El corazón de la bestia
Capitulo II: negocio de esclavos
Un corazón se llena de tantos sentimientos cada uno se va tejiendo hasta tomar forma y fortalecerse, buenos o malos siempre se esconden, mientras crecen pero nunca desaparecen; varias noches habían pasado por aquellos ojos tristes y esperanzados, la tristeza había crecido pero la esperanza disminuía cada vez que aparecía la luna.
"Por favor Kagome atiende a la puerta…"
-Kagome: Si señor Mioga.
Ya habían transcurrido 10 años de aquella tragedia, ahora Kagome era una hermosa jovencita de 20 años, aquella noche habían sido entregadas a una casa en la ciudad, donde enseñaban buenos modales, aquella cuidad estaba poblada por puros demonios solo había una entrada y al final estaba el palacio donde vivía el rey demonio Naraku.
-Kagome: Bienvenido…
Un Hombre entraba a la casa, esta era muy grande, el anciano Mioga era muy reconocido, se decía que los mejores esclavos eran los entrenados por el. Mioga era un anciano pequeño no mayor de un metro, era un demonio inofensivo y trataba muy bien a sus esclavos.
-Mioga: ya te esperaba…
"Disculpa la tardanza pero se me hizo muy difícil el encontrar compradores…"
-Mioga: Tal vez ya debería comenzar a expandirme y vender en otros poblados…
"Sino te compran aquí en la capital menos en los poblados mas pequeños…"
-Mioga: Tienes razón… Kagome Tráenos el te a la sala y llevate el abrigo del señor…
-Kagome: Por supuesto…
Kagome tomo muy amablemente el abrigo negro, llevándolo hasta un perchero y retirándose a la cocina.
"Venderás a esa?"
-Mioga: Así es…
-Kagome: Sango, allá afuera hay un señor que quiere hacer negocios con Mioga…
-Sango: entonces ya llego?
-Kagome: ¿Quién es?...
-Sango: es un comprador de esclavos… nos compra a un precio y después hace una subasta con cada uno de los que compro…
-Kagome. Nos van a vender…
-Sango: Ya aprendimos todo lo que necesitábamos…
-Kagome: ¿Nos separaran?...
Sango no respondió nada, solo bajo la vista colocando el te y las tazas en una bandeja.
-Sango: Lleva la bandeja y sírvelo…
Kagome Tomo la bandeja, entro a la sala donde estaban los 2 hombres hablando, se arrodillo y sirvió el te muy cuidadosamente, sin decir ni una palabra, los esclavos a menos que tuvieran permiso no debían hablar con sus dueños.
-Mioga: puedes llevártelos esta tarde…
"perfecto, así los dejare en exhibición en la noche y los compradores podrán acercarse a revisar la mercancía…"
-Mioga: Muy bien serán 10… esta tarde estarán listos… Por favor retirare Kagome.
Kagome entro a la cocina, lavando los platos sucios, en ese momento había 12 esclavos bajo el mando de Mioga, 4 hombres y 8 mujeres; 2 de las mujeres eran esclavas permanentes en aquella casa los demás serian vendidos.
-Sango: ¿Qué ocurre Kagome?... debemos preparar la comida.
-Kagome: Nos venderán a todos, esta tarde nos pasaran buscando…
-Sango: eso era irremediable Kagome… tal vez vayamos a la misma casa, muchos de los que compran los esclavos son demonios ricos y poderosos que se llevan de 2 hasta 5 esclavos…
-Kagome: sango… todo este tiempo he guardado una daga en mi cosas… si llegaras a saber quien es la bestia del Sengoku, ¿me lo dirías?
-Sango: No… ese dolor que guardas desde hace tanto tiempo te destruirá Kagome… ya deja a los muertos en paz.
-Kagome: nunca podré olvidar la cara de mi madre sonriéndome mientras moría… esa Daga atravesara su pecho, así como aquella espada atravesó a mi madre…
Mioga entro a la cocina, Kagome siguió lavando los platos mientras sango la veía fijamente.
-Mioga: Todos vayan a recoger sus cosas, en 2 horas vendrán por ustedes, al fin están listos y cada uno ira a una casa, donde tendrán techo y comida, recuerden lo que han aprendido, si lo olvidan puede ocasionarles la muerte, cada regla en esta tierra es indispensable, estoy seguro que sus dueños estarán muy complacidos con sus modales…
Mioga salio de la cocina, esa misma tarde cada uno de los esclavos estaban en los cuartos recogiendo lo poco que cada uno tenia, una cuarto para todas las esclavas y otro para los esclavos.
-Sango: Creo que esto es todo lo mío…
-Kagome: la verdad, no tengo casi nada que llevar… otro cambio de ropa y nada mas…
-Sango: Nuestros dueños nos proveerán de cosas nuevas, ya veras… ha crecido la marca en tu espalda?
-Kagome: así es… parece una luna… aunque esta un poco torcida…
Kagome tenía una marca desde pequeña en el lado izquierdo de su espalda antes parecía un lunar pero ya había crecido y parecía una pequeña luna.
-Sango: Bueno de seguro ya no crece mas… de seguro nos ira bien en la casa que nos toque… solo extrañare tus jabones de jazmín…
-Kagome: Los hago solo porque eran la flor favorita de mi madre…
-Sango: ella debe estar orgullosa de ti… veras que nos ira bien…
Sango intentaba mantener el ánimo pero todas estaban tristes y asustadas, al salir Mioga estaba delante de los 10 esclavos vendidos y aquel hombre colocaba cadenas en sus pies y en sus manos.
-Mioga: espero me enorgullezcan, y recuerden lo que aquí se les ha enseñado…
Cada uno asintió con la cabeza, Kagome no se sentía a gusto con las cadenas, no entendía porque los amarraban como animales.
-Kagome: Disculpe, pero creo que las cadenas de los pies están de mas… (¿Cómo podremos caminar?)
-Mioga: Kagome mantente en silencio…
Kagome no entro en aquella carreta tirada por mulas, recordó la noche de muerte y desesperación.
-Sango: Kagome no entrara señor ya sabe como es…
-Mioga: camina al lado de la carreta Kagome no es muy lejos…
Kagome no respondía solo caminaba junto a la carreta. Al llegar el sol caía y todos eran colocados detrás de una especie de mostrador, era un cuarto pequeño que daba hacia la calle con unos barrotes de madera que dejaban ver a los curiosos compradores.
-Kagome: ¿Por qué no nos quitaron las cadenas?… no nos escaparemos…
-Sango: Supongo que es un requisito…
-Kagome: parecemos bestias encadenadas y enjauladas…
Luego de algunas horas todos dormían, Kagome veía como la lluvia caía afuera, las calles estaban solas, o eso creía, al acercarse a la reja vio como un hombre con un gran sombrero de paja caminaba muy despacio, se detuvo y la miro fijamente, aquellos ojos eran de un amarillo penetrante como los rayos del sol, sus cabellos eran plata, vestía un kimono, la camisa era azul oscuro y el pantalón negro.
"Hay otras personas que se merecen mas esas cadenas…
