y deslizándose a su espalda, deleitándose con el leve gemido que tragó con sus labios.

Se alejó un poco, solo un poco para poder respirar, ya que todos los sentidos de su cuerpo estaban concentrados en una única y absoluta misión: devorar a Granger. Más la chica no lo dejó, succionando su labio inferior como si fuese su chupete favorito. Ella absolutamente quería matarlo. Bajando aún más las manos posadas en aquella espalda, llegó hasta su trasero y no pudo evitar estrujarlo, escuchando otro provocativo gemido que amenazaba con mandar a la mierda su autocontrol.

Sin embargo, ese efímero respiró consiguió que la mente de la leona despabilará un poco. La situación no se podía estar repitiendo, algo raro había ahí. Intentó despegar su boca del rubio y se descubrió imposible: Malfoy y su café con leche eran una mortal mezcla para ella, algo que le gustaba y disgustaba a la vez… Simplemente le estaba haciendo estragos a su cuerpo, sobre todo a cierta parte baja que le cosquilleaba de curiosidad. ¡No! Su mente nuevamente se estaba adormeciendo ante tal sabor… Y sintió que casi tenía la respuesta, ahí en la punta de la lengua que ocupaba Malfoy, haciéndola volar lejos, como casi en un sueño…

¡Eso es!

-Granger, es demasiado pronto- gimoteó el muchacho al percibir como el cuerpo en sus manos se desvanecía con dolorosa lentitud.

Y sin más, abrió los ojos, el temblor de su cuerpo y la ansiedad que la embargaba le indicaba una completa y extraña revelación: había soñado con Malfoy.


Lejos de la torre de Gryffindor, en las frías mazmorras, precisamente en el cuarto masculino, un muy frustrado Draco Malfoy despertó con su cuerpo tembloroso y agitado, golpeando la cama con su puño y un problema que atender.

Maldita Granger.


PARA GUEST:

L Raven: ¡Hola, linda! Gracias por leer. Espero te haya gustado el cap. Los primeros dos son de introducción, ahora se viene lo bueno. ¡Espero tus comentarios!

Próxima actualización: 01/07/2018 (espero).