Canción: Solo a terceros.

Artista: Panda (pxndx)

Pairing: Jaime y Cersei Lannister.


[Tal vez no sucedió
Tal vez esto sea una ilusión
Tal vez sea una obra dramatúrgica
Con actores y tú eres la principal
Y este de abajo... es tu secundario
¡Inició la función!]

No te he sido infiel jamás. Para mí, siempre fuiste la única mujer que existió. Ni aunque frente a mis ojos desfilaran cien bellezas de las Islas del Verano y de Lys, te cambiaría por alguien. Eres mi gemela, mi otra mitad. Compartimos desde el vientre hasta el seno de mi madre y la cama. En todos los sentidos de la palabra, bien lo sabes. Te hice suspirar de placer tantas veces que he perdido la cuenta de en cuántas ocasiones gritaste mi nombre casi entre sollozos. Te amo, aunque seas mentirosa y manipuladora, aunque ahora me parezcas más falsa que nunca. El retumbar de los caballos me dice esas fatídicas palabras una y otra vez, una y otra... no me dejan dormir. ¿Sabes? Y no sé si creerlo, porque Tyrion estaba despechado. Le conté lo de la puta… bueno, lo de la no puta. y me dijo… quizá te parezca una idiotez, como al principio me lo pareció a mí. Pero ahora que te veo, y descubro el cinismo de tu sonrisa, la ironía de tu mirada, no puedo evitar que el interrogante pase por mi mente. En nuestro telón la principal, eres consciente de cuánto te adoro, Cersei. Pero siento que te aprovechas de eso. astuta... vívora.

«Ha estado follando con Lancel y con Osmund Kettleblack y, por lo que yo sé, puede que se tire hasta al Chico Luna...»

[¿Qué pasará al final de este drama sexual?
¿Valdrá la pena esperar al final?
Me agrada sentir dolor
Ven a contármelo.]

La torre de la Espada Blanca jamás me parece tan silenciosa, tan opresora, como cuando el hijo de puta de Osmund está fuera, protegiéndote. Protegiendo a Tommen, nuestro… digo, tu hijo. De veras que siempre has odiado que le preste más atención de la debida al chico. Se parece a mí (al menos, tiene mis ojos y mi pelo) y eso es peligroso, aún más que le haga caras. Te has encargado, astuta y sagaz como eres, de que ni le tenga estima al niño. Pero no puedes evitar que te ame, Cersei. Desde que fuimos niños este sentimiento puro, grande, intacto, crece en mi pecho y casi me ahoga. Siento que me estrangulan los celos, como mató el lazo a Brandon Stark cuando intentó salvar a su padre; pero en mi caso no tiene fines nobles. Si me engañas, quiero que me cuentes. Ya no me tocas porque el muñón en que mi mano se convirtió, te da asco. ¿Qué, acaso solo valía mi mano de la espada, hermanita? Kettleblack tiene dos. ¿por eso me suplantaste? Y es que no puedo verlo. Es insano, es asquerosamente insano tenerlo cerca y saber que compartió tu cama, que te hizo gemir de placer y anhelo como solo (o eso creo) había hecho yo. robert fue mi carma desde que te casaste. Pensé que después de su muerte, solo serías mía. Pero al parecer pensé mal pues te quedaste mirando las ruinas humeantes de la torre de la Mano con él y quién sabe cuántos encuentros furtivos has tenido. ¿Debería preocuparme tanto? La respuesta es sí, hermanita. Y míralo, acá viene. Lo mataría si pudiera. Me pican los dedos perdidos.

«Ha estado follando con Lancel y con Osmund Kettleblack y, por lo que yo sé, puede que se tire hasta al Chico Luna...»

[¡Que quiero escucharlo!
Quiero escucharlo!
Pones tu cara de querer decir lo siento.
El te dejó sin aliento.
¡Quiero escucharlo!
Tienes talento para dar placer
¡Pero sólo a terceros!]

«...con Osmund Kettleblack y, por lo que yo sé, puede que se tire hasta al Chico Luna...»

Te miro y estás radiante como siempre. Más hermosa que nunca. Mentirosa como tú sola. sonríes, te paseas por la sala del consejo y te sientas casi a la cabeza. La reina regente hablará y tu consejo de inútiles y lamebotas balarán como ovejas a tu son. Eso siempre te gustó ¿no? Manipular, llevar todo al ritmo que impusieras. En la cama eras igual, sea lo que fuese que yo te hiciera, terminabas con el control de la situación y al final era yo el que te extrañaba. Sonrío yo también, bajo mi barba que tiene algunos mechones más blancos que dorados. Me da gracia que a pesar de todos los cambios que he advertido en ti desde que nos separamos (otra vez… como si no lo hubiesen hecho cientos de veces nuestros padres), lo que más me gusta permanezca allí, bien oculto bajo la mirada casi juguetona que le diriges a Aurane Mares. Vamos, que hasta yo me doy cuenta de cómo se miran entre ambos, como si hubiera un hilo de complicidad o se supieran un chiste secreto. A lo mejor hasta es el mismo chiste que le cuentas a Osmund Kettleblack en la alcoba, hermana. O los que le contabas a Lancel cuando te derramaba la semilla en el vientre. Sí, lo sé, maldita sea. Lo descubrí en Darry, él me lo contó. ¿Cómo pudiste? A mí ya no me tocas porque no tengo mano, pero a ese muchacho con olor a leche, bien que te lo llevaste a la cama. ¿Por qué no puedes darme lo que quiero? sí, me gusta tu voz y hasta tu desprecio, pero prefiero lo que hay entre tus muslos. Ahora se lo das a otro, y créeme que no es justo.

[¿Cómo se sintió al tocar alguien que no era yo?
Al rozar las sábanas con alguien más
Sé que pensaste en mí
¡Espero que lo hayas gozado!]

Mientras estuve prisionero en Aguasdulces, me parece que bien la pasaste, en tanto yo me ahogaba en mierda, lágrimas contenidas y conjeturas. El carcelero era bastante cruel conmigo y cada vez que me decía que el Joven Lobo te había violado me daban ganas de atravesar una y otra vez a Robb Stark con mi espada. Eso era cuando tenía mano, por supuesto. cuando me querías por mi valía, porque lograba deslizar mi diestra entre tus muslos y arrancarte suspiros extasiados. Como te dije, he oído lo que Lancel tenía para decirme. Ahí sí que sentí picor en los dedos. Créeme, los Siete a quienes tanto adora debían estar realmente de su lado al mandarme allí sin mano. el chaval tiene la culpa, es lógico, pero no logro comprender por qué decidiste acostarte con él habiendo tantos en la Fortaleza Roja. ¡Vamos! Tiene el pelo color arena, no rubio, no soy yo y nunca lo sería, hermana. No sé si pretendías llenar tu lecho vacío con un Ser estafermo o… reemplazarme ya que me dabas por muerto. Cualquiera de las dos duele exactamente igual. Ahora, sentado en mi silla de Lord Comandante, me pregunto si lo disfrutaste tanto como decías que disfrutabas conmigo. ¿Gritaste su nombre o el mío cuando llegaste al final? ¿Te hizo de todo? ¿Incluso aquello que solo te hacía yo? (tú sabes de lo que te hablo, Cersei). Ahora veo más ciertas que nunca las palabras de Tyrion. Terribles son, lo sé; pero verídicas.

«Ha estado follando con Lancel y con Osmund Kettleblack y, por lo que yo sé, puede que se tire hasta al Chico Luna...»

[Y aunque nunca te alejaste de mí
Siempre existió temor, que cometas fraude, mi amor
Y ahora comprendo que mi corazón
Merece una explicación
¡Ven a explicárselo!]

«...Osmund Kettleblack y, por lo que yo sé, puede que se tire hasta al Chico Luna...»

A veces pienso en encararte, sin payasadas. Siempre fui un hombre más de acción que de habla, no tuve problemas jamás (ni lo tendré, aún si la mano me falta y tengo que pelear con la inútil izquierda) cuando de enfrentar a un enemigo se trata. Pero tengo miedo, tanto me ha costado la paz que temo propiciar la guerra entre ambos. No obstante, que no lo haga no quiere decir que las dudas no estén ahí. Sigues sin tocarme, ni dedicarme siquiera una sonrisa de esas cálidas que encendían mi sangre y me dejaban dispuesto para la noche. Tu mascota Myriense, cuyo nombre no recuerdo ¿Tanda? ¿Tanba? ¿Taena?... ella, pasa contigo. La veo entrar a tu habitación, salir de ella, siempre con una copa de vino y dando un paso que es caminata e invitación a la cama al mismo tiempo. No sé si me invita a mí o… la otra posibilidad realmente es aterradora. Margaery se rodea de sus damas (de hecho, tu nueva amiga es una de las suyas), pero me parece que contigo la myriense tiene un vínculo especial. Entonces yo a veces tengo que quedarme fuera cuidando a Tommen mientras ustedes ríen de algún chiste que ella haya contado o viceversa, tus rizos rubios contrastando con el lacio y espeso pelo de ella, tus ojos verdes y los suyos negros encontrándose. Y siento tal repugnancia que aparto la mirada, con una expresión un poco asqueada. Tú solo sonríes, como diciéndome que luego hablaremos, y te vas con ella del brazo, como si hubieran nacido pegadas. Una buena doncella, manifiestamente. Tenía ganas de reír y llorar, sin embargo, no hice nada de eso. me colgué la capa y mis dudas, me dirigí hacia el otro pasillo y me perdí de vista. Al demonio con las preguntas que tuviera para responder. Ahora estás con tu amiga, no te voy a molestar.

[No me arrepiento de siempre dudar
Cuestionar tu fidelidad, y hasta tu forma de mirar
Y la amargura futura soy yo
El siempre presente yo
Pues no quiero perdérmelo.]

Le toca esta noche hacer guardia ante tu puerta a Osmund Kettleblack. ¿Conoces las palabras secretas, no? Yo te las repetiré, por si se te han olvidado: «Ha estado follando con Lancel y con Osmund Kettleblack y, por lo que yo sé, puede que se tire hasta al Chico Luna...». No, es imposible que a mí se me olviden. Quedaron gravadísimas a fuego en mi corazón y mi mente de amantes. Cersei, maldita seas, no te fui infiel nunca. Incluso en Harrenhal, cuando vino Pia a mi cama, la rechacé a pesar de estar dispuesto para una noche de sexo luego de meses de abstinencia en los calabozos de Aguasdulces. La única mujer que logra excitarme eres tú, aunque evidentemente no soy yo el único hombre. Cuando no estaba y tenía que ausentarme (ya sea por la prisión, ya sea por el asedio a Aguasdulces) podías tener más libertad con todos tus amantes. Hoy, no. Hoy estoy contigo, vigilando cada uno de tus movimientos. Hoy tengo la espada en la cintura, dispuesta para mancharla de rojo, y ahora mismo me dirijo a tu habitación. Es que quiero verlo con mis propios ojos, comprobar si es tan cierto como se me aparece en mis pesadillas. ¿Te arañará el pecho, aquel vello negro de Osmund? ¿Te gustará la presión de sus manos grandes y firmes? ¡Dímelo, maldita sea! ¡Dímelo!

[¡Y quiero escucharlo!
¡quiero escucharlo!
Pones tu cara de querer decir lo siento
Que ya caes en lo burlesco
¡Quiero escucharlo!]

Tu habitación está cerrada a cal y canto, pero no hay rastro de Osmund en la puerta, donde debería estar. ¿Hace una protección especial desde dentro? Interesante, igual como hacía yo cuando estabas casada con Robert. No puedo contenerme, mi corazón late rápido y siento que hoy, o confirmo mis temores o veo esto como una pesadilla lejana, un simple y estúpido ataque de celos luego de tantos meses sin vernos. A lo mejor decayó mi autoestima de amante al haber perdido la mano de la espada, qué sé yo. pero tal vez es verdad… esa posibilidad me aterra y enfurece. No toco la puerta; no quiero interrumpirte, sea lo que sea que hagas allí dentro con él. Tomo mi navaja con la mano izquierda, admito que me cuesta un poco pero logro abrirla. Y lo que veo me deja de piedra. ¡Es verdad! Zorra mentirosa, es cierto. Alcanzo a ver tu cara desde detrás de un fornido hombro Kettleblack. El pelo negro de tu amante se le pega de sudor en la frente, tiene la espalda húmeda y te embiste con pasión. Al sentir la puerta abrirse se detiene y gira por completo, entonces puedo verte entera. Llevas la corona puesta, como si te hubiera pedido especialmente que no te la quites. Te ves hermosa así, cubierta de sudor y con las mejillas rojas. Me recuerda tanto a las veces que yo mismo lo hice, que no puedo respirar. Abres la boca e intentas explicarme. Me dices que necesitabas un servicio de este hombre, que esto no es lo que yo pienso. Te equivocas, sí es en parte lo que yo pensaba… aunque no es el Kettleblack correcto. Éste es más joven y tiene tres cicatrices tenues en la mejilla. Hijos de puta. los tres malditos mercenarios, hijos de… no puedo conmigo, Cersei. Simplemente no puedo. Desenvaino mi espada y veo que Osney (¿Se llama así, no? ¡Tú debes saber su nombre! ¡Te lo follas a menudo!) se queda mirándome con expresión de horror. Se ve que no trajo su arma para defenderse porque no pensaba que los descubriría, me da igual atacar a un hombre desvalido. Avanzo hacia la cama con paso de pantera, seguro de lo que voy a hacer. Intentas tranquilizarme con una sonrisa, pero yo te dibujo una más profunda en la garganta. Mierda. Te ves hermosa de rojo y dorado ¿alguien te lo había dicho? El pelo se te tiñe, toses, te ahogas y te quedas quieta, sonriéndome. Yo también río de mi propia ironía. Soy el Matarreyes y Matarreinas. Mi honor vale mierda ¿Verdad, hermanita?

Y así, riéndome, fue que me encontraron.

«Ha estado follando con Lancel y con Osmund Kettleblack y, por lo que yo sé, puede que se tire hasta al Chico Luna...»

«Ha estado follando con Lancel y con Osmund Kettleblack y, por lo que yo sé, puede que se tire hasta al Chico Luna...»

«Ha estado follando con Lancel y con Osmund Kettleblack y, por lo que yo sé, puede que se tire hasta al Chico Luna...»

[Tienes talento para dar placer
¡Pero sólo a terceros!]