Capítulo 2: Dejando las cosas claras.

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Aquello era una película de terror, se dijo Sirius frotándose las sienes. Harry parecía una especie de montaña rusa de emociones: el día anterior, justo después de llegar al acuerdo de que no hablarían más de lo que había pasado esa noche, había estado el día entero llorando. Ahora, acababa de pasar Snape a su lado en el pasillo y Harry había salido corriendo, como si hubiera visto un fantasma. Y cinco minutos atrás, había sido incapaz de mirar a Sirius a la cara cuando él le había dicho buenos días.

— ¿Qué le pasa? — preguntó Snape sin verdadero interés. Sirius le miró pensando en lo insensible e idiota que debía de ser Snivellus para no darse cuenta de lo que le pasaba a su ahijado.

— Nada, Snivellus, nada.

Snape se encogió de hombros, restándole importancia, y se fue a duchar. Harry tenía dieciséis años, pensó Sirius y agregó con orgullo, y vive una vida como cualquier otro muchacho. En un mes volvería al colegio. Recordó entonces todo lo que había pasado hasta la fecha: James y Lily habían muerto, todo culpa de Voldemort, el treintaiuno de Octubre cuando Harry tenía un año. Él había pasado a ser parte de la familia Dursley y Sirius había sido condenado a cadena perpetua en Azkaban, acusado de cómplice del Innombrable mientras Snape entraba a enseñar en Hogwarts.

Luego, Remus, siempre hábil y espabilado, había encontrado a Peter, el verdadero traidor, y había sacado a Sirius de la cárcel. Les habían dado a ambos una Orden de Merlín, segunda clase, por su titánica labor de descubrir la verdad sobre los horrores de la Guerra Mágica. Sirius a día de hoy seguía pensando que se trataba sólo de una treta del Ministerio para que no les demandara. Y Sirius había conseguido la custodia de un Harry Potter de cinco años. Llevaban once años viviendo juntos y hasta que Harry no había entrado en Hogwarts a la edad reglada, Sirius no había sabido nada de su enemigo de la escuela.

Habían vuelto a ponerse en contacto cuando Harry se quejó de lo injusto que era en sus clases y Sirius decidió pasarse por Hogwarts a recordarle por qué se llamaba Canuto y por qué los Merodeadores eran los reyes del castillo. Y habían acabado con un grave problema de sábanas. El primero de muchos otros, pensó Sirius, observando la puerta del baño.

Ese mismo año y después de varios encuentros sexuales satisfactorios, Sirius consiguió convencer a Snape de salir del castillo y de los remordimientos y las viejas culpas. Ni siquiera supo por qué lo hacía, pero Snape abandonó su trabajo y se puso a hacer pociones. Voldemort nunca regresó y Harry se sintió un chico normal después de los dos meses reglamentarios de miradas de adoración a su cicatriz. Ahora era un muchacho normal, sin amenazas de por medio ni estúpidas conspiraciones. Sólo Harry a secas.

Y, según decía Remus jocosamente, ante el abandono por parte de Harry para ir a Hogwarts (era algo necesario) Sirius había buscado compañía. Y ahora tenía una relación para nada estable con Snivellus. Sirius sonrió con ironía: si de verdad fueran una pareja, serían un par de viejos a punto de divorciarse que se lanzaban indirectas y no tan indirectas a todas horas del día. Se lo pasaban peleando, insultándose y riñendo.

— ¿Sirius? — preguntó Harry. Sirius saltó de su posición con el hombro apoyado en el dintel de la puerta y observando el baño con una mirada embelesada y se puso alerta. — ¿Pensabas en Snape?

Para Harry había sido difícil de aceptar. Snape había sido siempre un auténtico cabrón cuando se trataba del pequeño Potter y al día siguiente estaba viviendo en su casa, con toda la naturalidad posible. A veces seguía llamándole Profesor Snape a falta del ya típico Señor Snape. Pero se había acostumbrado bien al cambio, a pesar de no entenderlo para nada hasta hacía un día.

— No, para nada. ¿Por qué iba a pensar en Snivellus?

— Porque estabas mirando de forma rara la puerta del baño, donde justamente está Snape duchándose. Parecías una especie de perturbado.

— Oh, Harry, no digas tonterías. No estaba pensando en Snivellus, por más que te empeñes. — Harry pareció dudar durante un segundo y luego comentó:

— ¿Por qué está él aquí? Entiendo que tengáis algo él y tú pero no os queréis, ¿no? Os pasáis el día peleando y discutiendo e insultándoos cuando creéis que yo no escucho. Es gracioso porque Snape siempre me ha parecido un capullo de primera, pero de todas formas…

— Eh, Harry, estamos hablando de Snape, ¿recuerdas? Snivellus, el grasiento murciélago de las mazmorras, el odioso profesor de pociones tuyo… ¿Cómo voy a quererle? — Y entonces Harry dijo una frase lapidaria que se quedó en la mente de Sirius:

— Se te nota en la cara que te mueres por él.

Harry se fue y Sirius continuó mirando la puerta, esta vez ya sin esa expresión de pervertido y con una de terror. ¿Cómo iba a quererlo? ¿Cómo iba a sentir algo por… Snivellus? Se frotó la frente, confuso y en esos momentos lleno de pánico por ver a Snape de nuevo y sentir los estragos del amor. Y, caído del cielo, Snape gritó su nombre desde el baño. Como perro al que llama su amo, Sirius acudió y metió la cabeza en el baño. Snape estaba empapado de agua y… Desnudo, muy desnudo.

— Tráeme una toalla, chucho. — demandó. Sirius le miró una última vez y le acercó una toalla del cuarto que no debían compartir. Se metió al baño junto con la toalla y Snape la quitó de sus manos:

— Eh, un poco más de respeto, Snape. Además de que te traigo la toalla, me tratas mal. — Snape alzó una ceja mientras se echaba la toalla a la cintura. — Creo que merezco un premio, ¿no?

Sirius se acercó, desplegando toda su sensualidad, y lamió el hombro del otro. Snape le pegó contra su pecho, mojándole la túnica, y con un movimiento rápido dejó la cabeza de Sirius bajó el chorro de agua helada. Snape rió, Sirius gruñó y Harry, espiando por detrás de la puerta, sonrió.

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Remus Lupin llegó a la semana siguiente de la noche de los hechos. Se había carteado con Harry al parecer porque sabía todo lo que había pasado y cuando Sirius abrió la puerta, lo primero que encontró fueron reproches. Como si se tratara de mamá gallina cuidando de su polluelo, Remus entró en Grimmauld Place, dejó su maleta en la cocina y cerró la puerta. Luego, se giró a ver a Sirius y empezó:

— Nunca jamás vuelvas a tocar una botella de alcohol, Sirius Black. — Sirius sintió un escalofrío al ver la mirada enfadada del hombre lobo. — Luego iré a decírselo a Snape pero de mientras, tú y yo vamos a hablar.

— Sólo fue un desliz, Remus, no volverá a ocurrir. — Remus había sido su consejero desde que había conseguido la custodia de Harry; criar a un niño él solo y sin su amigo aconsejándole y diciéndole lo que debía y no contarle habría sido un desastre. — No se lo digas a Snape, por favor. Le dije que no volveríamos a hablar de ese tema nunca más.

— Me da igual lo que le dijeras Sirius, volveremos a hablar de ese tema, como tú lo llamas. Y me va a tener que oír, quiera o no quiera. — Remus y Sirius se sentaron en las sillas uno frente a otro. — Entiendo que quieras tener compañía, estás en la flor de la vida y nadie te puede negar ese derecho, pero has tenido sexo con tu ahijado. Harry estaba… Bueno, afectado por un lado y contento por otro.

— ¿Eh? — preguntó Sirius haciendo una cara rara.

— Él cree que tú quieres a Snape. Y por eso me dijo que te ayudase a verlo y a conquistarlo, por supuesto. Sabes que Harry no tiene mucha experiencia con estas cosas del amor.

— ¡Yo no…! — dejó la frase inconclusa cuando vio la mirada furibunda de Remus. Con un mohín de disgusto repitió en voz baja. — A mí no me gusta Snivellus.

— Lo que tú digas. Eso lo hablaremos después. Primero, Harry se siente incómodo estando en la misma casa que tu compañero de piso, así que se irá a la Madriguera lo que queda de verano. Vendrá una semana antes de empezar el curso, dice que así podrá estar más tiempo con Ginny.

— ¿Queréis que eche a Snivellus de mi casa? — preguntó Sirius con una mezcla de sorpresa y disgusto. Remus sonrió y dijo:

— No, lo que Harry quiere es que resolváis vuestros asuntos y deje de haber tanta tensión en casa. Yo particularmente estaría feliz de ver a mi mejor amigo casado. — añadió Remus con voz angelical. Sirius arrugó la frente y se rió sin gracia antes de decir:

— Iré a ayudar a Harry a hacer la maleta.

Remus sonrió y le siguió con la maleta en la mano. Solía visitar asiduamente la casa de Sirius así que tenía incluso un cuarto permanentemente para él. Dejó la maleta encima de la cama y volvió a salir de su habitación. Hora de hablar con Snape, se dijo mientras sonreía y bajaba al sótano. Siempre estaba encerrado allí desde que Sirius y él había empezado a vivir juntos. Bajó las escaleras despacio, intentando no caerse y luego llamó a la puerta. Esperó pacientemente a que Snape le dejara pasar y finalmente escuchó su voz amortiguada:

— Adelante, Lupin. — Remus sonrió, recordando que Snape siempre parecía saber cuando era él el que estaba detrás de la puerta. No se sorprendió, Sirius nunca llamaba y Harry seguramente no bajaría. Qué poca educación tenían esos dos, pensó con un suspiro.

— ¿Sabes a lo que vengo, no Severus? — Snape seguía a lo suyo, con su caldero y sus mejunjes. Apenas levantó la vista para afirmar con la cabeza y Remus suspiró. Con Sirius sabía cómo hablar pero nunca había llegado a tener que hablar con Snape sobre… Sexo.

— ¿Es sobre el tema tabú?— preguntó en tono jocoso Snape. Dejó de lado su poción y dijo con resolución. — No volveré a tocar a Potter si es lo que te preocupa. Eso fue un error del que me arrepiento profundamente.

— Bien, vale, me alegra que lo hayas comprendido, Severus. — Remus pasó la mano por la mesa de trabajo de Snape sin saber qué más decir hasta que le informó. — Me voy a quedar una temporada aquí.

Snape ya no le escuchaba, pudo constatar Remus mientras miraba cómo se enfrascaba de nuevo en sus mejunjes. Se despidió rápidamente de él sin esperar una respuesta que no llegó y salió de nuevo a la entrada de la casa. El retrato de la adorable señora Black agitó las cortinas pero siguió callado y Remus se sonrió mientras subía al primer piso, a la habitación de Harry. Se quedó parado en la puerta escuchando cómo Sirius susurraba como un mantra un 'Yo no estoy enamorado de Snivellus' mientras recogía la ropa de Harry. El chico sólo sonrió doblando los calcetines y comenzó a tararear una canción.


Nota de Autora: el próximo capítulo será colgado el Domingo día 13 de Mayo (es decir, este domingo) por causas de fuerza mayor. Esta historia NO es un trío aunque pueda parecerlo en sus principios; lamento si eso les echó atrás XD

Paladium