SEÑORITA SWAN
Emma la observaba desde una esquina de la barra. La alcaldesa parecía pasarlo bien pese a su negativa, en un principio, de quedarse a la celebración. Charlaba animada con Belle y Blanca así como con otros invitados que, aún algo temerosos, se acercaban a felicitarla por tener a Henry de vuelta. Sin embargo la morena no se había dirigido a ella en toda la tarde… Para ser sinceros no lo había hecho desde su beso aquella noche bajo las estrellas. La sheriff ya no sabía qué hacer para llamar su atención sin parecer desesperada pero necesitaba que, por lo menos, le dirigiese la palabra, poder hablar de lo que había pasado o de cómo se sentían.
Ella no había dejado de pensar en lo sucedido…no podía negar que estaba confundida pero tenía unas ganas irrefrenables de volver a estar a solas con la otra madre de su hijo. Regina había sido todo un reto para ella desde que la conoció...su carácter voluble la sacaba de quicio, esa manera de mirarla por encima del hombro o de hablarle como si estuviese por encima del bien y del mal...sin embargo había aprendido a conocerla mejor, a ver más allá de esa mujer fría que atemorizaba al pueblo con una sola mirada...la alcaldesa parecía tener mil caras pero, si era así, Emma estaba dispuesta a conocer todas y cada una de ellas...
La morena, desde el otro lado del local, intentaba no hacer caso a las incesantes miradas que le lanzaba la sheriff pero era inevitable no devolvérselas de vez en cuando. No sabía dónde quería ir a parar la rubia con ese jueguecito pero desde luego ella no se iba a dejar arrastrar. Tenía claro que el beso de aquella noche no era más que un acto desesperado de dos personas que se encontraban en un momento de debilidad pero nada más…ella nunca se había sentido atraída por una mujer y mucho menos por la odiosa Swan... Había ido a esa pequeña celebración en Granny´s únicamente porque su hijo así se lo había pedido pero, en cuanto viese la ocasión, se marcharía a su casa donde la esperaba un baño con espuma y una cama confortable que le harían olvidar todo lo que tenía que ver con Neverland.
En cuanto la gente empezó a bailar al ritmo de la música que inundaba el local, Regina creyó que era el momento perfecto. Cogió sus cosas discretamente, se despidió de su hijo con un beso en la frente y salió por la puerta aprovechando el alboroto.
Sentir el aire fresco le hizo soltar un largo suspiro. Empezó a caminar intentando alejarse de ese sitio lo antes posible mientras colocaba bien su abrigo para protegerse del frío.
-Regina espera –oyó la voz de la rubia a su espalda cuando apenas había pisado la acera
-¿Acaso quiere escoltarme hasta mi casa señorita Swan? –preguntó girándose con aire petulante
-¿Acaso lo permitiría señorita Mills? –devolvió la rubia la jugada con una sonrisa
-Pues claro que no –respondió más seca de lo que pretendía –no necesito que nadie me acompañe Swan, sé perfectamente el camino…
Emma la cogió del brazo intentando frenarla
-¿Todo esto es por el beso? Toda la indiferencia y la vuelta al "Señorita Swan"…
La morena miró a todos los lados de manera compulsiva, como si alguien fuese a salir de alguno de los arbustos gritando que la Reina Malvada y la Salvadora se habían besado.
-¿Está usted loca?
-¡Oh deja tanto formalismo! –Protestó la rubia de forma cómica –el otro día creo recordar que me llamabas por mi nombre…
-Creo que va siendo hora de que se olvide de ese dichoso día Swan… -soltó recalcando su apellido
Emma dio un paso más hacia ella invadiendo su espacio vital y quedando a escasos centímetros de sus labios. Se mostraban tan apetitosos que a la rubia le costaba contenerse. Regina sin embargo se mostraba indiferente retándola con la mirada.
-¿Y si no quiero? –Dijo haciendo que su aliento chocase contra la boca de la morena
Entonces pudo verlo...fue solo en un segundo...un ligero temblor de su labio inferior, pero para Emma fue como una señal, como si el semáforo se hubiese puesto en verde, o por lo menos en ámbar...
-No quiero olvidarlo Regina -soltó envalentonada -y estoy segura de que tu tampoco...
-Emma…
La rubia sintió un escalofrío recorrer su columna vertebral como cada vez que oía su nombre saliendo de eses labios. Las barreras de la alcaldesa parecían resquebrajarse pero, justo cuando iba a dar un nuevo paso, la campana de Granny´s sonó tras ellas.
-¿Amor no vuelves dentro? –escucharon la voz de Killian que las miraba desde la entrada de la cafetería algo extrañado
-Eso amor… -soltó Regina traspasándola con una gélida mirada –vuelve dentro
La morena se giró y siguió el camino hacia su casa. Las piernas le temblaban sobre sus altos tacones pero ella se movía con paso firme. Se reprendía a sí misma por ser tan débil… ¿Qué le estaba pasando con Emma Swan? Si no hubiese aparecido ese pirata habría vuelto a besarla y esta vez no tenía excusas de madres desesperadas y momentos de debilidad...que poco había faltado...y cuánto lo había deseado...
Emma quedó por unos segundos parada, viendo como la alcaldesa se alejaba y maldiciendo a Killian por ser tan inoportuno. Había visto el deseo y la fragilidad en los ojos de la alcaldesa, como aquella noche en Neverland.
-¿Emma?
-Eeh…vuelvo ahora Killian –dijo despertando de pronto –En un momento estoy con vosotros…
Dejando al pirata completamente desconcertado se marchó corriendo tras los pasos de la alcaldesa que seguramente no estaría muy lejos.
-¡Regina! –Gritó en cuanto distinguió su silueta caminando firme por las calles vacías y silenciosas del pueblo -¡Regina espérame!
La morena se giró de forma brusca con la ira bañando su rostro
-¿Qué quiere ahora señorita…?
Pero no pudo continuar porque la rubia, que caminaba decidida, estampó los labios contra los suyos con desesperación. Regina, que no se lo esperaba, colocó sus manos en el pecho de la sheriff intentando separarse pero Emma la agarraba estratégicamente con una mano en su cintura y la otra en la nuca impidiéndole escapar.
La alcaldesa intentaba mantener su postura de indiferencia sin responder al beso pero la rubia no dejaba de pasear la lengua por sus labios...su olor la embriagaba y sus manos, agarrándola de forma posesiva, estaban volviéndola completamente loca. Poco a poco Emma fue notando como las manos de Regina dejaban de hacer presión sobre su pecho y se dejaba abrazar por su cuerpo acercándose un poco más a ella.
La rubia aprovechó el momento y, sin pensárselo más, introdujo su lengua de manera precipitada en la boca de la alcaldesa. La morena no pudo evitar que un gemido saliese del interior de su cuerpo que en ese momento era un volcán entrando en erupción. Cogió a la rubia por la nuca y la acercó más a ella haciendo que sus cuerpos casi se fundiesen en uno. Sus bocas chocaron de nuevo y sus lenguas se saludaron por primera vez empezando al instante una danza erótica, íntima, pasional...
Tras unos segundos de intensidad en los que perdieron toda cordura en plena calle, el beso se fue transformando en uno más lento, suave, en el que ambas se recreaban saboreándose... Emma poco a poco se fue separando y disfrutó por un breve instante de la visión de la alcaldesa con los ojos completamente cerrados. Quitó sus manos del cuerpo de la morena y dio un paso atrás con gesto victorioso.
-Ahora sí vuelvo dentro amor –le dijo sonriendo altiva –Buenas noches señorita Mills…
Sí…no podía negar que se quedaba con un gran calentón pero ver a Regina así, tan confundida, después de todos esos días en los que la había ignorado, merecía la pena. Nunca había sido vengativa pero tenía que reconocer que esa pequeña victoria hacía que se le hinchase el pecho de orgullo.
Regina permanecía parada en medio de la calle y se llevó de forma instintiva la mano hacia su boca. Repasó con la yema de los dedos sus labios recordando el sabor de esa odiosa rubia. Cerró el puño hasta que sus nudillos se quedaron casi blancos y los mordió para no gritar llevada por la rabia.
-Hija de…..de Snow, Regina… –se dijo en un susurro antes de girarse y seguir su camino –hija de Snow…
Recto hasta el tercer cruce…giro a la derecha…segunda calle a la izquierda y… voilà ¡el ayuntamiento!
Emma había seguido una por una las indicaciones que le había dado Mary Margaret para llegar hasta el imponente edificio donde se encontraba la alcaldesa del pueblo. Estaba bastante nerviosa y no sabía muy bien el porqué. Seguramente era por todo lo ocurrido con su hijo, llegar a casa y no encontrarlo, que una mujer la llamase diciendo que estaba en un pequeño pueblo casi perdido, viajar hasta allí para buscarlo…pero no quería engañarse, había algo más detrás de toda esa inquietud…era ese pueblo en sí, Storybrooke…apenas llevaba allí dos horas y ya se sentía una completa intrusa. La gente la miraba de manera extraña, como si ningún forastero hubiese pisado sus tierras en años.
Decidió apurar sus pasos y entrar en el edificio por la puerta que le había indicado aquella pequeña morena. No podía decir que desconfiase de ella, al fin y al cabo había sido quien llamó para informar de que Henry estaba bien y le dio las indicaciones para llegar al pueblo, pero había algo en su manera de tratarla que la incomodaba...no estaba segura de haber hecho bien al dejar a su hijo con ella.
Regina se paseaba por el despacho como un león enjaulado, a punto de hacer un agujero en el suelo de tanto caminar. Había intentado ocuparse de los papeles que invadían su mesa pero al final no había podido centrarse y llevaba horas realizando, de manera compulsiva, la misma rutina...miraba el reloj, miraba el móvil, se acercaba al espejo para arreglar su pelo y comprobaba que a su vestido, perfectamente planchado, no le hubiese salido una nueva arruga en el último minuto.
Dos golpes secos sobre la puerta hicieron que se parase en el medio de la estancia y su corazón elevara sus latidos hasta un punto en el que creyó que se le saldría del pecho. Se acercó sigilosa a su mesa y se sentó en la silla que presidía el despacho. Carraspeó ligeramente y respiró hondo antes de que su voz se escuchase en toda la sala.
-¡Adelante!
Emma también respiró hondo desde el otro lado de la puerta y, cogiendo impulso, giró el picaporte y asomó su cabeza
-¿Señorita Mills?
Regina llevaba toda la tarde concienciándose para ese momento y creía estar preparada pero en cuanto vio a aquella mujer todo su cuerpo empezó a temblar y, de no estar sentada, se habría caído redonda en el suelo.
Emma llevaba su pelo dorado recogido en una cola alta y lucía unas gafas de pasta negras que Regina no había visto en su vida. La imagen era tan embriagadora que la alcaldesa tuvo que hacer un gran esfuerzo por no levantarse y saltar a sus brazos.
-Eeh…sí pase…soy yo… -dijo intentando mantener la compostura -¿Y usted es?
-Ah sí perdone… -se excusó la rubia entrando en el despacho y cerrando la puerta tras ella –yo soy Emma Swan la…
-La madre del jovencito que apareció esta mañana en el pueblo –concluyó la morena por ella
-Esa misma… -corroboró con una ligera sonrisa
-Siéntese señorita Swan –dijo acompañando las palabras con un gesto de su mano -¿Quiere beber algo?
-Eh no gracias… -contestó algo incómoda ante la imponente morena
-Yo si me lo permite voy a servirme un vaso de agua… -lo necesito… pensó Regina que notaba su boca completamente seca
La alcaldesa se levantó y se dirigió al mueble bar. Emma la seguía con la mirada…se sentía intimidada por esa mujer, parecía una auténtica Diosa moviéndose con un bamboleo sugerente sobre esos altos tacones y con ese vestido negro que se ajustaba perfectamente a sus curvas… céntrate Emma… ¿desde cuándo te fijas de esa manera en una mujer?
La morena volvió a sentarse y tras dar un trago al contenido de su vaso clavó su mirada en aquellos ojos azules que ahora parecían totalmente diferentes a como ella los recordaba.
-Espero que mi hijo no les haya causado muchos problemas –se atrevió la rubia a romper el silencio incómodo que se había instalado entre ellas –aunque no lo crea es un buen chico y nunca había hecho algo así…
-¡Oh no se preocupe! –Dijo algo más calmada –su hijo es un encanto…
-Lo es… -comentó Emma con orgullo –pero estos últimos días ha estado algo raro y… bueno no sé por qué le hablo de esto no quiero aburrirla con mis problemas yo solo…
-Tranquila no me aburre…-cortó la morena con una sonrisa tierna -a su edad es normal que hagan cosas como estas pero no se preocupe…seguro que será una fase y su hijo volverá a ser el mismo de siempre –intentó calmarla
-¿Tiene hijos? -soltó sin pensar
En cuanto fue consciente de lo que acababa de preguntar se golpeó mentalmente por su atrevimiento. Regina no se esperaba algo así y se puso tan nerviosa que su respuesta fue totalmente incoherente.
-No…o sí…pero…
La rubia no sabía si echarse a reír o a llorar, sin duda no había empezado con muy buen pie con esa mujer...
-En realidad si tengo un hijo –dijo la morena tras conseguir serenarse –pero no está conmigo y es una larga historia…
Emma viendo su incomodidad decidió ayudarla
-No se preocupe y perdone mi intromisión en su vida privada…a veces me voy un poco de la lengua…
Fue escuchar la palabra "lengua" y el cuerpo de Regina se encendió como un adolescente en plena pubertad al que le hablan de sexo… ¡cálmate Regina por Dios! va a pensar que estás completamente loca…
-Tranquila…-dijo algo ruborizada y volviendo a beber agua – ¿Ha estado ya con su hijo? -le preguntó intentando relajar el ambiente
-Oh sí… lo he encontrado en la cafetería del pueblo con esta chica…Mary...algo… -comentó avergonzada por olvidar el nombre de la persona con la que había dejado a Henry
-Margaret…Mary Margaret…
Regina no pudo contener una pequeña sonrisa al pensar en que su querida Blancanieves se pondría a llorar en ese momento.
-Eso…es que tengo mala memoria… -a mí me lo vas a contar pensó la morena –pero el caso es que ella ha sido la que me pidió que me acercase aquí para hablar de ese trabajo en el que parece que necesitan ayuda…
La morena por un momento olvidó sus nervios y, metida de lleno en su papel de alcaldesa, se dispuso a abordar ese tema que traía de cabeza al pueblo entero.
-Sí…la verdad es que en cuanto su hijo nos habló de su trabajo nos vino como caído del cielo después de los días que estamos viviendo… -le comentó
-¿Cuántos desparecidos? -preguntó seria
-Cinco en solo tres días...estos son algunos de los informes -dijo tendiéndole las carpetas que había sobre la mesa
-Son muchos sin duda...¿No tienen ningún sospechoso? -murmuró mientras repasaba los informes
Regina ya no podía más...esa pose concentrada mordiendo la patilla de sus gafas con esos dientes blancos...esos labios perfectamente perfilados que había probado tantas veces...sus manos paseándose por las hojas del informe, esas que en otro momento habían recorrido todo su cuerpo...Dios...como puede ser tan sexy...
-¡Señora Mills!
-¿Qué? -dijo en un pequeño chillido volviendo a la realidad
-¿Se encuentra bien?
Regina se dio cuenta entonces de que su pecho subía y bajaba acelerado y su cara estaba tan roja como la manzana que envenenó a Blancanieves.
-Eeh sí...bueno la verdad es que algo alterada por todo esto...
Emma la miraba ligeramente contrariada
-Sí...supongo que será difícil para usted pero le aseguro que les ayudaré...soy muy buena en mi trabajo -bromeó intentando tranquilizar a la otra mujer
-Estoy segura de que es así -dijo la alcaldesa con una sonrisa ladeada -pero sinceramente prefiero que abordemos este asunto mañana, cuando también nos acompañe el sheriff...el está más al tanto de todo este asunto
-Me parece bien...
-Además seguramente usted esté cansada...ha tenido un día bastante intenso y el viaje de Boston hasta aquí no se hace en media hora...
-Tiene razón...la verdad es que estoy exhausta -se sinceró la rubia
Por unos instantes el despacho se sumió en un silencio absoluto...una tensión inexplicable se había adueñado del ambiente y ninguna sabía que decir para aliviar la situación. Regina se fijó en como la rubia movía sus manos de manera nerviosa, la conocía lo suficiente para saber que quería decirle algo pero no lograba arrancarse.
-¿Pasa algo? -intentó ayudarla
-Eeu no… -le contestó algo avergonzada –yo solo quería…la verdad es que he pensado... -se paró un segundo y pensó bien lo que decir -quería proponerle que cenase hoy con nosotros… -Regina subió al cielo de golpe pero volvió a bajar cuando la rubia continuó –usted y sus otros dos amigos…por ayudar a mi hijo esta mañana ya sabe…
La morena no quiso hacer ningún comentario sobre el apelativo que había usado para referirse a los encantadores. Se había ilusionado con la idea de cenar con Emma y su hijo a solas pero no podía pedir imposibles cuando esa mujer no la conocía de nada… Algo es algo… se dijo a sí misma
-Bueno si no tiene planes claro… -añadió la rubia ante el silencio de la otra mujer
-Claro que no –contestó con demasiada efusividad –Digo que…no tiene por qué hacerlo pero estaría encantada…
-Perfecto entonces –dijo la rubia con una amplia sonrisa
Regina la imitó y por un momento ambas cruzaron sus miradas conectando al instante. El cuerpo de Emma sintió un escalofrío que la recorría de la cabeza a los pies
-¿Sabe? Mi jornada laboral ya se ha acabado hace horas así que si quiere podíamos ir juntas hasta la cafetería donde dejó a su hijo...así de camino puedo enseñarle el pueblo
-Eso estaría bien...–contestó la rubia aun algo turbada –creo que me perdería si no me acompaña –rió intentando aligerar la tensión
-Tranquila… -sonrió también la alcaldesa –El pueblo no es muy grande señorita Swan…se acostumbrará enseguida
-Llámeme Emma por favor…no acabo de acostumbrarme a lo de "señorita Swan"
Regina sintió una punzada en su interior y sonrió con algo de nostalgia ante sus palabras
-No le prometo nada Emma…pero usted también puede llamarme Regina…
La rubia se quedó totalmente petrificada, ¿de todos los nombres del mundo tenía que tener ese? ¿Era acaso esto una broma televisada o solo una rara coincidencia? ¿Estaba el destino jugando con ella?
-Bueno…si me da unos minutos recojo mis cosas y le acompaño –la sacó la morena de sus cavilaciones
-Sí…la espero fuera…
Se levantó casi como si la silla tuviera un resorte y se dirigió rápida a la puerta. Tras salir del despacho se inclinó apoyando sus manos sobre sus rodillas como un corredor que llega cansado a la meta. Su pecho subía y bajaba fuera de control y su mente no dejaba de revivir cada uno de los momentos de ese encuentro que acababa de tener. Esa mujer, su voz, sus gestos, su mirada penetrante… ¿Qué le pasaba con ella?
Dentro del despacho Regina se dejaba caer sobre su sillón colocando su mano en el pecho que latía frenético…al final iba a ser más difícil de lo que pensaba…ver a Emma de nuevo había hecho que se avivasen todos esos sentimientos que trataba de mantener enterrados y que ahora creía que iba a ser imposible ocultar.
Entraron juntas en Granny´s y nada más verlas Henry corrió hacia la rubia.
-Hola mamá ¿Qué tal todo? –dijo abranzándola
-Sigo enfadada... -le contestó seria
Regina sonrió a su lado y Henry se giró para mirarla.
-Buenas noches señorita Mills –dijo con la disculpa pintada en la cara
A Regina también le iba a costar acostumbrarse a eso, tratar a su hijo como un desconocido, pero lo importante para ella era que los dos estaban de vuelta y los tenía cerca cuando pensó no volver a verlos...le dedicó una amplia sonrisa a su hijo y lo miró con complicidad.
-Buenas noches Henry…
Los tres avanzaron hacia la mesa donde se encontraban Mary Margaret y su marido.
-Emma te presento a David, mi esposo –dijo levantándose mientras el rubio le tendía la mano a su hija
-Y también el sheriff del pueblo –apuntilló Regina
-Oh encantada… -soltó la rubia estrechando su mano –y muchas gracias a usted también por cuidar de mi hijo esta mañana...yo les estoy muy agradecida y he pensado...bueno quería...
-Quería invitarnos a cenar –concluyó Regina viendo que Emma volvía a sentirse incómoda con la proposición
La rubia la miró con agradecimiento y estiró la mano invitando a la morena a que tomase asiento para luego acomodarse ella justo al lado.
-Muchas gracias Emma es todo un detalle -murmuró Mary sentándose justo al otro lado de la mesa, frente a Regina
Ruby se acercó sonriente a la mesa y les cogió el pedido
-Llevas todo el día sin comer Regina… ¿solo vas a pedir una ensalada? –preguntó la mujer de David
Henry observó con media sonrisa la interacción entre su abuela y su madre
-¿Sois familia? –soltó Emma mirando a las dos mujeres y provocando que David se atragantase con su bebida
-No no no –corrió a aclarar la alcaldesa -¿Cómo puede pensar eso? Que va…
-Por tu reacción parecería que sois más bien enemigas –bromeó la rubia
Mary se echó a reír de manera forzosa y Regina no sabía dónde meterse...David, ya recuperado, intentó reconducir la situación
-Y bueno Emma… ¿Has pensando dónde os alojaréis?
-Pues en principio aquí mismo…he hablado con la señora Lucas y tiene una habitación que será suficiente para nosotros…
Ruby se acercó para traerles la cena y Regina aprovechó el momento para pensar bien lo que iba a decir.
-Señorita Swan… -comentó con aparente tranquilidad –Si usted quisiera yo…en mi casa hay bastante espacio y…vivo sola…lo que quiero decir es que estaría encantada de alojarlos en mi casa si no le parece un atrevimiento por mi parte…
Emma miró a la mujer con los ojos muy abiertos. Sin duda ese día las sorpresas no parecían tener fin
-¡Sería guay! –soltó su hijo adelantándose a su respuesta -Aquí tenemos que compartir habitación y...
-Henry… -Emma lo traspasó con la mirada y luego se dirigió a la alcaldesa –La verdad es que se lo agradezco mucho Regina pero ahora mismo ya tenemos nuestras cosas en la habitación que nos preparó la señora Lucas y bueno…tampoco me gustaría que mi hijo y yo fuésemos un estorbo para usted…
Regina estaba completamente decepcionada pero no dejó que ninguno en la mesa pudiera notarlo, se llevó el tenedor con ensalada a la boca, aparentó indiferencia y le dedicó a la rubia una sonrisa completamente falsa
-Oh no se preocupe, solo era una propuesta...pero piénselo, le aseguro que no serán un estorbo para mí…
Y tras eso la conversación empezó a girar sobre temas más banales. Hablaban del pueblo, de sus habitantes, de las desapariciones…Henry y Emma por su parte les contaban como era su vida en Boston, el trabajo de la rubia, la escuela del chico y las asignaturas que le daban más guerra…
Regina sin embargo no había abierto la boca...parecía totalmente ausente tras la negativa de Emma de vivir en su casa. Ella siempre había sido una mujer fría, algunos dirían que carente de sentimientos, sin embargo todo ese tema de la rubia la estaba sobrepasando… De pronto una pregunta de Snow la devolvió a aquella mesa de golpe.
-Y entonces ¿has dejado a tu novio en Boston?
Emma se quedó totalmente petrificada con la hamburguesa a medio camino entre el plato y su boca. Henry golpeó a David bajo la mesa y este como si de una cadena se tratase golpeó a su mujer.
-Yo…esto… -intentó balbucear Emma
-¡Perdona! –Chilló Mary al recibir la patada de su marido –Perdona…a veces soy un poco indiscreta –le dijo con una pequeña sonrisa
Regina miraba a la rubia de reojo expectante ante su respuesta. Nunca había agradecido tanto que Snow fuese una bocazas...
-Es que Henry nos lo contó esta mañana… -comentó David ante el incómodo silencio intentando excusar a su mujer
Emma pellizcó la pierna de su hijo, que a su vez golpeó con más fuerza la de su abuelo.
-No esto…es solo que era novio…ya no es –dijo por fin la rubia
La alcaldesa se tuvo que contener para no sonreír ampliamente. No le gustaba pensar en Emma en brazos de otra persona pero por lo menos ya había acabado esa relación y Regina sintió un profundo alivio.
-Ooooh –exclamó Snow con pesar -¿Qué pasó para que lo dejaseis?
Regina abrió los ojos como platos y golpeó a Mary por debajo de la mesa en el mismo momento que lo hacía también su marido. El mantel escondía un verdadero campo de batalla con piernas yendo y viniendo de un lado a otro, pero la verdad es que Mary parecía olvidar que no estaba hablando con su hija sino con una persona a la que "supuestamente" había conocido esa misma mañana.
-¡Oh Dios mío! Te estoy haciendo un interrogatorio –dijo la mujer mirando con pesar a su hija, que estaba más roja que un tomate –Yo…gracias por la cena de verdad, nos ha encantado conocerte, conoceros… -siguió la pequeña morena hablando de manera apresurada –pero será mejor que ya nos vayamos ¿no David? Parece que estoy algo cansada
-Eeh…sí claro…el embarazo ya sabes… -se excusó su marido mientras se levantaban
En cuanto el matrimonio salió por la puerta Emma soltó todo el aire retenido en un fuerte suspiro
-Woow…esto ha sido…muy intenso…
Los tres se echaron a reír pensando en la desastrosa velada y Regina por un momento sintió como si todo estuviese en su sitio…Henry, Emma y ella, los tres compartiendo una cena entre risas como lo habían hecho muchas veces en esa vida que la rubia había olvidado
-Discúlpeles señorita Swan…los habitantes de Storybrooke no están muy acostumbrados a las visitas de forasteros y menos en estos días que están siendo tan difíciles…no se lo tenga en cuenta, no son malas personas…
La morena posó inconscientemente su mano sobre la de Emma y las dos sintieron un escalofrío recorrer todo su cuerpo. La rubia no se explicaba por qué esa mujer le provocaba todas esas sensaciones, por qué su cuerpo se alteraba cuando la tenía cerca…
Regina, por su parte, se dio cuenta de que era su primer contacto, ni siquiera se habían estrechado la mano al presentarse… sentir ese tacto suave de nuevo bajo las yemas de sus dedos era como una bocanada de aire fresco en medio de un desierto… ¡Cuánto lo había echado de menos!
Separó su mano suavemente, consciente de que no estaban solas en la cafetería y podía incomodarla. Levantó su mirada y clavó sus ojos en esos azules que mostraban una terrible confusión.
-Yo creo que también me voy a ir… -dijo tras carraspear levemente –se ha hecho tarde y mañana tendremos un día difícil
La rubia se levantó para dejarle paso y la alcaldesa se colocó su abrigo negro y cogió el bolso. Se despidió de Henry revolviéndole el pelo y dedicándole una mirada tierna y luego se giró hacia la rubia que permanecía de pie a su lado. Por unos segundos disfrutó de su aroma, de esa mezcla de vainilla y canela que la volvía completamente loca…
-Buenas noches señorita Swan…
-Buenas noches Regina…
Emma se quedó parada mirando como la morena salía de la cafetería tras despedirse de Ruby con un breve gesto de cabeza. Esa mujer era todo un misterio, pero lo peor es que ella parecía estar dispuesta a lo que fuese por descubrir quién era de verdad Regina Mills…
