Aquí viene el segundo día. Grache por el apoyo:3. Ubicaré este día en el tiempo anterior a la saga del Asesinato del Shogun. La palabra de este día es "Boyfriend clothes". Que es como "ropa del novio", o "prendas de mi novio", etc.
La canción que recomiendo escuchar en este capítulo será Wherever You Are – One Ok Rock. Cúlpenles del fluffy a ellos hvfjdiwjd.
Palabras: 2612
Gintama le pertenece a Hideaki Sorachi.
Que os guste.
S&K
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Día 2: Ropa de Novio.
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Kagura bufaba, escondida debajo del puente; estaba helada de frío. Solo llevaba su típico vestido, y eso estaría bien si llevara su paraguas. Pero se le había olvidado — o más bien, Gin-chan se lo había llevado ya que ella no pensaba salir—, y cuando se quiso dar cuenta tras salir del supermercado —porque fue a comprar algo de sukombu; tenía hambre, mierda—, se vio empapada de pies a cabeza.
Maldita lluvia, maldita su suerte.
No se atrevía a salir del puente, porque llovía como pocas veces había visto. Suspiró, pensando en donde demonios se había ido el permanentado para llevarse su paraguas. Si fuera adivina no le habría dejado a ese estúpido llevárselo. Pero maldita sea, debía practicar aquello.
Seguro los Yato podían tener la habilidad para leer la mente a lo X-Men o algo así. Se podría decir que también eran mutantes, ¿no? Bufó, negándose a quedarse más tiempo bajo el puente, haciendo el estúpido.
Se metió una tira de sukombu en la boca y se levantó, observando que continuaba y continuaba lloviendo. ¡Jamás volvería a dejar irse a ese estúpido con su paraguas! Por una vez que no lo sacaba y llovía.
Salió de su refugio para comenzar a correr, empapándose aún más de lo que ya estaba y cagándose en toda nube que hubiera en ese momento en el cielo de Edo. Mientras subía para salir de esa zona del puente se le cayó su caja de sukombu. Maldijo en alto, gritando algún insulto que rebajó —nah, mentira, no lo hizo— su enfado.
Puto karma.
Cuando recogió la caja de sukombu se dio cuenta de que todos estaban mojados, la mayoría caídos al suelo. Claro que el que tenía en su boca tampoco sabía a nada en ese momento. Decidió dejarlos, para entonces retomar su camino pero tropezó con sus queridas tiras de sukombu y cayó al suelo.
Asqueroso. Vergonzoso. Odiaba al cosmos. Se levantó, chorreando y enfadada, mientras alzaba las manos al cielo. Abriendo sus ojos azules mientras que la lluvia seguía cayendo sobre ella.
—¿¡Alguna putada más que quieras que me pase, aru!? ¡Púdrete, cielo de mierda!
Sus gestos obscenos al cielo, a las nubes y a toda gota de lluvia que le caía, le hacían parecer una loca. O bueno, al menos eso pensaría algún tipo que se atreviera a salir a la calle ante esa tormenta. Pero vamos, nadie estaba así de loco.
O quizá sí.
Una patada la golpeó, haciendo que saliera disparada bajo el puente. Se tocó la cabeza, adolorida por el golpe provocado por no sabía quién, pero que mataría. Allí, debajo del puente, ya no se mojaba, sin embargo no pudo evitar el estornudar. Mierda, se helaría si volviese a caminar sin nada con que cubrirse.
No quería enfermar, maldita sea.
Cuando alzó la cabeza, para ver quién demonios le había pateado, su semblante cambió a uno molesto. Absolutamente molesto. Bufó, cruzándose de brazos y apartando la mirada.
—¿Qué se supone que haces aquí, estúpido?
—Patear mocosas.
Oh sí, ese tipo que se creía —porque ella no le había confirmado nada; jamás— su novio, estaba allí parado frente a ella. Empapándose de igual manera por aquella tormenta, con su uniforme del Shinsegumi y sin intenciones de irse. Demonios, que no dejaba de mirarlo.
—Vete a la mierda, sádico.
—¿Dónde está tu paraguas? —Cuestionó con una sonrisa divertida—. Sí que eres estúpida para olvidártelo en un día como hoy, china.
Ella le miró de reojo, realmente cabreada, para después levantarse. Entonces, de pie, bajo el puente, sí que lo miró, señalándole con una de sus manos mientras dejaba la otra en su cintura.
—¿¡A quien llamas estúpida!? ¡No soy la única que no trae nada para refugiarse un día como hoy, idiota!
—Hiji-bastardo no vale como chica del tiempo.
—¿Desde cuando le haces caso, aru? Idiota. —Preguntó, riéndose después, al insultarle.
Era raro que aquel ladrón de impuestos le hiciera caso a una persona que soñaba con matar día sí y día también. Pero sus risas no duraron mucho, ya que estornudó de nuevo. Maldita sea, esto no pintaba bien.
Él la observó con una ceja levantada y manos en los bolsillos. Su pelo se le pegaba a la cara y le dificultaba la vista. Por suerte había visto mientras patrullaba a esa china malhumorada que tenía como novia. Suspiró, colocándose el pelo para que no le molestase tanto.
—Kondou-San le apoyó —reconoció, encogiéndose de hombros; tsk, como si fuera a hacer caso al bastardo por sí mismo—. ¿Y tú por que le haces caso al Danna? Supongo que te cogió prestado el paraguas y tú lo permitiste, adivina fracasada.
—¡Jódete! ¿¡Y como sabes que Gin-chan lo tomó!? —Él se encogió de hombros otra vez, y ella deseó matarlo—. Como sea, aru. ¿Qué haces aquí? ¿¡Y por qué me pateaste!? ¡Te mataré!
Okita Sougo sonrió de medio lado, mejor que nadie sabía que aquella mujer tenía un gran nivel de confianza con Gintoki Sakata, que solo a él le dejaría ese paraguas que nunca soltaba. Quizá porque era algo así como su padre. Pero bueno, el castaño no iba a decir eso.
Kagura era demasiado lenta para los sentimientos. También para todo lo que requiriese un poco de compresión más allá de la normal. Vamos, que él no la llamaba tonta; porque no lo era. Simplemente la apodaba lenta. Jodidamente lenta.
Vamos, que era bastante obvio que Kondou-San le había mandado patrullar, pero con una tormenta como esa hacía horas que le había dicho que no hacía falta que saliera a menos que hubiera un aviso. Pero bueno, con la Yorozuya en el cuartel del Shinsegumi y sin el rastro de la china por ningún lado, era obvio que él no iba a quedarse ahí.
Incluso a pesar de que el Danna —con una bolsa negra en su mano, extrañamente grande y donde exactamente cabría un paraguas— le dijese que todo estaría bien con ella, él salió a patrullar. No le importaba que Hiji-bastardo le avisase de que acababa de volver Yamazaki sin haberla visto y diciendo que posiblemente estaría en la casa de la Yorozuya.
Él salió de igual manera, comprobando que ella no estaba en el lugar que Yamazaki creía. Y que por supuesto, su paraguas tampoco estaba allí. Por lo que confirmó que esa bolsa que el Danna agarraba con tanto recelo cuando le vio en el cuartel contenía el paraguas de la pelirroja.
Volvió a colocarse el pelo, dando un salto hacia atrás para esquivar un puñetazo de ella; sin perder el equilibrio por suerte. Echó un vistazo al rio y certificó que sin duda se desbordaría. Miró a la china, quien estornudó un par de veces más, y bufó. Ya no la cubría el puente, y esa estúpida no se achantaba a pesar de ello. ¿Quería enfermarse acaso?
—Metete bajo el puente. No quiero ocuparme de una china enferma.
—Entra tú, sádico de mierda, no quiero pelear con alguien enfermo.
—¿Quién dijo que pelearíamos? —Preguntó, agachando la cabeza ante un puñetazo de ella para luego tomarle ese mismo brazo—. Te ganaría fácilmente, china. No estás en condic…
—¿¡Me estás subestimando, estúpido!?
No se esperaba el golpe en su estómago, pero por suerte pudo frenar también esa mano de ella. La miró a sus ojos furiosos y maldijo, ¿por qué era tan terca? Si era claro que intentaba que no enfermarse porque estaba de patrulla. Y era su deber como policía de Edo.
—En absoluto. Mierda, china, se resbaló mi mano…
—¿Eh…? Tu mano… ¿¡Qué se supone que estás haciendo, sádico!?
Sougo había tirado de ella, lo suficiente como para que aun sujetando una de sus manos, ella estuviese a un paso de caer al río. Solo la mano de la que le tenía agarrada Sougo impedía su caída.
—Creo que aún no te duchaste, china.
—¡Llevo duchándome un par de horas ya por culpa de esta jodida lluvia! ¡Estúpido, más que estúpido! ¡Súbeme!
—No.
—¡Sádico, voy a enfermarme, mierda!
—Es una pena.
—¡Tú…! —Echó la mirada hacia atrás, observando cómo estaba a punto de caer al rio—. ¿¡A qué mierda viniste entonces!? ¿¡A ayudarme a enfermarme, gilipollas!?
La lluvia seguía cayendo, y Sougo aun así sonreía. La mano de ella no estaba tan fría como para soltarla. La observó enfadada, con miedo a caerse y enfermarse definitivamente. Maldita china.
—Como ya dije, vine a patear mocosas.
—¡Muérete, ¿me has oído, sádico?! ¡Muérete!
Él rió, tirando de ella para subirla y haciéndola chocar contra él. La joven respiraba agitada, podría decirse que demasiado como para moverse. Y Sougo notó de igual manera que temblaba. Subió una mano a su cara, y con la otra tomó una de sus manos.
—Estás helada, china —susurró Okita.
Entonces vio como ella lo golpeaba casi sin fuerzas en el estómago. Se movió lo necesario como para que ella creyese que le había hecho algo de daño. Él, sabiendo que esta tormenta no iba a parar de ninguna manera, se apartó de ella.
Pero aunque lo hizo por un motivo, no pudo estar mucho alejado, ella se tambaleó ligeramente. Él la sujetó de la cintura, la pelirroja simplemente respiraba de manera irregular mientras temblaba. No lo diría en voz alta, pero esa estúpida le estaba haciendo replantarse el correr con una tormenta así y con ella a la espalda.
Kagura dejó caer su cabeza —solo porque estaba agotada y sin fuerzas— contra el pecho del chico. Agarró con fuerza las solapas de su chaqueta de policía, con razón de que el sádico de mierda desprendía calor. No sabía cómo ni porqué, pero se estaba tan a gusto así.
—Sádico, estás en tu día de suerte. Hoy no te haré trozos, ¿oíste, capullo?
Él no habló, solo tomó sus manos y las apartó de su chaqueta. Ella gruñó molesta, Sougo no pudo evitar sonreír levemente. Pero rápidamente volvió a ese semblante que tenía tras apoyarse la pelirroja sobre él. Un semblante serio, casi podrían decir los que le viesen que preocupado.
Segundos después Kagura pudo sentir como a sus brazos ya no le llegaba la lluvia. Abrió ligeramente sus ojos, girando su cabeza lo necesario, aun apoyada sobre el pecho del idiota, para ver como tenía su chaqueta. Esa que solían llevar los ladrones de impuestos.
¿Tan débil estaba como para acabar así? Su primera idea era quitársela, y lo intentó, moviendo sus hombros lo necesario para ello. Pero Sougo no la dejó, ya que sus manos sobre los mismos lo impidieron.
—Estúpido… No soy tu novia como para que me dejes tu asquerosa chaqueta de roba impuestos.
—¿Ah? Creo que el estar enferma te hace mal. China, el besarnos ya te convierte en mía.
—Cierra esa bocaza tuya o… —estornudó de nuevo, apretando entonces su chaleco entre sus manos— ¡te mataré! No somos nada, sádico feo. ¡Re-Retíralo!
—Oe, deja de alzar la voz.
—Muérete.
—Te pondrás peor, china.
—¿Por qué no te has muerto ya?
Él negó con la cabeza, sería estúpida de mierda. La vio empujarle, o algo así, porque se estaba quedando sin fuerzas. Algo que Sougo jamás podría haber imaginado ver en ella. Era asqueroso ver a su rival así. Bajó la cabeza, viendo su cara, y confirmó que debía hacer lo que llevaba minutos pensando.
Más bien, lo que llevaba pensando desde que había llegado. Ella tenía mala cara, y sumado a su cansada respiración y cuerpo un poco frío… Que molesto. Danna debía de pagarle bien por ocuparse de su hija. Los novios no hacían mierdas como esas; bueno, él no las hacía.
Sujetó bien su chaqueta a ella, haciendo que la pelirroja posara sus manos sobre la misma y así no se quitase esta. Separándose entonces de ella, un paso más o menos, suspiró y la tomó de un brazo, comenzando a andar mientras tiraba de ella.
—¿Qué mierda… crees que haces, estúpido?
Aun si la escuchó decir eso, en un tono más bajo del que lo diría normalmente y frenándose casi a cada palabra, la ignoró de igual manera. Sin embargo tras dar dos pasos ella tropezó, pero él fue más rápido para ponerse a su espalda y bajar uno de sus brazos hasta sus piernas; el otro brazo le posó en su nuca.
Hizo la suficiente fuerza como para poder levantarla hasta llevarla al "estilo novia", algo que jamás hubiera imaginado. Cerró sus ojos por unos segundos, pensando ya en cómo conseguir una jodida venganza.
Se alegraba, a pesar de todo, de no haber estado tanto tiempo como el que ella llevaría fuera. También hubiera estado igual de mal y quizá ambos hubieran enfermado; eso sería algo demasiado penoso. Dos de los tipos más fuertes de Edo muriendo de manera tan triste.
Oh, ni hablar.
—No te quites mi chaqueta, china —suspiró, apretando su cuerpo contra él; inconscientemente—. Solo estoy cumpliendo con mi deber. El Shinsegumi quedaría mal si una mocosa muriera por una simple tormenta.
Ella le golpeó en el pecho, obligándole a dar un paso hacia atrás. Después la vio intentando quitarse la chaqueta, cosa que él no permitió apretándola contra él. Una mano estaba tras su nuca, y, al fin y al cabo, ella no tenía la fuerza suficiente para ello. La muchacha, al verse en clara desventaja, apretó entre sus manos el chaleco del oficial de policía.
—No me gustan los príncipes, sádico.
—No hay ningún príncipe aquí, deja de ver tus telenovelas rosas, china.
—Idiota… Entonces, ¿qué mierda eres tú?
—Un policía cumpliendo su deber. Eres una inmigrante ilegal en Edo, solo serían problemas tu muerte, china.
—Aclárate, sádico —él levantó una ceja antes de dar un paso—. Creía que era tu novia.
Okita Sougo no creía que eso estaba pasando en la realidad. La miró sorprendido, entre mechones de su cabellos aguados. Pero ella no le miraba, es más, tenía los ojos cerrados mientras se apretaba contra él. El castaño sonrió levemente, comenzando a andar con ella en brazos hacia la Yorozuya.
—Que estúpida eres. Cállate, y sujeta bien mi chaqueta; te mataré si la pierdes —inconscientemente, los pies de Sougo se movieron más rápido; se dio cuenta de que la Yorozuya no estaba tan lejos como creía y que así podía librarse cuando antes de cargar a esa marimacho—. Me es difícil cumplir mi deber contigo, china.
Siempre le fue difícil.
Al fin y al cabo, un novio "normal" se preocuparía más por la china que él. Porque tendría sentimientos fuertes por ella; o alguna cosa así. Porque la acompañaría a su casa todos los días. Porque la daría besos cada vez que la viese. Porque en esa situación correría con ella por ayuda, ya que temería por su vida por una simple fiebre.
Sin embargo él no era normal; ellos no eran normales. No corría por aquello, ni por ninguna estupidez sentimental que cualquiera pensaría en esa situación. Tampoco tenían nada que ver los inexplicables latidos rápidos de su corazón. Ni por supuesto los pequeños brazos de ella rodeando su cuello y casi aplastándole. Intento de asesinato, supuso.
Solo corría por Kondou-San, por Edo y porque el Danna dejase de esconder el paraguas de la china. Era molesto ir a recogerla cuando estaba en problemas. Por ello sería la primera y última vez, ya que la próxima no correría. Solo patrullaría en la misma calle en la que ella pasease.
Así se aseguraría de cumplir su deber.
A pesar de que le fuese difícil hacerlo. Si algo pasaba, que Hiji-bastardo se ocupase. No podría estar pendiente de todo, ni de todos. Su deber de novio también necesitaba atenderlo de vez en cuando.
Que difícil le ponían el cumplir su deber como Capitán del Shinsegumi, como Okita Sougo.
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S&K
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Seh, no sé resumir:). Fhqioqidjfhiwosdf. Y me hubiera quedado más largo, pero me dije meh; que sueño, joder. Hfdjwiowpockf, espero que se me haya comprendido todo lo que quise decir. Opino que Sougo es un hermoso orgulloso, y en su mayoría quise mostrar eso aquí. Amo escribir de él, la verdad.
Espero que de veras os haya gustado y gracias por los reviews a los hermosos guest que me comentaron:3. Caritas sonrientes para todos, hermosos.
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Guest: me alegro que te haya gustado fghjikolp.
lu89: Que bueno que te gustase, aquí está la conti ghjklñ.
mi-chan: ghjklñ, me hace muy feliz que os haya gustado de veras.
i love okikagu: hvf2iowd, me hiciste muy feliz. Estaba puto nerviosa y parece que me salió bien. Me alegro mucho.
mitsuki: de nada sdtbhuijyk. Me alegro que te gustase.
Anonymous D: me alegro hjkfdlsa.
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Y sí, es el puente OkiKagu:'3. Uhyu2iwospwojdc. Putos feels.
Se despide TemariAckerman06.
