2. Amistad
Los rayos de la luna entraban por las rejillas de la celda. Ella abrió sus ojos, cansada ¿Hacía cuanto tiempo que la habían apresado? Ni ella lo sabía. Habían pasado un par de horas y ella ya las consideraba como años. Cerró sus ojos, intentando encontrar el sueño para olvidarse de todo, pero este se le hacía esquivo. Muchas veces le habían dicho que no saliera sola a los campos de noche, pero ella nunca les hacía caso ¿Cómo no salir cuando la luna bañaba todo a su alrededor y las aguas del lago, su cuerpo? Nunca pudo evitarlo, la luna siempre fue su compañera, su amiga. Ahora estaba allí, con los rayos de su amiga consolándola.
La capturaron un día en que nadie la vio ir, ya que nadie estuvo para verla ir. Su padre la había ocultado en un cuarto secreto a los primeros gritos de "extranjeros". No le dijo nada cuando vio cerrar la puerta delante de ella. Esperó y esperó, y los gritos de dolor de sus compañeros y amigos se escuchaban a lo lejos. Cada vez eran menos, y los poco que quedaban se apagaban con el filo de las espadas. Tantas veces quiso salir y ayudarlos como fuera con tal que no se entregaran al sueño eterno, pero nunca pudo quebrantar la promesa de su padre de quedarse allí hasta que todo acabase. No era la primera vez que lo hacía, ya de muy pequeña tenía que ocultarse ante cualquier peligro, con la esperanza de ver la sonrisa de su padre y de sus amigos con la victoria de su libertad. Pero esta vez tenía un mal presentimiento. Esperó por mucho tiempo, pero su padre aún no aparecía como lo hacía siempre que ganaban. Se preocupó, y no le importó salir aún si después se arrepintiera por haberlo hecho. Salió de su casa y caminó por las calles.
El silencio era eterno…
Gritó con todas sus fuerzas, esperando que alguien le contestara. Pero no le quisieron contestar o el silencio le había callado sus bocas. Buscó y buscó, casa por casa, algún hombre o mujer. Ya ni le importaba si era el enemigo, la desesperación la dominaba. Corrió y gritó, queriendo pensar que todo era un simple sueño, que al despertar estuvieran todos allí, como siempre había sido. Pero no despertaba y cada vez se convencía que ya nadie estaba, se habían ido sin ella. Los hombres de espadas filosas y de armaduras sombrías fueron… Lo sabía, ellos se habían llevado su familia y sus amigos, ellos de quienes tanto huían, de quien tanto temían. Ellos habían sido.
Sus lágrimas corrieron por sus mejillas días y noches. No pudo decir cuánto tiempo estuvo así, ni tampoco le importaba. Ya no quería su libertad ni su soledad. Odió tanto a aquellos hombres que le habían quitado todo, que quiso que le quitaran su vida para no sufrir más.
Caminó por los campos, buscándolos. Pero nunca los encontró. Con hambre y con frío los esperó hasta que una caravana de presos de guerra pasó cuando ya sentía perder su razón y la esperanza. Los hombres que la conducían se detuvieron al verla detener su paso. Le gritaron para que se saliera, pero ella no les hizo caso. Los hombres bajaron y le maltrataron su bello cuerpo por su insolencia, pero ella yo no sentía los golpes… Quería estar donde ya muchos de sus amigos estaban, quería dejar su dolor y su soledad. Pero ellos no le quitaron su martirio y la pusieron junto con los presos. Los cautivos ni se atrevieron a tocarla, ni siquiera la miraron cuando la echaron para que cumpliera su misma suerte. Pasó gran parte del camino inconsciente en la caravana y cuando por fin pudo abrir sus ojos, estaba sola. Sus manos estaban encadenadas y ya la empujaban para que se levantara y cumpliera su suerte por haber desafiado su destino.
Y ahora estaba allí, con los rayos de la luna consolándola.
Unos pasos se oyeron a lo lejos. Otra vez intentó dormir pero no podía.
-Despierta, tienes compañera
Levantó sus ojos de luna y vio a aquel soldado que le había traído a aquella celda. Unas lágrimas le brotaron de sus ojos y apenas lo vio, deseó que la abrazara. El soldado no pudo ignorar su pena.
-¿Qué le pasa? (le preguntó)
Ella borró con sus manos sus lágrimas y le miró, intentando decirle lo que le pasaba con su mirada. Él cerró sus ojos y comprendió su dolor. Tomó el brazo de la nueva prisionera que llegó y la encerró en donde estaba ella. Suspiró y miró a las dos ¿por qué tenían que pasar por esto? Ellas deberían estar libres y vivir su vida. No merecían estar allí.
Volteó, y se detuvo así, dándoles la espalda para no querer ver el pecado que hacía al encerrarlas.
-¿Ccómo se llama?
Aquella dulce voz lo sacó de sus pensamientos.
-Señor… ¿Ccómo se…?
-Naruto (le interrumpió), me llamo Naruto
Suspiró otra vez y las miró para dedicarles una sonrisa y darles un poco de consuelo. Iba a alejarse de ellas y cumplir su ronda cuando sintió que su mano era tomada. No supo que sentimiento le recorrió su cuerpo, pero apretó a aquella mano temblorosa y fría que retenía la suya.
-Yo… yo me llamo Hinata. Señor, me llamo Hinata
Naruto cerró con fuerza sus ojos y en silencio le prometió que nunca la dejaría sola. Volteó su cara y dijo:
-Hinata… Qué hermoso nombre
La de ojos de luna sintió que su dolor se iba ante aquellos ojos azules… Sus mejillas, en cambio, enrojecieron y tuvo que bajar la mirada. Soltó su mano y le dedicó una tímida sonrisa. Él sintió deseos de seguir hablándole, de estar con ella. Pero no podía. Encaminó sus pasos y se fue a terminar su ronda.
Hinata le vio irse y sintió deseos de llamarlo, pero no se atrevió. La chica a quien a habían encerrado la miraba detenidamente.
-No debes enamorarte (le dijo) Sufrirás más
Hinata no pudo comprender que le decía ¿Enamorada? ¿Ella estaba enamorada? Muchas veces le habían pedido su mano a su padre, y ella siempre se negaba. Su padre nunca le quiso casar con alguien que no quisiera, así que le decía cortésmente a quien se la pedía que ella aún no quería casarse. El Amor era algo que no podía comprender cuando sus amigas le hablaban de él. ¿En qué consiste el Amor? ¿Algo tan simple como un beso o unas miradas ruborizadas? Ella nunca las pudo entender. Ahora una chica extraña le decía que no se enamorase… ¿Se refería a aquel soldado? ¿Aquel soldado que tanto consuelo le entregaba? Hinata no supo explicarlo.
-¿Por qué lo dices? (le preguntó)
La de ojos de los prados se apoyo en la pared de ladrillos.
-Te lo digo para que no sufras
Bostezó y se sentó en el suelo.
-Pero él no es malo (le dijo) Él… no es mala persona. No es como los otros…
-Te equivocas, todos son así
-Pero…
-No, no sabes lo que dices
La de ojos de luna le seguía mirando sin comprender.
-No me entiendes… (Suspiró) ¿Sabes algo? Me enamoré de alguien que no debía enamorarme. De alguien que te quitaba el aliento con tan sólo verlo…
"Debes de entender que yo no era la única, muchas de las del pueblo lo quería. Mas de alguna se le ofreció, pero él las rechazaba. Yo nunca tuve el valor de hacer algo parecido. Por lo que siempre me quedaba lejos, mientras que las demás me molestaban por mi frente y otras que jamás podría estar con alguien como él."
"Un día, me enteré que él se iba ir del pueblo. Le habían llamado a que se fuera de allí por órdenes del rey. Muchas lloraron como magdalenas y otras vieron que el mundo se les iba encima. En cambio yo… No tenía pensado vivir sin él."
"Se fue en una mañana de pleno de sol. Sus pelos negros se alzaban con el viento cuando cabalgaba en su caballo azabache. Me dirigí corriendo hacia a él y le grité:"
-"¿A dónde vas?"
"Él detuvo a su caballo y me contestó:"
-"A Konoha, el rey me necesita"
"Me sonrió y espoleó su caballo, yéndose del pueblo."
"Un extranjero vio lo que paso y se ofreció a llevarme a Konoha. Yo era muy pobre y mis padres ya habían muerto. Así que me fui con él sin dudar. En el camino nos sorprendió unos ladrones. Al buen extranjero que se llamaba Dima, lo mataron sin ninguna compasión y a mí me llevaron para luego venderme a un vendedor de esclavos. Estuve muchos días encima de una tarima como un producto vulgar en un mercado cualquiera. El vendedor nunca me pudo vender, ya que yo siempre hacía algo para espantar a sus clientes (no me preguntes que, ni yo me acuerdo bien). Varias veces me lastimó con un látigo cuando hacía eso. Mis compañeras me intentaban consolar, pero él siempre nos alejaba con su látigo. Yo ya daba perdido toda esperanza de volver a ver mi caballero de ojos negros, hasta que una comitiva del reino llegó. Encarcelaron al vendedor, y a mí y a mis compañeras nos trataron como unas prostitutas. Nos llevaron hacia un rufián que me separó de mis compañeras por mi rebeldía y me llevó hasta una de las caravanas de presos. Pasé otros días en la caravana, dejándoles en claro a los hombres que estaban allí que yo no era alguien de quien no se podían aprovechar."
"No sabes cuánto tiempo estuve así, hacerme respetar fue algo que no pude quitarme de la cabeza. Al menos conseguí lo que quería y ninguno de los hombres se le ocurrió tocarme. Mis días sólo se limitaban a eso, las soledad pronto fue mi más fiel compañera."
"Por jugarretas del destino, la caravana por fin se detuvo y fuimos bajando de uno en uno. Un soldado que llevaba una armadura nos miraba a medida que pasaba delante de cada preso. Cuando pasó al frente mío… Se detuvo. Ordenó que todos los demás se fueran y a mí me dejó con él. Mientras la caravana se iba, el se sacó el casco… Era él. Mi caballero de los ojos negros. Me sonrío como aquella vez y me llevó adonde me vez ahora…"
-A veces pienso (continuó) que si en verdad valió la pena haber pasado todo eso para estar ahora encarcelada… No sé, en verdad. Por eso te digo que no te enamores de aquel soldado ni de nadie más. No hagas lo que yo hice por un soldado que al final me dejo encerrada como una presa más…
Sus ojos se empañaron y se tapó la cara. Hinata oyó como lloraba y la abrazó para reconfortarla.
-Hinata… (Le dijo) Yo nunca tuve una amiga… Ayudémonos ahora que el destino nos jugó esta pasada. (Le tendió su mano) Me llamó Sakura…
Ambas se dieron la mano y se prometieron que iban a estar juntas. Desde ese momento, una gran amistad nació en ellas.
