Capitulo I. Fantasmas.
"…Inexorable e invisible es Hades, dios de la muerte. Son sus dominios las insondables profundidades del Erebo. Y es la muerte la que sirve de sustento a la vida…"
Se acabo…
Despierta, bañado en sudor y temblando. De nuevo; otra vez esa pesadilla que lo estaba atormentando, desde hacia cuando tiempo, cuanto tiempo tenia viviendo lo mismo cada noche!. Miro hacia la ventana de la gran habitación, estaba amaneciendo. Se levanto y se dirigió hacia el baño, y ahí noto su reflejo en el espejo: el mismo color de cabello, el mismo verde en sus ojos, y su piel igual de blanca; pero su mirada…no era la misma. Cuando su mirada se había vuelto tan triste, cuando se había vuelto tan profunda y llena de soledad, Cuando sus facciones habían abandonado su aspecto infantil, para mostrar uno más masculino?.
Tal vez ni siquiera era "su" mirada, sino la de el, Hades, tal vez ya no era shun, el que se miraba al espejo, sino el Dios. O no, quizás si era el; ¡que egoísta pensar en echarle la culpa a otro de tus cambios!. Pero porque pensar en "otro", si eran el mismo?. Realmente eran el mismo, o no lo eran?; recordaba las palabras de Athena "…shun es el caballeros de Andrómeda…".
En realidad ese no era su destino, a el le tocaba ir a la isla de la Reina Muerte, y de haberse cumplido, nunca hubiese sido Andrómeda, hubiese muerto allá seguramente y regresado como Hades, Rey del Inframundo, el mayor enemigo de Athena, y no uno de sus mas fieles guerreros.
Shun…Hades…esa…dualidad…cual de los dos era?. Quería ser Shun pero ya no se sentía como tal; aun así se niega a aceptar a Hades. Sin embargo, siente su poder y su cosmo, dentro de el; le parece tan ajeno y al mismo tiempo lo reconoce como suyo, enteramente de el. Aunque su corazón lo niega, su ser lo reconoce.
Shun…Hades…
No lo soportaba mas, se estaba volviendo loco, ya no sabia ni quien era realmente ni quien debía ser!. Tenia que salir de ahí, de esa casa que estaba tan vacía como cuando empezó toda esta pesadilla, esta batalla aunque haya acabado en el inframundo, en su corazón sigue tan sangrienta y dolorosa. E igual que en aquel momento, estaba solo, sus amigos estaban en otras partes del mundo: Siberia, los cinco Picos, Grecia…
Se metió a bañar, dejo que el agua recorriera todo su cuerpo, que nublara su mente para así dejar de pensar, dejar de sentir, que ya no pertenecía a ningún sitio!. Pero era imposible dejar de pensar, de revivir los momentos más dolorosos de su vida.
Pensaba en sus amigos, a los que quería con toda el alma, por los que daba la vida una y mil veces si fuese necesario. No podía evitar pensar que no estaban aquí por el, que silenciosamente lo declaraban culpable, de todo lo que había pasado, o tal vez no era así y estaba equivocado. ¡Maldita dualidad!…del corazón: demasiado vacío como para estar vivo, y al mismo tiempo latiendo con demasiada fuerza y vigor como para estar muerto. De mente: una mente llena de los recuerdos de un joven guerrero; y al mismo tiempo, recuerdos eternos, milenarios.
Tenia que salir de ahí, estaba asfixiándose, no lo soportaba mas, el peso es muy grande, así que simplemente se fue de esa casa, sin avisar a nadie, de cualquier forma no había nadie, solo tatsumi. Se dirigió al muelle y en uno de los barcos de la fundación Graude partió al único lugar donde no tendría que rendir cuentas, solo a sus fantasmas; allí podría estar totalmente solo y quizás así sanar sus heridas, las del alma. La Isla Andrómeda.
Este de Etiopia, Isla Andrómeda.
Fueron varios días de viaje. Mientras se acercaban, el capitán le pregunto si no se había equivocado de sitio, este parecía deshabitado. Pero no se había equivocado, ahí estaba la gran Isla de Andrómeda. El volcán, aun activo se erguía imponente ante el; toda la isla en si, y la sentía tan calida, casi como un hogar, aunque ahí paso por muchos malos momentos que no hubiese superado sin el apoyo de su maestro Albiore y de ella. Donde estaría ella ahora? Tenía tantos deseos de verla, que en ese mismo instante decidió que la buscaría, y que reconstruirían Andrómeda, como se lo prometió antes de ir a pelear a las doce casas.
No supo en que momento sucedió pero su corazón se acelero y comenzó a latir con más fuerza, como si de pronto se reencontrara con la vida.
Bajo del barco y comenzó a caminar por todo el lugar, y lo que vio le sorprendió. Aunque estaba deshabitada y dos caballeros dorados habían pasado por ahí, todo estaba casi como cuando el se fue. Y la energía se respiraba era distinta también, casi…femenina.
-Que rayos paso aquí?-murmuro.
No estaba totalmente seguro, pero podría jurar que en la isla estuvieron mujeres, varias de ellas.
-No es posible, solo había una mujer aquí y esa era June-pensó.
Le resto importancia a ese curioso hecho y se dirigió a su cabaña, la cual estaba intacta también. Dejo su armadura y se fue a la playa, en donde tenia la costumbre de sentarse a pensar.
Pero no estuvo mucho tiempo, cuando sitio un cosmo que se acercaba rápidamente, uno demasiado familiar. Se puso de pie inmediatamente, su corazón se acelero de pronto, casi se le salía del pecho, sus mejillas se sonrojaron. De pronto distinguió la silueta de alguien que corría hacia el, y aunque su instinto de guerrero le hubiese indicado que debía estar en guardia, llamar a su armadura, solo pudo quedarse paralizado mientras esa persona se acercaba. El largo cabello rubio que resplandecía con los rayos del sol; lo reconocía, igual que el resto de la figura. Era ella.
Cuando estuvo lo bastante cerca de el, se detuvo, con la respiración entre cortada, sus mejillas, aunque cubiertas por la mascara, estaban sonrojadas. No llevaba puesta la armadura; en cambio tenía una falda por encima de las rodillas que se abría de un lado mostrando la pierna y una camiseta. Se quedaron mirando unos segundos, ninguno podía pronunciar una palabra hasta que June, la amazona del camaleón hablo.
-Estas vivo….
Shun seguía mudo; estaba totalmente hipnotizado con la belleza de la joven. No sabia si era que estaba distinta a como era antes, si era la ropa o que, pero no podía dejar de mirarla, como si nunca la hubiese "mirado" antes. Sus mejillas seguían sonrojadas.
Ella mando al diablo la compostura y se lanzo a sus brazos. Lo abrazo fuertemente como si temiera que se fuera y no volviera jamás. Shun por su parte¡ no tenia la más remota idea de cómo actuar!. Antes no hubiera dudado un segundo en responderle el abrazo pero ahora…no podía negar que realmente quería verla, ahora lo sabia mas que nunca, pero jamás espero encontrarla ahí, así…tan bella.
Gracias a la divina intervención de los Dioses, sus brazos si le respondieron a diferencia de su cerebro y la abrazo, y ella empezó a llorar como una niña pequeña, tal vez como nunca lo había hecho, por lo que el la abrazo mas fuerte.
-Estaba tan asustada, no volví a saber mas nada de ti!-dijo June entre sollozos.
-Perdóname-fue lo único que shun pudo decir.
Después de unos momentos ella se separo de el y fue hasta la orilla de la playa; intento calmarse pero estaba tan contenta de verlo que seguía llorando. Shun no se acerco a ella, tal vez por respeto o por que de hacerlo no podría contemplarla de esa forma. Simplemente no tenia palabras, estaba tan bella que no podía dejar de mirarla; pero el fastidioso viento ondeaba peligrosamente la falda que llevaba así que prefirió desviar la mirada.
Cuando june por fin se calmo y llamo a la compostura de vuelta, se volteo hacia shun, no sin antes quitarse la mascara, limpiar sus lagrimas y volvérsela a poner, y el volvió a mirarla.
-Discúlpame-dijo ella riendo nerviosamente y bajando la cabeza-no suelo comportarme así.
-lo se-respondió el-pero creo que son muchas las cosas que hemos vivido juntos, no necesitas disculparte por eso-dijo dedicándole la mas dulce de sus sonrisas.
Ella levanto la cara y se miraron por unos segundos. A pesar de que ella tenia la mascara puesta, no podía dejar de mirarlo y no pudo evitar sonrojarse; gracias a los dioses por la dichosa mascara que a veces servia de algo.
-Cuando volviste a Andrómeda?-pregunto el.
-Hace algún tiempo.
-Que paso aquí, parece que todo esta casi como lo deje cuando me fui?
-bueno la he reconstruido pero solo un poco, con la ayuda de los caballeros que sobrevivieron al ataque del caballero dorado del escorpión.
-y ellos donde están?
-en el santuario, no sabias?
-no, no lo sabia.
-y tu, que haces aquí?-pregunto June.
-Necesitaba regresar-respondió Shun desviando la mirada-a mi hogar-dijo mirándola de nuevo.
Ella se quedo callada, percibió una tristeza en el, supuso que algo había pasado pero prefirió no preguntar, ya el se lo contaría.
Pasaron juntos todo el día, conversando animadamente, comiendo y paseando por toda la isla hasta que anocheció. El cansancio por el viaje y la caminata ya estaban venciendo a Shun pero no quería que el día se terminara, estaba muy a gusto con june a su lado, por primera vez en mucho tiempo olvido todos los fantasmas que atormentaban su mente.
Entrada la noche llegaron al límite del campamento de caballeros.
-Los limites siguen aquí? Pensé que los ibas a quitar, ya que te has encargado tú de todo esto-dijo Shun.
-Debo dejarlos.
-Porque?
-Me siento mas cómoda así, recuerda que soy la única mujer aquí. Así que hasta aquí llegas tu, chico.-dijo poniendo su dedo índice sobre el pecho de shun y alejándolo un poco de la entrada del campamento de amazonas, mientras reía coquetamente.
-Estarás bien, no esta muy oscuro?.
Ella rió, encantada con la preocupación de Shun por ella. Sin pensarlo se le acerco lentamente, lo abrazo y le dijo al oído:
-Tranquilo, gracias por preocuparte tanto.
Eso lo desarmo por completo, su rostro enrojeció completamente y su corazón se acelero al máximo. Trato de mantener el control pero simplemente no pudo, la vio caminar tan segura de si misma y tan sensual que le dejo sin habla. Casi por inercia, se dirigió a su cabaña, pero justo antes de llegar le pareció sentir que había alguien más ahí, y que lo estaba mirando; esta vez su instinto si respondió e inmediatamente se quedo quieto, percibiendo los sonidos, los olores, cualquier alteración en el aire que le indicara la presencia de alguien mas. Y aunque se esfumo tan rápido como vino, a shun le quedo claro que había alguien mas en la isla, e inmediatamente pensó en June, en ir hasta allá, ver si realmente estaba bien. Pero se contuvo; si estaba equivocado, el ridículo seria enorme así que entro a su habitación, se dio un baño y se recostó en la cama, se durmió profundamente.
Mientras tanto en la Mansión Kido…
Un recién llegado acababa de entrar en la gran casa, consiguiéndola prácticamente vacía, a excepción de Tatsumi y el resto de los sirvientes.
-a donde fueron todos?-le pregunto a tatsumi al toparse con el en el pasillo de las habitaciones.
-No lo se, aquí no hay nadie-respondió secamente.
-Shun tampoco esta? A donde se fue?
-Ya te dije, Hyoga, que no lo se.
La respuesta de sirviente más fiel de Saori fue demasiado brusca para el caballero del cisne, el cual le dedico una de esas miradas que helarían hasta el pensamiento.
-se fue hace algunos días-continuo Tatsumi con un tono bastante mas sumiso-sin avisar.
Después de eso siguió su camino por el pasillo, dejando atrás al caballero del hielo.
-A donde habrá ido?-pensó- el no suele hacer esas cosas.
Luego se dirigió a su habitación, con la intención de conseguir algo que le indicara donde podría haber ido el peliverde, pero al abrir la puerta, lo que consiguió fue una enorme esfera de energía negra que venia directamente hacia el a una increíble velocidad. Logro esquivarla, tirándose a un lado, quitándose del camino de la esfera que siguió su ruta destrozando la puerta y todas las paredes siguientes, y atravesando prácticamente toda la mansión y perdiéndose de la vista del santo. Unos segundos después llego Tatsumi y a Hyoga le toco ignorar los gritos de histeria del sirviente porque de nuevo tendrían que hacer remodelaciones.
-Que rayos fue eso?-dijo sorprendido de la velocidad y poder que emanaba la gran esfera.
Luego se levanto y se dirigió al balcón de la habitación, a ver si veía al que envió la esfera, pero en su lugar consiguió a Shiryu saltando rápidamente al balcón.
-Shiryu, tu también acabas de llegar?
-si, que sucedió, quien te ataco?-respondió el Dragón.
-no lo se, fue una esfera de luz muy poderosa que salio disparada en cuanto entre, pero lo que mas me extraña es que no lo sentí hasta verlo prácticamente sobre mi-comento Hyoga, frunciendo el ceño-es muy extraño, será otro enemigo?
-si es otro enemigo debemos estar preparados.
-si….-dijo perdiéndose en sus pensamientos.
Shiryu lo noto y le pregunto:
-que mas te preocupa?.
Hyoga lo miro y sonrió; no cabía duda que todas las batallas que libraron juntos había creado un lazo muy fuerte entre todos ellos.
-Shun…no esta-respondió mientras se dirigía hacia el armario y habría las puertas. Al ver que estaba vacío, se volvió hacia el Dragón-se fue y se llevo todas sus cosas. No dijo para donde se iba.
- Quizás esté en el santuario-respondió Shiryu. Creo que deberíamos ir hasta allá; si se avecina una nueva batalla Athena y el santuario deben prepararse. Así sabremos si el fue para allá.
Hyoga tardo unos segundos en decir algo, pero Shiryu ya tenia una idea de lo que iba a decir.
-mmm…ve tu, yo me quedare aquí. Avísame cuando llegues si Shun esta allá, si no lo buscare yo mismo.
Shiryu sonrió, camino fuera de la habitación y subió al borde del balcón.
-y después dices que Ikki es el sobre protector. Esta bien, nos vemos!
Y salto del segundo piso de la gran casa desapareciéndose pronto de la vista del rubio que continuaba ignorando a Tatsumi.
Un par de días después…
Atenas, Grecia. Santuario.
Shiryu acababa de llegar. Siendo recibido por Shaina y Milo del escorpión que hacían una ronda por las afueras del lugar.
Después de la batalla contra Hades, en el momento que todos los espectros y el Dios fueron derrotados, no había quien controlara las puertas del inframundo; en ese momento Athena tuvo la oportunidad de volver a la tierra, no solo con los cinco de bronce, sino también con los dorados y el patriarca. Ahora el santuario volvía a tener vida y Saori decidió reconstruir los templos.
Después de pasar por las doce casas, llego hasta el templo principal donde se encontraban Shion y Saori, acompañados por Seiya e Ikki, quienes también estaban ahí, solo que seiya ya tenía un tiempo en el santuario mientras que ikki recién llegaba. Les contó lo que sucedió en la mansión y después de hablar un rato, pregunto si shun estaba con ellos, pero claro el no estaba ahí, así que les comento que se había ido sin avisar y se llevo toda su ropa. Hasta Ikki se sorprendió de la actitud de su hermano, aunque no dijo nada, mientras que Saori y Shion se miraron preocupados; no era bueno no saber nada de el ni donde estaba, y menos después de enterarse que era la reencarnación de Hades. Athena temía por su caballero, y ahora también debían estar alertas de cualquier ataque como el que sucedió en la mansión Kido.
Al enterarse Hyoga de que Shun tampoco estaba en el santuario, se fue de la mansión.
