Resumen: Estados Unidos y Rusia acompañan a sus jefes a una reunión. Con resultados sexuales.

Para SalyKon, quien pidió Rusame durante la Guerra Fría. ¡Espero que te guste~!


Durante los últimos meses Alfred se encontraba en un constante momento de tensión. Debería sentirse feliz, se había convertido en una potencia, ganado la guerra y sus acciones tenían bastante repercusión mundialmente, mas no. Había algo que le molestaba constantemente: Iván.

Iván Braginski, de la Unión Soviética.

Durante los últimos años en la Segunda Guerra Mundial habían discutido sobre cosas triviales, como por qué lado invadir Alemania, cómo lograr que Japón se retirara; en fin, cosas sencillas, más aún así no podía quitarse de encima ese sentimiento de que había algo fuera de lugar. Había algo en el ruso que le causaba inquietud. Estaba seguro que su altura esta involucrada, pero ese no era el punto.

La forma en que hablaba, su forma de actuar, cuando le hablaba, todo eso hacia que tuviera sospechas de él. Cuando se trataba de la guerra, ambos acordaban: llegar, atacar, marcharse; mas en el resto de las situaciones, no había ni un solo momento en el que se pusieran de acuerdo.

De acuerdo... Tal vez estuviera un poco enamorado del ruso. Tal vez. Solo un poco.

El estadounidense se pasaba noches enteras pensando qué tendría el ruso en su cabeza, en su forma de pensar, su forma de ver el mundo. A veces salía de la cama y caminaba alrededor de la casa, otras veces se vestía y se iba al parque.

Recordaba con un poco de gracia esas noches frías, en donde se levantaría a la dos de la mañana para caminar por las heladas calles de Nueva York, las ventanas escarchadas y esa constante nube de vapor tibio cada vez que respiraba, solamente para sentarse en un bar para tomar un café, mirando hacia la ventana pensando en la nada.

También aquellas llamadas que de vez en cuando hacía, preguntando cosas triviales, a las cuales aún así el ruso se las tomaba con humor y se las contestaba. Incluso hubo una vez que su jefe le había pedido llamar pidiendo preservativos. Nunca supo el por qué, pero aún así fue gracioso.

Mas aun así no podía dejar de pensar (y sorprenderse) de lo que había empezado como una llamada de broma termino como una rutina. Mínimo una vez por semana llamaría a su casa para conversar sobre el primer tema que se le ocurriera. A Iván le encantaba recibir llamadas, porque le mejoraban su inglés (y porque se sentía querido, pero esa parte Alfred la ignoró las primeras veces). Buscaba un horario en los que ambos concordaran, y allí empezarían a hablar. Había veces en las que hasta le resultaba relajante llamarle. Hablarle por teléfono era completamente diferente a hacerlo en cara. Sin su altura prepotente, sus ojos violetas que estaba seguro que lo estaban analizando de pies a cabeza y esa sonrisa que de vez en cuando daba, era sencillo hablarle. Aun así había momentos en los que la voz del euroasiático le helaba la sangre, o esas pequeñas risillas que daba, pero se podían pasar por alto.

También hubo un día, en los primeros en los que llamaba a Iván, en dónde accidentalmente llamó a las cinco de la mañana en Rusia. Nunca olvidaría ese gruñido con el que le contestaron, tan fuerte y parecido al de un oso que empezó a reírse y cortó... Al siguiente día se buscaba el origen de la llamada en Rusia, y hasta incluso ofrecían recompensa por quien lo hizo, vivo o muerto, pero esa era otra historia.

¿Por qué recordaba todo esto, se preguntarán? Simple: porque ahora se encontraba sentado junto a susodicha persona.

Alfred se había levantado bien temprano para acompañar a su jefe en un viaje para hacer una reunión con el jefe de la Unión Soviética. Estaba abrigado hasta Nantucket y tenía sueño. Y lo peor es que no tenían reservado ningún hotel (Si es que había. Alfred desconfiaba que hubiera algo allí), por lo que posiblemente apenas terminase la reunión tuvieran que volver a hacer ese viaje congelante y agotador de regreso a su hogar. Este día no se veía muy productivo.

Y, por supuesto, no podía faltar lo típico de cada reunión: que sentaran a las naciones en sillas pequeñas como si fueran niños que esperaran que los 'adultos' terminaran de hablar.

Aquí estaba, sentado junto al ruso, en una silla metálica que estaba casi tan helada como si hubiese estado a la intemperie toda la noche, a pesar de que la habitación contaba con estufa, mirando como sus jefes discutían con orgullo.

Sopló sus manos enguantadas y las empezó a frotar, esperando que se le fuera el frío. Shit, pensó, ¿por qué soy el único que nota este frío?. Giró su vista hacia Rusia, quien estaba contemplando aburrido la discusión como si fuera algo normal. Notó que su bufanda le cubría hasta la nariz. Miró su propia bufanda y empezó a intentar que le llegara hasta, mínimo, la barbilla.

Luego de unos cinco minutos de agonía, Rusia se volteó hacia él y se la acomodó. Se quedaron mirando por unos segundos, incapaces de decir algo.

"Gracias" murmuró el estadounidense. Iván no le respondió, mas hizo un 'mm' de satisfacción, sus ojos iluminándose infantilmente. El resto de la reunión se la pasaron mirándose de vez en cuando, alguna que otra sonrisa cuando lo hacían al mismo tiempo.

Las últimas veces Iván ni siquiera se daba vuelta, se quedaba observándolo de pies a cabeza, su sonrisa haciéndose mas visible. Alfred tosió nervioso, un calor desconocido apareciendo en sus mejillas.

"Je je" rió le ruso, picándole una mejilla.

"¡Alfred!" gritó su jefe. La nación dio vuelta de casi un salto. "Yo y este señor iremos a discutir alguna cosa o dos sobre gobierno y estado afuera. Ustedes dos quédense aquí y no hagan nada. En cuanto vuelva, regresamos a América" ordenó amargamente, levantándose de golpe y caminando hacia la puerta de la oficina.

Oh no, la reunión. Se había olvidado completamente de por qué estaba allí. ¿Qué había pasado? ¿Se perdió de algo importante?. Se giró hacia el euroasiático, cuyo jefe le gritaba un par de cosas en ruso, cerrando la puerta fuertemente.

La habitación quedó en silencio por un momento, una tensión creciendo entre ellos.

"¿Qué pasó?"

"Van a pelear afuera. Vuelven alrededor de una hora" le informó el ruso.

"Oh"

"Mmhm"

"Esos dos..." suspiró Alfred. ", siempre peleando."

"Da"

"Sí"

"Je"

"Ja"

Continuaron así por unos buenos cinco minutos, acomodándose en sus asientos. Ambos miraban hacia adelante, de vez en cuando volteando hacia el otro. La tensión crecía con cada segundo de silencio.

Iván bajó la vista hacia Alfred por lo que parecía ser la 14ava vez en lo que iba de la reunión, pero no le interesaba cuantas veces lo haga. Su vista se detenía en sus rasgos. Alfred es una buena persona, pensó, y muy apuesto también. Lo analizaba de pies a cabeza, en especial el rostro; esa tez perfecta, su cabello rubio, tan puro como el oro, sus lentes, los cuales ocultaban esos preciosos ojos azules, sus labios, los cuales se movían nerviosamente...

"¿Por qué estás nervioso?" le preguntó, rozándole la barbilla con los dedos.

"¿Eh?" Alfred se sonrojó. "Por... Por nada"

"¿En serio?" continuó el ruso, su dedo subiendo hacia su labio inferior, acariciándolo suavemente.

"Rusia... Deja eso" intentó deshacerse del dedo, pero no lo logró. El euroasiático lo tomó de la barbilla, ahora acariciándole con el pulgar. Se estaba poniendo nervioso. "¿Qué, acaso te gusto que me tocas tanto?"

Iván se quedó quieto un momento, antes de reírse infantilmente. Alfred se sorprendió, mordiéndose el labio.

"¿Eso es un sí? ¿T-t-te gusto?" sentía un calor extraño en la cara. "¿¡Yo?!"

"Ji ji, tal vez"

"¿¡'Tal vez'?! ¡¿Qué clase de respuesta es esa?!"

El ojivioleta continuó sonriendo. Ante la falta de respuesta, Alfred se tiró hacia delante y le besó. Así como sus labios se conectaron, se separaron.

"A-América" Rusia se sonrojó, orejas y nariz incluidas. "¿Por qué hiciste eso?"

"No sé"

El mas alto sonrió. "Si eso querías, me lo hubieses dicho" dejó su rostro para acomodarle unos mechones de pelo detrás de la oreja.

Alfred cerró los ojos, esperando otro beso.

Nada.

Solo oyó la risita del de bufanda blanca.

"¿Qué haces, Alfred?" le preguntó. "Quieres un beso" pensó en voz alta, más una afirmación que una pregunta. El nombrado abrió los ojos, sus labio ya secos por haber esperado por un beso. "Tienes que pedir por eso"

"Quiero" respondió el americano.

"¿Quieres qué?" le solicitó, su sonrisa volviéndose lasciva.

Alfred se mordió el labio intentando no reírse. No iba a caer en el juego del ruso... si es que éste le estaba haciendo un juego; así que decidió hacer las cosas a 'su manera': "¡Mira, un avión!"

El despistado de Iván giró hacia el punto imaginario que señalaba el de anteojos, solo para ser sorprendido por un beso.

Se separaron nuevamente, la respiración de Alfred ahora agitada. El otro sacudía la cabeza en forma negativa.

"Muy mal, América, debes pedir las cosas primero" habló, antes de tomar al ojiazul de la cadera con ambas manos y traerlo hacia su silla. "Creo que tendré que enseñarte cómo pedir~"

Alfred se quedó impresionado ante la fuerza del euroasiático, que lo sacó de su asiento para que se sentara en su regazo. Entrelazó ambas piernas alrededor de su cintura, quedando frente a frente. Tragó saliva ante la mirada del ojivioleta. Estaba emocionado.

"Ahora, ¿cómo se dice?" la voz de Rusia era demandante, causándole al menor un ligero escalofrío que le sacó una sonrisa.

"¿En serio crees que eso va a funcionar?" le cuestionó, enarcando las cejas, acercándose para besarle nuevamente; mas el ruso se echó hacia atrás, haciendo que los labios del americano terminaran aterrizando en la punta de su nariz.

"Veo que no entiendes del modo fácil..." lo tomó del cabello, trayéndole hacia delante. "Vamos a corregir eso~" le susurró, besándole una vez mas.


"I-Iván" gimió Alfred al sentir que estaba siendo levantado. El nombrado volvió a unir sus labios mientras trataba de sentar a Alfred sobre el escritorio, sus manos firmemente tomando al menor de los muslos, cuidadoso de no subir las manos. "Po... ¿por qué aquí?"

"Más espacio" le respondió el ruso, un '¡Misión cumplida!' apareciendo en su mente al dejar con éxito al estadounidense sobre la mesa.

A pesar de querer continuar con la sesión de besos, retiró sus manos de las piernas de Alfred y lo miró a los ojos. "¿Quieres parar? No sé cuando volverán nuestros jefes; además, te ves... nervioso"

"Te preocupas demasiado" el estadounidense rodó los ojos, agarrando al mayor por la bufanda, haciendo que terminara arriba suyo sobre el escritorio.

"Entonces, ¿puedo continuar?" Iván quería saber que Alfred estaba de acuerdo con esto, quería escuchar ese 'sí'.

"Yes, baby" murmuró el de anteojos, su sonrisa volviéndose inconscientemente seductora.

El euroasiático sonrió, su sonrojo haciéndose cada vez mas notable. Volvió a besar a Alfred, esta vez en el cuello. Un gemido se le escapó, mas ninguno paró. Los fríos labios de Iván seguían en su cuello, el contraste entre ellos y su calor corporal haciendo que el rubio diera unos pequeño espasmos, sus ruidos creciendo a medida que bajaban. Al americano le hacía recordar a aquella vez...

Rusia se dedicaba a besar a Alfred. En el cuello, la boca, la frente, el mentón, debajo del éste. Todo el abrigo que el gringo traía encima le parecía un poco excesivo, así que empezó a removérselo. Empezó con la (patética) bufanda, continuó con los guantes de lana, lo que parecía ser una chaqueta exageradamente grande, con interior de piel sintética y un suéter feo. "¿No tienes calor, América?" le repetía, desvistiéndolo.

"Y tú lo dices, solo vestido con sobretodo y una bufanda. Por algo tus manos están tan frías aunque estés usando guantes"

"¿Eh?" Iván paró, mirándolo sorprendido. "¿M-manos frías? ¿No... no te gustan?"

"¡No, no, no, eso no era lo que quise decir!" se disculpó, tomándole las manos y besándolas, sin idea de que mas hacer. Le quitó los guantes y entrelazó sus dedos. Sus manos estaban frías, pero le gustaban así. Y se lo hizo saber.

Oh, pensó Rusia, mirándolas, una ligera sonrisa apareciendo en sus labios. "Si tanto te gustan que estén frías... ¿Puedo... seguir tocándote?"

"..." Alfred se mordió el labio. Iván se veía muy tierno sonrojado. Incluso le hacía recordar cuando... Se desabrochó el pantalón y se lo bajó apenas lo suficiente como para que quedara por debajo de su bóxer. Cuando el ruso intentó bajárselo por completo, ya que pensaba que el otro le gustaría más espacio, él lo paró, mirando hacia la puerta; "No nos saquemos todo..."

El ruso comprendió y se abrió el sobretodo y bajó el cierre de sus pantalones beige. "Un momento..." le dijo, dejando al rubio por un momento, yendo hacia un estante donde había varias cajas.

"¿Qué? ¿Piensas que habrá condones en una sala de reunio...nes...?"

"Da!" afirmó el ruso, mostrándole el envoltorio al otro, haciendo que se quedara mudo. "¿'Extra lubricado' está bien? ¿Quieres que te traiga uno para ti también?" el menor asintió en silencio. "Ahora, volvamos con lo que estábamos~"

"¿Por qué tienen condones en lugares como este?" pensó en voz alta el americano, observando como su compañero volvía alegremente al escritorio. Miró incómodo hacia sus pantalones abiertos que dejaban ver el su ropa interior negra que cubría su... "No te lo pongas todavía". Se bajó de donde estaba y se puso de rodillas frente al ruso, tragando saliva.

Le desabrochó el botón de sus pantalones y se quedó observando, sus manos firmemente agarradas a la tela, hasta que finalmente deshizo los botones de sus bóxer negros y sacó su miembro, el cual se estaba poniendo duro. Estaba preparado para hacerlo, a pesar de que no se acordara mucho de cómo. Entrecerró los ojos y besó la punta. Continuó con los besos por toda la extensión, deteniéndose al final para volver hacia arriba con una lamida. Iván gimió. Un gemido grueso de placer. Alfred podía sentirse a si mismo excitándose. Quería mas gemidos así, por lo que, sin pensarlo dos veces, se lo metió en la boca. Se sentía raro, pero el gemido que dio el euroasiático lo hacía genial. Continuó moviendo su cabeza, cada gemido, esos gemidos varoniles que daba mientras lo tomaba del cabello, hacían que se pusiera duro.

Rusia le levantó suavemente el rostro. Ahí Alfred se dio cuenta de que lo había estado mirando todo el rato, su cara entre contenta y excitada. "Traga."


"Me encanta que estés tan dispuesto, América~" comentó el mayor, observándolo.

Alfred se mordió el labio. Estaba apoyado contra el escritorio, dándole la espalda, su bóxer bajado hasta sus rodillas.

Iván acarició con la yema de sus dedos la entrada del rubio. Su respiración se agitaba. Él insertó un dedo, preparando terreno. Lo insertó rápidamente, haciendo que el otro cerrara los puños con fuerza.

"¿Es esta tu primera vez?" le preguntó curioso moviendo su dedo en círculos. Sintió como Alfred se ponía tenso. "¿No?" se acercó a su oído, mordiéndolo suavemente. "Cuando terminemos dime quién estuvo mejor~". Observó como Alfred miraba nervioso hacia el escritorio.

Metió el segundo dedo.


Alfred se remordía los labios. Los dedos de Iván se sentían tan fríos comparados con su calor interno; ese contraste lo volvía loco. Sentía el aliento del ruso contra su nuca, de vez en cuando dejándole besos que estaba seguro dejarían marcas.

"Ey, Iván, dame el condón" pidió entre gemidos. Escuchó como el nombrado buscaba con la mano que tenía libre en el bolsillo de su sobretodo.

Estiró su brazo hasta llegar al paquete, lo abrió y empezó a colocárselo. Sintió como el de atrás retiraba sus dedos. ¿Cuántos habría metido?. Luego escuchó el mismo ruido de apertura.

"Voy a entrar." Lo tomó de la cadera, elevándolo un poco.

Asintió. Mas ahogó un grito al sentir al mayor.

Luego de un momento, comenzaron las embestidas. Hacía calor en la habitación, o al menos eso creían. Todo lo que escuchaban eran sus gemidos y, de vez, en cuando el escritorio siendo empujado.

Alfred cerró los ojos con fuerza. Era demasiado placer para él. Apretaba sus puños, una mezcla de sentimientos llenándolo, gimiendo cada vez mas alto. Bajó su mano hacia su erección y empezó a masturbarse. Los anteojos se le cayeron.

Oyeron unos pasos en el pasillo, seguido por alguien tocando la puerta en la oficina de al lado.

"Mierda" exclamó Alfred, tapándose la boca al terminar de decirlo. Iván ni se inmutó, continuando con lo suyo. Lo único que hizo fue reducir sus gemidos a gruñidos leves, alzando la pierna del estadounidense. "Nos van a descubrir"

Eso los excitaba a ambos, la posibilidad de que sean descubiertos; el que alguien abra esa puerta por accidente y se los encuentra a ambos en esa posición, sudados y gimiendo; el meterse en problemas. Quién sabía lo que pasaría...

El rubio sintió como las embestidas del otro se hacían mas potentes.

"Muy mal Rusia, nos van a atrapar" esbozó una sonrisa lasciva. "Ah, si nos descubrieran así, yo contra este escritorio mientras tú me metes tu- Ah... Nos van a castigar. Bad boy- Oh, fuck"

"América... voy a..." gimió, apretándole la pierna.

"¡Sí, hazlo!" gritó el rubio, sintiéndose al borde del orgasmo.

Ambos dejaron escapar un último gemido, Iván clavando sus uñas en la pierna de su compañero. Salió de él y se dejó caer sentado al piso, intentado recuperar el aliento.

"Eso fue intenso" comentó Alfred, quedando boca arriba sobre la superficie tibia de madera. El otro asintió.


"Estúpido americano" murmuró el ruso, abriendo la puerta, dicho presidente esperando pacientemente a que abriera la puerta.

¿Es que ni siquiera puede abrir una misera puerta? pensó, golpeteando el suelo con su pie. Quería encontrar a su muchacho Alfred y largarse lo más rápido posible de ese continente, no sin antes darle una visita a Francia e Inglaterra, claro.

La puerta hizo un 'click' y se abrió. Apenas entró el euroasiático se metió él. "¡Alfred, toma lo que sea que trajiste y vayámonos de aquí!"

"Enseguida voy" le respondió el nombrado, esperando a que Iván terminara de acomodarle su bufanda, ocultando los chupones.

Ambos jefes observaron a las naciones. Se veían tan tranquilos y cordiales, arreglándose la ropa y los peinados. Parece que le enseñó algo de modales a ese imbécil, pensaron ambos.

"Listo" anunció el estadounidense, poniéndose de pie y dirigiéndose a la puerta. Iván se paró y lo acompañó.

"Seguirás llamando, ¿verdad?" le preguntó, cerrándole el cierre de su abrigo.

"Por supuesto" le respondió el rubio con su alegría normal. Iván esbozó una sonrisa. Es tierno, pensó, sólo le falta alguna frase tonta sobre superhéroes... "Después de todo, un héroe no debe perder el contacto" Y ahí está.

Iván lo dio un beso rápido en los labios, dejándolo confundido. Sus jefes lo miraron confundidos.

Antes de que el otro hablara, se dio la vuelta y le explicó, antes de marcharse.

"Así nos saludamos en Rusia."


¡Eeeehhhh, terminé! Perdón por tardar tanto, Mayo fue un mes raro, pero ahora en Junio voy a tener mas tiempo libre :D

Primera vez que escribo un Rusame. Creo que Alfred me quedó un poco... pasivo, pero la verdad es difícil escribir a los personajes tal cual son en este tipo de historias.

¡Muchas gracias a las que dejaron reviews!