Los hechos pueden NO coincidir con la historia original.
Los personajes utilizados son propiedad de ChiNoMiko y Beemoov.
Capítulo 2
Secretos sobre "chicos"
Erika limpiaba uno de los pasillos del C.G. con mucho ánimo, y la razón era que había recordado una canción de su mundo. Como no tenía la manera de oírla otra vez, estaba cantándola en un tono de voz medio y también bailaba. Extrañaba el hecho de ponerse audífonos y escuchar su música favorita.
Dos o tres personas que pasaron por el pasillo la miraron con curiosidad y extrañeza, pero a ella le importaba muy poco. Se estaba divirtiendo y la tarea de limpiar se volvía más liviana.
Ya tenía toda una coreografía y cantaba usando la escoba como micrófono, cuando Eweleïn llegó al pasillo. La elfa quedó pasmada al verla y luego sonrió. Erika se veía de lo más alegre y su voz no era desagradable. Admiraba esa capacidad que tenía la chica para disfrutar de cada momento con libertad, incluso de las cosas más sencillas. Era tan linda...
Entonces la faérica se percató de la presencia de la enfermera y se detuvo inmediatamente. Su rostro se tornó rojo.
—Leïn... Eh... ¡Hola! —saludó, avergonzada.
—Qué bonita canción —dijo simplemente la elfina—. No cantas mal.
—Emm... Gracias, supongo.
No le había importado que otros la vieran bailando y cantando como si estuviera en High School Musical, pero con Eweleïn era diferente. Erika respiró hondo y miró a su novia, que estaba sonriendo. Entonces se le ocurrió algo, sonrió también, y la tomó de la mano.
—Espera, ¿qué haces? —preguntó, alarmada, la elfa.
—¡Baila conmigo!
—No, no sé bailar como tú... —dijo Eweleïn, incómoda.
—No necesitas saber bailar como yo. Solo te dejas llevar por la canción y ya.
—Erika, yo...
Pero la faérica ya había empezado a cantar otra vez y sus pies se tornaron inquietos, lo que poco a poco fue contagiando a la enfermera. Erika sabía que era difícil que Eweleïn saliera de su fachada seria y profesional (las únicas veces que lo hacía era cuando le jugaba bromas a sus pacientes), pero logró que bailara un poco con ella. Incluso se aprendió una frase de la canción y realmente empezó a divertirse también. Pronto estaban las dos en el solitario pasillo limpio, bailando y riéndose de su juego, de los pasos improvisados y torpes que hacían (aunque Eweleïn nunca dejaba de ser elegante, incluso haciendo pasos ridículos).
Ezarel, que pretendía cruzar el pasillo, se detuvo y las miró, sorprendido. ¿Cómo lograba Erika hacer sonreír de ese modo a Eweleïn? Se veían tan felices... De repente lo invadieron unos celos por esa felicidad. Decidió no interrumpirlas y volver sobre sus pasos.
Pero alguien más sí las interrumpió después.
—Erika, Eweleïn —las llamó una voz autoritaria.
Las dos chicas se detuvieron en seco y trastabillaron. Patinaron con el último sector húmedo del piso limpio y, antes de caer, Erika sujetó a Eweleïn de manera protectora para que no se golpeara; pero a cambio se golpeó ella misma la cabeza, con el cubo de agua que había usado para limpiar, que derramó su contenido en el suelo.
Miiko contuvo una risa.
Eweleïn se levantó al instante, acomodándose el cabello y la ropa, y recuperó su seriedad.
—Lo lamento, Miiko —se disculpó la elfa, lo más digna posible.
Erika seguía en el suelo, sobándose la cabeza golpeada, con la parte superior de su ropa mojada por el cubo de agua. La kitsune las examinó a las dos con la mirada y contuvo una risita otra vez. Aquello sí que era curioso, muy curioso.
—Solo quería hablar un momento contigo, Eweleïn.
—Sí, lamento todo esto, sé que no es apropiado.
Miiko sonrió.
—Oh, no, por mí no hay problema... ¿Estás bien, Erika? —preguntó la kitsune.
Entonces a Eweleïn la invadió una puntada en el corazón y miró a Erika. Tan preocupada por mantener su imagen profesional ante Miiko, había dejado de lado a la chica.
—Estoy bien, solo fue un pequeño golpe —comentó la faérica, que de pronto ya no estaba tan alegre y sonriente como antes.
Erika se levantó sola y se tocó la zona golpeada. Eweleïn extendió una mano hacia ella.
—Déjame ver...
—No, no te preocupes —le dijo la faérica, con una sonrisa a medias, un gesto que encubría su descontento—. Estoy bien. Por favor, ve a hablar con Miiko. Seguro es importante.
Y con calma, empezó a juntar las cosas que había llevado para limpiar. Miiko seguía mirándolas sin decir nada. Luego, se llevó con ella a Eweleïn a la Sala del Cristal.
Erika se quedó sola, mojada y con una pequeña molestia por el golpe. No podía decidir si estaba triste o molesta por la actitud de Eweleïn y su obsesión con que nadie supiera de su romance, sumado a sus esfuerzos por ser una integrante de la guardia intachable. Para Erika, la elfa ya era una persona increíble, y solo quería tener más momentos con ella como el anterior, cuando lo único importante había sido reír, bailar y estar juntas, antes de que llegara Miiko. Pero no era nada fácil.
Luego de terminar la limpieza, se dirigió a la playa para despejar un poco su mente. Para su sorpresa, encontró a Ezarel sentado en la arena, mirando a un punto lejano, justo al lado de la roca donde ella sabía que ocultaba miel. Tenía un frasco vacío entre sus manos.
—¿Qué haces aquí? —cuestionó el chico de pelo azul, en cuanto la vio.
—Te hago la misma pregunta.
—Este es mi sitio, vete a otra parte.
—Oh, disculpa si no soy capaz de ver un solo cartel por aquí que diga "propiedad de Ezarel, el pitufo gruñón".
—No estoy de humor.
—Yo tampoco.
—...
—...
—Pues bien, déjame tranquilo.
Erika se sentó a unos metros de él. Se produjo un silencio algo incómodo, pero ninguno de los dos quería levantarse e irse.
—¿Eso era miel de Beko? —inquirió la chica, señalando el frasco de Ezarel.
—Sí, ¿qué más? Estaba... algo ansioso —admitió, sin mirarla.
—¿Hay algo de lo que quieras hablar?
—No.
—Okey.
Los dos se callaron un momento más.
—Estoy... metido en un gran problema —dijo el elfo, al cabo de un momento, como si se lo dijera a sí mismo, como si Erika no estuviera presente, aunque en realidad sí quería que ella lo escuchara, lo necesitaba.
—Y... ¿No tiene solución? —preguntó ella.
—Tal vez no quiero tomar la solución.
Erika lo miró fijamente, tratando de pensar en algo que pudiera ayudarlo, sin necesidad de que él le explicara con detalles qué le pasaba.
—¿Tienes miedo a la solución?
—No lo sé.
—Tal vez estás cómodo con tu problema y la solución te sacaría de esa comodidad. Pensar en eso te pone ansioso y prefieres evitarlo lo mejor que puedes, pero tarde o temprano te termina ahogando.
Ezarel giró lentamente su cabeza para mirarla, perplejo.
—Vaya, no sabía que podías pensar.
Erika frunció el entrecejo.
—¿Me equivoco o no?
Ezarel puso los ojos en blanco y negó con la cabeza. La faérica no se equivocaba.
—¿Qué sucede, Ez? Sabes que puedes decírmelo.
—¿Para contarle después a tu amiguita vampiro? No, gracias.
—Yo no le digo nada, todo lo que sabe es por su cuenta.
—Necesito olvidarlo, y decirlo no ayuda. —Ezarel cerró los ojos y luego volvió a mirarla—. ¿Y tú? ¿Ya te vas a casar con Eweleïn y vivirán felices por siempre? —preguntó con un tono burlón y amargo.
—No es tan sencillo... —Erika bajó la mirada.
A Ezarel le sorprendió esa respuesta, pero como él no le había contado lo que le pasaba, respetó el silencio de la chica. Su expresión triste contrastaba totalmente con la Erika feliz que, unas horas antes, bailaba y reía con su novia en el pasillo. ¿Qué era lo que iba mal entre ellas?
—Sabes, si necesitas volver a hablar, podemos... —dijo ella.
—Claro, después seremos mejores amigos, haremos pijamadas y nos pintaremos las uñas y peinaremos el uno al otro mientras nos contamos nuestros secretos sobre chicos —dijo el elfo, con fastidio.
Erika rio un poco por ese comentario, y su risa se fue apagando cuando algo en lo que había dicho Ezarel le llamó la atención.
¿Secretos sobre "chicos"? ¿No debería haber dicho sobre "chicas"?
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¡Muchas gracias por leer!
Un agradecimiento especial por su apoyo a CuttingEdge19 :)
¡Esto recién empieza! Si dejan algún review, con gusto lo voy a leer y veré si subo dos capítulos por semana :D
¡Nos leemos la próxima!
