Un pequeño extra para celebrar el final de mi tortura (entiendase: examenes)
EXTRA
Una melodía parecida a unas campanas resonó en una habitación de grandes ventanales. Un bulto se removió bajo las blanquecinas sábanas de una cama situada a unos metros de esos ventanales de transparentes cristales. El suave sonido de las campanas se fue desvaneciendo hasta desaparecer, volviendo a surgir pocos segundos después. Las campanas siguieron sonando y desapareciendo hasta que, a la tercera vez, una mano salió de entre el lío de sábanas y comenzó a tantear por la mesilla de noche hasta que dio con el molesto objeto. El bulto volvió a removerse y acabó por caerse sonoramente de la cama, con las sábanas aún cubriéndole. Algunas patadas y manotazos fueron suficientes para que un joven hiciera su aparición por debajo del lío de sábanas que se había formado en el suelo. El chico recorrió con ojos cansados la habitación y, una vez que se dio cuenta de que se encontraba en el suelo, se levantó lentamente y se sentó en el borde de la cama. El joven moreno sintió la tentación de volverse a recostar en su mullido colchón, pero el sonido de las campanas le sacó de golpe aquellos pensamientos. Comenzó a revolver entre las sábanas y rescató el despertador de aquel mar blanquecino, apagándolo una vez que lo tuvo en sus manos. Antes de volver a dejarlo en la mesilla, lo miró con el ceño fruncido. El chico abrió el cajón de la mesilla y sacó su móvil, lo encendió y comprobó que la hora que marcaba el despertador estaba bien. Eran las ocho de la mañana. De un sábado. ¿Por qué demonios se habría puesto el despertador tan pronto? Y además en un día en el que no tenía que madrugar para ir al instituto…
"Ah, claro".
Se llevó una mano a la frente y cerró los ojos con fuerza. ¿Cómo se le había podido olvidar?
A las nueve tenía…
Su rostro se encendió nada más pensar en ello.
A las nueve tenía una cita con Shizuo.
El chico se levantó rápidamente y se dirigió al baño para darse una ducha rápida. Dejó que el agua corriera y resbalase por su cuerpo, llevándose el cansancio y trayéndole a su vez los recuerdos de la semana pasada.
Al ver que Shizuo no salía de la enfermería para avisar del estado de Izaya, los dos jóvenes y las dos niñas se atrevieron a abrir la puerta. Ya esperaban que el joven rubio les gritase, les lanzase algo o tal vez ambas cosas pero, al no escuchar nada, entraron completamente en la habitación. La boca de Mairu se abrió de par en par, la expresión de Kururi permaneció inexpresiva, la sonrisa de Shinra se ensanchó de forma peligrosa y Kadota soltó un largo y pesado suspiro. Pero aquella escena valía todas esas reacciones y más. No todos los días podías ver a Orihara Izaya durmiendo tranquilamente recostado en el pecho de Heiwajima Shizuo mientras este le abrazaba posesivamente.
Una pequeña luz surgió en la habitación.
Kadota se giró para mirar a Shinra y, en vez de ver a su amigo, parecía que estaba contemplando al gato de Cheshire. Aunque un gato de Cheshire con un móvil en la mano y sacando fotos sin parar a los dos jóvenes que dormían plácidamente.
- Nunca está de más tener algo con lo que poder chantajear a Izaya – sonrió Shinra a modo de excusa mientras seguía con las fotos.
Unos días después, Shinra cumplió lo hablado con Kadota y le mandó a Izaya las fotografías. El chico moreno le amenazó con matarle de las formas más horribles, crueles y dolorosas que se le ocurrieron, pero Shinra se limitó a reírse. Finalmente, ambos consiguieron llegar a un acuerdo.
AL DÍA SIGUIENTE EN EL INSTITUTO
La sirena que marcaba el final de las clases comenzó a sonar y los alumnos empezaron a guardar sus libros a toda prisa para salir de allí lo antes posible. Izaya recogió sus cosas más rápido de lo normal y, antes de abandonar la clase, pasó cerca del asiento de Shizuo. El rubio le observó mientras dejaba la clase y fue por eso por lo que advirtió que a Izaya se le había caído un pequeño papel. Lo recogió y se acercó a la puerta de la clase.
- Oi, pulga…
Pero Izaya ya había desaparecido.
Shizuo frunció el ceño y miró el papel, que estaba cuidadosamente doblado en cuatro, y entonces vio su nombre escrito. Lo desdobló y, después de leer su contenido, su rostro adquirió un saludable color rojo.
- ¿Alguna admiradora secreta? – preguntó Shinra apareciendo por detrás.
- ¿Q-qué? ¡Claro que no! – respondió Shizuo arrugando el papel y lanzándolo a la papelera – Nos vemos – se despidió el rubio.
- ¡Adiós, Shizuo!
Shinra continuó agitando eufóricamente el brazo hasta que perdió de vista a Shizuo. Entonces se acercó a la papelera y rescató la nota arrugada.
"Sábado. 09:00 AM. Puerta principal de la Academia. No llegues tarde, protozoario".
- Ohhhh, así que lo ha hecho – susurró Shinra mirando la nota.
- ¿Quién ha hecho qué? – preguntó Kadota surgiendo de la nada.
- ¿Estás libre este sábado? – dijo Shinra ignorando completamente la pregunta de Kadota.
- Sí, ¿por qué?
Shinra sonrió enigmáticamente y le dio el papel a Kadota. Este lo leyó y frunció el ceño.
- ¿Qué tenemos nosotros que ver con esto? ¿No estarás pensando en arruinarles el día?
- Por supuesto que no, Kadota-kun.
- ¿Entonces? – preguntó levantando una ceja.
- Solo les daremos un pequeño empujón.
- ¿Daremos? ¿No puedes liarla tú solo?
- Oh, vamos. Será divertido.
Kadota suspiró y cerró los ojos.
Todo había sido culpa de Shinra. Ese maldito cuatro ojos cada día tenía ideas más retorcidas. Ya se encargaría de hacérselo pagar. Una sonrisa siniestra se abrió paso en el rostro de Izaya, pero tan pronto como pensó en su venganza su sonrisa desapareció. Cierto. No tenía nada que pudiera usar en su contra. No había encontrado ni una pizca de información con la que pudiera chantajearle. ¡Demonios! ¡Ese maldito idiota tampoco le escondía nada a su querida novia! ¿Cómo se supone que iba a…? La sonrisa volvió a su rostro cuando el plan perfecto llegó a su mente. Pero ya se encargaría de ponerlo en práctica. De momento tenía que salir de la ducha y comenzar a vestirse para su… cita con Shizuo. Sus mejillas comenzaron a teñirse de rojo ante el hecho de que iba a pasar todo un día a solas con Shizuo. Agitó la cabeza para alejar esos pensamientos y cerró el grifo.
"No pienses más en eso. Todo es culpa de Shinra. Ya se me ocurrirá algo para irme antes de tiempo".
Izaya salió del cuarto de baño y se vistió rápidamente. Vaqueros negros y camisa carmesí, haciendo juego con el brillante color de sus ojos. Se sentó en la cama y comenzó a ponerse los zapatos, pero fue interrumpido por el sonido de su móvil. Dejó el zapato izquierdo en el suelo y desbloqueó su móvil, arrepintiéndose de haberlo hecho nada más ver el mensaje que había recibido.
Shinra: ¡Disfruta de tu maravillosa cita con tu maravilloso novio!
Izaya frunció el ceño y comenzó a escribir su respuesta, equivocándose y borrando algunas palabras por el creciente enfado y el ligero calor que recorría su rostro.
Izaya: ¡No es mmi noviop! ¡Y no disfrtré! ¡Todo esto es pro tu culpa!
Shinra: Jajajajaja. No eres nada sincero contigo mismo, Izaya-kun :D
Izaya: ¡Cállate!
Izaya dejó el móvil sobre la mesilla y terminó de ponerse los zapatos. Después volvió a coger el aparato y lo metió en unos de los bolsillos del pantalón.
PUERTA PRINCIPAL ACADEMIA RAIRA 08:57 AM
Shizuo se encontraba recostado en uno de los muros de la Academia, mirando cada dos por tres la hora en su móvil. Había llegado diez minutos antes para evitar que la maldita pulga hiciera comentarios del tipo de: "Llegas tarde Shizu-chan, aunque me lo esperaba, ya que tu cerebro es limitado". Pero, por haber intentado ser puntual, olvidaba que aún quedaban unos minutos para que Izaya apareciera. Guardó de nuevo su móvil en el bolsillo y sacó un cigarrillo para evitar volver a cogerlo y mirar la hora por décima vez.
- Fumar es un mal hábito Shizu-chan
Shizuo se quitó el cigarrillo de los labios y soltó el humo lentamente, para después volver a fumar de nuevo tranquilamente mientras apoyaba la cabeza en el muro.
- ¿Para qué me has citado? – preguntó Shizuo sin dejar de mirar el cielo.
- Me apetecía invitarte a dar una vuelta.
- ¿Eh?
Shizuo despegó los ojos del cielo y giró la cabeza para mirar a Izaya. El cigarrillo resbaló de sus labios en cuanto vio al chico moreno. Vestía unos vaqueros negros, parecidos a los de su uniforme escolar, y una camisa del color de sus ojos con unos pocos botones desabrochados que exponían parte de la nacarada piel de su cuello.
- ¿Qué?
- N-no, nada.
Shizuo apartó la mirada y rebuscó en su bolsillo el paquete de tabaco para evitar pensar lo que estaba pensando. Con manos temblorosas se llevó el cigarrillo a los labios pero, antes de que pudiera rozarlo, desapareció de sus dedos.
- No me gusta el olor del tabaco.
Izaya partió el cigarrillo por la mitad y lo tiró al suelo. Después conectó su mirada con la de Shizuo.
- ¿Entonces?
- ¿Eh? – respondió Shizuo.
- Que si darías una vuelta conmigo – suspiró Izaya ante la inteligente respuesta de Shizuo.
- …Está bien.
Izaya esbozó una pequeña sonrisa y metió las manos en los bolsillos. Shizuo le observó y no pudo evitar pensar que era muy adorable. Rápidamente se llevó una mano a la frente y se golpeó.
"Deja de pensar estupideces. Deja de pensar del todo."
- ¿Por qué te golpeas? ¿Eres masoquista o algo así? – rió Izaya mirando a Shizuo.
El rubio se dio la vuelta y comenzó a caminar, dejando a Izaya atrás.
"Maldita pulga. ¿Ha venido a invitarme o a provocarme? Si sigue mirándome de esa forma, no voy a ser capaz de contenerme".
- ¿Adónde vamos Shizu-chan? – preguntó Izaya colocándose a su lado.
- Donde tú quieras.
- Donde yo quiera, ¿eh? – dijo Izaya llevándose un dedo a la barbilla, pensativo. Entonces una sonrisa traviesa se abrió paso en su rostro. El rubio sintió un pequeño escalofrío recorrerle la columna. Tenía un mal presentimiento –. Vayamos al parque Shizu-chan.
- ¿Al parque? – preguntó un poco asombrado. Tal vez se había apresurado en pensar que la pulga tramaba algo.
- Sí. ¿No te parece buena idea?
- No, claro que no. Cualquier lugar está bien siempre que esté contigo – respondió Shizuo sin pensar, haciendo que un pequeño sonrojo apareciese en las mejillas de Izaya.
Pero Shizuo tenía razón al pensar que Izaya tramaba algo, ya que el chico moreno le llevó al parque simplemente para camuflar sus verdaderas intenciones.
Después de varios minutos caminando, y habiendo dejado el parque cuatro calles atrás, los jóvenes llegaron a su destino. Shizuo abrió los ojos de par en par y contempló silenciosamente la enorme casona que se encontraba en frente de él.
- ¿Una casa abandonada es tu manera de pasar un buen día?
- ¿Por qué no? Puede ser divertido.
- Nunca entenderé tu sentido de la diversión.
- No tendrás miedo, ¿verdad Shizu-chan? Aunque, si quieres, puedes irte a casa.
Una siniestra sonrisa se abrió paso en los labios de Izaya y el segundo escalofrío del día recorrió la columna de Shizuo. No sabía si era por la atmósfera que rodeaba la casa, por la sonrisa de Izaya o por su compañero mismo. Soltó un suspiro y finalmente se acercó a la puerta de la casa, donde Izaya se encontraba ya intentando forzar la cerradura cuidadosamente.
- ¿Qué haces?
- ¿Acaso las pocas neuronas que te quedaban se han muerto? Intento abrir la puerta sin…
Shizuo colocó la mano en el picaporte y la cerró sobre este, destrozándolo bajo su agarre. Con la otra mano empujó suavemente la puerta, que se abrió produciendo un chirriante sonido a su paso.
- … provocarle ningún daño – terminó Izaya la frase mirando fijamente los trozos del pomo dorado –. Podrías haberla abierto sin romperlo.
Por extraño que pareciese, ya que no iba acorde a sus gustos conocidos, Izaya le tenía una profunda admiración a las grandes casonas de origen occidental. Según él, eran una de las mejores construcciones que sus amados humanos habían hecho.
Shizuo pasó su mirada de Izaya al pomo y después volvió a las esferas rojas que le observaban con un brillo acusador. Aunque en el fondo se sentía mal por haber destrozado aquel pomo tan bonito, no había podido evitarlo. El culpable era Izaya. Si no le mirase fijamente con sus rojizos y brillantes ojos, haciéndole sentir extraño, ni esbozase después aquella odiosa sonrisa que tanto despreciaba, podría haberse controlado. Pero el maldito bastardo le manipulaba hasta sin darse cuenta de que lo hacía. O tal vez sí que lo sabía y por eso parecía tan contento. Las diferentes máscaras que Izaya le mostraba sacaban a la luz diferentes sentimientos del interior de Shizuo, y eso era lo que más le enfurecía. No poder controlar lo que sentía.
- Era eso o golpear tu cara – dijo finalmente sin ninguna expresión en su rostro.
- Ohhhhh, qué considerado. ¿Debería agradecértelo? – decía Izaya burlonamente mientras entraba en la casa y le lanzaba a Shizuo una linterna por encima del hombro.
- Así que lo tenías planeado desde el principio – suspiró Shizuo encendiendo la linterna y dándole pequeños golpecitos para que funcionara.
- El primer piso y el desván están en perfectas condiciones, al igual que el bajo donde estamos, pero el segundo tiene parte de las escaleras derruidas y puede ser un poco difícil acceder al tercero. Ahhh, aunque nada es imposible – explicó Izaya levantando el dedo índice en el aire y girándose levemente para mandarle a Shizuo una mirada llena de emoción que le sorprendió un poco e hizo palpitar su corazón.
- ¿Cómo…?
- Nunca entro en ningún sitio sin haberlo estudiado cuidadosamente primero.
- Lo que tu digas – volvió a suspirar Shizuo mientras se acercaba al moreno – ¿Y bien?
- Vayamos a curiosear, Shizu-chan – sonrió Izaya de forma traviesa.
Un tercer escalofrío recorrió la columna de Shizuo. No le gustaba para nada aquella idea, pero Izaya no había preguntado. Se había limitado a arrastrarle con él en sus estúpidos pasatiempos. No es que tuviese miedo de encontrarse con alguna aparición, espíritu, espectro o fantasma que perteneciese a algún antiguo habitante de la mansión en busca de venganza por su muerte prematura y claramente no accidental. No. Él era una persona realista y sabía que los fantasmas solo aparecían en las películas de miedo y en los cuentos que su madre solía contarles a él y a Kasuka cuando eran pequeños para que se fueran a la cama a la hora que les correspondía. Pero aquella casa tenía algo. Algo que no le gustaba lo más mínimo. Irónicamente, aquel momento se parecía al día en el que Shinra tuvo la grandiosa idea de presentarle a la pulga. La primera vez que le vio supo que había algo malo en él, algo que le traería problemas. Su mente decidió que era peligroso mucho antes de que el chico pudiera abrir la boca y, cuando habló por primera vez, le odió profundamente. Y después de ese día, en el que se dijo a sí mismo que nunca se relacionaría con Izaya, ahora se encontraba con el susodicho en una abandonada y tenebrosa mansión. Solo de pensarlo le daban ganas de golpearse contra la pared. Pero después recordaba aquella tarde en la enfermería… y las ganas de golpearse aumentaban junto a los deseos de poder lanzarse a sí mismo por los aires.
¿Por qué no se había controlado? Probablemente porque su mente dejó de funcionar en ese momento y era el corazón el que le controlaba.
¿Por qué Izaya se lo había permitido? Seguramente como forma de entretenimiento y para recordárselo todo el maldito curso.
¿Por qué había accedido a quedar con él? No lo sabía.
¿Qué demonios tramaba Izaya al llevarle a un lugar como aquel? Tenía el presentimiento de que su vida sería más placentera sin saberlo.
- Ne, ne Kadota-kun, ¿los ves por alguna parte? – preguntó Shinra llevándose una mano a la frente y usándola de visera mientras inspeccionaba la oscura habitación.
- …Oi. Ayúdame.
Shinra se giró con una enorme y resplandeciente sonrisa en el rostro y se acercó a la ventana por la que Kadota trataba de entrar.
- ¿Por qué no podemos entrar por la puerta como la gente civilizada? – se quejaba Kadota, limpiándose el polvo de las perneras de los pantalones.
- Hay que ser discretos. Izaya-kun podría vernos.
- Si es que no lo ha hecho ya…
- ¡No seas tan negativo, Kadota-kun! ¡Vamos!
Kadota exhaló un profundo suspiro y dejó que el castaño le guiase por los penumbrosos pasillos de la enorme mansión.
- ¿Seguro que sabes cómo salir de aquí? – preguntó Shizuo por tercera vez, alumbrando la espalda del moreno que se encontraba unos pasos por delante de él.
- Por supuesto que sí, Shizu-chan – respondió Izaya.
Su voz sonó completamente segura, por lo que Shizuo le creyó. Si hubiera podido ver su rostro en ese momento, probablemente le hubiese gritado, ya que Izaya fruncía el ceño terriblemente pensativo. ¿Cómo había podido pasar aquello? Había estudiado los planos de la casa hasta sabérselos de memoria. Se los sabía tan bien que, si cerraba los ojos, podía hacer una reconstrucción mental de ellos. Pero había algunas zonas que no correspondían con su imagen mental. ¿Por qué? Nadie sabía que iba a ir a la mansión, exceptuando a sus hermanas y a…
- Shinra… – murmuró entre dientes.
- ¿Qué?
- Vayamos por la derecha.
- Ah… bien.
Shizuo frunció el ceño un poco confundido. ¿Seguro que iban bien? Izaya continuó andando y girando por donde le pareciese más apropiado. De todas formas Shinra se había encargado de sabotearle los planos, así que nada coincidiría. La próxima vez se guardaría varias copias de seguridad. Después de unas cuantas vueltas sin sentido y en las que Shizuo sospechó que habían pasado por el mismo sitio, llegaron a una enorme puerta de madera con forma de arco apuntado. Shizuo estaba a punto de dar media vuelta cuando vio cómo Izaya entraba en la habitación. Suspiró y le siguió. Una vez dentro pudieron ver una estancia abovedada llena de… bueno, de nada. Estaba completamente vacía, a excepción de un par de cajas cubiertas de polvo y unas cuantas ratas que se escondían en la oscuridad. Izaya comenzó a avanzar hacia las cajas, haciendo que el suelo de madera rechinase con cada paso que daba. A Shizuo no le gustó nada aquel sonido.
- Oi, Izaya…
- No hay peligro, Shizu-chan. Y tranquilo. Si una rata te muerde, dudo mucho que te enfermes. Seguro que eres inmune.
- No me refiero a eso. No me gusta este lugar. Y el suelo no me inspira demasiada confianza.
Izaya ya se había arrodillado para abrir una de las cajas cuando Shizuo comenzó a quejarse. Se giró a mirarle y vio cómo fruncía el ceño de una forma realmente graciosa y, en cierta manera, adorable. Se levantó exhalando un largo suspiro y avanzó hacia él, olvidando por completo la caja.
- Está bien. Iremos a otr…
Demasiado tarde.
El suelo cedió bajo sus pies y un enorme agujero se abrió paso entre las carcomidas tablas de madera. Como aquella vez que se lanzó desde la azotea para salvar a su hermana y desde donde se precipitó, una angustia tremenda le invadió. Antes de que su mente se pusiera totalmente en blanco, pensó que la muerte finalmente había dado con él y que esta vez sí que se le llevaría. Entonces notó un tirón en su brazo. El blanco de su mente comenzó a recuperar su color y, lentamente, levantó la cabeza. Se encontró con el rostro enfadado de Shizuo que, a pesar de la expresión que mostraba, se advertía la preocupación brillando en sus ojos. El rubio estaba asomado al agujero a cuatro patas, o eso le pareció a Izaya al principio hasta que cayó en la cuenta de que el que impedía que se precipitara era precisamente Shizuo, que le tenía agarrado por la manga.
- Shizu-chan… – susurró sorprendido.
Ya era la segunda vez que salvaba su vida. ¿Por qué? ¿No se suponía que le odiaba, que eran enemigos? Bueno, enemigos que… Sacudió la cabeza con fuerza. Lo que había pasado aquel día en la enfermería tan solo había sido un simple calentón. O al menos esa era la explicación más lógica que le había encontrado.
- ¡Coge mi mano! – gritó Shizuo estirando el otro brazo y ofreciéndole así su mano.
Izaya trató de alcanzar la mano de Shizuo pero, antes de que pudiera rozarla, la manga de su camisa se rasgó.
Izaya cayó al vacío.
Shizuo se quedó con el trozo de tela carmesí en la mano viendo cómo la figura de Izaya desaparecía en la negrura. Entonces sucedió. Fue como aquella vez. No tuvo que pensárselo dos veces. Se lanzó detrás del moreno.
A medida que iba descendiendo la oscuridad desaparecía, dejando paso a un azul tan brillante como el del cielo, que no tardó en atravesar. Durante unos segundos se quedó sin aire y sintió cómo una conocida frialdad lo envolvía. Inconscientemente alzó la vista y vio la silueta borrosa de Izaya contemplándole desde arriba. Se dirigió hacia ella y el preciado oxígeno volvió a entrar en sus pulmones. Izaya se encontraba escurriendo su camisa sin quitársela y, mientras Shizuo nadaba hacia el borde, se peinó levemente sus empapados cabellos. El rubio apoyó ambas manos en la piedra y empujó hacia abajo, sacando su cuerpo de la alberca. Izaya seguía escurriendo su camisa y maldiciendo por lo bajo cuando escuchó movimiento detrás de él. Se giró y volvió a apartar la mirada rápidamente con un ligero sonrojo.
- ¿Qué demonios estás haciendo? – preguntó, tratando que su voz sonara lo más normal posible.
- Secarme – respondió Shizuo, dejando su camiseta encima de un par de cajas que había allí apiladas –. Deberías hacer lo mismo.
- No, gracias. Así estoy perfectamente.
- No era una sugerencia.
Antes de que Izaya pudiera replicar nada, Shizuo ya estaba tras él metiendo las manos por debajo de su camisa.
- ¿Qu-qué ha-haces?
- Estás muy frío.
Shizuo abrazó a Izaya con más fuerza y posó sus labios en su pálido cuello. El chico moreno colocó sus manos sobre las de Shizuo y le impidió seguir levantando su camisa. Después trató de alejarse de él, consiguiendo únicamente que Shizuo le abrazase más fuerte.
- ¡Apártate! – gritó mientras apoyaba sus manos en el pecho del rubio y ejercía la mayor fuerza posible – ¡De esta forma no voy a entrar en calor!
- ¿En serio? – preguntó Shizuo inocentemente, pero con un deje de burla y un travieso destello en sus ojos almendrados. Era una combinación realmente extraña –. Tu temperatura corporal ha aumentado notablemente.
- Bueno, eso es por-
Shizuo agarró a Izaya de la cadera y, girándole bruscamente, le calló con un beso. Se separó lentamente de él y lamió provocadoramente su labio inferior, haciendo que Izaya le apartase de él de un empujón.
- Será mejor que salgamos de aquí antes de que coja un resfriado.
- Creo que puedo arriesgarme.
Shizuo volvió a capturar a Izaya entre sus brazos y se dejó caer sobre una enorme y mullida pila de sábanas blancas. Izaya mantenía el equilibrio gracias a los brazos de Shizuo, que le rodeaban la cintura, y a su propio apoyo en el pecho del rubio.
- En serio, Shizu-chan. Si me enfermo por tu cul-
- Oh, cállate.
Los labios de Shizuo silenciaron a Izaya por segunda vez. El chico moreno se quedó en blanco durante unos segundos, sin saber qué hacer, hasta que Shizuo mordió levemente su labio inferior. Entonces Izaya olvidó completamente dónde y con quién se encontraba y, cerrando los ojos, abrió la boca para que Shizuo pudiera introducir su lengua.
"Supongo que… puedo vengarme de Shinra en otra ocasión".
Kadota y Shinra, que habían escuchado el estrépito, se encontraban detrás de la puerta entreabierta. El primero apoyado en la pared, negándose a las insistencias de Shinra de observar solo un poquito, y el segundo completamente arrodillado y disfrutando de lo bien que había salido su plan. Sí. Él había sido el que, indirectamente, le había dado a Izaya la idea de ir a la mansión abandonada. También se había encargado de sabotear los planos de la casa que Izaya había conseguido y de, con la ayuda de Kadota, llenar la alberca de nuevo, ya que había tenido el presentimiento de que Izaya entraría en aquella habitación a pesar de estar bastante desvencijada. Por fin sus dos amigos se llevaban bien… o más que bien dada la escena que estaba presenciando.
- Nuestro trabajo aquí ha terminado, Kadota-kun.
- Ya era hora – suspiró el castaño, separándose de la pared y siguiendo a Shinra hacia la salida. Después de dar varias vueltas, se paró cruzándose de brazos –. Dime que no te has perdido.
- Técnicamente, nos hemos perdido los dos – apuntó Shinra con una estúpida sonrisa en el rostro.
Kadota suspiró por milésima vez en el día y, viendo que Shinra era un caso perdido, se limitó a seguirle de nuevo. Dos horas después, lograron dar con la salida.
