Disclaimer; Exto es una adaptación del libro "Eternidad" de Alizon Nöel. Los personajes son de Naruto, Naruto pertenece a Masashi Kishimoto.


Capitulo Uno [1]


- ¿Quién soy? – Tenten aprieta con fuerza sus palmas cálidas y húmedas contra mis mejillas mientras el deslustrado borde de su anillo plateado de calavera deja una marca negra en mi piel. Y, aunque tengo los ojos cerrados y tapados, se que lleva el cabello teñido de negro peinado con la raya en medio, que se ha puesto su corsé de vinilo negro encima de un jersey de cuello de vuelto (según normas del instituto), Que su nueva falda negra de satén, que llega hasta es suelo, tiene ya un agujero en el bajo porque se la ha pisado con las botas Doc Martens y que sus ojos parecen dorados porque lleva lentillas amarillas.
También se que su padre no se ha marchado por "asuntos de negocios" como dice; que el entrenador personal de su madre es algo más que un "entrenador personal" , y que su hermano pequeño le ha roto el CD de Evanescence, aunque tiene demasiado miedo para decírselo.
Sin embargo, no he averiguado nada de todo esto espiándola ni vigilándola, ni tampoco me lo han dicho. Losé porque tengo poderes psíquicos.

- ¡Venga, Adivínalo! ¡El timbre esta apunto de sonar!- exclama. Su voz suena ronca e irritada, como si fumara un paquete de cigarrillos al día, aunque lo cierto es que solo ha fumado una vez.
Yo sigo callada mientras intento pensar en la persona con quien menos le gustaría que la confundieran.
- ¿Eres Nana Mizuki? -
- ¡Uf! Prueba otra vez. –Me aprieta con más fuerza, sin tener ni idea de que a mí no me hace falta ver para saberlo.
- ¿Eres Marilyn Manson?-
Tenten ríe con ganas antes de soltarme. Se aparta y se lame el pulgar para borrarme el tatuaje que me ha dejado su anillo en la mejilla, pero yo le aparto la mano de un manotazo. No es que me de asco su saliva (quiero decir que sé que está sana), lo que pasa es que no quiero que me toque de nuevo. El contacto es demasiado revelador, demasiado agotador, así que intento evitarlo a toda costa.
Mi amiga me agarra la capucha de la sudadera y me la aparta de la cabeza. Entorna los parpados al ver que llevo puesto los auriculares y pregunta:
- ¿Qué estas escuchando?-
Busco en el interior del bolsillo que he cosido para el iPod en todas las capuchas y que sirve para ocultar los inevitables cables blancos a los ojos de los profesores; luego le ofrezco el reproductor y observo como abre los ojos de par en par.
- ¿qué demonios…? ¿Por qué narices tienes el volumen tan alto? ¿ y quién es ese? –pregunta.
Deja los auriculares del iPod colgando entre las dos para que ambas podamos escuchar a The Gazette gritando algo sobre la anarquía en el reino. La verdad es que no sé muy bien si están a favor o en contra de la anarquía. Lo único que sé es que el volumen esta lo bastante alto para embotar mis agudizadísimos sentidos.
- Es The Gazette – le dijo al tiempo que apago el reproductor y vuelvo a guardarlo en su compartimento secreto.

- Me sorprende que me hayas oído siquiera…..- Tenten sonríe en el preciso instante en que suena el timbre.

Yo me limito a encogerme de hombros. No me hace falta "escuchar" para "oír". Aunque no pienso admitir eso delante de ella. Solo le dijo que la veré a la hora del almuerzo y me dispongo a cruzar el campus para dirigirme a clase.
Me dirijo hacia mi asiento, al fondo del aula y trato de evitar la mochila que Temari No Sabaku ha colocado de forma deliberada en medio de mi camino; mientras paso, hago omiso de la serenata diaria de " ¡FRACASADAAA! " que ella canturrea entre dientes. Después me siento en mi silla, saco de la mochila el libro, el cuaderno y el bolígrafo, me pongo los auriculares, me subo la capucha de la sudadera, dejo la mochila en el sitio vacio que hay a mi lado y espero a que aparezca el Sr. Jiraiya.
El Sr. Jiraiya siempre llega tarde. La mayoría de las veces su retraso se debe a que le gusta dar unos cuantos tragos a su pequeña petaca plateada entre clase y clase, algo que es consecuencia de que su mujer no deje de gritarle, de que su hija lo considere un inútil y que deteste la vida que lleva. Descubrí todo esto el primer día de clases mientras le entregaba el formulario de traslado. Desde ese día, siempre que necesito entregarle algo lo dejo en el borde de su mesa.

No siempre eh sido bicho raro. Solía ser un adolecente de lo más normal. El tipo de chica que asiste a los viles del instituto y adora a los famosos; estaba orgullosa de mi larga melena negraazulada que jamás se me habría ocurrido recogérmela y ocultarla bajo una enorme capucha de una sudadera. Tenía una madre, un padre, una hermana pequeña llamada Hanabi y un labrador dorado llamado Fang. Vivía en una bonita casa en un buen barrio en Konoha. Era popular feliz, y me moría de ganas de empezar el nuevo año, ya que acababa de supera las pruebas para el grupo ANBU. Tenía una vida plena y mí único límite era el cielo. Y aunque esta última parte suena a tópico, era real, por irónico que parezca. Estos no son más que recuerdos porque, desde que tuve el accidente, lo único que puedo recordar con claridad es mi muerte. Los médicos creyeron que tenia es que llaman ECM, una "experiencia cercana a la muerte". Pero se equivocaron de lleno. Porque lo que experimente no es nada "cercano" a la muerte, puedes creerme. Mi hermana Hanabi y yo estábamos sentadas en el asiento trasero del todo terreno de mi padre; fang tenia apoyada su cabeza sobre el regazo de Hanabi y su cola pegaba contra mis piernas. En un instante todo el coche estaba hecho pedazos y yo lo observaba todo desde fuera. Contemple los escombros y me pregunte qué habría pasado esperando y rogando porque los demás estuvieran también ilesos. Después oí un ladrido familiar y cuando me di vuelta vi a todos paseando por un sendero; fang encabezaba la comitiva sacudiendo la cola. Fui tras ellos, al principio trate de correr para alcanzarlos, pero después aminore el paso y decidí quedarme atrás, cerré los ojos para sentir la bruma del paisaje a mi alrededor.
Me prometí que solo sería un momento, que no tardaría en seguirlos de nuevo. Pero cuando por fin volví la vista hacia ellos, apenas tuve tiempo para ver cómo se despedían con un gesto de la mano antes de cruzar un puente y desvanecerse.
Me asalto el pánico. Miré por todas partes. Corrí de un sitio a otro, pero todo tenía el mismo aspecto. Caí al suelo. Sentí el frio contra mi piel y mi cuerpo empezó a retorcerse. Lloré, grité, maldije, supliqué e hice promesas que sabía que jamás podría cumplir.
Y entonces oí que alguien decía:
- ¿Hinata? ¿Te llamas así? Abre los ojos y mírame.
Volví con gran dificultad a la superficie. Volví al lugar donde todo era dolor y miseria, donde sentí una herida palpitante y húmeda en la frente. Observé al chico que estaba inclinado sobre mí, contemple sus ojos azules y susurré:
- Sí soy Hinata.
Después volví a desmayarme…


¿Que les parece esta propuesta? :33 Actualizaré cada semana. Saludos

Chins up, Smiles on.