Muchas gracias a todos por la acogida que ha tenido este fic. Me ha hecho muy feliz cada uno de vuestros comentarios.

Gracias de verdad por darle una oportunidad a esta mini-historia y solo me queda decir que... ¡larga vida a digimon y por extensión al sorato!

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DIÁLOGOS DE HOGUERA

~ Entre las dunas del continente Server~

Las llamas quedan en medio del grupo, otorgándoles su protección.

Hace demasiado tiempo que se encuentran más perdidos de lo habitual, ya no saben que hacer, están agotados y hasta deprimidos.

A duras penas pero desde el más pequeño del grupo hasta el mayor han logrado ir conciliando el sueño.

Todos menos ellos dos, los que desde que Taichi desapareció han tomado las riendas del grupo, a pesar de que no están demasiado de acuerdo en la forma de actuar del otro.

La hoguera les impide mirarse a los ojos, como casi todos estos días en este largo mes.

No llegan a cruzar demasiadas palabras y cuando lo hacen es solo para evidenciar sus desacuerdos.

El rubio niega y suspira al cielo, invocando que por fin su amiga entre en razón, vuelva a ser la racional, a preocuparse por el grupo.

Pero no, ella solo se preocupa por él, lo ve sin necesidad de mirarla.

Por un momento siente una profunda rabia, preguntándose si estaría así de disgustada y hundida si hubiese sido él quien hubiese desaparecido sin dejar ni rastro.

Si hubiese sido él quien se hubiese auto inmolado en un arrebato heroico.

Entonces lo maldice por ser tan suicidamente valiente, por salvarlos, pero sobre todo, por haber desaparecido dejando en ese estado a Sora.

La chica de la eterna sonrisa ya no sonríe desde entonces.

-Creo que deberíamos volver a cruzar el mar, puede que se transportase de alguna forma de nuevo a la Isla File, como cuando vinimos a este mundo.- piensa en voz alta, porque de sobra conoce la respuesta de Ishida.

-Si fuese así ya habría encontrado la forma de venir aquí, ¿no crees?.- responde con frialdad.

¿Por qué todas sus conversaciones tienen que ser monotemáticas?

-¡Pero igual no sabe donde está!.- trata de buscarle una lógica.- Taichi es un despistado o… igual ha perdido la memoria y está vagando por vete a saber donde sin tener ni idea de quien es.- busca una solución desesperada.

El rubio entrecierra los ojos y chasquea la lengua molesto, haciendo competencia con las chispas del fuego.

Está a punto de decirle lo que piensa, la probabilidad que él ve más clara, pero en el último instante se muerde la lengua.

No quiere que sufra más, que se culpe más.

-Fue Taichi el que eligió ir a esa masa de energía oscura de Etemon. Tú no tienes la culpa, deja de responsabilizarte de los actos temerarios de ese idiota.- masculla enrabietado.

Hace un esfuerzo y reprime las lágrimas, porque él también lo echa de menos, él también lo quiere.

Lo que no se esperaba era que Sora se pusiese en pie y lo mirase con una furia inaudita, haciendo competencia con el intenso fuego.

-¡No vuelvas a referirte a él de esa forma!

Cierra los puños y los ojos y Yamato también se levanta porque lo odia, ahora lo odia porque ella le está gritando por su culpa, porque desde que desapareció no ha podido volver a tener una de esas agradables charlas con Takenouchi, porque quiera o no es un completo idiota.

Aprieta los dientes dispuesto a callarla, pero quien calla es él porque ve sus lágrimas.

Afectado y sin saber como actuar da unos pasos hacia atrás. Su rabia es historia, porque en ese instante solo desea abrazarla y calmarla.

-No lo entiendes...- balbucea entre lágrimas que seca con su puño.- él me salvó la vida, cuando caí me sujetó, sin embargo él fue arrastrado y yo no hice nada, no lo sujeté… y se ha ido, y no voy a poder volver a estar en paz hasta que lo encuentre, ¿por qué no puedes entenderlo?, ¿acaso no era tu amigo?

El rubio tiene un nudo en la garganta y en el corazón. Está a punto de contagiarse de las lágrimas de su amiga pero logra controlarse.

Asiente, mientras retoma su asiento, incapaz de seguir viendo la cara descompuesta de Takenouchi.

-Lo entiendo.- dice pausadamente, contemplando, como tantas noches en ese mundo, el fuego.- para mí también es importante, pero ahora no está y el grupo necesita que estemos serenos.

Sora, un poco más calmada, también toma asiento, viendo entre el fuego únicamente los cabellos rubios de su amigo.

-Lo que el grupo necesita es a Taichi.- dice y Yamato lo siente como un puñal ardiente en su corazón.

Y lo peor es que no puede comprender por qué, ¿por qué le tiene está rivalidad?, ¿por qué pensó que podría sustituirlo en el grupo?

-No voy a dejar de buscarlo.- dice con determinación y el rubio sabe lo que eso significa.

-Yo no puedo poner en peligro a mi hermano.

-Lo entiendo.

Suena a despedida, es un hecho, Sora prefiere mil veces seguir buscando a lo loco a Taichi que quedarse con él y cuidar del grupo.

Eso duele, quema, pero también lo entiende y le hace enternecerse, sintiendo una profunda envidia de esa amistad.

Sin embargo, no está dispuesto a dejarla marchar tan fácil, no por egoísmo, sino por ella. Puede ser peligroso y ya la perdió una vez cuando Datamon la secuestró, no quiere arriesgarse a perderla de nuevo.

-¿Y que hay del grupo?.- musita con un ápice de esperanza.- de mi hermano, de Mimi…

La chica se tensa y suspira. Es una decisión difícil la que va a tomar, sabe que es muy probable que sus amigos no la perdonen pero también es consciente de que no podrá volver a ser ella misma hasta que encuentre aunque sea una mínima pista del paradero de Yagami.

-Seguro que tú los cuidas muy bien.

El rubio gira la cara, ni su patético intento de chantaje emocional ha servido para hacer que Takenouchi cambie de parecer y olvide por un instante al moreno.

Se siente ridículo, impotente y abandonado.

-Yo no sirvo para cuidar nada, para mantener unido nada.- dice con amargura y Sora lo escucha y le producen dolor esas palabras.

Le gustaría consolar a su amigo, pero se siente incapaz de consolar ni ayudar a nadie hasta que no se haya consolado a sí misma.

-En estos momento yo tampoco.- comenta con la voz un poco quebrada.

Ishida oye como se aspira los mocos y deduce que está de nuevo llorando.

Esto es demasiado difícil para ella y él en vez de apoyarla le pone más obstáculos.

Es egoísta, lo sabe, pero se siente incapaz de estar un segundo en este mundo sin ella.

Un silencio sobrecogedor se cuela entre ellos, mientras el fuego disminuye sin que ninguno de los dos haga nada por evitarlo. Si sigue así, pronto acabará extinguiéndose y se encontrarán en las más profundas tinieblas.

De hecho, todavía el fuego está vivo y ellos ya se sienten en ese lugar.

Lo bueno, que en este caso no es tan bueno, es que con el fuego más disminuido pueden mirarse a los ojos, en donde Yamato puede ver tristeza, culpabilidad y un inquietante vacío.

No brillan, no son cálidos, no trasmiten amor.

Lo que se encuentra Sora es también tristeza, pero este sí que trasmite otros sentimientos más fuertes como el resentimiento.

Seguramente no se lo diga, pero en estos momentos la está odiando por la decisión que va a tomar.

Takenouchi es la primera que aparta la mirada.

-No dejes que se separe el grupo.- pide, como un último deseo.

Yamato ríe de forma irónica, en realidad lo hace para no llorar, ni suplicar.

-Por eso no dejo que te vayas tú.

Sora se mantiene en su posición habitual, abrazándose las piernas contra sus pecho, con la mirada perdida en ese débil fuego.

Cierra lo ojos.

-Lo siento, siento decepcionarte pero es algo que tengo que hacer.

Y Yamato ya no quiere escuchar más, se levanta, dispuesto a echarse junto a su compañero, no sin antes mirar atentamente a la pelirroja.

-¿Lo ves?, siempre todo el mundo se acaba marchando, por eso es mejor no encariñarse.- suspira, mirando al cielo, a esas estrellas que se observan desde ese árido trozo de tierra que ya se sabe de memoria de tantas noches observándolas. Luego vuelve a mirarla a ella y sonríe, con tristeza, pero con el corazón.- lo triste es que por un momento creí que contigo sería diferente… que tengas suerte, Sora.- dicho esto se da la vuelta y se promete no volver a mirarla porque está seguro que haría lo imposible por no dejarla marchar.

Ella queda estática durante varios minutos, la hoguera ya está reducida a cenizas y ella sigue inmóvil.

Se siente despreciable, siente que lo ha hecho, que quiso que él se quitase su coraza ante ella y como todo el mundo lo ha abandonado, le ha hecho daño.

Alza la mirada empapándose de los puntos brillantes del firmamento que también conoce a la perfección.

Entonces duda, tienes la tentación de echarse atrás, de quedarse junto a Yamato y los demás, de seguir su teoría, porque al fin y al cabo, si Taichi está ahí es más seguro que él los encuentre a que ella le encuentre a él, pero solo dura un segundo, menos aún, una milésima.

Porque Taichi no está, no sabe que ha sido de él y solo podrá descansar hasta que lo encuentre.

Pasa varias horas más en vela, pero la decisión está tomada desde hace rato y esa noche, abandona el grupo junto a Piyomon.

Pese a que no se ha movido en ningún momento, Ishida ha estado en vela con ella, rezando porque al final se quedase a su lado. Quisiese hacer las cosas a su manera, seguirlo a él por una vez.

En su interior sabía que eso no era un posibilidad, pero la esperanza le había hecho permanecer despierto todas estas horas.

La oye marchar, incluso dedicarle unas palabras a su hermanito. Piensa en Takeru y se enfurece por lo mucho que le va a afectar esta nueva separación, aunque una vez más, usará como tapadera a Takeru para esconder sus propios sentimientos.

Se siente abandonado, pero sobre todo triste, muy triste, porque de nuevo la ha perdido, la chica de la eterna sonrisa ya no descansa a su lado, ya no podrán continuar sus preciados diálogos de hoguera, ya no habrá nada que le proporcione calidez en estas frías noches del Digimundo.

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Publicado:8/08/2012