Los personajes le pertenecen a la gran autora de Koisuru boukun, Hinako Takanaga. Yo solo los tomo prestados sin fines de lucro.

¡AVISO! esta historia es la segunda parte de ENCUENTROS CASUALES, si no la has leído...¡léela!

CAPITULO 1- TU EN MI VIDA

Por: Hana Kei

Morinaga se detuvo al instante, observo las flores y sonrió para sí, por un momento vio su cara en la florista hasta que su voz lo saco de sus pensamientos. Estaba confundido desde ese día, triste y desconsolado por Sara, tenía tantas preguntas, tantas cosas que preguntarle.

No podía hacer esto solo, se suponía que nunca lo viviría, y en su momento estuvo decepcionado, porque quería tener a alguien a quien mimar, pero de pronto lo tenía y no era tan satisfactorio como creía, como una vez lo imagino.

Y ahora guardaba con un gran secreto, uno para toda la vida. Sara era su madre y el, ahora su padre y su única familia.

En ese entonces, el bebe estaba solo, no tenía nombre ni familia, más que él. Y no lo abandonaría.

Esa decisión lo cambio todo, su vida cambio, y de algún modo era feliz, ella lo hacía feliz.

− ¿Busca algún tipo de flores?

Morinaga ladeo la cabeza, señalando un pequeño arreglo en el fondo.

−Si, aquellas, el pequeño de azucenas y rosas−la chica asintió con la cabeza yendo directamente por el arreglo de flores, era pequeño, en una canasta de veinte centímetros, con llamativas azucenas blancas y rosas rosas.

−Pase por aquí−dijo señalando a la caja−le cobrare.

Morinaga suspiro mirando la hora, se estaba haciendo tarde, tenía que pasar por Miyori y después regresar a la oficina, todo en solo cuarenta minutos.

−Son 25 dólares ¿lo cargo a su tarjeta de crédito o será pago en efectivo?

Busco en el bolsillo trasero su billetera y pago en efectivo, escucho que ese era un detalle bonito, y solo le correspondió con una sonrisa. Era lo menos que ella se merecía, además, esas eran sus flores favoritas.

Corrió de vuelta al auto y se incorporó a la calle principal, dejando el arreglo de flores en la parte trasera junto al portabebés. Suspiro aliviado una vez que vio la guardería, después de todo aun le quedaban veinte minutos.

Entro jadeando al edificio, con el rostro rojo. Había más tráfico del normal, y llego justo a la hora.

Se pasó las palmas por el rostro, enseguida noto las miradas de las madres sobre él, quienes soltaron pequeñas risitas.

−Señor Morinaga−una de las mujeres se acercó a él, enseguida la reconoció como la vecina loca que casi se lleva a Miyori la vez que llego algo tarde, esa mujer era peligrosa−veo que casi no llega por su nena.

Le respondió con una media sonrisa, solo había llegado tarde una vez, una sola vez y casi secuestran a Miyori, la señora tenía buenas intenciones.

O eso quería creer. En todo caso, se propuso no pasarse de la hora. Y era por eso que todos los días llegaba corriendo, y agitado.

−Me enfrasque en el tráfico−hizo una pequeña reverencia con la cabeza para disculparse y se alejó de ella, esa mujer era un tanto excéntrica.

Al ver a otro lado, unas cuantas mujeres salían con los niños más pequeños, de apenas unos meses. Al parecer a esa hora era en la que la mayoría se desocupaba he iban por sus hijos, y los más grandes salían de maternal, y por ello había más gente.

En ese lugar la mayoría eran señoras divorciadas y los murmullos siempre se escuchaban más que fuerte, se detuvo un momento a inspeccionar su alrededor y soltó una pequeña risa vaga, era gracioso estar rodeado de mujeres.

Miyori había estado en la guardería desde los ocho meses, y entonces apenas y podía con ella, Zahi cuidaba de ella hasta que Morinaga regresaba, y hasta se le hizo costumbre verla con Miyori, pero ahora Zahi volvió a estudiar y aunque eso era una gran noticia, Miyori se quedó sin alguien que pudiera cuidarla, así que Morinaga recurrió a la guardería.

La rutina se volvió más cómoda, no tanto como antes, pero se las apañaba bien; se levantaba temprano para arreglarla y hacer la comida, después la dejaba en la guardería hasta que entrara a maternal, por último solo le quedaba irse al trabajo.

Y solo en esos momentos en que se quedaba solo, en los que estaban solo él y su mente, pensaba en Souichi, en cómo le dolía que no estuvieran juntos.

¿Cómo sería si vivieran los tres juntos? Una vez se lo planteo y desecho la idea, a Souichi no le gustaban los niños y Miyori era aún un bebe, tenía veintiocho meses.

Ese día se hacían ventiocho meses desde que murió Sara.

Pero eso ya era pasado, y ahora solo estaban ellos dos.

.

−El padre de Miyori está aquí−una de las maestras titulares dijo en voz alta y enseguida una de las maestras de apoyo fue a buscar a la niña, la palabra padre le hacía sentir raro a Morinaga, se

exaltaba cada vez que le preguntaban si era su hija, se ponía nervioso al hablar de ello, aun no podía acostumbrarse, y vaya que le había costado tratar de hacerlo, pero en cuanto la veía olvidaba un poco sus dudas.

Sin duda su hija era hermosa, se parecía a Sara, tenía los ojos grandes color verde, y su cabello que Morinaga le recogía en media coleta con un moño, lo había sacado a su padre, un tono miel.

Pero aun así, la mayoría le decía que se parecían, y Morinaga no podía evitar esbozar una sonrisa a sus cumplidos. A los pocos meses se dio cuenta de que le gustaba que le dijeran que se parecían a Miyori y comenzó a aceptar que si lo hacían. Aunque no fuera así.

La tomo en brazos y la miro a los ojos. Miyori estaba comiendo una barrita de chocolate blanco y tenía las mejillas manchadas de él. De inmediato le entregaron a Morinaga una pequeña maleta y la mochila de Miyori, que solo tenía un libro para colorear y colores.

Miyori dejo de lado la barrita de chocolate y sostuvo con sus manos la cara de Morinaga para después darle un pequeño beso en la mejilla izquierda, como si nada la niña continuo comiéndose la barrita, aun a si Morinaga sonrió y se despidió de las Maestras, le acarició la cabeza a la niña y le dio un beso en la frente.

−te extrañe Miyo.

Abrió la puerta trasera y sentó a Miyori en el portabebés, aunque al intentar ponerle el cinturón se puso como loca, y moviendo las piernas. No le gustaba estar atada, Morinaga lo sabía, y era un tanto berrinchuda, aun a si después de un rato dejaba de quejarse, y observaba el paisaje por la ventana. Siempre tenía la vista fija en las luces nocturnas, y cuando le preguntaban algo contestaba con un "sí o no".

Estaciono el auto fuera de su casa planteándose la idea de salir más tarde por pañales y comida para la semana entrante. Su nuevo hogar era distinto a donde había vivido antes, era el hogar que hubiera querido compartir con Souichi, y vivir ahí era perfecto. Aunque faltara algo, lo más importante, en ese lugar faltaba él.

Suspiro con fatiga, se agacho y dejo a Miyori en el sofá cama, y enseguida se regresó al recibidor a dejar las cosas de la niña.

Morinaga se mordió el labio con el pequeño arreglo de flores en la mano, lo observo unos segundos y tomo a Miyori en brazos.

−Mira Miyo, compre estas flores para mami−la niña tomo la canasta sin dejar de ver a Morinaga, el chico se acercó al fondo de la habitación quedándose de pie frente a una repisa con solo una foto, Miyori dejo el arreglo de flores en ella y abrazo a Morinaga.

−Mami−Miyori repitió las palabras de Morinaga quien arrugo la nariz.

−Miyori sucia−alzo a la niña con ambas manos y la olfateo como si fuera un perro con su comida−te has hecho enzima−la alejo de inmediato−mejor te cambio el pañal antes de que mates a alguien.

Se replanteo la idea, Miyori caminaba por toda la casa, apenas podía mantenerse en pie sin caerse a los tres pasos, pero siempre se levantaba. Apenas la soltó y la dejo en el suelo, se abrazó a sus pies.

−Miyo, quédate quieta mientras busco tus pañales ¿si?

−no.

Morinaga suspiro, no lo iba a escuchar, nunca se quedaba quieta. Morinaga, cargo a Miyori para llevarla al cuarto de baño, seguro después de que se bañara y comiera, caería rendida.

Y así fue, después de comer, Miyori se quedó dormida.

.

En su habitación había lo de siempre, un escritorio, una sola cama pero algo que especialmente llamaba la atención.

Una cuna.

Se quitó el traje y se metió en la cama, con la luz de la noche iluminándole la cara, chasqueo los dientes, se suponía que saldría a comprar la comida. Pero antes de que pusiera un pie fuera de la cama se detuvo, no podía salir sin Miyori, así que no quedaba de otra que esperar hasta mañana. Cerro los ojos un tanto preocupado, mañana tenía que asistir más horas a trabajar, y tenía que ir a comprar de comer y todo en un tiempo medido.

Despejo su mente y cerró los ojos, estaba muy cansado. Y eso era lo que quería, dormirse y no pensar en nada.

Eso era lo que hacía ahora. No tenía tiempo de pensar en sus problemas, en el pasado.

Pero no podía evitar pensar en que podía llamarle, hacer una llamada y ver cómo le iba.

Cerró los parpados con fuerza, no lo haría. No podía solo llamarle y arruinarle la vida a Souichi una vez más, y solo no podía saber cómo era ahora su vida sin él, quizás era mejor.

Y si le decía que estaba mejor desde que se fue, se destrozaría al instante.

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Los ojos de Souichi se agrandaron al escuchar la noticia, la chica que tenía frente a él no dejaba de sonreír con aires de superioridad, Souichi frunció los labios en desagrado. Mei había cambiado mucho…más bien había mostrado su verdadera forma de ser, interesada y chantajista.

Soltó un poco de aire y le ignoro.

−no gracias.

− ¡Ay vamos! Quita ese maldito rostro de ser miserable, ese día te lo explique, yo solo no quería que murieras de una maldita hipotermia y te la pasas culpándome todos los malditos días, ya madura y deja de ser tan marica.

−te callas−Souichi centro su mirada en ella, la chica con lápiz labial más cremoso que la ramera, ¿Por qué se mostraba tan exagerada?−primera, no soy gay y segunda, si no fueras tan falsa confiaría en ti.

− ¿falsa yo?−su risa histérica le causo un poco de gracia a Souichi quien intento reprimir su burla por unos segundos aunque después de todo no tenía caso, se sentía extrañamente animado−escúchate Suo, no pudiste retener a tu amorcito por terco y sigues negando que eres gay, y yo soy la falsa.

−falsa y trepadora, ¿Qué paso con la sobrina amable del Profesor Hatoyama?−Mei puso los ojos en blanco, mientras cruzaba el umbral de la puerta con los ojos fijados en el techo.

−Eso ya lo hablamos, inmaduro.

.

Tenía un profundo dolor de cabeza, y los estudiantes no hacían nada más que cruzarse en su camino.

Excusas ridículas:

"¿Profesor Tatsumi me puede dar más días para el proyecto?"

"¡Profesor la calificación que me dio fue injusta!"

"Tonterías, tonterías, tonterías"

Paso de largo a tres grupitos de jóvenes y se fue casi corriendo del pasillo, todos eran unos mediocres, si estaban reprobados era por algo.

−no es mi culpa que sea tan estúpidos −pensó enojado por sus reclamos con los ojos en blanco.

Echo un último vistazo a que la bruja de Mei no se hubiera escabullido a toda prisa por la oficina de su tío, solo para hacerle pasar más ridículos, pero estaba despejado.

Abrió la puerta con el rostro indiferente, le había dicho a Mei que no iría, pero ni de coña rechaza el seminario…después de todo le serviría, para su carrera.

Y bueno, que fuera en Estados unidos no era su culpa.

−buenos días profesor Hatoyama.

El profesor se levantó de su asiento para recibir a Souichi quien fue directo al grano.

−Vera profesor, sobre el seminario.

La cara del profesor Hatoyama se ilumino y enseguida saco una carpeta y un bolígrafo. Rodeo el escritorio sin siquiera decirle a Souichi que tomara asiento, enseguida el chico se vio con una carpeta tendida hacia el con un bolígrafo esperando.

−Te estaba esperando Tatsumi, mi sobrina me dijo que por motivos familiares no habías podido inscribirte, y bueno, soy testigo de tu dedicación a la carrera y en la investigación, sé que esto te apasiona y por ello, yo mismo me he encargado de que todo el papeleo quedara listo, solo falta que firmes−el entusiasmo del profesor le pareció claramente sospechoso, pero ¿a quién le importaba? Tenía el bendito pasaje con excusa incluida frente a sus ojos, no reprocharía sus intenciones y menos interrogarlas.

Tenía más en que pensar.

Cosas más importantes, como ¿de qué forma iba a localizar a Morinaga en todo un maldito país? Además tenía que centrarse en encontrar una forma de quedarse más tiempo en Estados Unidos, porque el seminario no sería eterno. Tarde o temprano tendría que regresar.

−Su sobrina−se detuvo, pensándose más su tono, le convenía tener la amabilidad del profesor Hatoyama, trago en seco y continuo−fue muy atenta, solo venía a ver si había algún inconveniente o era segura mi estadía en el seminario−una chispa le hizo fingir una sonrisa y enseguida leyó el documento, que firmo con satisfacción.

El profesor verifico que todo estuviera bien, sin más dejo la carpeta sobre el escritorio. Souichi lo seguía con la mirada, pensando en cuando salir, quería irse a la de ya, y más que nada tenía que encontrar la forma de calmar la estúpida felicidad que le invadía. Sentía como si el hecho de pedirle ayuda a…esa persona no fuera tan humillante.

−Me alegra que Mei no vaya sola−el profesor se acomodó en su silla con los codos en el escritorio y mirando a Souichi fijamente, que en segundos este se sintió incómodo y frunció el entrecejo−cuídala− ¿de qué demonios iba eso? Se preguntó Souichi confundido, dio un paso atrás con discreción y entreabrió la puerta.

−« ¿cuidarla?−se rio mentalmente, sin responder nada− ¡que carajos! que se cuide sola−claramente el profesor tenía otro mensaje con esa frase, Mei podría tener menos edad que él, pero era una mujer muy salvaje−mis condolencias para quien se fije en ella− Souichi alzo la

mano para despedirse y dio las gracias, estando fuera de la oficina del profesor hecho a correr hacia el laboratorio».

¿Quizás estaba muy emocionado? Y tal vez estaba siendo un verdadero estúpido.

¡Y a quien le importaba!

Abrió las puertas del laboratorio de un tirón, el grito de Mika descoloco a Souichi y a los demás.

− ¡¿Tatsumi, que pasa?!−la voz de Mika resonó en el laboratorio con fuerza, aun a si Souichi se dirigió a su portafolio, se colgó de un brazo la mochila y dejo la bata en el cuarto de limpieza.

−Me tengo que ir, dejo el laboratorio a tu cuidado Tadokoro−Souichi inspecciono el laboratorio con un vistazo veloz y se dirigió a la salida−no quiero desastres, enséñenle al nuevo como no ser un inútil−la puerta se cerró de un tirón tal y como la había abierto.

− ¿Qué le habrá pasado a Tatsumi?− Tadokoro abrió la puerta y miro por el pasillo, pero ya no había rastro de Souichi, el chico suspiro y se dirigió hacia el trabajo que había dejado Souichi a medias−debió ser algo importante como para que dejara todo aquí.

− ¡Se le fundió el cerebro! Eso paso−la risa de Tarume enfureció más a Mika−como es posible que lo dejara a él a cargo−dijo señalando a Tadokoro−cuando claramente yo soy más hábil.

Tadokoro puso los ojos en blanco.

−Si bueno, Mika deja de exagerar y termina eso por favor−volteo a ver a Mika que seguía renegando−Tarume, tu limpia el área que utiliza, yo terminare lo que dejo Tatsumi.

− ¡Uy! ya empezó a dar órdenes−dijo Mika sonriendo.

El laboratorio era más ruidoso sin Souichi, aunque para la sorpresa de todos, había empezado a participar en las vagas conversaciones, convirtiéndose en algo normal.

Aun así, Souichi era muy estricto.

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−Ese asunto de la herencia de tu hija está muy raro ¿no crees?

El chico tenía el entrecejo fruncido, y los ojos fijos en Morinaga. Frente a él estaba uno de los pocos amigos que había logrado hacer, Jace tenía cara de tener 17 aunque solo fuera un año menos que Morinaga, su cabello le caía sobre el cuello y varias veces le habían regañado por llevar gorro con saco al trabajo.

Aunque Jace era un completo desastre. Se llevaba a cualquier ser con piernas a la cama.

−por ello no le tome importancia−Morinaga cerró los ojos y tomo un sorbo de su café helado−los padres de Sara están muertos y nunca me dijo sobre una sospechosa abuela millonaria.

Aunque tanto como millonaria, no…más bien eran una propiedad y dinero, pero aun a si estaba mal.

Jace puso los ojos en blanco y hablo con la boca llena.

−Ay bueno Tetsuhiro, tampoco exageres, deberían arrestarte por rechazar de esa forma el dinero.

−Nunca lo aceptaría−Morinaga negó con la cabeza, aunque enseguida se percató que Jace miraba a alguien tras el−dime que al menos es humano, no me sorprendería que me contaras que te gusta algún perro o paloma.

Jace mando un beso.

−Es un chico−volteo a ver a Morinaga poniendo el rostro serio−tengo unas ganas de pay de manzana y me he quedado sin dinero, tengo que conseguirlo de alguna forma-no a todos nos sale una abuela con dinero escondido dispuesta a dárnoslo todo.

Morinaga checó la hora se puso de pie, con una risa disimulada.

−No todos somos unos interesados.

−tuche, me dolió.

La cafetería estaba frente al edificio donde trabajaba, y aunque no tenía nada de especial, era refrescante tomar aire libre.

−creo que le llamare a Zahi−los ojos de Jace se agrandaron−sé que necesita dinero y si se lo doy no lo aceptaría, es una buena chica, además Miyori la quiere.

Volteo a ver a su compañero, sabía que Zahi era su novia hasta que él la engaño. Y al parecer Zahi no se lo tomo bien, aunque ¿Quién se lo tomaría como algo casual? Sabia cuanto dolía, el sufrimiento que te causaba, había pasado por eso en carne propia, y había llorado hasta que le dolían los ojos, y le dolía el pecho al respirar, pero aun así no podía odiar a Souichi, y… más porque ese día le dijo que era una equivocación, aunque no estaba convencido en su palabra, en ese momento todo lo que salía por sus labios venia cargado de dolor y cada frase que Souichi le decía le parecían un centenar de mentiras. No pudo pensar con claridad.

Y aun en ese momento le seguía doliendo no haber exigido la verdad.

Pero eso ya no estaba en sus manos.

.

− ¡¿Te vas a Estados Unidos!?−Kanako estaba sorprendida y emocionada a la vez.

Souichi junto las manos sobre las rodillas y asintió con la cabeza un poco fatigado, era la tercera vez que lo decía.

−Oh que agradable Sou, ¿visitaras a Tomoe y a su esposo?−Matsuda se sentó a un lado de Kanako con los ojos puestos en Souichi, ella también estaba emocionada por la noticia.

−« ¿Qué a todos les emociona el hecho de que me largué?»−pensó Souichi, mientras le explicaba a Matsuda y a Kanako la razón del porque se quedaría tres meses por ella. Rechino los dientes al escuchar "esposo" menudos idiotas, no podía olvidar el desprecio que sentía por Kurokawa, ese tipo era un rabo verde.

Guardo silencio en su interior.

−«Morinaga es dos años menos que yo−sintió como se le subía el calor al acordarse de algunas cosas y más de algo tan especifico− ¡eso no tiene nada que ver!−trato de componer sus estúpidas alucinaciones, y dejar en paz…algo que no quería sentir, pero estaba tan animado, y eso lo hacía sentir tonto y más que tonto, un iluso. ¿De verdad había deseado tanto ver de nuevo a Morinaga?−en todo caso, él es el que…−chasqueo los dientes, no podía concentrarse, Sabia que no era el mismo, no había cambiado pero a la vez sí, todo era tan confuso.

− ¡Hermano!−Kanako tenía la frente fruncida, con un puchero−no mencionaste que te ibas tanto tiempo.

−no es un secreto, tú te hiciste suposiciones apresuradas.

− ¡Que emocionante!−Souichi levanto una ceja a las palabras de Kanako, esa niña se estaba volviendo muy burlona, todo por ser una caprichosa−podrías ir a visitar a Morinaga y decirle a Tomoe que te acompañe, porque seguro y te pierdes, También deberías pedirle su celular a Morinaga, ¡ah y que venga a Japón!

La chica empezó a aplaudir.

Souichi sintió un nudo en el estómago.

−No iré a verle.

La cara de Kanako se entristeció− ¿ah no? ¿Están peleados?

Souichi se mordió el labio y se puso de pie tan rápido que asusto a Matsuda quien estaba entretenida tejiendo.

− ¡No lo estamos. Ya no hablo con él, Kanako!

Kanako frunció el entrecejo.

−Se fue porque tu no le dejaste alternativa ¡seguro tu tuviste la culpa!

Algo estallo en su pecho, volteo a ver a su hermana, la chica tenía las mejillas rojas y las cejas juntas.

− ¡Si yo la tuve! ¿Feliz?−tomo aire y subió las escaleras, tenía algunas maletas en su antigua habitación y después de que Morinaga se fuera, pasaba más tiempo con Matsuda ya que Kanako se puso tan insistente de mudarse que la casa estaba muy silenciosa, así que optaron por pasar los fin de semana juntos, aunque la mayoría de ellos Souichi trabajaba extra y Kanako estudiaba.

Escucho pequeños pasos apresurados ir detrás de él, pero no se detuvo. ¿Por qué tenía que recordarle que Morinaga se fue por su culpa? Eso ya lo sabía, se sentía la persona más miserable del mundo cuando pensaba en ello.

Estaba de más recordárselo.

−Hermano, perdóname pero no pude evitarlo−Kanako sonaba preocupada, estaba enojada por la desconfianza de su hermano−pero desde que se fue Morinaga eres un ermitaño, hablas mas pero sé que no eres feliz, y me duele que no tengas la confianza de decirnos lo que te pasa.

Souichi se quedó paralizado, fijo la vista en sus manos, se sorprendió al ver que temblaba.

−no hay nada que decir Kanako, solo vine por las maletas.

La chica hizo un puño ambas manos y dio un paso atrás, decidida a dejarlo.

Si alguien iba a arreglar sus problemas que fuera el mismo…pero quería verle feliz.

−Sabes que no te juzgaremos…Tomoe está muy enamorado de…−vio como Souichi se tensaba, guardo silencio y se pensó mejor que decir−su pareja, ¡tanto que hasta se casaron!−vio cómo su hermano le ignoraba y recobro un poco del enojo que sentía, tomo aire y se dejó caer a su lado, si tenía que hablarle como un niño chiquito, lo haría−Y él es feliz.

−Está bien Kanako, Tomoe tiene una rata pegada a él, y algún día lo matare, pero eso me detiene−sus ojos eran serios−que esa rata lo hace feliz.

Kanako prefirió no decir nada, se levantó y se acomodó el vestido de flores que tanto le gustaba y−Tengo que−dijo apretando los dientes −ese pervertido de Kurokawa tiene que ser constantemente amenazado.

−Ay hermano−rio por lo bajo y paso a un lado de él, de reojo observo a su hermano, que no había cambiado ni un poco en su aspecto, respiro hondo e insistió− ¿y a…?

−Sí, también iré a buscar a Morinaga.

Kanako salió corriendo del pasillo con una sonrisa. Sabía que ese era el primer paso, y se sentía orgullosa de que fuera su hermano quien lo daría.

...

¡Disculpen las molestias, y gracias por esperarlo!